La Inmaculada Concepción, Patrona de la Hermandad Nacional Monárquica de España

La Inmaculada Concepción, Patrona de la Hermandad Nacional Monárquica de España

La Inmaculada Concepción, fue designada en unanimidad por la Junta Directiva Nacional en Asamblea Ordinaria celebrada el pasado día 2 de abril, en Madrid, a propuesta del Presidente Nacional de la Hermandad Nacional Monárquica de España D. Francisco Rodríguez Aguado.

Tal designación se apoya en:

La Inmaculada Concepción de María es la Patrona de España.

El gran amor que el católico pueblo español ha tenido siempre por la Virgen María, que es tal, que es imposible encontrar un templo en España que no tenga una imagen de María; casi imposible encontrar un hogar en donde no se venere y se invoque a la Reina de los Cielos con el dulce nombre de Madre.

El dogma de la Inmaculada no hace referencia a la virginidad de María. Significa que María nunca tuvo pecado original, ni siquiera en el instante de su concepción.

Los reyes españoles y el misterio de la Concepción Inmaculada

En 1384, don Juan I, rey de Aragón, mandó que se celebrase la fiesta de la Concepción Inmaculada en todas las provincias de España liberadas del yugo del islamismo. En el real decreto dice: «Así, Nos honramos con un corazón puro el misterio de la bienaventurada y feliz Concepción de la Santísima. Virgen, Madre de Dios; y Nos y todos los miembros de la real casa celebramos cada año la fiesta con toda solemnidad, del mismo modo que la han celebrado nuestros excelsas predecesores, quienes establecieron una Cofradía perpetua., Por ésta ordenamos que la fiesta de la Inmaculada Concepción se celebre todos los años perpetuamente con gran solemnidad y respeto en todos los Estados de nuestra obediencia.»

El rey don Martín, hermano de don Juan I, impuso la pena de muerte a los que hablaran contra los créditos y pureza de la Concepción si no salen “en el término de diez días de la ciudad, villa o aldea en que pecaron, y en el de treinta días, a contar desde entonces, se marchen de nuestras tierras sin esperanza alguna de volver a ellas».

Los Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel eran cofrades de la Cofradia de la Purísima Concepción de la Preservada Virgen, y lo fueron igualmente su nieto Carlos I de España yV de Alemania y, entre otros reyes de España; Felipe V, Fernando VI, Carlos III, Car1os IV y Fernando VII.

Fueron tan grande la devoción y entusiasmo de los españoles por la Concepción Inmaculada de María Santísima, que se fundó en España la orden militar con el titulo de Milicia Cristiana de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María. Fué instituida esta Orden el año 1624. Sus fundamentos son el juramento de obediencia a la Santa Iglesia Romana para la exaltación de la fe contra los herejes y conquista de Tierra Santa. Llevaba por hábito una cruz azul del centro de ella salía unos rayos de oro, y sobre ellos la Virgen como nos la describe el Apocalipsis, vestida del sol y coronada de estrellas con la luna debajo, de sus pies.

El rey Felipe II impuso ya como obligatorio a las Universidades españolas, por decreto de 24 de enero de 1604, que es la ley 17, título I, libro I de la Novísima Recopilación, el hacer voto de defender el misterio de la Concepción Inmaculada. El mismo voto o juramento hacían los demás estamentos, tanto civiles como militares, de España.

El rey Carlos III, accediendo a los deseos manifestados por las Cortes; tomó como universal Patrona de toda la monarquía a la Santísima Virgen en su Inmaculada Concepción; A instancias de este monarca, el Papa Clemente XIII, por Breve de 8 de noviembre de 1760, confirma este Patronato de María en todos los dominios de España; manda que todo el clero, secular y regular, celebre la fiesta de la Inmaculada Concepción bajo el rito doble de primera clase y con octava y concede indulgencia plenaria y remisión de todos los pecados a los fieles que, debidamente dispuestos, visiten aquel día cualquier templo dedicado a Dios en honor de su Santísima Madre.

La Tradición 

En las Navas de Tolosa, dice la tradición que el Arzobispo de Toledo intervino con sus soldados, luchando con valentía y denuedo, y que en el estandarte que llevaba aparecía la imagen de la Virgen en su Inmaculada Concepción. 

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El vencedor de Granada, estando para dar el asalto a esta plaza, «mandó erigir un altar en medio del campamento dedicado a María en su Concepción. Antes de descargar el último golpe a los enemigos del nombre cristiano, hace voto de consagrar la Mezquita de la ciudad a María concebida sin mancha. Dase el asalto entre arroyos de sangre y entra después triunfador el rey don Fernando con su esposa, doña Isabel, a coger los laureles de la victoria». 

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El 8 de diciembre de 1585 por aclamación fue nombrada la Inmaculada Concepción Patrona de todos los Tercios de Flandes e Italia, fundándose una Cofradía bajo el título de «Soldados de la Virgen, concebida sin mancha. Algo más tarde Alonso Vázquez estableció en su Legión la misma Cofradía en España. Desde entonces la Inmaculada Concepción es Patrona de la gloriosa Infantería española, pues es sabido que el nombre de Tercio se cambió por el de Regimiento después del Tratado de Utrecht. 

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Oración a la Inmaculada Concepción creada por D. Emilio Mora:

Virgen de la Inmaculada, Patrona de la HNME,

bajo tu amorosa protección nos acogemos.
Mantén firme nuestra fe, esperanza e ideales.

Danos las fuerzas necesarias,
para defender hasta el último aliento
nuestra gloriosa historia, cultura y monarquía
y así como en la batalla de Empel cubriste con tu manto a nuestros Tercios,
y les mostraste la luz de la fe y de la verdad,
y el camino de la victoria,
muéstranos a nosotros el camino de los más altos ideales monárquicos.

Que el desaliento no llene nuestros corazones,
ni que las dificultades mermen nuestra determinación y
que tu constante ayuda y protección no nos falte nunca.

Se tú nuestra guía y nuestra Madre;
nuestra consejera y protectora,
guarda con amor de madre a España, a nuestros Reyes,
y nuestros hermanos para que con honor y el deber cumplido
al final de nuestros días, nos presentemos ante el Juez supremo y Rey eterno
con el corazón lleno de amor y con la certeza de que nuestra dedicación
a la causa monárquica es fruto de nuestro amor y lealtad, esperanza e ideales.

Ora pro nobis filios vestros ut digni efficiamur promissionibus
Christi Domini nostri Iesu Christi:
Qui tecum vivit et regnat in saecula saeculorum. Amen.

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