El coronavirus: su única certeza, la ausencia de certezas

El coronavirus: su única certeza, la ausencia de certezas

No más lejos de las reflexiones que subyacen, a día de hoy, la única certeza que deja el SARS-CoV-2, comúnmente conocido como coronavirus, precisamente es la ausencia de certezas. En este caminar a lo inexplorado que impregna como lluvia ácida, se debaten numerosas creencias fluctuantes que nos arrastran a la inmovilización.  

Y no es para menos, porque los vínculos sociales, o el trabajo, el modo de ocupar el ocio y tiempo libre, o el duelo, tan reiterado en estos trechos indeterminados, ya no son como lo habíamos conocido hasta entonces. Incluso, hay quienes contradicen este entorno; tampoco faltan los que opinan que más que promover transformaciones, lo que hace el COVID-19 es precipitar la espiral en la que estamos envueltos.

Vivimos épocas de inquietud, nos acorrala la extenuación y la incapacidad para planificar. El ser humano requiere de seguridades que le consoliden en el presente y lo empuje a un mañana. Pero, actualmente, no se pueden hacer previsiones a largo, ni medio plazo. En cierta manera, las seguridades se han empobrecido y las arrogancias quedan sepultadas. 

En esta sacudida del ser o no ser en el prisma social, económico y emocional, la réplica colectiva es de perplejidad descomunal con despropósitos, dando origen a la tensión, desazón y en algunos casos, al desbarajuste. Con lo cual, para introducirnos en un aparente futuro, haríamos bien en profundizar la historia de la raza humana con principios sociológicos. 

A nadie le cabe la menor duda, que los tiempos pasados han estado salpicados de sangre, indiferencias y consternación por los conflictos bélicos sostenidos; o por las hambrunas acaecidas y las calamidades epidémicas padecidas. Por lo tanto, si el hombre como especie ha llegado hasta el siglo XXI, lo ha hecho desde su potencialidad de adaptabilidad con la resiliencia, resistencia evolutiva y cognitiva. 

El coronavirus ha irrumpido en una sociedad cambiante, dejándonos en fuera de juego y causando un desconcierto progresivo que desconocemos cuándo, ni cómo concluirá. Ello ha suscitado un escepticismo crónico y, en ocasiones, nos ha entumecido en el accionar cotidiano, ante un enemigo invisible y con la fuerza implacable de un ejército. Y todavía con efectos más contundentes, al desenmascarar la fragilidad social, económica, política y sanitaria convertida en el verdadero talón de Aquiles.

En escasos meses, de depositar la confianza en la ciencia en la que creíamos, con desasosiego y temor nos hemos topado con un escenario epidemiológico capaz de perturbar nuestras vidas por años, o tal vez, para siempre. Hasta ahora, incapaces de contrarrestarlo con solvencia, sin recurrir a las técnicas adoptadas para protegernos de los fáciles contagios o del distanciamiento social.

Contemplando a España, aunque el horizonte se amplía a otras esferas, se suma la ineficacia en la gestión de la enfermedad, con estructuras administrativas inactivas, sistemas inadecuados de selección de élites políticas, deplorable comunicación pública y baile de cifras en los datos oficiales, retardo en la adaptación del aislamiento colectivo; así como ratios de morbilidad y mortandad pésimos, malos indicadores económicos y el sentimiento de desatención en una importante proporción de la ciudadanía. 

Tomando como ejemplo la segunda semana de marzo, o quizás, los momentos reinantes que advertimos, que obviamente, no pueden considerarse del mismo calado, el comienzo del curso escolar y el colapso institucional, inexcusablemente, hacen saltar las alarmas.

Debiendo asociar una nueva vuelta de tuerca a corto plazo, con el dinamismo económico de mano de los programas de relanzamiento de la Unión Europea, proyectado con un plan de recuperación y sobre el marco financiero plurianual 2021-2027. 

Cada una de estas vicisitudes nacionales y globales, macro y micro, aleatorias e imprecisas, pero, posiblemente presagiadas, así como las secuelas directas e inmediatas de la crisis epidemiológica, como la indisposición en las clases sociales, el empobrecimiento generalizado, el trastorno endémico que no cesa o la muerte que nos acecha, está contribuyendo y contribuye a importantes tensiones sociales, que en los próximos años aumentarán en populistas e instigadores. 

La pandemia está siendo terrorífica, poniéndonos contra las cuerdas en una tragedia de grandes dimensiones, con la pérdida de vidas y el tránsito de personas a las que no se han podido despedir con un duelo apropiado. Y mucho menos, ni un beso ni un abrazo. Desapareciendo una generación que nos ha dejado en el silencio más atroz.

Con asiduidad, suele defenderse que cualquier trance aglutina un retroceso como tal, y éste se alarga más que las mismas dificultades. Hay autores que interpretan la crisis económica de 2008 con las tensiones existentes y la verticalidad democrática de numerosos estados, englobando la reactivación de los nacionalismos. El contexto inusual y sus implicaciones no perdurarán únicamente en los intervalos de incidencia del virus, sino después. 

En cada una de estas direcciones, la patología conjetura una marcha atrás. Reculando a lo acaecido en temas de salud, porque la medicina contemporánea había trabajado con éxito en los males infecciosos y parecía que estábamos más aplicados en las enfermedades crónicas o no transmisibles, como los padecimientos cardiovasculares o el cáncer. Curiosamente, esta epidemia con reseñas medievales, nos ha reemplazado a riesgos que dábamos por superados.

Fotografía: National Geographic de fecha 19/IX/2020.

Simultáneamente, el elenco de consecuencias se ha producido inesperadamente y a pasos agigantados, dañando todas las vertientes de la sociedad. Nadie ha quedado al margen de esta tesitura y, ni mucho menos, en un marco internacional identificado por las oscilaciones de las instituciones multilaterales y de retroceso democrático. 

Queda claro, que nos topamos ante una disyuntiva integral en un período con gobernantes que buscan recursos meramente locales, centralizados en intereses parciales. España, se halla ante una eventualidad a la que tiene que dar respuestas pertinentes en un paisaje político convulso.

En contra de la inclinación histórica que el coronavirus está adquiriendo, el espacio rural es catalogado como el más cualificado para neutralizar al patógeno. No es notorio que recapitalice la predisposición imperante de dominio urbano, pero, al menos, en cuestión de estancia y turismo, la España interior y el espectro rural vacío, han conquistado un atractivo que ojalá perdure. 

Junto a ello, la sociedad en su conjunto, convive con complicidad e implicación comunitaria a nivel de vecindad, jurisdicción y grupos profesionales, que han creado otras relaciones y reavivado valores que permanecían deteriorados. Quedando al descubierto que la economía, vaya medianamente bien o mal, cuenta con una fragilidad estructural considerable, al supeditarse a los sectores del turismo y servicios.

Estos últimos meses, fundamentalmente, julio y agosto, ratifican que no debemos bajar los brazos de cara a un virus que segundo a segundo nos acecha. Y es que, ya no solo repercute en el colectivo de personas mayores o vulnerables, también redunda en jóvenes y niños a los que inicialmente se reconocían inmunes. Si bien, los contagios se han amplificado exponencialmente, los finados parecían haberse simplificado, incluso hasta llegar a no contabilizarse ninguna muerte diecinueve semanas más tarde de darse por concluido el ‘Estado de Alarma’. Lo que parecía vislumbrar un indicio de esperanza para todos.

Con los números proporcionados por el Ministerio de Sanidad, España se emplaza en el triste podio de los países que reconocen más extintos en correlación a la población, y el que más sanitarios infectados registra. 

Sobrepasado los seis meses desde el establecimiento del ‘Estado de Alarma’, España continúa liderando las estadísticas más aciagas a nivel mundial. A día de hoy, el número de contagiados alcanza los 716.481 y la cifra de decesos se ha encaramado a los 31.232. 

Las últimas referencias del Sistema de Monitorización de la Mortalidad diaria o Sistema MoMo del Instituto de Salud Carlos III, elevan las defunciones por encima de las 46.000 y ha detectado entre las postrimerías de julio y la primera quincena de agosto, lo que ha denominado “exceso de fallecidos”.

Coincidiendo con la segunda oleada de la epidemia, este verano España ha sumado un exceso de mortalidad del 10%. Es decir, 3.560 perecidos más de los previstos. Siete Comunidades Autónomas recogen esta cuantía en los guarismos de muertes. 

Conforme se muestra el último reajuste del Sistema de Monitorización Momo: en Aragón, un 45% en la primera mitad de agosto; Extremadura, un 37% más que en la última quincena de julio; Castilla y León, un 25%; Madrid, un 20% en agosto con 522 difuntos; Cataluña, casi un 20%; Andalucía, un 17% y la Comunidad Valenciana con un 13%.

El Informe del Instituto Carlos III especifica que en los seis meses sucedidos del COVID-19, el exceso de mortalidad ha rebasado los 47.000 óbitos. Entre las víctimas, resalta el incremento en los mayores de más de 74 años, ya que 16.545 de los 14.384 estimados, pertenecen a este grupo de edad, mostrando un exceso de mortalidad de 2.160 individuos; poco más o menos, la totalidad de exceso global. 

Otras 159 personas tenían entre 65 y 74 años, y 130 eran menores de 65.

De esta manera, en los meses acumulados de 2020 se han ocasionado dos etapas bien diferenciadas de exceso de mortalidad, con el matiz de producirse por varios motivos a nivel nacional, abarcando el primero desde el 10 de marzo al 9 de mayo, y el segundo del 27 de julio al 15 de agosto, respectivamente.

En el primero de ellos se verificaron 43.556 finados, un 64,3% más de lo valorado con los indicios de los diez últimos años. En cambio, en el segundo con sólo tres semanas, se ha originado un exceso de muertes de un 12,6% con respecto a su estimación.

Aunque en el balance se incluye los fallecimientos por cualquier causa, el Informe MoMo señala que desde finales del mes de julio los óbitos diarios por el SARS-CoV-2 superaron los 125 por día.

Lo cierto es que continúan ascendiendo los positivos, los ingresos en los centros sanitarios y, principalmente, en lo que atañe a las defunciones. Más aún, España es el estado de Europa que más decesos ha notificado en la comparativa con su población: unas 100 muertes diarias en los últimos siete días. Los casos ascienden rápidamente en muchas comunidades, como Castilla-La Mancha, Navarra, Cataluña o Madrid, al igual que el acomodo de los hospitales y Unidades de Cuidados Intensivos, UCI. 

Lo peor de todo subyace que la situación epidemiológica como indican los expertos, no cambiará en su tendencia, mientras los positivos sigan ascendiendo. Cabiendo esperar en las próximas semanas más ingresos y fallecidos. Para ser más precisos, los pacientes diagnosticados por el virus ocupan el 22% de las camas disponibles en Madrid; el 13% en Castilla-La Mancha; el 12% en Aragón y el 11% en País Vasco y Baleares.

En lo que respecta a las UCI, diversas comunidades se atinan con más de la mitad de sus camas de enfermos graves empleadas por pacientes del COVID-19. En la Rioja, la ocupación se incrementa en el 60%; Catilla-La Mancha, el 55%; Aragón y Murcia, el 48%; y Navarra y Baleares, el 40%.

Como se ha referido precedentemente, España es la nación que constata más sanitarios infectados del planeta, desde que, en los preludios de la enfermedad vírica, tanto médicos, como enfermeras, auxiliares, celadores y resto del personal cumpliesen su labor sin guantes de nitrilo, mascarillas, batas y otros equipos de protección individual tan imprescindibles. Gradualmente, la carencia de este material ha ido disminuyendo, al integrarse los Servicios de Salud Autonómicos a unos procedimientos de adquisición que en aquellos momentos se demoraban. 

No soslayándose, que el Gobierno aún no dispone de la reserva estratégica.

De todo ello se desprende, que la amenaza de la segunda oleada nada tiene que ver con la UE, aunque por activa y por pasiva el Ejecutivo Central porfíe en contradecir esta evidencia. Las justificaciones van desde enmendar la elevada cantidad de casos por el avance de las pruebas materializadas, hasta atemperar el peso de las muchas muertes causadas, sin dejar de empequeñecer el cariz inquietante que están ocupando estos días, al compararlo con el revés que conocimos en marzo y abril.

Como se ha fundamentado en estas líneas, España es el país que reúne más positivos e ingresos hospitalarios en las UCI con respecto a su volumen poblacional. Idénticamente le ocurre en cuanto a la mortandad, tal y como lo pormenoriza el Centro Europeo para la Detección y Control de Enfermedades, abreviado, ECDC, que profundiza en las comparativas de los estados.

El Gobierno argumenta la intensificación de contagios por la incidencia en las pruebas practicadas, que ahora son más asiduas que en meses anteriores. No obstante, dentro de la UE, no es el que más test realiza, ni en total ni en relación al tamaño de su población. Y lo más alarmante, es la región con más infectados. En otras palabras: en la última semana se han verificado de media 178 test por cada 100.000 habitantes, siendo una cifra similar a la de Alemania, pero por debajo de Francia con 198; o Dinamarca, con 548. 

La contrariedad reside en que los test realizados no dependen en tanto, de la diseminación del censo poblacional en sí, sino en la cuantificación de contagios reales. A más contagios, más test. De hecho, la Organización Mundial de la Salud, por sus siglas, OMS, aconseja que los nuevos positivos no deben alcanzar el 5% del total de los test efectuados, para así valorar que la epidemia está controlada.

En España, como subraya los recuentos de la Universidad de Oxford en su proyecto ‘Our World in Data’, la positividad se encuentra en el 11%. Con rotundidad, es el más deficiente de los estados miembros de la Unión. En Alemania la positividad corresponde al 0,8%; en Italia, al 2,5% y en Francia, el 5,2%.

Asimismo, da la impresión como si se transmitiese a la ciudadanía el presentimiento inconsistente de una cercana comercialización de la vacuna, mientas la pandemia vuelve a remontar embravecida y los servicios sanitarios están comenzando a colapsarse ante una nueva acometida del virus.

La confianza o más bien la irresponsabilidad, ha ayudado que alcancemos el otoño en unas circunstancias nada halagüeñas y, posteriormente, el invierno aún más exigente que no prevé buenos pronósticos, porque podría favorecer una mezcla perfecta: el coronavirus embravecido y la gripe que cada año aqueja a miles de personas.

Tampoco se entiende que no hayan mejorado en tiempo y forma, los recursos sanitarios de salud pública y la dotación de atención primaria, para la implementación de una moderación en los brotes. Por lo tanto, no se trata exclusivamente cómo actuará el SARS-CoV-2, que por fortuna no es propenso a grandes mutaciones, sino más bien, a cómo nos desenvolveremos y qué posicionamiento tomarán las administraciones competentes. Luego, si se relajan los distanciamientos, el uso de las mascarillas e higiene y abundan las reuniones esquivando las observaciones reiteradas, junto al desequilibrio en los comportamientos individuales habidos y por haber, irremediablemente, los contagios y las defunciones estarán al orden del día.

Consecuentemente, el COVID-19 demuestra a todas luces que persiste en su capacidad de contagio dominante, valiéndose de las coyunturas que no son pocas: es un patógeno muy infeccioso, contaminando a las personas en cuanto se presenta el más mínimo resquicio. Toda vez, que somos nosotros, los que modificamos los hábitos o entornos que ayudan fácilmente a la transmisión.

A pesar que el control del coronavirus queda distante de lograrse, se agrava la premura por su neutralización: España ha cumplido más de seis meses con récord en el número de contagios; sin inspecciones con PCR en los aeropuertos y sin rastreadores suficientes para perseverar en la exploración del virus. Del mismo modo, no cuenta con medidas uniformes para atenuarlo, como debía haberse prevenido antes del regreso a las aulas.

El arrebato de la segunda oleada no es una utopía y vuelve a gravitar en la visión de un drama presto a enfurecerse. Indiscutiblemente, hay lógicas para estar inquietos, o lo que es lo mismo, razonamientos más que reconocidos, para comprometernos responsablemente como miembros de la sociedad a la que pertenecemos. 

A lo mejor, una de las destrezas más acertadas en este entresijo epidemial, es asumir que puede ser una vía de progreso. Me explico: una adversidad de dimensiones desmedidas, suele convertirse en un detonante que abruptamente irrumpe en la dinámica habitual de las personas, poniendo en jaque la clarividencia de la realidad, pero, pudiendo ser asumida desde otros puntos de vista menos trágicos.

Frente a una emergencia sanitaria de este encaje, el principio de solidaridad, jamás debería de saltar por los aires.

Publicado en el ‘Diario de Información Autonómica el Faro de Ceuta’ el día 23/IX/2020. 

En el Día Internacional de la Paz: 21 de septiembre

En el Día Internacional de la Paz: 21 de septiembre

El mundo sigue gris con la pandemia y la situación económica tan nefasta que va creando, EEUU está en campaña electoral y esto nos preocupa a todos ¡y en España, el caos!, pero, a pesar de todo esto, hay cosas en las que pensar y que celebrar
En un día como hoy nacieron, entre millones de personas, Luis Cernuda, Leonard Cohen y Sthefen King y nos dejó Virgilio; no nacieron grandes, se hicieron con su trabajo y eso es algo que los jóvenes tienen que aprender.

En 1930 Argentina tuvo una buena idea, el paro entre los ferroviarios era elevadísimo y la Unión de Ferroviarios propuso al gobierno que se concediera un don especial para construir caminos y que ese trabajo lo desempeñaran los parados, fijémonos bien, pedían trabajo, no subvenciones de paro y, de esta forma, hubo empleo y comunicación entre el campo y las ciudades.

Y digo yo: ¿no se podría hacer aquí algo similar?… Hay bosques que desbrozar, cauces que limpiar, campo que cultivar, edificios históricos que rehabilitar y viviendas que hacer habitables, ancianos que cuidar y niños que no tienen quién los atiendan cuando los padres trabajan por el poco número de plazas de guardería con poco coste y el horario, que no cubre toda la jornada laboral ni el periodo vacacional del centro.
¿No sería mejor poner a todos los parados, presos, y  los que viven de subvenciones, a trabajar y que den un servicio a la sociedad que les paga con sus impuestos de trabajadores?

Mientras nosotros entramos en el otoño, Argentina entra hoy en la primavera y celebra el día del estudiante y el de las Artes.
Los estudiantes son el futuro, las artes la chispa de la vida y la primavera el renacer de la tierra. ¡qué gran idea hacerlos coincidir!

El mundo entero celebra dos acontecimientos clave:
El día mundial de la enfermedad de Alzheimer, la demencia más numerosa, una enfermedad sin retorno que daña al enfermo, a su familia y amigos, y a la sociedad, un viaje sin retorno, no tiene cura, todo es paliativo, se diagnostica demasiado tarde y nos lleva a que en España no se financia suficientemente la investigación y no hay cobertura para la atención de estos enfermos, teniendo que ser sus familias quienes formen asociaciones y la proporcionen, algo que debería hacer el estado, como hace con otras patologías, pero es que en España, demencias, enfermedades psiquiátricas y geriatría son las cenicientas del sistema.

Nuestro agradecimiento y felicitaciones a todas las asociaciones y especialmente a las personas que las dirigen y trabajan voluntariamente en ellas.

La Asamblea General de las Naciones Unidas decretó que hoy fuera el Día Internacional de la Paz. Sin paz no hay vida, no hay esperanza.
Pero para que haya paz tiene que haber economía, fruto del trabajo, infraestructuras, educación, sanidad, agricultura y defensa.

Sin trabajo no hay economía y no se pueden financiar. Para ello, hacen falta políticos con formación y cualificación, con honradez y entrega, que defiendan la justicia, que legislen con justicia, ecuanimidad y honradez, que administren pensando en las necesidades y no gastando lo que no se tiene y prometiendo lo que no se va a cumplir.
Políticos que no rompan la unidad de un país, que faciliten su invasión y se dediquen a comprar votos, sólo por sus intereses personales.

¡Cuántos países están así! ¿Queremos eso para España?

Por la paz del mundo por la paz de España, defendámosla, votemos con coherencia y la podremos disfrutar en paz, con salud y libertad.

La Legión permanece incólume tras un siglo de leyenda

La Legión permanece incólume tras un siglo de leyenda

Hoy domingo: Homenaje a la Legión, en el Centenario de su creación.

Una mística especial y un grito unánime: ¡Viva la muerte!

He aquí, la cuna de intrépidos y denodados legionarios, que en su ejercitarse diario fomentan con raigambre el espíritu de cuerpo y articulado a los sentimientos que lo engalanan, esculpe corazones fuertemente arraigados en los tiempos. 

Una historia de amor patrio que comenzó a forjarse en el Norte de África y que, desde entonces, se evidencia en mujeres y hombres consignatarios de ese cúmulo de valores atesorados que protegen a toda costa, como legado heredado de los que nos precedieron, hoy solícitos con benevolencia a practicarlos y transferirlos como el bien más valioso que poseen.

Con lo cual, lo que se describe, no es una utopía o ensueño, sino una realidad con hechos constatados: la Legión, aquella que siempre transita a su ritmo esforzado, atrevido y resuelto y apoyada en su himno inexcusable: “El novio de la muerte”.

Ellas y ellos, que han estado y estarán prestos a eternizarse en la Honrosa Carrera de las Armas, obedecen sin límites y de manera virtuosa las innumerables misiones encomendadas, que han hecho de esta Unidad su plena inmortalización, desde que comenzara a forjarse hace nada más y nada menos que cien años. 

Luego, significativa elección la que se desenmascara en estas líneas a pecho descubierto, ante la ferocidad del combate y la muerte más despiadada, que los legionarios saben hacer gloriosa. 

Con estos mimbres, la semblanza en los lances de honor con la muerte y esta fórmula tan peculiar como ninguna otra, revelan la simbiosis de gestas heroicas que por doquier, redundan, allí donde retumba el sonido impertérrito de nuestra querida y siempre admirada Legión Española.

Por eso y para eso se instituyó; toda vez, que su capacidad de maniobra, flexibilidad y versatilidad, la hace más capaz y provechosa para enfrentarse ante cualquier escenario, por muy complejo que este sea. 

No debiendo soslayarse, sus orígenes imperecederos y la razón de ser que la enaltece.

Por lo tanto, don José Millán-Astray y Terreros (1879-1954), principal protagonista de este relato, logró franquear las múltiples adversidades y dotó a la Legión de un misticismo inconfundible. Inspirándose en el espíritu de los Viejos Tercios de Flandes y en la praxis de los samuráis japoneses, compilada en el ‘bushido’, una expresión interpretada como el ‘camino del guerrero’, a modo de un código ético exigente ensamblado en la lealtad y el honor.

El resultado no podía ser otro: un cambio consustancial en la voluntad de vencer. 

En otras palabas: el plantel de un espíritu de superioridad en el soldado español, al igual, que los destacados Tercios de Flandes y su concepto de honestidad, deber y sacrificio. La peculiaridad más atrayente de este ideario legionario y sus símbolos, se manifestó por la afinidad con la muerte.  

Sin embargo, la obra del doctor en Historia Contemporánea y profesor universitario don Luis Eugenio Togores Sánchez (1959-61 años), que lleva por título “Historia de la Legión española: la infantería legendaria”, desmitifica esta y otras materias emparentadas con la Legión, que dice concretamente: “Cuando los legionarios lo gritan, no llaman a la muerte, sino que afirman su amor por la vida. Gritan que, amando la vida, están dispuestos a darla al servicio de la Patria”.

La Legión Española, un cuerpo de tropas con vocación de élite, establecido para ser incorporado a las misiones destacadas y en las acciones más inclementes, alcanza su centenario de existencia. 

Desde su hálito de creación, allá por el año 1920, el Tercio de Extranjeros, como por entonces se denominó, imbuido en el espíritu de sacrificio, ha sido capaz de evolucionar y desenvolverse en los trechos presentes, atesorando como oro en paño sus tradiciones. Lo que la convierte en un cuerpo singular, al cultivar elementos de la escuela primitiva y prescindir de antiguas ocupaciones para abrazar otras más innovadoras, conforme a las que despuntan en el siglo XXI. 

No ha de soslayarse, que la Legión como fuerza de choque, se fraguó para combatir y magistralmente así lo materializó en la Guerra del Rif o Segunda Guerra de Marruecos (8-VI-1911/27-V-1927), marcando un antes y un después para curtir su personalidad; además, de participar en la Revolución de Asturias (1934) y en la Guerra Civil Española (17-VII-1936/1-IV-1939). 

Y, cómo no, salvaguardó con uñas y dientes las últimas posesiones españolas en Sidi Ifni y en el Sáhara, hasta 1975. 

Cabe recordar, que la aparición española en el Norte de África se remonta al siglo XV, fundamentada especialmente en la ocupación de lugares tan emblemáticos como el Peñón de Vélez de la Gomera, o el Peñón de Alhucemas e Islas Chafarinas, y las plazas de Ceuta y Melilla, que pueden vanagloriarse de tantísimo lustre militar, como aquellos otros soldados que descansan en el sosiego y la calma, colmados de admiración.

En esta tesitura, la Conferencia de Algeciras celebrada en esta misma localidad entre el 16 de enero y el 7 de abril de 1906, terminó con esta dinámica portuaria, cuando las potencias principales de la época, apremiaron a España a ejecutar una vigilancia en el Norte de Marruecos; mientras que Francia, hubo de hacerlo en la fachada Sur.

De esta forma se intentaba imprimir el control del Sultanato que se hallaba profundamente empeñado con las naciones europeas; simultáneamente, se pretendió compensar algunas de las reclamaciones del káiser Guillermo II (1859-1941), que no veía con buenos ojos el gradual intervencionismo franco en el Norte de África. Contexto que confluyó en la segunda crisis marroquí en 1911, con el envío a Agadir de la cañonera de la Kaiserliche Marine SMS Panther.

Alcanzado 1912, el sultán Abd al-Hafid (1876-1937), también conocido como Mulay Hafid, sufrió una serie de rebeliones internas que le llevaron a claudicar en la soberanía de Marruecos a Francia, que, a su vez, repartió con España. Apareciendo el protectorado francés en el Sur, y el español en el Norte.

Paralelamente, valga la redundancia, el protectorado español se dividió en cinco regiones con capital en Tetuán. Indudablemente, nuestra disposición en la demarcación proporcionaría un incipiente progreso, hilvanándose las primeras carreteras y vías férreas. Si bien, las tribus del Rif, toleraban únicamente la autoridad religiosa del sultán, no vacilaron en hacer un bloque común contra lo que suponían una ocupación extranjera en toda regla. Dando lugar a la Guerra del Rif.

Ya, inmersos en el laberinto africano, sucedería la plasmación de ideales conducentes a la fuerza contemporánea más icónica del ejército español; inexcusablemente, instaurada para combatir en esta titánica batalla y que no es otra que la Legión. 

Ciñéndome sucintamente en los prolegómenos de lo que estaría por acontecer, la irrupción de los Tercios Extranjeros y, posteriormente, la Legión, las primeras décadas del siglo XX, ni mucho menos podrían considerarse como diríamos llanamente, favorables para España. En similitud con las premisas reseñadas, en un abrir y cerrar de ojos, se desencadenaron dos conflictos bélicos. El desenlace no podía ser más visible: se habían eclipsado los últimos reductos de lo que, durante épocas, había encarnado uno de los Imperios más vigorosos de la Historia.

Me explico: en el Reino de Marruecos, los descalabros en el terreno atenuaban y amortiguaban unas posiciones en el Norte de África difícilmente salvables, a pesar del intrépido desempeño de un sinfín de militares españoles.

En otra de esas campañas, en Filipinas, resaltó la actuación de un joven oficial. Indiscutiblemente, era Millán-Astray que con diecisiete años y junto a una treintena de soldados de reemplazo, exhibió un arrojo sin precedentes en la defensa de San Rafael, donde sin tregua, fueron abordados por una fuerza de indígenas tagalos infinitamente superior. Aquel comportamiento sobresaliente llevaría aparejado su primera condecoración: la Cruz de la Real y Militar Orden de María Cristina.

Desde aquella experiencia combatiente, comenzaría a rondarle una idea que no desaparecería hasta verla consolidada: pese al brío y coraje de los soldados de leva, era preciso que España aglutinase entre sus filas unas tropas acomodadas por militares profesionales, aptas para emplazarse en la primera línea de batalla y hacer frente al enemigo con más solvencia.  

Lógicamente, el nuevo cuño de este soldado había que configurarlo con la adquisición de una formación militar específica, que ni mucho menos cabía incluirla en el temperamento de los soldados provenientes del reclutamiento obligatorio. El paradigma de este soldado profesional, caló hondo en la mente de Millán-Astray que le rondaría constantemente. Más aún, siendo consciente en carne propia de una tras otra, las derrotas en el Norte de África. 

Entretanto, estos soldados no podían tributar más que ilusión y temple, cuando la moral soportaba los inquebrantables envites y humillaciones de unos rebeldes que se movían como pez en el agua y no cesaban en su empeño, infligiendo duras acometidas en las deplorables posiciones planificadas. Dicotomía que produciría gran incomodidad entre la sociedad española y que dinamitó en la Semana Trágica de Barcelona, entre los días 25 de julio y el 2 de agosto de 1909.

Dando un salto en el tiempo, en 1919 y ostentando el empleo de comandante, Millán-Astray comienza a desplegar su percepción sinónimo de plasmar una unidad profesional de choque que aúpe a España en el lugar que le corresponde. Su referente no podía ser otro: la Legión Extranjera francesa, que tan provechosos frutos había dado al país vecino en la Primera Guerra Mundial (28-VII-1914/11-XI-1918). 

Tampoco iba a ser menos, la popularidad alcanzada por Millán-Astray, que como la pólvora, su proyección se extendió entre el estamento castrense; hasta tal punto, de llegar a conocimiento de Su Majestad el Rey Don Alfonso XIII (1886-1941).

Unos meses más tarde, el 5 de septiembre de ese mismo año, un Real Decreto rubricado por el Monarca enviaba en comisión de servicio a Millán-Astray a Argelia, al objeto de “estudiar el régimen y los fundamentos” del Regimiento de la Legión Extranjera francesa. A su regreso, el Informe meticuloso al detalle se dirigió al Estado Mayor Central, y sin demora, se consignó al Alto Comisario en Marruecos, el general don Dámaso Berenguer Fusté (1873-1953), que inmediatamente se postuló vehemente e incondicional con la innovación de los futuros Tercios Extranjeros. 

Así, por Real Decreto 28 de enero de 1920, siendo Ministro de la Guerra don José Villalba Riquelme (1856-1944), Su Majestad el Rey don Alfonso XIII tuvo a bien disponer que “con la denominación de Tercios Extranjeros se creará una unidad militar armada, cuyos efectivos, haberes y reglamento por el que ha de regirse será fijados por el Ministro de la Guerra”

Entre algunas de las peculiaridades más dignas de mencionar, por antonomasia incidió los anuncios publicitarios para acceder a la Legión, pegándose en las paredes, muros o paneles más confluidos de ciudades, pueblos, municipios y villas, donde el público más oportunista no pasase de largo y lo ojease con la debida atención en las estaciones de tren, puertos, delegaciones, consulados, etc. Exteriorizándose a todas luces la posibilidad, de ser los soldados del ejército mejor gratificados y con más expectativas. 

Al pie de la letra uno de estos carteles informaba: “Los que aspiráis a la gloria; los que deseáis lugar de olvido, de redención, de lucha, los que buscáis aventuras y aspiráis a ostentar galones, estrellas, cruces o a ganaros en la lucha el mejor título de caballeros. Tendréis alimentación sana y abundante. Vestuario de buena calidad, práctico y vistoso. Primas de enganche muy crecidas y aumento de haberes por años de servicio”.

Los requerimientos establecidos para alistarse, tanto para individuos de origen hispano como extranjeros, se fundamentaron básicamente en estar “sanos, fuertes y aptos para empuñar las armas”

Del mismo modo, que aquellos que una vez cumplido su compromiso de enganche y pretendiesen extenderlo en las filas de la Legión, debían materializarlo en base a unos formalismos concretos: 

“Se admite el enganche por períodos de seis meses, o por uno, dos, tres, cuatro o cinco años, siendo las primas que les corresponden de 50 pesetas por cada seis meses, después de cumplido el compromiso de cuatro años, y a partir del quinto año de servicio, cuatrocientas pesetas anuales por dozavas partes del total. 

Ser reenganchado es circunstancia muy recomendable para el porvenir del legionario, y para distinguirle llevan un distintivo especial, por el cual se conoce su antigüedad en el Cuerpo. Al reengancharse un legionario puede elegir la unidad y territorio a donde quiere pasar a continuar su servicio, o seguir en la misma, según su deseo”

Asimismo, las primas de enganche de un legionario eran muy atrayentes.

Primero, por tres años, percibían 400 pesetas; segundo, por cuatro años, 500 pesetas distribuidas en 250 pesetas al ingresar. Al primer año, 83.33; al segundo, 88.33 y al tercero, 83.34 pesetas. Y, tercero, por cinco años, recibían 700 pesetas fraccionadas en 350 pesetas al afiliarse. Al primer año le correspondían 116.66; al segundo, 116.66 y al tercero, 116.68 pesetas.  

Para ser más precisos, con relación al haber diario en el primero y segundo año, correspondía en mano, 2.00 pesetas; en rancho, 2.00 pesetas y masita y ahorro, 1.10 pesetas. En total se contabilizaban 5.10 pesetas. En el tercero y cuarto año, en mano, 2.40 pesetas; en rancho, 2.00 pesetas y masita y ahorro, 1.10 pesetas. En suma, se acumulaban 5.50 pesetas. 

A ello había que añadirle el plus de campo: legionarios de 1ª y 2ª y cornetas y tambores, 0.25 pesetas diarias. En cambio; los cabos, 0.50 pesetas. Sin inmiscuirse, la viabilidad de ascensos en tiempos de paz y guerra. 

Los jefes y oficiales los seleccionaba por sí mismo Millán-Astray, entre los que reunían más méritos en campaña. 

Pero, el frontispicio de la Legión recaería en Ceuta, teniendo como Cuartel el Campamento de Dar Riffien, una vez pasada la población de Castillejos, en árabe, Fnideq. Disponiendo de una plana mayor, cuatro compañías de depósito para la instrucción y tres unidades tácticas denominadas Banderas. Cada una de estas, nutridas de dos compañías de fusiles y una ametralladora. 

En cuanto a la indumentaria del legionario, se enfatiza la puesta en escena del gorrillo isabelino con borla, la guerrera de cuello vuelto con el cuello de la camisa por encima y correajes de lona británicos. Con respecto al armamento, sus componentes dispondrían del característico fusil Máuser de confección española; además, del fusil ametrallador, ametralladoras pesadas Hotchkins, morteros Laffite, pistola Astra y el machete bayoneta de 30 centímetros de hoja. 

Acababa de despuntar a perpetuidad los “novios de la muerte”, con su lema incomparable, “¡Legionarios a luchar, Legionarios a morir!” y con su emblema representativo, el armamento de los Tercios, ballesta y arcabuz en aspa con una pica en medio. 

En esta disyuntiva circunstancial, es necesario incidir que el entorno político del momento no era el más favorable, unido a las oscilaciones en la gobernabilidad del país y la excesiva burocracia, ralentizaron a más no poder la chispa decisiva que activara el comienzo de los Tercios Extranjeros.

Con lo que hubo de aguardar unos meses expectantes, hasta que Millán-Astray incorporó a un joven oficial que logró introducir una rigurosa disciplina en los Regulares Indígenas: el comandante don Francisco Franco Bahamonde (1892-1975).

Llegados hasta aquí, los Tercios iniciaron su andadura con una trayectoria abnegada e intachable al servicio de España, haciéndolo con un éxito insospechado, tal y como lo refirió el propio Millán-Astray en su libro “La Legión”, publicado en el año 1923. Un fragmento textual del mismo puntualiza: “Habíamos sufrido un error de cálculo al pensar en los hombres que se habían de presentar. Creíamos que vendrían poco a poco, por grupos de ocho o diez al día, y que luego, con el conocimiento por la propaganda, vendrían más; pero no pensamos en la explosión; y fue que en tres días se habían reunido cuatrocientos. No había que dudar, y se dijo que vengan”.

Paulatinamente, con la centralización de los voluntarios, se estrenó la instrucción en la asignada posición A2, esto es en las periferias de la Guarnición de Ceuta. La escrupulosa preparación de los incorporados era doble: primeramente, la potenciación en el combate y la instrucción de tiro, con un duro entrenamiento que les enfilaba a largas marchas y a la pugna contra los insurrectos marroquíes; y, segundo, se trabajaba con ahínco en la disciplina y el orden interno. 

Para esto último, Millán-Astray empezó a fraguar unos preceptos morales infundidos en el Credo Legionario. Entre ellos, podría evocarse ‘el espíritu de compañerismo’: “con el sagrado juramento de no abandonar jamás a un hombre en el campo hasta perecer todos”. O ‘el espíritu de unión y socorro’: “a la voz de ¡A mi La Legión!, sea donde sea, acudirán todos y, con razón o sin ella, defenderán al legionario que pida auxilio”

El día 21 de octubre de 1920, trece meses más tarde del nacimiento de la Legión, se produce la primera Jura de Bandera en el llano de El Tarajal, utilizándose la Enseña Nacional del Regimiento Ceuta Núm. 60. El mando de la formación lo ostenta Franco, siendo el abanderado el capitán don Justo Pardo Ibáñez. En la presidencia y como testigo principal se encuentra su fundador, el teniente coronel Millán-Astray. 

Subsiguientemente, el 3 de noviembre, la I Bandera se encamina a Uad Lau, en la porción Occidental del frente de la Guerra del Rif. Era irrefutable, por vez primera, la Legión entraba en el estrago de la contienda: el valor aplicado, la tenacidad derrochada y el magnánimo atrevimiento lo corroborará en enero de 1921, con el fallecimiento en una emboscada del cabo Baltasar Queija Vega (1900-1921). 

Quedando inaugurado el elenco esplendoroso de los Caídos en la Legión. 

Muy pronto, contribuye en la toma de Xauen, Benilai y Buharratz, respectivamente, demostrando ser unos contendientes lustrosos. Progresivamente, las operaciones más cruciales se encadenan el 22 de julio de este mismo año, cuando estando apostados en la franja Occidental de Marruecos para repeler a las facciones rebeldes del líder de las tribus de Yebala, El Raisuni (1871-1925), recibe el mandato de desplazarse perentoriamente en ayuda de la Ciudad de Melilla, que había padecido a manos de las bandas insurgentes de Abd El Krim (1882-1963) el ‘Desastre de Annual’. 

Sin dilación en la consigna y con la máxima celeridad, la Legión prospera a Tetuán, esperándole 100 kilómetros de severo trayecto que concluye en día y medio. Ya, en este sitio, embarca en el vapor Ciudad de Cádiz con rumbo al enclave español. 

Por fin, la Legión arriba en Melilla el día 24, alentando y elevando la escasa moral de la plaza y disponiéndose a recomponer el pésimo estado de las defensas. Mientras, imparables, las tropas rebeldes prosperan asaltando las posiciones españolas y poniendo contra las cuerdas la conservación de éstas. 

En esta eventualidad, los legionarios estarán llamados a proteger a toda costa los recintos defensivos avanzados de Ait Aixa, Sidi Musa, Taguel Manin, etc. Los blocaos resisten incesantes agresiones de las harkas o bandas rebeldes.

El 15 de septiembre la fortificación de Dar Hamed sufre un duro ataque contra los cientos de cabileños que tratan de asediarla. La Legión solicita autorización para socorrerla, pero se concede el consentimiento a quince valerosos legionarios al mando del cabo Suceso Terreros López. 

Los voluntarios comparecieron y lo defendieron intrépidamente, siendo conscientes que estaban destinados a darle un beso en persona a su novia mortal: la muerte. Lo cierto es, que el cabo Terreros encarga a dos de sus hombres en busca de apoyo, llegará uno, pero será en vano. La llegada de los refuerzos presagiaba lo peor: todos habían perecido ofreciendo lo mejor de sí, con el aval del espíritu de sacrificio.

Con la protección generosa de los blocaos y la recalada de más hombres, la Legión se encomienda a la recuperación del terreno malogrado: la conquista de Nador y el monte Gurugú el 9 de octubre, pone a salvo la Ciudad de Melilla.

Definitivamente, la Legión llega a Annual el 14 de octubre y contempla con sus ojos enjugados en lágrimas, los restos humanos de la calamidad: despojos de cuerpos sin sepultar, descompuestos, mutilados y ultrajados. Desde este instante, la Legión intervendrá en diversas hostilidades con el común denominador de actos abanderados en el sacrificio más absoluto, que se harán legendarios. Por si aún quedase algún recelo en lo retratado: la Legión redimió a Melilla y con ella al Protectorado Español de la extensión Oriental de Marruecos.

En 1923, resaltan los acometimientos de Tizzi Azza, clave de los puntos defendidos para el devenir de la Comandancia de Melilla, ocasionándose una concatenación de severas embestidas por los secuaces de Abd El Krim. Porque, si los rifeños dominaban esta zona, podría desembocar en otro Annual. 

En los desenlaces de la misma, el teniente coronel don Rafael de Valenzuela y Urzaiz (1881-1923), sucumbiría al frente de sus hombres y en la retirada de Xauen a Tetuán, en que la Legión allanó el repliegue del resto de efectivos, evitando que las pérdidas humanas se hubieran ampliado.

Más adelante, la Legión intervendrá en el Desembarco de Alhucemas (8/IX/1925), una acción en colaboración con la armada española y, en menor medida, un contingente aliado francés que favorecería la derrota de Abd El Krim. 

Gradualmente, el rigor de las escaramuzas menguaría hasta que el jefe rebelde es apresado en 1927 y puesto a disposición de la justicia gala. La paz retornaría tras tenaces ofensivas que engrandecieron a la Legión Extranjera por su gallardía, audacia y bravura extrema, pero, sobre todo, por su desprecio a la muerte. 

En consecuencia, si existe una Historia dilatada a lo largo de los tiempos, esa es propiamente la de la Legión, acaparando efemérides, memorias y relatos celosamente clarificados a base de sudor y sangre, que no engloba únicamente batallas entretejidas en los hechos acontecidos; sino, que igualmente, persisten en las huellas indelebles que ha esculpido el paso uniforme de quiénes forman una religión de hombres honrados.

© Fotografía: National Geographic de fecha 15/IX/2020

Actualmente, encuadrada dentro de la Fuerza Terrestre del Ejército de Tierra, la Legión se ha reconvertido en una fuerza de élite, idónea para colaborar en todo tipo de misiones internacionales, ya sea en el marco de la Organización de las Naciones Unidas, ONU; como en la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN.

Hoy por hoy, la familia legionaria, trabajadora infatigable, se afana sin descanso en el cumplimiento del deber; siempre comprometida consigo misma y con el resto de la sociedad. Su encomienda es sencilla de descifrar: encarar junto a las herramientas del Estado, la atención que merece la Nación, cuándo y dónde, sea indispensable. 

Así, la proyección de sus recursos humanos ensamblado en la modernización de los medios materiales, permiten una mayor tecnificación y aporte a las nuevas tecnologías, con un alto grado de instrucción en el desempeño de las misiones. Sin obviar, los valores castrenses que se constituyen en la mejor herencia de las antiguas generaciones, porque, con el ejemplo y la perseverancia, se han dispuesto en la concatenación de virtudes y deberes. 

No desdeñándose de este trazado virtuoso, el adiestramiento y la doctrina militar que son los verdaderos culpables de forjar, velar y hacer aún más grande, estos conceptos de vida enteramente consagrados y dedicados a enormes sacrificios. 

No podría concluir este texto, sin antes realizar una mención especial a los Legionarios de todas las épocas, que hoy se revisten de magnificencia y están plenamente satisfechos, al vislumbrar junto a otros tantos, que el destino de la Patria común permanece indemne. Almas, con elevada representación en las páginas ilustres de la Historia de España, coronadas en el desempeño del deber. 

Todas y todos, sin distinción, en esta evocación que realizamos en el Centenario de la Creación de la Legión, de cuántas y cuántos hicieron ofrecimiento de sus vidas al servicio de España, merecen el mayor de los respetos unido a su memoria. Un homenaje que nos identifica con la Madre Patria que apaleamos, en la que nos hemos forjado y con honor representamos.

¡Legionarios Caídos por España!, que, desde los albores hasta nuestros días, os habéis debatido entre la vida y la muerte y a los que os debemos sin excusas, la estima y el agradecimiento infinito. 

Descansen todos en paz y brille la luz para siempre, con la seguridad que quienes le seguimos y confiamos, sabremos con la ayuda de Dios, si llegara el caso, dar continuidad a su ejemplo sublime.

© Fotografía: National Geographic de fecha 15/IX/2020.

Finalmente, no podría quedar postergado, al dar fe de ello, el acontecimiento que por añadidura ha henchido el corazón de este soldado considerablemente erosionado, con ese adiós imprevisible al servicio de las Fuerzas Armadas y que en el fondo se opone a las certezas coyunturales que residen en lo recóndito del alma.

Me refiero a la Solemne Ceremonia de Renovación del Juramento o Promesa ante la Bandera de España, realizada el día 9 de octubre de 2016 en el Complejo Monumental de las Murallas Reales de Ceuta. 

Una tierra inigualable que destila credos, decálogos, mandatos e idearios castrenses y que desde el año 1984 me hizo crecer como soldado del Grupo de Fuerzas Regulares de Tetuán Núm. 1. 

Gratitud imperecedera que no puedo omitir y que desearía hacer extensiva al Tercio Duque de Alba, 2º de la Legión, al ser su Enseña Nacional la que me acogió calurosamente y me concedió ver un sueño cumplido: tonificar con más conciencia y razón de ser mi Renovación ante la Bandera, junto al Juramento que también cristalizaron mi esposa Alicia Inmaculada e hijos, Rubén, Tamara, Judit y Esteban. 

Sintiendo la necesidad inexcusable de conservar izado a toda costa el espíritu rojigualda, que es el que nos susurra sin desfallecer, de no arriar de ningún modo el símbolo cardinal de Nuestra Nación.

¡Mi más sincera enhorabuena a todos los integrantes de la Legión, por este siglo encomiable de fidelidad y entrega inagotable a España! 

*Publicado en el ‘Diario de Información Autonómica el Faro de Ceuta’ el día 20/IX/2020.

Ana, Rosa y Cayetana, repique de campana

Ana, Rosa y Cayetana, repique de campana

En estos tiempos, en los que las necesarias políticas de género parecen querer llegar a casi todos los rincones de la sociedad, existen algunos detalles, o personas, que me conmueven especialmente. En el aspecto negativo no cabe duda que las promociones a golpe de bragueta que se producen en algunas formaciones políticas atentan gravemente contra los principios de esa reivindicación del igualitarismo que ellos mismo proclaman, con agresiva ferocidad en ocasiones. Están ahí, espero que brevemente.

En el otro lado me encuentro con auténticas Agustinas de Aragón, mujeres que para nada necesitan apoyarse en cuotas de género o similares. Son ellas mismas, con su carácter, fuerte, por supuesto; con su personalidad, de acusado perfil; y con una, aparentemente, vocación de luchar incansablemente por sus ideas aunque tengan que hacerlo en contra, no solo de los adversarios políticos, sino también de sus propios correligionarios.

Ana nos ha aportado en los últimos tiempos, en los que la retórica parlamentaria alcanza profundos pozos de vaciedad, inolvidables intervenciones de incontestable firmeza y claridad en las que ponía de relieve, con su acento canario, las contradicciones o simplemente la mala praxis gubernamental. Su compromiso alcanzó su máximo nivel cuando votó, tras explicarlo desde el estrado, en contra de las directrices de su propio partido en relación con la investidura del doctor Sánchez. 

Rosa alcanzó la notoriedad nacional cuando siendo consejera del gobierno vasco promovió una campaña turística, “Euskadi, ven y cuéntalo”, que le procuró la rechifla nacional, aunque no se arredró por ello. Supimos de ella nuevamente cuando se presentó a la secretaría general del PSOE, sin éxito, y después sufrió, junto a Nicolás Redondo, un largo y penoso acoso interno hasta que éste fue sustituido, en tristes circunstancias, por ese gran político vasco que es Pachi López. Después creó un partido de corte transversal pero que una operación de mayor calado llevó a su insignificancia, y a la actual del sucesor. Su último balcón estaba en la emisora episcopal pero con su nuevo rumbo –la entrevista de su comunicador estrella a Zapatero era el clarín de lo que venía- la voz de Rosa se hacía demasiado inconveniente. ¿Por qué será? 

A Cayetana, portavoz durante un tiempo del partido de la oposición, la han relegado a responsabilidades más prosaicas; su verbo afilado y certero no convenía a los nuevos derroteros de su formación. Ya había pasado por ese trance, estar en el sitio equivocado sin haberse movido; son cosas de la política, pero en una actividad tan cambiante como es ésa tampoco sería extraño que en breve la echen de menos sus cofrades.   

Son tres mujeres de férreas convicciones, con ideas basadas en principios básicos sobre los cuales no están dispuestas a transaccionar, pero cuyo entorno móvil y tornadizo las expone al desamparo político. Son admirables, sonoras, como repique de campana.

*Versión en asturiano en repdiv.blogspot.com

De lluvia y playas

De lluvia y playas

Una lluvia fina, suave, sin fuerza, nos está cayendo desde ayer y mis planticas encantadas, pero es evidente que «nunca llueve a gusto de todos», porque… es el día mundial de las playas y… no podremos celebrarlo en una de ellas

¿Habrá algo tan bonito como una playa?
Nosotros tenemos kilómetros y kilómetros de playas y muchas banderas azules, que tendrían que ser más, si cuidáramos nuestras playas, si no tirásemos en ellas colillas, botes, papeles y demás desperdicios. Si no utilizáramos tanto el mar como basurero y cuidáramos los vertidos.

Para bañarnos, tomar el sol, pasear, dormir la siesta, ver la luna… ¡Qué bonitas son las playas!

Últimamente para atracar pateras …
España tiene una gran variedad de playas, que en nada tienen que envidiar a otros países y que han dado pie a una gran empresa hotelera, este año en paro y con poca ayuda estatal.

Hostelería, ocio, espectáculos, turismo … son de los sectores más afectados, anualmente han creado muchos puestos de trabajo, han colocado a España en el mundo como uno de los principales destinos turísticos, han ingresado millones en impuestos y ahora ¡qué poco se les ayuda y cuántas trabas les ponen!

Disfrutemos el día con la imaginación, con salud, paz y libertad.

Sobre la belleza (II): Dos formas de belleza más

Sobre la belleza (II): Dos formas de belleza más

Tras compartir con ustedes, como el título indica, sobre la belleza, ya habrán echado en falta que me restaba hablar algo más sobre ella.

Son dos las clases a las que voy a dedicar todo este artículo, pues pasan muchas veces desapercibidas.

Conocemos personas no muy agraciadas, que no son lo que se dice idóneas para atraer el flechazo de Cupido a primera vista, pero ¡ojo! al tratarlas y conocerlas vislumbramos algo hermoso, sí, eso es, que estamos ante un tipo de belleza, no el sublime estético, que ya lo vimos, sino lo sublime moral.

Este consiste, en que sus actos son generosos, pacientes, desprendidos, dulces, correctos, amables, serviciales, leales, que no siempre se dan en la misma persona.

Los tenemos entre nosotros y los ha habido y habrá en todo tiempo, así fueron elegidos como protagonistas algunas que otras personas pertenecientes a dicho grupo.

Me viene a la memoria “Marianela” de nuestro insigne escritor Benito Pérez Galdós, en el cine contamos como muestra “La Heredera”, protagonizada por Olivia de Havilland, “La Tonta del Bote”, en plan jocoso, de Pilar Millán Astray.

La verdad, que en nuestro entorno podemos encontrarnos con estos pacíficos y altruistas seres.

Y sé, que, a ustedes, como a mí, cuando hemos conocido una persona que carece de los cánones de belleza clásica, amén de los que no concuerdan con el estilismo actual, en cuanto se les trata, su naturalidad, junto a muchas de las adjetivaciones enumeradas anteriormente, logran que nos interroguemos:

“Pero, ¿cómo he estado tan ofuscado de ver a esta persona feucha?”. Entonces decimos: “es una bella persona”; en realidad tendríamos que decir: “es una buena persona”. Estamos trasladando la bondad a la belleza, pero se oye todos los días, o con mucha frecuencia.

Pudiera ser que también poseyera la otra clase de belleza que nos falta plasmar, que es “la belleza simple”, valga la redundancia, es simplemente “lo elegante”.

Y pensamos: “pero si tiene clase, si sabe elegir a la perfección lo que es un fondo de armario, si acierta en el atuendo informal y en el festivo al cien por cien”. Van siempre a juego, con los colores acertados, con el detalle preciso, si es mujer, con un maquillaje acorde con los eventos a seguir, nos parece que su presencia no es muy notoria, pero dejan huella en el ambiente con perfumes discretos, primando, en todo, la sencillez.

Pues sí, imaginemos, esa persona, que posee la belleza sublime más la simple, la elegante, esa personalidad es un potente imán que atrae, y si alguien tiene la suerte de conseguirlo, ha encontrado un tesoro.

No pasa así a la inversa, sabemos existe la mujer que físicamente posee esa atracción a la que Cupido sí le lanzaría su flecha.

Pues resulta, y esto creo todos conocemos algún caso, en principio gusta, comienza algo de cortejo, seguido en breve por el trato, mas no saben en qué momento, cuando descubre cómo se porta en la mesa engullendo más que comiendo, con conversaciones ególatras, en que emerge lo intranscendente y trivial, pues, en esas circunstancias el chico o chica ponen los pies en polvorosa y se dicen “¡pies para que os quiero!”.

Comprendemos que mucha gente favorecida está adornada, también, con muchas virtudes y buenas costumbres, y han protagonizado historias de ficción como Blancanieves, en el cuento de los hermanos Grimm y gente no favorecida, con sus almas todavía más nefastas que su físico, un ejemplo son las malísimas hermanastras de Cenicienta.

En la vida real ocurre igual, pero centrémonos en lo que hoy ventilamos.

¿Qué ocurre en esta dualidad? Que una resultona con un alma zafia es rechazada y una que aparentemente no brilla, en cuanto se descubre su interior quedan prendados o prendadas por ello, es muy verdadero aquello de que “La suerte de la fea la bonita la desea”.

Muy importante pues, es la belleza sublime moral y la belleza simple, la elegancia.

Cuanta gente podría decir:

“Sí, yo tuve suerte, yo elegí bien a mi esposa, no era un bellezón, pero por los ojos se le escapaba una dulzura especial que atraía más que a las moscas la miel, y viceversa, el pensamiento de una chica podría ir por el mismo camino respecto a su mozo y afirmaría: “yo no tengo un Brad Pitt, pero es un ser tan atento, tan delicado y además es “un quitapenas” de primera, que, la verdad, he tenido suerte.

Por eso recuerdo que nunca me gustó aquella canción que decía “Que se mueran los feos, que se mueran, que se mueran…”

Además, estas personas al ir cumpliendo años siguen siendo las mismas, elegantes, atentas y dispuestas.

Qué razón llevaba Platón al describir que la educación consiste en sacar del interior todo el potencial de bondad y belleza que fuere posible.

“Chapeau” a los educadores que lograron que seres como los descritos hayan mejorado sus tendencias naturales, hayan mejorado su autoestima.

Así pues, disfrutemos, en general, de una sonrisa de labios entreabiertos, que es más sublime que una carcajada, de una mirada con una caída de ojos misteriosa, que es más delicada que una picaresca, y de una voz susurrante, más que de una voz potente.

Y para terminar como el domingo pasado, me sentiría muy honrada si mi trabajo ha conseguidos ser catalizador para que ustedes deseen releer algo de sus autores favoritos, disfrutando la belleza que portan sus páginas, no sin antes invitarles a que lean este poema mío, que tiempo ha escribí, elegido porque aquel vestido tuvo que ser elegante.

Pequeña añoranza

Ponte, mujer, ese vestido rojo,
el que te pusiste aquel día,
aquel día…
que temblando me dijiste sí;
y ponte, mujer, tu lazo de terciopelo
y recoge tu melena
rizada, leonada, como ayer.
Cuando vengas hacia mí,
yo cerraré los ojos,
tú los cerrarás también,
y ese beso dulce 
que absorberemos 
será aún más hermoso
que aquel furtivo y ardiente
que nos dimos temblorosos,
en el pasado, en el ayer.
Ponte tu vestido rojo
para mí, mujer.

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