​El monasterio de la Inmaculada Concepción de Loeches

Hoy sólo se conserva del palacio la portada barroca de su fachada, en su lugar están las instalaciones del colegio público «Conde Duque de Olivares».Gregorio Marañón los describe así en su biografía sobre el Conde-Duque de Olivares; «…a pesar de haber sido restaurado por su actual propietario el duque de Alba a finales del siglo XIX, es un edificio modesto, de un solo piso con cuadras subterráneas, como era costumbre entonces, el exterior humilde sin el menor adorno, y el interior también; con un zócalo de Talavera que recorría todas las habitaciones, algún tapiz viejo y una gran huerta.»El artífice intelectual de esta obra fue Alonso Carbonell, arquitecto del «Casón del Buen Retiro», y se asemeja mucho al Monasterio de la Encarnación de Madrid.

El monasterio de la Inmaculada Concepción de Loeches se encuentra en la plaza de la Duquesa de Alba, y se conoce en el pueblo familiarmente como «el convento grande». Este monasterio es una joya histórico-artística del barroco madrileño. Fue fundado en 1640 por el valido del rey Felipe IV, es decir, el Conde-Duque de Olivares. La obra la terminó su sobrino D. Luis de Haro y Guzmán, Marqués del Carpio y IV Conde-duque de Olivares.

Cuenta la tradición que fue inaugurado con la asistencia de la familia real de la época. Desde entonces ha albergado el panteón familiar de los descendientes del Conde-duque de Olivares, que en la actualidad son los miembros de la Casa Ducal de Alba.

La construcción del monasterio, junto a la de un palacio para el Conde-Duque, formaba una plaza otro monasterio de madres carmelitas, anterior y no menos interesante. Hoy sólo se conserva del palacio la portada barroca de su fachada, en su lugar están las instalaciones del colegio público «Conde Duque de Olivares».

Gregorio Marañón los describe así en su biografía sobre el Conde-Duque de Olivares; «…a pesar de haber sido restaurado por su actual propietario el duque de Alba a finales del siglo XIX, es un edificio modesto, de un solo piso con cuadras subterráneas, como era costumbre entonces, el exterior humilde sin el menor adorno, y el interior también; con un zócalo de Talavera que recorría todas las habitaciones, algún tapiz viejo y una gran huerta.»

El artífice intelectual de esta obra fue Alonso Carbonell, arquitecto del «Casón del Buen Retiro», y se asemeja mucho al Monasterio de la Encarnación de Madrid. El punto más alto del monasterio lo remata un chapitel empizarrado estilo Austria, bajo el cual se alberga una gran cúpula. Los techos de la iglesia están ricamente ornamentados también al estilo barroco.

Los ricos patronos del monasterio le dotaron de variadas riquezas, como por ejemplo una valiosa colección de 217 cuadros. Los más notables eran obra de Rubens, Bassano, Veronés, Tizziano, Tintoretto y quizás alguno de Miguel Ángel. De Rubens había concretamente tres muy valiosos; «El triunfo de la religión», «La adoración de los Reyes», y «La sagrada familia» que hoy se encuentran en el Marble Ringling Museum de Florida (EEUU).

El motivo de que estos cuadros ya no estén en Loeches fue la invasión francesa. El 12 de septiembre de 1809 el general francés Sebastiani venció la oposición de los ciudadanos de Loeches y al mando de más de 700 soldados (según el archivo parroquial), se apoderó de los cuadros, para ello un grupo de carpinteros trabajaron durante tres días para desmontarlos. Tras llevárselos los vendió al gobierno francés mayoritariamente y a coleccionistas ingleses y franceses, por ello se cree que la mayoría están hoy en el museo del Louvre en París. En referencia a estos cuadros Ponz dejó escrito en su obra «Viaje a España» que la iglesia de este monasterio era una de las más ricas de España en cuadros.

Tras la Guerra de la independencia la esposa de un administrador de la casa de Alba, Isabel Carmena Bonaldi, pintó una colección de cuadros desinteresadamente, aprovechando los marcos de las antiguas pinturas robadas por los franceses, pero a partir de la famosa Guerra Civil de 1936 la mayoría fueron destruidos o vendidos para costear la reconstrucción del monasterio, como ?La Crucifixión de San Pedro?, una réplica atribuida a Miguel Ángel de su homónimo existente en el Vaticano.

Durante aquellos acontecimientos este monasterio fue refugio del famoso «Oro del Banco de España» y de otras obras de arte en su camino a refugios más seguros en el extranjero.

En la actualidad el altar que presenta lo decoran los frescos de Fernando Calderón, que evocan la pincelada de Miguel Ángel, y están inspirados en la obra de el Greco titulada ?El sueño de Felipe II», ubicada en El Escorial. Frente al altar hay una tribuna de hierro forjado, que antiguamente se comunicaba con las estancias privadas del Conde-duque, realizada para oír la misa en sus últimos días.

Desde su fundación este convento y hasta 2013, estuvo habitado por una comunidad de monjas dominicas, dado que el Conde-duque era descendiente de Santo Domingo de Guzmán. En 1645 fueron sepultados bajo el altar los restos de su fundador junto a los de su hija María de Guzmán (Duquesa de Medina de las Torres y Marquesa de Eliche). Los demás descendientes del Conde-duque de Olivares fueron sepultados en una cripta subterránea, hasta que Dª. Catalina de Haro y Guzmán, VI Conde-duquesa de Olivares contrajo matrimonio con D. Francisco Álvarez de Toledo X Duque de Alba. Desde entonces dejó de usarse la cripta como enterramiento principal de esta familia.

A la muerte de Francisca de Sales y Portocarrero, condesa de Montijo y esposa del XV duque de Alba, su hermana la emperatriz Eugenia de Montijo, junto al duque viudo decidieron construir un mausoleo digno para la difunta. Tras varios proyectos fallidos, se decidió restaurar la cripta. Esto explica que los Alba recién entroncados con los Duques de Berwick en el siglo XIX, recuperasen el monasterio del que eran patronos como panteón familiar.

En un principio se encargó a los arquitectos Adolf Ombrecht y Alejandro Sureda, reformar la cripta bajo el presbiterio, donde se encontraban los restos del Conde-Duque, emulando al Real Monasterio de Yuste, pero el proyecto fue abandonado.

La idea fue retomada y rediseñada por Juan Bautista Lázaro, quien diseñó una capilla cimentado sobre otra cripta subterránea, utilizada como panteón hasta ese momento, entre el palacio del Conde-Duque y el monasterio. El resultado consiste en una gran capilla trilobulada, se compone de hileras de sarcófagos de mármol negro, con inscripciones en bronce dorado a fuego, que recuerdan el Panteón Real de El Escorial. Todo el panteón está revestido de mármol

de Carrara, lugar de donde procedía el marmolista Carlo Nicoli y Manfredi, a quien el susodicho arquitecto encomendó el acabado final.

Lo más destacado del panteón es el mausoleo en mármol blanco realizado por Charles Gumery, en honor a la esposa del XV duque de Alba, Francisca de Sales y Portocarrero, hermana de la emperatriz esposa  de Napoleón III, realizado inicialmente para protagonizar un mausoleo diseñado por Violet-le-Duc, que se habría erigido en Liria (Valencia).

Los restos del Conde-duque fueron trasladados al nuevo panteón, y según los testigos de la exhumación se encontraban en perfecto estado de conservación con las ropas de su época que le caracterizan en las pinturas de Velázquez.

En 1.909 Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó de Portocarrero y Ossorio, Duque de Alba y de Berwick y Conde-duque de Olivares, inauguraba el nuevo panteón, celebrando una misa presidida por S. M. la Emperatriz Eugenia de Montijo.

Desde entonces Loeches es el lugar de eterno descanso de ilustres titulares del ducado de Alba y de muchos de sus familiares. Particularmente solemne fue el del XVII Duque de Alba, Don Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó, dada su relevancia política y cultural a lo largo de su vida, cuyo funeral fue presidido por el Infante Alfonso de Orleans, en representación a la Familia Real, que entonces se encontraba en el exilio, a la que tantos servicios había prestado el difunto.

Texto: Francisco Vicente Poza

Bibliografía:

-Libro de Fábrica del Monasterio de la Inmaculada Concepción de Loeches (1638-1644): Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, Ayuntamiento de Loeches, Exp. 95476. Y Fondo Fotográfico Martín Santos Yubero.

-De Lope Taravillo, Felipe. (1993). Loeches, su historia compendiada. Loeches: Editado por el autor.

-Marañón, Gregorio. (1992). El Conde-Duque de Olivares (La pasión de mandar). Madrid: Espasa Calpe (vigesimoquinta ed., 1ª de 1936).

-Ortiz Pradas, Daniel. Un proyecto de Viollet-le-Duc para Madrid: el mausoleo de la Duquesa de Alba. Goya: Revista de arte, ISSN 0017-2715, Nº 330, 2010, págs. 48-61

-Pescador del Hoyo, María del Carmen .Los tapices del convento de dominicas de Loeches. Anales del Instituto de Estudios Madrileños, ISSN 0584-6374, Nº. 5, 1970, págs. 97-107

-Pescador del Hoyo, María del Carmen. La colección de cuadros de las Dominicas de Loeches. Anales del Instituto de Estudios Madrileños, ISSN 0584-6374, Nº. 24, 1987, págs. 13-51

-Pérez Boyero, Enrique: ?Notas y documentos sobre la protección y evacuación del patrimonio documental y bibliográfico durante la Guerra Civil Española?, Manuscrt.Cao 9 (2010), pp. 2-38

-Ponce de León, Pedro (2013). La Arquitectura del Palacio-Monasterio de Loeches. El sueño olvidado de un valido; la emulación de un Real Retiro. Tesis (Doctoral), E.T.S. Arquitectura (UPM).

Por Francisco Vicente

El ser Rey

El ser Rey

Imaginen a un niño pequeño, que nace en el exilio. Que ve a su abuelo morir cuando apenas lo conocía, que vive una guerra mundial y que ve que su padre no puede ser Rey. Y luego ese niño crece y ve morir a su hermano pequeño, delante de sus ojos, por accidente, algo que pesará para siempre en su alma. La gente ve que ese niño, y adolescente, luego convertido en esposo, padre y Rey desea y está dispuesto a sacrificar sus ideales por su nación, por su pueblo.

No hay mejor manera de describir y resumir la vida de S.M Juan Carlos I, porque su vida ha sido la de superarse así mismo y la de cada obstáculo que la vida le ha puesto por delante. La gente de ahora, sobre todo adolescente, no es consciente de que es la generación más afortunada que ha tenido este país en 50 años. Que sí no hubiera sido por la Transición y los padres de esta misma, incluyendo al Rey, hoy no tendrían ni la mitad de oportunidades que sus abuelos o padres no tuvieron.

Considero que este país y sus gentes se merecen lo mejor, y ya lo tenemos, pero, ¿ Y sí de repente ese legado muere? Desaparece y ya no queda nada. Solo recuerdos. Recuerdos que los que desean ver partirse España en mil y un pedazos como un espejo que cae al suelo, están dispuestos a destruir. La verdad, oh me he acostumbrado, mal que me pese, a que haya una gran división entre lo que la gente cree y lo que es verdad, y la verdad es que España siempre será España con un monarca, una constitución y una democracia y si eso se sacrificara de repente entonces ¿Qué quedaría? ¿Qué quedaría? ¿En dónde nos podríamos reflejar, si no hubiera espejo?

Ahora imaginen a otro niño pequeño, nacido de privilegios, pero que desea conectar, congeniar y llegar a sus ciudadanos. Porque lo han educado en servir al pueblo, llegar al pueblo y ser del pueblo. Que se casa con una mujer de ese pueblo, sin importar que no tenga sangre azul, y que es un buen padre, y a la vez un buen rey y que desea ser recordado como otro de los grandes que le precedieron. Estará exento de poderes que otros monarcas constitucionales tienen en los reinos que aún perduran en Europa, pero no por ello es un Rey carente de admiración, de respeto, historia y a la vez que cumple sus funciones como Primer Ciudadano de este país en preservar y hacer guardar los valores y leyes de la Constitución que defiende y ha de defender. Así es Felipe VI. Rey y hombre a la vez.

Todos y S.M en primer lugar no nos ocultaremos, no saldremos por la puerta de atrás. No permitiremos que unos matones irrespetuosos que escupen en el Congreso de los Diputados sean los que decidan nuestro futuro. Si el gobierno del insulto y el escupitajo es el que pretende gobernar España y manchar estos 40 años de trabajo de mentiras y esputo, que se atreva, porque les esperaremos con fregonas y lejía en la misma puerta del Congreso.

¿Para qué sirve la monarquía Señor Iglesias? Sí me dirijo a usted ahora. Para todo. Todo lo escrito aquí es lo que representa la Corona. Dígame usted ahora ¿Cuánto está usted dispuesto a sacrificar no por España, sino por convertirnos en estado satélite de Irán y Venezuela y que le nombren Presidente de la III República Bananera? Conteste si puede. Si su conciencia, de tenerla, se lo permite.

Rompo de nuevo esta mi lanza, a favor del Rey y España.

¡VERDE!

100 años sin Austria-Hungría, tierra de mi corazón

Debemos a la célebre y a la vez malograda Emperatriz Sissí que el Imperio de los Habsburgo se mantuviera durante 51 años más, porque pese a que Sissí odiaba las monarquías, y se declaró republicana, siempre mostró un amor incondicional por la tierra del Danubio. Aprendió su lengua y sus costumbres, y fue allí en Budapest, y no en Viena, donde se sintió libre.

Este 12 de noviembre hará ya 100 años que todo aquello terminó, para no volver, lamentablemente. Ese día hará 100 años que Carlos I/IV el último emperador, salió del Palacio Imperial de Hofburg y dijo: -Después de 700 años.

Setenta años antes su tío el emperador Francisco José dijo una frase bien distinta cuando tras las Revoluciones de 1848 fue coronado emperador: -Adiós a la libertad. Uno sin quererlo reinó, el otro no pudo continuar, aún queriendo seguir.

¿Pudo haberse salvado el Imperio si se hubieran adoptado medidas y reformas profundas? Muchas veces se barajó convertir el Imperio en una Confederación o Federación de estados independientes. Rodolfo, el heredero que nunca reinó y que se suicidó en 1889, había planeado un proyecto por el cual en el Norte, Austria y Hungría se convertirían en una monarquía constitucional, y en el Sur se crearía una confederación de reinos eslavos con sus propias leyes. Pero la Corte de Viena siempre mantuvo el conservadurismo que había impregnado en esos salones desde los tiempos de María Teresa.

» Los Balcanes nos arrastrarán a la extinción. Estallará una tormenta en los Balcanes que derribará el Águila del Imperio».

Era 1883 cuando Sissí profetizó aquella profecía, es decir, 31 años antes de que estallara la tormenta. Y llegó en 1914, se agravó en 1916 y terminó en 1918. No más Imperio, no más naciones dentro de una misma nación y la Corona Imperial caída de su pedestal.

Austria Hungria1

Las leyes solo habían amparado a austríacos y húngaros y habían ignorado los derechos étnicos de las otras naciones que componían el Imperio. Allí se hablaba alemán y húngaro, pero también croata, serbio, italiano, checo, polaco, rumano y ucraniano. Debieron haber incluido a todos ellos en la Constitución de 1867. Podría haberse salvado el Imperio si hubieran aplicado esa ley.

¿Y por qué este artículo lleva el título de tierra de mi corazón?. Porque una parte de mi familia vivió allí, sí, por la rama materna provengo del Imperio de los Habsburgo. No tenemos sangre azul, pero sí una historia que contar de una época que parece tan lejana que a veces se asemeja a un sueño. Mi bisabuela Doña Ernesta, había nacido en 1897, en la provincia imperial de Gorizia, en Trieste, donde estaba el palacio de Miramar y que ahora es parte de Italia. La familia de su madre provenía de Eslovenia, en cambio la de su padre llegaba al lejano Oriente, al Imperio Otomano.

Nunca la conocí, pues murió en 1985, pero sé que ella vivió esa época. Siempre sintió un gran cariño y devoción por el Emperador Francisco José a quien llegó a ver en persona cuando viajó a Viena en 1913 y lo vio salir, ya mayor, de una catedral durante un desfile. Posteriormente la Guerra de 1914 le obligó a huir y pasar todo tipo de calamidades. Los austriacos, al entrar Italia en la guerra en 1915, ocuparon el pueblo y las tierras de su familia, allí empezó la huida. Primero se ocultó en un búnker en donde ella, su madre y una amiga suya oían el retumbar de las bombas, más el traqueteo de las ratas bajo el subsuelo de madera. Luego junto con otros refugiados se instaló en un castillo, en donde el frío cortaba el rostro, y en su huida llegó hasta Praga, aunque esta última no he podido comprobarla. Si sé que durante la noche y en medio de los bombardeos, su amiga y ella, se colaban en un huerto para robar papas crudas. El hambre, la miseria y el miedo la acompañaron en todo momento, pero sé por mi abuelo que en paz descanse, mi madre y mi abuela que Doña Ernesta era una mujer de hierro. Sobrevivió y contó todas esas historias 60 años después a sus nietos. El fin del Imperio Austro-Húngaro en 1918 le debió causar una gran tristeza, quizás por ello siempre tuvo en su cómoda una foto de Francisco José y lo llamaba su emperador.

En cuanto a mi bisabuelo Maximiliano, a quien tampoco conocí, pues murió en 1982 también era austro-húngaro pero de Pola, Croacia. Nació en esa ciudad en 1899 y se alistó en el ejército imperial en 1915 pero jamás mató a nadie. Nunca. Él se encargaba de cocinar para los soldados. Cuando regresó en 1918 a Pola arrojó el fusil al río y orgulloso de no haber pegado un solo tiro.

Este artículo no es solo un homenaje al Imperio de Austria-Hungría y a una época que sé que ya no va a volver, es también un homenaje a mis bisabuelos, a quienes la guerra unió para no separarse nunca más y afrontar juntos todas las adversidades que les puso la vida por delante. Puedo decir que estoy orgulloso de ser su bisnieto.

Cita en Sevilla

Cita en Sevilla

Con gran acierto y oportunidad, se ha desarrollado este fin de semana, en la eternamente bella ciudad de Sevilla, la convivencia entre delegaciones de la Hermandad Nacional Monárquica de España. Una cita preparada con esmero por nuestro secretario de Expansión y presidente regional de Andalucía, don Juan José Martín López, que ha supuesto el inicio de una serie de encuentros culturales y de confraternización entre los monárquicos españoles.

En unos tiempos turbios, cuajados de problemas y retos, resulta altamente positivo el reforzamiento de nuestros lazos, el conocimiento directo de las distintas delegaciones y las personas que las integran. España, una nación con siglos de historia, es múltiple y diversa. Esa diversidad y esa multiplicidad son nuestra riqueza, como también lo es el magnífico patrimonio humano que conforman nuestros hermanos repartidos por toda la geografía patria y aún fuera de ella.

Su Majestad el Rey nos ha pedido en Valencia que perseveremos en la defensa de los valores constitucionales, pues en la Carta Magna se alberga el tesoro de nuestras libertades. Esa Constitución de 1978, por algunos combatida, es la garantía de la paz y del entendimiento entre los españoles.

Una manera espléndida de profundizar en ese entendimiento son estas reuniones interregionales, oportunidad preciosa para estrechar lazos en un ambiente de agradable convivencia.

El excelente programa, que ha contado con una estupenda visita cultural, en la que no ha faltado la cita del IV Centenario de Murillo; se ha completado con una comida de hermandad, la visita a la Basílica de la Esperanza Macarena y la asistencia a la Gala de la Liga Naval en el acuartelamiento de Tablada.

Mientras los enemigos de la Corona persisten en su discurso de fractura y disgregación, los monárquicos tenemos el inexcusable deber de sumar voluntades, construyendo espacios de diálogo y libertad en el marco del respeto a las leyes y la lealtad a España y al Rey.

Durante esta semana se han vuelto a repetir esperpénticos plenos en algunos ayuntamientos, pretendiendo hacer tabla rasa de la realidad con una renuncia a la monarquía absolutamente vacua y carente de sentido. Brindis al sol, o mejor a la luna, pues de lunáticos es creer que una entidad local puede enmendar la plana a las leyes de una nación libre y soberana.

Con todo y con ello es preciso permanecer alerta, pues nuestra Hermandad no sólo se congratula con los éxitos de la Corona sino que debe realizar una defensa activa y social de lo que la Monarquía Parlamentaria representa para nuestra España.

Los meses que vienen por delante, con horizontes electorales diversos, van a revelar hasta qué punto las corrientes de fractura son algo más o algo menos que lo que pretenden en estos días del corazón del otoño.

La Hermandad Nacional Monárquica de España no es una fuerza política ni aspira a serlo, pero nunca dejará de ejercitarse en las funciones para las que surgió: la defensa de la monarquía parlamentaria, la unidad de España y el sistema democrático.

Por todo ello, el rotundo éxito cosechado por la iniciativa del encuentro en Sevilla no ha sido sino poner en práctica lo que Su Majestad el Rey dijo en su discurso de proclamación ante las Cámaras reunidas en sesión conjunta:

“…Nuestra diversidad como una característica que define nuestra propia identidad, al proclamar su voluntad de proteger a todos los pueblos de España, sus culturas y tradiciones, lenguas e instituciones. Una diversidad que nace de nuestra historia, nos engrandece y nos debe fortalecer…Y esa convivencia, la debemos revitalizar cada día, con el ejercicio individual y colectivo del respeto mutuo y el aprecio por los logros recíprocos. Debemos hacerlo con el afecto sincero, con la amistad y los vínculos de hermandad y fraternidad que son indispensables para alimentar las ilusiones colectivas…”.

Ese es el camino.

Juventud, Divino (y republicano) Tesoro

Andan revueltos estos días algunos grupúsculos de la Universidad Autónoma de Madrid, tratando de sacar adelante un supuesto referéndum entre los estudiantes. ¿Se imaginan la pregunta?. En efecto, aciertan ustedes. La misma cantinela de siempre: “visibilizar la opinión de la juventud acerca de ser súbditos de una institución anacrónica, corrupta y vinculada al régimen franquista” (sic).

Resulta sorprendente tal aluvión de majaderías en una sola frase. Más les valdría a sus autores hincar codos y estudiar para poder luego expresarse con propiedad.

Mis poco aventajados alumnos/as: los españoles no somos súbditos de nadie, sino ciudadanos libres en un estado democrático de derecho. Ha sido una larga lucha desde la Constitución de 1812. Nos ha costado varias guerras civiles y no poco sufrimiento. Yo creo que los súbditos sois vosotros, que obedecéis sin rechistar las consignas de determinadas y extremistas siglas. Esa sí que es una manifestación de servidumbre.

Mis poco aventajados alumnos/as: las monarquías europeas no son una institución anacrónica, puesto que han sabido evolucionar con los tiempos, adaptándose perfectamente a los estándares democráticos del mundo de hoy. Así lo ponen de manifiesto todos los indicadores del Índice de Desarrollo Humano y los observatorios sobre la democracia de las naciones. Si queréis algo anacrónico, buscad en los postulados de las siglas que os dirigen y que siguen empeñados en reeditar regímenes fracasados y verdaderamente caducos.

Mis poco aventajados alumnos/as: desgraciadamente algunos casos de corrupción han sido protagonizados por personas cercanas al Rey. Estamos en un estado de derecho y los tribunales siguen haciendo su trabajo, depurando responsabilidades donde las haya. ¿Tiene un sistema republicano la varita mágica para librarse de la lacra de la corrupción?. Creo que desde los tiempos de Yugurta, francamente no.

Mis poco aventajados alumnos/as: la Historia de España no comenzó en 1931, ni en 1936, ni en 1975. Somos un país más que milenario y nuestra monarquía un hecho esencial en nuestra formación como nación. Si frecuentarais más las bibliotecas y menos las páginas web de grupúsculos radicalizados y extremistas, os daríais cuenta que durante el franquismo existió una importante oposición monárquica al régimen, tanto de signo juanista como de signo carlista. Aprenderíais que estas fuerzas vivieron el exilio y que participaron en las plataformas democráticas antifranquistas.

Además de eso, la legalidad vigente en 1975 era la única que se podía aplicar en ese momento y que don Juan Carlos I respetó para, de la ley a la ley, conducir a España hacia un sistema democrático. El Rey pudo haber perpetuado el régimen, pero prefirió, con la ayuda de todos los españoles de buena voluntad y diferentes sensibilidades políticas, iniciar el camino hacia la democracia, esa democracia que hoy os permite decir esas sandeces a pesar de su intrínseca mentira.

En sus “razonamientos”, plantean los promotores de este referéndum “a la búlgara”: “Los jóvenes estamos hartos de que se utilice la inviolabilidad de una Constitución votada bajo chantaje, mucho antes de que naciéramos y sobre la que ni nuestros padres pudieron decidir”(sic).

Ignoro quién os ha otorgado la representación de la juventud española y de su supuesto hartazgo, pero decir que la Constitución de 1978 fue votada bajo chantaje es una soberana estupidez. Eso significaría que el 91´81% de los votantes, que votó sí, nada menos que 15.706.078 personas, fue a los colegios electorales bajo coacción. ¿Cómo se puede chantajear a todo un pueblo que sólo buscaba, paz, trabajo y libertad?.

En cuanto a lo de decidir a cada momento, creo que no tendríamos fechas en el calendario para someter a votación constante aquello que no nos interesa. Ya sé que Fichte decía que la nación era un plebiscito permanente, pero tener que votarlo todo y todos los días me parece un ejercicio absurdo. Aunque no estaría mal organizar alguna consulta como, por ejemplo: “Referéndum sobre la inoportunidad histórica de la invasión musulmana del año 711”, yo no estuve y me gustaría votar. “Referéndum sobre la abolición preventiva de los regalos de Navidad”, ya se que las grandes superficies me van a llamar de todo. “Referéndum sobre la limitación de la estupidez humana”, aunque me meta en un lío. “Referéndum sobre el Código Civil”, yo no lo he redactado y me gustaría opinar. Para qué seguir.

La juventud es impetuosa, tendente a sacar conclusiones automáticas. Está guiada por un sentido justiciero que la reflexión del tiempo convertirá en espíritu de justicia. Es fuerza para nuestras sociedades. Pero, ¡cuidado!, en manos de interesados manipuladores, puede ser un ariete que los republicanos de laboratorio tratarán de emplear contra la Corona y la Constitución.

Terminó el recreo. Queda mucho curso y hay que seguir estudiando.

Cuando la pena nos alcanza por un compañero perdido…

No cabe duda, que la historia no se produce exclusivamente con el lance de las épocas. La misma historia está protagonizada por quiénes con sus vidas nos han transmitido ejemplos pródigos que, a su vez, han proporcionado inmensos legados.

Es así, como los Ejércitos de España y las usanzas heredadas a lo largo de los siglos, se han esparcido como relatos orales, usos sociales o ritos, formando parte de un acerbo ético y humano en los que la tradición se hacen protocolares y los ceremoniales alcanzan un mayor peso, al predisponerse ambos en litúrgicos tanto más apreciados cuanto más permanecen, aún evolucionando en los tiempos.

La fusión de uno y otro, ha originado un patrimonio de costumbres, estilos y modos en donde las raíces cristianas encadenadas a efemérides y sucesos de armas, se incardinan majestuosamente con lo castrense.

Por lo que el Día de los Caídos por la Patria, conmemorado en la misma jornada que el Día de los Difuntos, entraña una especial imbricación entre el Ejército y la ciudadanía, al solemnizarse con la exaltación del Soldado de todos los tiempos.

Décadas de gestas escritas en páginas memorables y en vicisitudes que han ensalzado las virtudes de la milicia desde el origen de las edades en todos los campos, que verifican la personalidad en la que se ha ido fraguando la esencia misma de la libertad y la concordia de esta Nación.

Honor y Gloria

Instantes de una conmemoración entrañable hecha cómplice de la mente, para inmortalizar la honra y cariño de tantísimas personas bajo un mismo uniforme y una misma Bandera, encarnadas en el ofrecimiento noble, desprendido y atrevido con la premisa del celo solidario.

Una certeza que ha quedado enraizada entre los militares custodios del uso legítimo de la fuerza para la salvaguardia de España, de cuya manera de ser forman parte y para los que se establecen un conjunto de valores y estímulos en la consecución del deber, si así fuese, hasta las últimas consecuencias.

Luego entonces, el ejercicio de encomiar a las glorias de los Ejércitos, adquiere una impregnación portentosa, porque contribuye a vivificar la abnegación, la disciplina, el honor y el semblante religioso ensamblado en el corazón de las gentes.

Es, por ende, un encargo y responsabilidad, atesorar y transferir tradiciones y símbolos fuertemente arraigados, para que perduren en la memoria colectiva de quiénes por su lealtad, perseverancia y firme voluntad de ofrecimiento, entregaron el don más valioso que poseían.

Tal como cita el artículo 16 de las Reales Ordenanzas para las Fuerzas Armadas: “Los Ejércitos de España son herederos y depositarios de una gloriosa tradición militar. El homenaje a los héroes que la forjaron es un deber de gratitud y un motivo de estímulo para la continuación de su obra”.

Este hábito secular que yuxtapone al estamento castrense con la sociedad a la que sin descanso se ofrece, se rememora como un acto simbólico en numerosas ciudades y pueblos de la geografía española e incluso en lugares lejanos de nuestros límites fronterizos. Una práctica piadosa que cuenta con una elevada participación de fieles civiles y militares, ante los monumentos, panteones, mausoleos o nichos que aguardan en la quietud del silencio, recogimiento y oración, donde reposan para la eternidad los guardianes de la paz.

Es una jornada de profundo calado y reminiscencia del sentir militar, porque en el fondo lo que está en juego es la vertebración de uno de los capítulos más significativos de los principios y valores perpetuados en la cultura del Ejército.

Un imaginario fusionado de grandes nostalgias en un reconocimiento sincero que abarca la dimensión de la gloria, donde la dedicación cíclica reservada a nuestro Soldado de todos los tiempos, simboliza un lugar único de reunión de hombres y mujeres con sus antepasados.

Y es que, conforme se ha ido aproximando esta solemne ceremonia, se han derivado numerosos encuentros de signo preparatorio, que han predispuesto interacciones de grupos o de parientes de los difuntos y, como no, de la amplísima familia militar.

En tal sentido, estos rincones temporales configuran una instantánea subjetiva en las que la concatenación espiritual, congrega a personas inmersas en profundas emociones y perdurables alusiones puestas en la dicha.

Una dedicatoria asentada en el estilo secular en razón de la pluralidad étnica sobre la que se sostiene, no quedando distante de valores arraigados con puros sentimientos y frenesís, para no quedar en la indiferencia del recuerdo y hacerse presente de modo sublime.

Por tanto, este cúmulo de acciones que predominan alrededor de esta evocación, constituyen, hoy por hoy, una de las inclinaciones más afanosas que desvelan un patrimonio cultural intangible que es parte de todos. Un culto compartido que reproduce la excepcionalidad en la razón de ser de los Ejércitos de España.

Tal es así, que el pueblo español puede sentirse orgulloso de los Soldados de todos los tiempos y, hacérselo llegar con esta expresión protocolaria, es la mayor recompensa que pueden obtener.

Lo contrario, sería omitir sus orígenes.

Quién sabe, quizás, con el paso de los años la conceptualización de Patria ha podido quedar postergada, porque implica ser demasiado inexorable ante la hechura íntima del ser, demandándonos mirar con respeto a un ayer colmado de glorias.

Pero, para ello, habría que apreciar las verdaderas causas que pudieron suscitar los desaciertos incurridos para que estos nunca vuelvan a reincidir, como, del mismo modo, es preciso reflexionar sobre los muchos matices positivos que se han ido forjando y de los que nos debemos sentir gozosos.

Visto así, podríamos discurrir al mañana con más confianza, apoyados en unas potencialidades en absoluto extinguidas, contemplando con benevolencia a las generaciones por venir, sin dejar de lado a las actuales.

Por eso, tal como menciona una de las estrofas del himno la muerte no es el final: “cuando el adiós dolorido busca en la fe su esperanza”, es uno de los momentos más simbólicos del formulismo militar, presto a eternizarse en quienes aceptaron el mayor de los sufrimientos al servicio de España.

No titubeando ni un solo instante en hacer de la vida, pura consagración.

Una liturgia enmarcada en honrar la gallardía y el coraje para con la Nación, venerado por la heroicidad intrépida de cuántos se hicieron merecedores del valor aplicado, tenacidad derrochada y magnánimo atrevimiento.

Hoy, pocos camposantos como los diseminados en cualesquiera de las regiones de España, como en los archipiélagos balear y canario y las Ciudades Autónomas de Ceuta y Melilla o puntos tan representativos como el Peñón de Vélez de la Gomera, Peñón de Alhucemas e Islas Chafarinas, pueden vanagloriarse de tantísimo lustre militar, como aquellos otros Soldados, que reposan distantes de nuestras latitudes.

Lugares inmersos en el sosiego y la calma, que acogen con admiración, pechos colmados de amor patrio.

Sin embargo, no es fácil atinarse con un discurso sensato y adecuado, para afrontar los efectos desencadenantes del cumplimiento del deber. Quiénes realmente así lo materializan, ponen en común la salvaguardia del principio más explícito que determina a las personas: la libertad.

Llevándola a cabo con el servicio consumado de firmes ideales, hasta afianzar la seguridad de la sociedad a la que sirve con pasión. Debiendo hacer alarde de un desprendimiento extremo para asistir a los que más lo necesitan y recuperar la paz tan anhelada.

Por todo ello, en esta jornada es crucial distinguir la estima y afecto dedicado a nuestros Soldados de todos los tiempos, como a sus familiares, por las aflicciones sufridas.

El tránsito al descanso eterno no es la conclusión última de este itinerario predispuesto a santificarse, debiendo servir para estimar en su justa causa, la incalculable tarea que día tras día los miembros de las Fuerzas Armadas ejercen con desvelo, escrupulosidad y aplicación.

Si bien, se tiene la opinión, que por raciocinios históricos que no vienen al caso, la sociedad no ha sabido percatarse en momentos puntuales del papel fundamental que las Fuerzas Armadas ostentan en un Estado Social y Democrático de Derecho. Ellos y ellas, no se disponen únicamente como garantía de la seguridad y defensa del orden, sino, que, se alinean como emblema de unión entre los españoles.

En los últimos años, los Ejércitos de España se ha consolidado como herramienta solícita para el influjo exterior del país, contando entre sus filas con unas Tropas plenamente experimentadas y mejor equipadas, fieles a sus aspiraciones de servicio al Estado y eficientes en la ejecución de las misiones exteriores desplegadas en cuatro continentes.

Y, cómo no, orgullosas de sí mismas por el desempeño de sus funciones.

Aun así, miles de Soldados cumplen a la perfección labores en zonas distantes del planeta. Interviniendo en superficies altamente comprometidas, pero no solo lo hacen impulsados por la virtud humanitaria que les caracteriza, sino, porque, su protección repercute de modo notable en la garantía de los derechos básicos de las personas.

En este aspecto, la idea de seguridad y defensa ha sufrido una clara evolución en el tiempo. Reconociéndose que ambas realidades se amoldan al sujeto como raíz cardinal de la paz y del derecho internacional.

Más allá de las ineludibles formalidades oficiales y de las diversas muestras de pésame y reconocimientos dispensados, la apreciación que hoy por hoy tienen los militares caídos y aquellos que siempre nos han precedido en el pasado con sus hechos memorables, posiblemente sea la mejor dedicatoria de aprecio que se les podría ofrecer.

En cierta manera, el intenso dolor producido ante una pérdida, debería dotarnos de una mayor comunión en torno a la gran familia castrense, para aunar en mayor medida estos valores que impregnan el cumplimiento del deber diario, que, por otro lado, no debe quedar en el olvido.

Asimismo, es difícil justificar el fallecimiento de estos Soldados, si debidamente no se interpreta el origen del conflicto al que hacemos frente. Siendo indispensable destacar, la magnitud que para cualquier activo de las Fuerzas Armadas atañe dar la vida por el deber, sin obviar, lo que conlleva forjarlo por el conjunto de sus conciudadanos. Porque, en definitiva, este es el propósito empeñado por quién o quiénes abanderan la solidaridad.

De ahí, que España haya sufrido actualmente como otros estados socios de su entorno, la consternación y el daño inquebrantable del terrorismo yihadista. Una tesis con la que el adversario ambiciona demoler el acontecer de esta lucha global, por la supervivencia de los valores democráticos.

Indudablemente, este escenario nos exhorta a tomar conciencia del alto riesgo al que deben exponerse nuestros Soldados en cada una de las intervenciones ejecutadas.

Alcanzado este intervalo de la disertación, la evocación a los Caídos por España acrecentado con la presencia en el espíritu del Soldado de todos los tiempos, quiénes así lo rememoramos con la caída del sol y la efímera melodía del toque de oración, es motivo de aliento y refuerzo moral afianzar las convicciones derivadas de la vocación de servicio.

Una mirada retrospectiva al infinito, allí donde Ellos y Ellas, nuestros Soldados, se han hecho herradores implacables de la misión que un día iniciaron hasta el extremo de ofrecerlo todo.

Este Soldado como otros tantos, a veces postergado en la memoria, a pesar de haber adquirido por derecho propio, tradiciones gloriosas que jamás nadie se las podrá arrebatar, nos encara con brío ante lo que aún queda por concluir. Distinguiéndose por la templanza y la indubitable abnegación, pero también, si en algo considerablemente ha brillado, por el heroísmo puesto en escena.

Caidos por España

Hoy, en este recorrido de intenso aroma a crisantemos, gitanillas o petunias hasta reencontrarnos con la sublimidad, Todos, sin diferenciación alguna, le rendimos público tributo de homenaje y cariño a los fieles guardianes de nuestra integridad, que velan sin tregua por el honor de la Nación.

En sus sepulturas radiantes por el esplendor del sentimiento honrado como la principal divisa que los acompaña, nos inclinamos con reverencia para depositar el refrendo de fidelidad a la Madre Patria y escuchar con sigilo los responsos que le preceden. Permaneciendo indemne la benignidad de este Soldado que se colma de valores y principios tradicionales, porque su desprendimiento en ningún tiempo tuvo mínimos denominadores en las coyunturas que se le demandó, sino que, por el contrario, discurrió con empeño hasta atrapar el máximo común de la Nación.

Su generosidad con los automatismos heredados de quiénes le precedieron, ha crecido en un grado inconcebible. Resistiendo infinitas penalidades, contrarrestando las situaciones más arduas cuántas veces se ha encontrado frente al infortunio, sin perder de vista, la rectitud y la constancia en la sagrada observancia del deber.

A este respecto, el arraigo consagrado en este día, sin lugar a dudas, forma parte de la buena sintonía y cohesión de los Ejércitos de España que, con obediencia, pero también, con determinación, no desiste a ser parte principal de la columna vertebral del Estado.

Toda vez, que, aunque no todos nuestros Soldados fallecieron en el campo de batalla, aun así, abrazan los honores por igual. Almas que esperanzadas nos escrutan desde el cielo y nos evocan a un pretérito que permanece vivo entre nosotros. Porque la muerte no es el destino definitivo para quienes la alcanzaron, sino el comienzo de una senda que ilumina a los que creen firmemente en unos empeños.

Finalizo este texto como lo comencé, inmortalizando con admiración a los Soldados de todos los tiempos enmarcados en los Ejércitos de España, que siempre combatieron con audacia, empleándose con nobleza y muriendo con entereza. Una renuncia que no tiene calificativos y por el que los españoles le debemos eterno recuerdo.

Mención especial que desearía dejar plasmada en este pasaje, por cuántos han fallecido recientemente y, muy especialmente, por el descanso eterno de nuestro queridísimo compañero José Ignacio Mateo Canalejo, que se durmió en el Señor consciente de la sabiduría que le fue otorgada desde lo alto y del legado de fe que nos ha dejado entre nosotros.

Descansen todos en paz y brille la luz para siempre, con la seguridad que quienes le seguimos y confiamos, sabremos con la ayuda de Dios, si llegara el caso, dar continuidad a su encomiable ejemplo.

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