Quiero ser mayor, no vieja

Quiero ser mayor, no vieja

En la sociedad actual , en la que ha ido adquiriendo primacía , en su sistema de valores , el culto al cuerpo , el afán de bienestar y el placer , como criterios de felicidad , la ancianidad , la “ edad dorada” , la vejez , representa un obstáculo para el logro de esos “ valores” , en los que el hombre de hoy ha depositado el sentido de su existencia. 

No tiene nada de extraño que , en consecuencia, con esa falsa jerarquía , el abandono , la soledad y el menos-precio , estén adquiriendo fuerza en las legislaciones de una sociedad depravada , donde el “ sentido de utilidad” ha venido a sustituir al “ sentido de dignidad “ . “La eutanasia no es , sino el ultimo peldaño en la carrera descendente que conduce de “ lo civilizado “ a “ la selva”.” ( Pablo Carreño )

Es en esta etapa de la vida humana cuando el hombre alcanza toda la plenitud o madurez que le es posible conseguir. Se logra mediante el enriquecimiento que supone la “ la lucha por la vida” , con sus  éxitos y fracasos , con sus ilusiones y sus decepciones , con sus alegrías y sus tristezas. No en vano todas las civilizaciones – quizás excepto la actual y todas , en sus etapas decadentes – han depositado en “ el consejo de ancianos” la confianza para el asesoramiento ante decisiones complejas o comprometidas. 

 Cicerón, De senectute , cap. IX . escribe : “ ¿ Qué cosa más agradable que una vejez rodeada de una juventud afanosa de aprender ” ? . Atención abuelos !!!!!

En la sociedad actual , se sostienen  las ideas del progreso sin fin donde sólo son validos los criterios actuales y “ lo anterior” es vivido como caduco. Los trastornos del crecimiento y la sociabilización de los jóvenes tienen un factor psicológico común: la inseguridad. Cada uno de los miembros de la familia ha de encontrar en ella la valoración , el cariño y la seguridad . El anciano es el portavoz de la tradición , el símbolo de las raíces. 

La vida esta ordenada : la cabeza manda al cuerpo , lo que interesa es prioritario a lo que gusta, el querer es mas importante que el placer,….¡ en cuantos jóvenes pasa lo contrario! . Se genera una jerarquía interna con la interiorización de una jerarquía externa. Dan lastima las madres que quieren ser amigas de sus hijas , las pobres niñas , igual ganan una amiga más , pero pierden algo tan valioso como una madre. Aquí juega un papel clave la jerarquía familiar . Esta se basa en el respeto , devoción y obediencia. Un padre que desvaloriza a su padre no tendrá autoridad moral para mantener su función de “ padre” con los hijos y éstos no tendrán la capacidad de desarrollo de la adecuada jerarquía interna. 

Es poco frecuente encontrar trastornos de desadaptación del adolescente en familias con adecuada jerarquización , en la que el afecto , los roles definidos y el funcionamiento relacional es cooperativo. En ella se facilita el desarrollo personal de cada uno de sus miembros , del abuelo, de los padres , de los hijos. 

El abuelo es el portavoz de la tradición , el símbolo de las raíces y , por lo tanto , es el que dará en ultima instancia el elemento de seguridad final que es de dónde venimos. 

“ A medida que envejecemos lo terrenal se desvanece en nosotros y lo espiritual se acentúa; y entonces adviertese la belleza de  estas palabras de Vauuvernargues: Más pronto o más tarde no nos queda más deleite que el de las almas . Por eso siempre podemos amar y ser amados. La vejez que debilita el cuerpo , rejuvenece el alma , cuando no está corrompida y como inconsciente de si misma. El instante de la muerte es el de la floración de nuestro espíritu “ (J.B.H., La Cordaire.)

 Ahora , cuando estoy disfrutando de mi jubilación , mejor que nunca entiendo lo que exponen Pablo Carreño y Juan Cardona , coautores del libro titulado “ Los mayores o al correr del tiempo “ , las tres manifestaciones psicopatológicas que , en la experiencia clínica , con más frecuencia se observan en los ancianos , como derivaciones sintomatológicas del síndrome de soledad.

  • Egocentrismo. El anciano que ha vivido su vida centrada en si mismo, y que no ha dejado de ser egocéntrico , sufre la soledad porque el mismo se ha ido construyendo su propia jaula como un prisionero que hubiese construido él mismo los muros de su prisión y quedase prisionero precisamente por el desamor querido , porque ha comprimido sobre si mismo su capacidad de amar y su soledad acabará consumiéndolo , a no ser que advertido de su error vital y , habiéndolo reconocido , se esfuerce en rectificarlo, desarrollando su capacidad de amar mediante la entrega y el servicio a los demás, a través de los vínculos familiares , de amistad …. 
  • Amargura . Cuando la soledad es consecuencia de una marginación ,es decir, cuando es el producto del desamor sufrido, es habitual que la tristeza se transforme en amargura . El anciano amargado suele ser agresivo e insociable. Para evitarla es preciso que la familia , la sociedad, faciliten a los mayores las circunstancias para que el anciano se sienta útil y encuentre los cauces apropiados para servir y amar a los demás. 

La tercera manifestación es la susceptibilidad . Se digieran mal las soledades , y entonces , es cuando una cierta reacción paranoide , puede ir elaborando pensamientos de prejuicio: puede tener la sensación de que los demás sostienen sentimientos de animadversión hacia él. Tiende a hilvanar acontecimientos y circunstancias , sin apenas entidad, con una carga de angustia y temor que le induce a sospechar , en los actos de los demás, significados malevolentes hacia él. Sólo los que tienen independencia y viven intensamente una aventura trascendente en su vivir , pueden soslayar del todo este peligro de la edad. 

Solo son mayores los que se empeñan en servir para algo y en servir a alguien. Estamos hablando del hombre mayor que “ sigue negociando , como puede , hasta que El venga”. Los otros son tan solo viejos .”

¡Vivamos, vivamos! entre nacer y morir

¡Vivamos, vivamos! entre nacer y morir

No elegimos nacer, nadie nos pidió permiso para existir, y paulatinamente vamos experimentando lo que nos depara los vericuetos de la vida.

Ordenando unos papeles, me topé con unos cuadernos donde plasmé pensamientos, llamémosles, de tipo moralizante, sentenciosos, populares, artísticos, etc.

Y encontré unos alusivos a cómo enfrentarnos a la vida y     profundidad, otros muchos sobre la transcendencia de la muerte.

Todo me motivó a elegir el tema de este nuevo artículo.

Tratar del más allá siempre ha fascinado a la humanidad y gracias a Dios así sigue siendo, por ello he recopilado algunos versos de poetas que han pensado sobre ello, y a la vez otros que canten a la vida, para recordar y revisar nuestra andadura y demos un pasito adelante para disfrutar de paz y alegría 

   Primero contamos con Jorge Manrique, poeta del Medioevo, donde su famoso poema es un exponente de la poesía de aquellos tiempos.

En “Las Coplas a la muerte de su padre”, recordamos que en esta composición abundan hermosas metáforas, alegorías, paralelismos, vislumbrando en él un poeta pre-renacentista.

“Despierte el alma dormida avive…” nos sumerge en relación que se tenía de la muerte en el Medioevo, nada centrado en el hombre, todo relacionado hacia Dios.

Nos vamos un ratico con Quevedo y nos encontramos ya inmersos en “El Renacimiento”, por supuesto el eje central del pensamiento está en el hombre y nos ha legado el mejor soneto de Lengua Castellana compuesto hasta hoy, que posee una particularidad, que sus tercetos son tan perfectos que hacen palidecer a los cuartetos, y da fin aludiendo “que es polvo, pero polvo que ha amado”

Juan Ramón Jiménez, nos regala esta bella hipérbole “La belleza hace eterno el momento fugaz y sin latido”.

Volamos a la vida campesina y sencilla que nos brinda Gabriel y Galán en su poema “El Ama”.

“Yo aprendí en el hogar en que se funda, la dicha más perfecta quise ser como…

Todo esto pertenece a un pasado concreto que debemos valorar para adaptarlo en nuestro entorno y ¡vivamos, vivamos! entre nacer y morir con alegría y dignidad.

Nos animan en este menester, también, cantantes y pongo por ejemplo al dúo ABBA con su alegre “Mamma mía”.

Algunos interrogantes cotidianos de la vida José Luis Perales nos lo sirve en bandeja: “Y quién es él” “En qué lugar…” y hasta las canciones bullangueras del verano nos hacen pensar, pero lo que se dice pensar “Si yo tuviera una escoba, si yo tuviera una escoba, si yo tuviera una escoba cuantas cosas barrería”. Hace alusión a la injusticia y corrupción, en clave de humor, pero nos hace pensar.

El gran Pablo Neruda nos dice que, entre comillas, que se puede morir poco a poco y asevera: “Quién no lee, muere lentamente”. Podemos aplicarlo también así: el que no canta, el que no baila el que no…” está abocado a lo mismo.

No puedo sustraerme entrar en el Romanticismo de la mano de Gustavo Adolfo Bécquer, con una rima alusiva explícitamente a la muerte “Cerraron sus ojos que aún tenía abiertos, cubrieron su rostro con un blanco lienzo” …, nos estremece este hálito de la muerte que no queremos recordar y sabemos va a suceder.

Cuando la vida se acorta como se reduce el acordeón en su melodía, la valoramos más pues el fin, ya no es lejano.

Y es que no hay nada que iguale el don supremo de la vida, el mejor regalo que vamos descubriendo sin cesar.

La muerte será la última lección que nos de la vida y menos mal que el tiempo no se puede ahorrar, si no la convivencia  sería una  hecatombe.

Imitando el oleaje del mar, pasamos a disfrutar de pensamientos sobre la vida, unos tristes, otros alegres.

“Vivir es gracia concreta, su imagen no… Su persona su persona”, nos lo aconseja Jorge Guillén. O sea, no vivir en tercera persona, ni mirando a ver que hacen los demás.

Hemos de zambullirnos en la piscina vital de la vida y nadar y bregar y luchar y avanzar … 

Hay un dicho que dice, que hay que plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro, como si esto fuera lo más importante, que su importancia tiene, nuestro hijo nos dará descendencia, nuestro árbol nos regalará sombra y nuestro libro, se leerá más o menos. Pero eso no quita la realidad de que hemos de perecer, por ello la vida hay que sorberla sin que se derrame una sola gota.

Vivir es imitar los rayos de sol, que caen perpendicularmente sobre la tierra y la calientan más, así nuestras palabras y acciones han de caer de este modo, para alegrarles la vida a quienes nos rodean.

Ayer mismo, hablando con una amiga de los triunfos, fracasos y avatares de la vida, me dijo estas palabras que menciono:

“Para mí la vida es caminar buscando el triunfo y aprender, nunca fracasar”.

Vivir es hacer lo que nos dice Zorrilla en uno de sus versos del poema “La siesta”: “Mis ojos no se sacian de verte y admirarte”.

“¡Ay los requiebros de la mieles de amor!

Y fíjense qué vital la estrofa de Bertolt Brecht:

“Y digo esos señores son incorruptibles

no hay importe que los pueda tentar

cuidar las leyes y dictar sentencia

¿No es suficiente incorruptibilidad?”

Esto si se lleva a cabo es vivir con coraje, es vivir sin poner la “cazuela”, es vivir con dignidad.

Y éste de León Felipe ¿no es un canto a la vida?

“¿Es agradable nacer?

Pues yo digo que es tan agradable morir.

Muero con el moribundo,

y nazco con el niño que recoge los pañales…”

¡Cuánto aprendemos de los poetas!, deberíamos andar por el sendero de sus versos.

Hemos de aprender a dialogar para encontrar puntos y nuestro talante ha de ser flexible para caminar juntos, sí, juntos, pues si somos adversarios habrá un respeto, pero si abrimos la puerta a la enemistad, la tendremos siempre en los talones.

La que viene sin avisar, la mujer de blanco, la puntual, la segadora, la del alba, son los nombres azucarados que ponemos a la muerte, porque el nombrarla, tal cual, nos da algo de escalofrío, que este hecho no ha encajado en ninguna asignatura y no estamos preparados para asumir este misterio. 

Recuerdo lo que me contó una amiga, el diálogo que tuvo con su hijo pequeño, que intuía a la Parca.

– Mamá, cuando venga la muerte tú no le abras la puerta.

– Hijo es que ella, ella, traspasa hasta las paredes y no llama.

 El crío insistía y le dijo:

– Pues tú, mamá, si entra te escondes debajo de la cama.

Son partes de la vida, que muchos niños intuyen durante los duelos y el ambiente de tristeza que lo impregna todo.

En muchos cuentos ha estado presente, en “La bella durmiente”, “Blancanieves”, pero también se ha disfrutado cuando el beso del Príncipe les salva la vida.

Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz tienen unos versos que  terminan igual.

La santa:

“…Y vivir en tí no puedo

qué muero porque no muero”

y San Juan:

“y mi mal es tan certero

que muero porque no muero”.

Conocemos el refrán que dice “No hay mal ni bien que cien años dure”, o sea que el inexorable fluir del tiempo, que no necesita cañerías ni conducciones a todos nos inundará, el tiempo lo sentiremos como agua y cuando ésta nos llegue al cuello, no habrá fontanero que lo remedie.

Nuestro destino trazado lo tenemos, pero nuestro libre albedrio está en nosotros y muchos hechos están en nuestras manos realizar una u otra cosa.

Debemos de luchar por nuestra felicidad y no pasar de largo, seamos como  la avecilla más pequeña, el colibrí que da 55 aleteos  por segundo para libar el polen de las flores, o sea trabaja.

Transcendental la pregunta, ¿A dónde vamos? Cada cual tiene su respuesta, según su libre criterio, yo creo que abrazaré a los míos cuando traspase ese túnel, que dicen que en el final existe mucha luz.

Un día en clase memorizábamos con ayuda de un disco el poema de García Lorca “Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías.

La clase trocábase en un solemne silencio y escuchábamos y repetíamos “a las cinco en punto de la tarde”, y algo de tenebroso flotaba cuando escuchábamos “una niña trajo la blanca sábana” etc.

Mas esto tiene su reverso, dicho torero, antes vivió, es decir, disfrutó, gozó, tuvo su plenitud, muchos deseos colmados, lo que se dice le sacó el jugo a la vida. 

¡Vivimos, vivimos! Tenemos múltiples modos de disfrutar: libertando a un pajarillo, acompañando a un solitario, cantando una nana, el rezar una oración, asistir a un cumpleaños, asistir a un boda, oler el perfume de una flor, sentir la sonrisa de un niño, deshacer un entuerto, leer un poema, una novela, la victoria de nuestro equipo, asistir a un concierto y tantas y tantas… 

Ha habido poetas que han piropeado a la muerte algo insólito, pero cierto así leemos en ´´La muerte da a la vida las gracias de lo acabado”, nos lo comunicó José María Pemán. 

Podemos meternos en la piel de un niño porque antes lo fuimos y asombrarnos de sus juegos, de su mundo y, por ende, recordar alguna que otra aventurilla de antaño que seguro nos hará sonreír.

 Cuando el otoño hacía su aparición, preconizaba la costumbre de la escenificación de Don Juan Tenorio en el teatro y en todas las casas, en cualquier ambiente escuchábamos “Yo a los castillos subí, yo a las mazmorras bajé”, y todo este tufillo de ultratumba las pandillicas lo sentíamos y nos reuníamos en los portalones de casas señoriales, que eran más grandes y contábamos historias de fantasmas, de aparecidos, donde se bebía nuestra dosis de terror, miedo, amor y cementerio.

Acabo en nuestro hoy que hemos de ser valientes y vivir con intensidad la vida, que sigue siendo bella dentro de la tragedia y ahora comprendemos más que nunca que lo importante, como sabemos, es disfrutar las cosas, que ni se compran ni se venden y que lo que se dice vivir, vivir es pensar y ayudar a los demás como gracias a Dios está sucediendo a nuestro alrededor.

Vivimos tiempos difíciles, sí, pero propicios para consolar, aconsejar y abrazar con sonrisas.

¡Vivamos, vivamos! Y a tope entre nacer y morir

Los pequeños detalles

Los pequeños detalles

Siempre acertamos cuando releemos un viejo libro, o conversamos con un amigo de toda la vida y es verdad, así nunca fallamos.

Leí unas páginas, de esas que casi nos han visto crecer y mis pensamientos lo agradecieron, pues me han motivado a intentar mejorar mis actos.

Me sirvió de inspiración, y compruebo que es muy importante cuidar los pequeños detalles, y vivirlos con gozo e ilusión. 

Esas aparentes insignificancias, no premeditadas, son un tesoro, que iremos desgranando, ya que, en cualquier momento dado, nos serán de gran utilidad.

Todo lo que he percibido en esta tranquila lectura ha conseguido, paradójicamente, que desemboque en una euforia por lo pequeño, en este tiempo pandémico y transmitirlo a los demás.

Por la experiencia histórica, deducimos que este malestar terminará y con esta esperanza enumeraremos una serie de cosas, casi triviales que podemos aprovechar, casi para sacar agua de donde no la hay.

Coincidiré muchas veces con ustedes, y seguro que tendrán a flor de piel aquello que a mí no se me ha ocurrido o he olvidado.

Una letanía o salmodia de pequeños y rutinarios actos, espero, nos hará comprobar cuántos modos en apariencia anodinos son muy importantes, deseando por ello que este artículo fuese interactivo, si así lo desean, piensen a mi lado:

Sonreír a una niña, y recibir su aprobación con otra sonrisa de ella, dar las gracias con amabilidad y cortesía, cantar una nana a un bebé y comprobar cómo paulatinamente va cerrando sus ojitos, sorprender a un ser querido con ese menú que tanto le gusta y no esperaba, rezar una plegaría, cerrar la puerta con suavidad…

  Todo esto no son reglas de urbanidad, todos estos pequeños y breves deseos, si los realizamos con amor, estaremos conectados con los idealistas que piensan que el motor que mueve al mundo con dignidad, es eso, el amor, o debiera serlo.

Esta es la grandeza de la vida, caminar junto a los que prefieren lo cotidiano, alejando ambiciones malsanas, que nunca sacian.

Así, a pequeña escala, si obramos por ese motivo, nuestro existir se convierte en dicha, pues este es un ideal noble, para nuestra vida, preferir lo que no tiene precio.

Seguimos ensartando, digamos, estas aparentes insignificancias.

Regalar, no un ramo de flores, sino simplemente una flor, comprar aquel libro, que sabemos tanto deseaba, reservar unas entradas en el teatro, en el género escénico de su preferencia, todo, claro, para donarlo a personas muy cercanas a nosotros.

Nada hay pequeño cuando se ofrece y se recibe, sin pedir nada a cambio, por eso son actos sublimes,  por ser todo a fondo perdido y sin esperar recompensa  alguna.

Mostrar un rostro sereno y que aflore a nuestros labios esa sonrisa interior, dispuesta siempre a ver la luz.

Deseamos que nuestras palabras y gestos alcancen su fruto, por ello es mejor acercarse a la línea roja de la adulación, antes que mostrar una faz discordante y avinagrada, pues más se logra con la miel que con la hiel.

A veces, nuestro ánimo no está para “tirar cohetes” y me viene a la mente un pensamiento, que no sé dónde leí o quién me lo comunicó y es: “Llevar una espina en el corazón y hablar de otra cosa, eso es de héroes.”

Nada menos que se nos cataloga de “Superman” cuando callamos nuestras quejas y pesares, para alentar al que sufre o está simplemente mortecino.

Categóricos, los pequeños detalles, no hay que desvalorizarlos, ellos tienen sentido, pero que muy alto, eficaz y alegre.

Volvamos atrás y sigamos juntos con esta eficaz y ardua tarea, no sin antes rememorar que debemos esforzarnos en  adivinar los deseos de personas importantes para nosotros, dejándonos llevar por nuestros nobles deseos complaceremos nuestro entorno ¿cómo? fácil, muy fácil,  igual que gota a gota, el vaso puede estar a rebosar y que “Poco a poco, hila la vieja el copo” nosotros con paciencia, a no hacernos los dueños de la tele, a compartir el mando, a ver ese programa que no nos agrada mucho pero a los demás sí. 

Con estos hechos delicados y pequeñines formamos en el hogar o en la pandilla verdaderas clases de tolerancia, basadas en lo que pasa desapercibido.

Vamos a reseñar algo muy íntimo y reconfortante, que es recostar la cabeza en el hombro amado, hecho que no hemos de dejar pasar, pues nos aporta seguridad y ternura y sólo hace falta estar cansados y tener ese don de apoyar nuestra cabeza.

Todo un requiebro de amor de estar por casa.

Y seguimos:

¡Pero qué bien te sienta ese vestido!

¡Qué corbata tan elegante!

Siendo espontáneos en estas galanterías, vemos que la sencillez y el cariño de vivir en positivo, nos abre puertas y derriba silencios.

Si este estilo de vida se afianza, se consigue un aumento de endorfinas que, al estar nuestro cerebro saturado de ellas, nos las derrama por todo el cuerpo convertidas en plácido sosiego.

¿Y qué ocurre cuando aparece  el infortunio? Pues lo que se hace en tiempos normales, lo mismo. 

Ahora, con este maldito Covid, pues sigamos dialogando más, saboreemos con tranquilidad ese vaso de café con leche, comentemos el argumento de una película, y seleccionemos con el “televisor a la carta” nuestras partituras musicales favoritas, que entre otras pudieran ser:

“La Rapsodia Húngara número 2” de Liszt, “La Traviata” de Verdi, “El Canto de la Alegría” de Beethoven, cualquier ópera de Mozart o Wagner; si nuestras preferencias van por otro lado, tal vez escuchar a Elvis Presley, a Freddie Mercury, José Luis Perales, Joaquín Sabina, Julio Iglesias, Mocedades, Paloma San Basilio, etc…

Vamos a Andalucía, y cualquier palo flamenco puede deleitaros por  soleares, alegrías, tarantas, saetas, las joticas de Navarra y Aragón, las muñeiras gallegas, nuestra “Asturias patria querida…”, los  fandangos manchegos, “Valencia es la tierra de las flores del amor y…”  “En la huerta del Segura cuando ríe una murciana…”, los boleros de Baleares, los cantos a la Virgen de la Candelaria en Canarias y “Ya se van los pastores en la Extremadura…”, naturalmente en tierra extremeñas, las elegantes sardanas catalanas, “La puntita y el tacón que se baila en Tarancón…” en tierras toledanas, “Desde Santurce a Bilbao, vengo por toda la …”  en tierras cántabras, los chotis de Madrid, los romances de Castilla León, “Caminaba el Conde Olinos mañanitas de San Juan…” en el País Vasco el aurresku

Dejo para lo último La Rioja, sacando a colación aquel disco de canto gregoriano que grabaron lo monjes del Monasterio de Silos con un éxito apoteósico, como bien saben ustedes y les ofrecieron un contrato muy substancioso.

Azares de la vida, por aquel entonces mi esposo y yo visitamos dicha comunidad y llegamos hasta Silos, era por la tarde, entramos al monasterio a orar un momento y se ve que era la hora de Vísperas, ya que súbitamente, nos pareció estar en la gloria, los monjes comenzaron a cantar y los escuchamos con recogimiento y regocijo, fue un momento que no he podido olvidar, lo considero un verdadero reglo de Dios.

Todo lo descrito no podemos decir que son pequeñas cosas, pero si nos fijamos y desmenuzamos, tendremos que decir: sí, es verdad, las óperas con sus partituras, todo eso no es nada trivial. Los monjes son gente humilde, que no buscan boato ni fama, entonces resurge de su anonimato, de su vocación, lo grandioso de lo pequeño, y los hermosos romances muchos eran transmitidos por trovadores, que eran gentes sencillas.

Lo descrito de la ópera y cantantes no tiene nada de pequeño  y he pensado ¿lo quito? ¿lo dejo?

¿Cómo puedo encajar todo esto en este artículo? Y como deseo dejarlo tal cual, me agarro a una solución que tal vez sea válida.

Todos los cantos de los grandes maestros clásicos, románticos etc…,  junto a los cantantes de óperas y canciones de todo tipo son grandiosas, sí, no tienen nada de pequeñas, pero es grandeza cantada y bailada por pueblo llano y en tiempos actuales se han llenado los conciertos de famosos grupos por gente de a pie, pues invierto y pongo primero lo grandioso para desembocar en gente normal, lo sencillo y corriente que se disfruta hasta en casa escuchando discos sin haber asistido a algún evento artístico.

Además, buceando en todos o en algunos artistas, fueron humildes ciudadanos, han ido de lo pequeño a lo importante.

Tal vez algo tramposilla he sido, pero he salido airosa ¿no?

Y es en la pequeñez de nuestro hogar, viviendo el día a día, es cuando nos sorprenden todo lo que deriva de los pequeños detalles.

Y tras todas estas apreciaciones, no puede faltar el plan divino de Jesús de no dejarnos solos.

Eligió lo más corriente en comida y bebida y aquel jueves, antes de su pasión, nos prometió quedarse con nosotros para siempre, puede ser que estas líneas que van en grado sumo de lo pequeño a lo grandioso, los de distintos pensamientos, como nuestras relaciones, están basadas en la tolerancia y el respeto, lo leerán así, seguro. 

Una Hostia consagrada es grandiosa, aunque su tamaño sea pequeño.

Este hecho de la transubstanciación abrumó sobremanera a Gilbert Keith Chesterton el día de su primera comunión.

Ya, finalizando, comparto con ustedes unos hechos, que he protagonizado y otros que he recibido.

Enseñé un baile algo gitano a una prima mía en la infancia, le llevó once años, ella cuando lo aprendió tenía seis añitos, fueron encantadores aquellos momentos.

Nos divertíamos contando cuentos, saltando a la comba, al juego popular del escondite, etc… y en casa cuando los huevos eclosionaban, a los polluelos les dábamos miguitas de pan esponjadas en vino, (mi abuela me decía que era para darles fuerzas), hecho que no entendía pues quien bebía mucho vino las perdía. Ya es el momento de finalizar este extraño artículo, que más bien parece una íntima y sencilla confesión a un amigo/a de mis impresiones y mi modo de pensar, que lo sencillo, lo humilde, lo intranscendente, y lo cotidiano, conlleva en sí una grandeza encomiable, ya que son pequeños motores que generan paz ternura, bienestar y sosiego.

¡Hay quien dé más señores!

Pues con el deseo de que los pequeños detalles sigan estando presentes en nuestra vida, y más en esta pandemia, que todavía no vislumbramos su fin, valga la redundancia, doy fin, a todo lo expuesto y resalto que los conceptos los expresamos con palabras.

La palabra es más chica, el concepto más….

Que la grandeza de lo pequeño nos siga cautivando.

*Imagen ©Wikipedia

El poder evocador de una palabra

El poder evocador de una palabra

Conocido es el caso del profesor que mostró a unos niños un folio en blanco, con una mancha en el centro y veamos cómo actuaron sus mentes.

– A ver, niños, ¿qué veis aquí?  -les preguntó, con la hoja de papel en alto, a fin de que la divisaran todos-.

Y al unísono respondieron:

– ¡Una mancha negra en el centro!

Nadie dio importancia al color blanco del folio, que era mucho más extenso, la respuesta era cierta en las dos cuestiones.

Las dos verdaderas, pero debían de haber respondido, dando más importancia a la cantidad de color blanco que portaba el folio.

Vamos a entretenernos un poco, y ver cómo nos desenvolveríamos si se nos mostrara un folio todo blanco con una palabra, sólo una, escrita en el centro, es que hoy vamos a oxigenar un poco las neuronas y lo que se dice pensar, pensar, con este artículo…, no van hoy por ahí los tiros.

Hoy vamos de relax, vamos a dejar bailar el tiempo.

Imaginemos que ya está escrita esa palabra y ante este hecho, se puede sugerir, pensar, estimular, tendiendo, sin advertirlo, dar importancia a nuestra, por ahora desconocida protagonista. 

Y nos preguntaríamos o preguntamos.

¿Por qué esa palabra y no otra?

Nos interrogamos ¿Qué nos dice? ¿Qué nos sugiere? ¿Qué nos recuerda? ¿Qué sabemos y escribiríamos acerca de ella? Intuimos que todo esto nos va a servir para desconectar de móviles, preocupaciones, y estar un poco en babia para cargar pilas. 

Pues sí, se trata de eso, de dejar dormir toda tecnología y conseguir que este rato de lectura sea distendido y relajante.

Alumbramos ya la palabra, la verdad que he elegido ésta, porque me parecía muy alegre, y es CASCABEL.

Nuestra masa gris comienza su actividad, recordando, sugiriendo tal como reseñábamos anteriormente.

Seguro que muchos, con una edad ya dorada, estaríamos tatareando:

Doce cascabeles tienen mi … y viene a mi mente de súbito la fábula del “Congreso de Ratones” para escoger quién le pondría el cascabel al gato y evoco o evocamos aquel tiempo tranquilo donde éste no deseaba carreras veloces y cada uno nos adaptábamos a este ritmo y podríamos leer, pensar o escribir acerca de cualquier experiencia, en este caso sobre el problema de los ratones.

Otros, metafóricamente, pueden revivir esa garganta cascabelera de aquella artista, que su canto era una melodía u otros empezarán a buscar palabras que empiecen por cas, como, castillo, caspa y casta o tal vez por casca, como cascada y cascarrabias o quien le da por formar palabras trisílabas o que acabasen en bel, como Isabel, Luzbel y Babel.

Nada, que quien se aburre es porque quiere, porque no se plantea pequeños y simples retos, porque ya hemos visto que esta palabra intranscendente, aparentemente una nada, nos ha dado mucho juego, y nos ha hecho entrar en acción cuando lo que hacíamos es ver pasar el tiempo sin estar en él.

En esta situación abrumadora, donde la inercia de la pandemia, a veces nos hace algo pasivos, si recurrimos al “cajón de sastre” que encierra esta intranscendente, palabra, casi una nada, llenaríamos lagunas de laxitud con estos sencillos pasatiempos.

Bien, y ahora, tras evocar y jugar, porque nuestra mente se habrá distraído un poco ¿no?

Ahora nos resta la parte más bonita y creativa,  que es inventar una historia o un poema,  un cuento o una canción, titulada con la palabra cascabel.

Pero antes vamos a ver lo que puede o pudiera sugerirnos nuestra protagonista, prima hermana de campana, campanilla y hasta un primo más fuerte el cencerro.

Y claro siguiendo el tema del artículo, puede habernos venido a la mente 

“Peter Pan” con “Campanilla” o “La Niña de la Puebla” con sus “Campanilleros” o cercanas Navidades al son de “Campana sobre campana” y el tilín, tilín para acompañar al Viático por las calles antes de llegar a su destino, costumbres de antaño y ¿cómo no? Recordar cuando leímos por primera vez  “Las Campanas” de Edgar Allan Poe. 

Para nada es mi intención regodearme en el pasado, pero sí rescatar de él momentos felices de nuestra vida, que nos portan aromas de intensos momentos disfrutados, lejanos, sí, pero inolvidables.

No quiero dejar fuera a la campanera, que Dios hizo su pregonera.

Y tal vez cuando escuchemos o pensemos algo cascabelero recordemos   este coloquio, que siempre se establece entre autor y lectores.

Y como colofón termino con un pequeño cuento.

El cascabel

Érase, que se era, un pueblo muy pequeño, donde sus casas estaban asentadas alrededor de una plaza redonda, de ahí su apodo, pues le llamaban “el pueblo redondo”

Allí se encontraba Damián, nuestro protagonista, en casa de sus abuelitos, ya que sus padres tuvieron que marchar a un país vecino a recolectar fruta, la pandemia del Covid seguía haciendo de las suyas.

Damián estaba más alegre que unas pascuas, pues, con sus abuelos, todo era divertido, cercano y jocoso.

Mira por donde, no sabemos cómo, pero los abuelitos contaron a Damián la fábula del “Congreso de Ratones”, el niño era muy pequeño, pero muy listo y empezó a pensar en reunirse con sus amiguitos a ver qué pensaban entre todos para solucionar el que “los covids” anduviesen a sus anchas haciendo sufrir tanto.

Pensado y hecho, divagaron un poco y acordaron pegar una palabra mágica escrita con letras invisibles en una tira larga que pendiera del techo y ya pueden imaginarse la palabra elegida, por supuesto, era cascabel.

Así, cuando este ejército de virus malos chocase con la cinta caerían al suelo fulminados.

Esto, Damián y sus amigos lo tenían bien atado, pues sabían que los cuentos son mágicos y todo puede suceder.

Esta palabra invisible se enteró de que había muchos yayos y yayas que estaban malitos y pidieron, a Damián y a sus amigos, permiso para ir a otros hospitales, naturalmente asintieron y allá marcharon. Los sanitarios no salían de su asombro, pues todos mejoraban en un “abrir y cerrar de ojos” y esa palabra eficaz e invisible consiguió acabar con la pandemia.

De pronto vieron caer muchos cascabeles de verdad, que alegraban el ambiente por doquier.

Se respiraba una algarabía contagiosa, de modo que el hospital parecía una academia de baile.

El médico responsable, el director, consiguió la dirección de los abuelitos de Damián y fue a verle.

– Damián, has sido un niño bueno, has pensado en los demás, te queremos agradecer todo lo que has hecho, pide el regalo que más te guste, que lo tendrás.

Eligió ¡cómo no!, la vuelta de sus papás a casa y quedó con los amigos para hacer otros congresos y luchar también contra otras enfermedades.

Y allí acordaron que estudiarían Medicina.

Y cascabel cascabelito
quiero estar más veces
con mi abuela y mi abuelito.
Y cascabel cascabelote,
que se curen todos, todos,
con la palabra invisible
que está escondida en un bote.
Razón, causa y motivo

Razón, causa y motivo

Escuchamos a menudo, “Ésto está más claro que el agua”, ¡Pero si eso se ve a simple vista!”, “Ésto es más cierto que dos y dos son cuatro”, y así podríamos enumerar muchos de estos populares dichos.

Pues, digamos estas certezas populares que ratifican lo evidente, nos van a dar una idea de lo que vamos a tratar hoy, por cierto, que es una de esas definiciones que una vez leída y comprendida se nos queda para siempre en la mente.

Axioma es una verdad evidente que no necesita demostración.

Si una tarta la dividimos en seis, ocho o diez partes, decimos sin equivocarnos que un todo es mayor que una parte.

Y si tengo dos tartas iguales y les añado a ambas un trozo de igual peso, nos dan cantidades idénticas.

Ya en la abstracción, a los axiomas ontológicos se les denominan, principio del conocimiento, pues son como el motor, el principio de todo conocimiento.

Decíamos la semana pasada, que es imposible que algo sea y no sea a la vez en el mismo aspecto. Si se rompe un collar, las perlas se dispersan, en ese momento, el collar no es collar hasta que no se recomponga, o sea que un collar no puede ser al mismo tiempo collar y no ser collar.

Podemos decir que el collar es azul y que es nuevo, le añadimos dos accidentes categóricos al collar al mismo tiempo, pero azul y no azul no puede serlo, del mismo modo que no podemos aceptar que sea nuevo y viejo a la vez.

Por eso, no ese puede afirmar y negar una cosa al mismo tiempo.

Este argumento axiomático se llama “Principio de contradicción”.

Aristóteles decía al respecto, que este principio es la primera verdad y fundamento de todo lo que sabemos.

Otro axioma ontológico es el “Principio de identidad”.

El agua es el agua, el ser es el ser, el libro es el libro.

Cuando emitimos un juicio, en el cual sujeto y predicado son idénticos, tiene que ser verdadero.

Podemos equivocarnos al decir que el libro es nuevo, pero si afirmo que el libro es el libro, no existe ninguna equivocación posible, estamos en el segundo principio axiomático.

En estos dos ejemplos siguientes: el sol brilla y el sol no brilla, no hay entre ellos nada, no podemos hacer una suma con el sol brillante y con el sol no brillante, ni dividirlo en dos para conseguir un término medio.

Entonces, si los predicados de dos juicios son  contradictorios y los sujetos son  iguales, uno de ellos es verdadero.

Me ha gustado recordar cuando supe o diferencié qué es lo contrario y lo contradictorio.

Alto y bajo, grande y pequeño, negro y blanco son contrarios, pero alto y no alto, grande y no grande negro y no negro son contradictorios, vamos a recordar por qué.

Entre lo alto y lo bajo tenemos una estatura mediana, entre grande y pequeño un tamaño diferente y entre el negro y el blanco son muchos los colores que podemos enumerar: rojo, azul, gris etc.

Y en los contradictorios no poseen el término medio.

En alto y no alto o se es alto o no se es, aunque entre ellos sepamos que existen todas las posibles alturas.

 En grande y no grande ídem de ídem, aunque sepamos que existe lo pequeño lo mediano etc.

Y tenemos que con el negro y no negro todo lo que no sea negro puede ser verde, naranja, etc.

En el ser y no ser no existe término medio, pues tendría algo de ser y algo de no ser y eso es imposible según el principio axioma de contradicción.

Por ejemplo, pensemos en el gris, este color tiene algo de blanco y algo de negro, posee término medio.

Una mezcla de ser y no ser, es imposible, pues tenía que ser y no ser a la vez y esto es imposible, entonces ser y no ser son contradictorios no tienen término medio.

Se deduce:

Principio de identidad: el ser es el ser

Principio de tercero excluido que no hay término medio entre ser y no ser y este principio tiene su fundamento en el principio de contradicción, que es imposible que una cosa sea y no sea a la vez.

Todo lo que es, no es porque lo digan unos u otros, sino que es por una razón.

Se aplica la razón en las cosas naturales con el nombre de causa.

Hay una causa para que llueva.

En los entes ideales, una circunferencia no es una línea recta, por la razón de que sus puntos no están alineados.

Podemos aplicar el principio de razón suficiente a las cosas físicas, y decimos que ocurren por alguna causa, si lo usamos para las cosas lógicas, decimos que tienen su razón de ser y si esto transciende a lo moral, entonces no actuamos por causas ni por razones, tenemos motivaciones.

Estamos motivados para obrar con total libertad.

Nos motivan los hechos sociales, políticos, religiosos y si nos manipulan o nos obligan, no por eso dejamos de ser libres.

Podemos luchar contra algo no deseable y si no lo hacemos es debido a que pensamos que, obrando de otro modo, nos sentimos mejor.

Nosotros podemos elegir la motivación de nuestra conducta y lo hacemos porque creemos alberga un gran valor para nosotros, aunque elijamos mal.

Estos tratados de Ontología los he elegido por ser los temas que más me interpelaron en mi formación de maestra.

Estos conocimientos me valen para escuchar a personas con una formación superior, sobre todo los doctos en estudios lingüísticos, filológicos y filosóficos y también para orientar a otros que no han tenido medios para acercarse a la cultura.

Permítanme una batallita, una persona muy amiga, está dentro de los anteriores citados y conversar con ella es un verdadero placer.

Intento llegar a cualquier cita un poco antes y me deleito porque sabe mucho latín y como domina en profundidad la etimología de las palabras, hasta en las servilletas de las cafeterías me dice el significado de cualquier palabra que le pregunto.

Seamos conscientes que tenemos amigos/as que su saber es para compartirlo no para pavonearse, ni para humillar.

Y tengo la suerte que entre el círculo de mis íntimos se encuentran personas doctas y buenas que consiguen que sus conversaciones sean un verdadero placer.

No almacenemos nuestros conocimientos, que pudieren servir a otros, pues la cultura tendría que ser un bagaje de conocimientos en constante movimiento y trasiego.

Enseñar y aprender, he aquí dos modos de actuar que engrandecen al hombre, cuando los motive el bien común y el altruismo.

Si conservamos la curiosidad, la sorpresa y la ilusión, estaremos en la onda de aumentar nuestro acervo cultural hasta el final de nuestros días.

Con este artículo cierro este pequeño ciclo de recuerdos y parece ser que el poema con que acabo le viene “como anillo al dedo”.

No se puede comprender
No se puede comprender
un amor sin donación,
partitura sin sonidos
y una ofensa sin perdón.
No, en verdad,
no se puede comprender.
No se puede comprender
un poema sin belleza,
una madre sin ternura
y un niño sin candor.
No, en verdad,
no se puede comprender.
No se puede comprender
una lluvia que no cale,
enseñanza que no forme
y un anciano sin calor.
No, en verdad,
no se puede comprender.
La mente cognoscitiva

La mente cognoscitiva

Llegada cierta edad, a todos nos llega el momento, unos antes, otros después, de disfrutar del uso de razón, y tengamos o no conocimientos filosóficos, desde ese momento comenzamos a discernir, hecho que nos acompañará hasta el fin de nuestra existencia, si contamos con que la suerte nos sea propicia y no padezcamos alguna enfermedad mental.

Así, con nuestra mente en forma, percibimos la diferencia de un ser real, como un árbol, un bolígrafo, distinto, por supuesto al espiritual, como el conocimiento, otros se denominan de razón, precisamente porque lo detectamos en nuestra mente y no existen fuera de nuestro ser.

Si pensamos en el no-amable, en el no-azul, son seres de razón negativos, que culminan en lo que no hay, en lo que no existe, o sea en la nada.

Y contamos con otro, que han logrado verter ríos de tinta, son los ficticios, que naturalmente  podríamos enumerar muchísimos, como por ejemplo “Platero”, “Otelo”, “El tío del Saco”, “El tío Saín”. Éste lo he oído mucho en mi ciudad natal, Jumilla, no sé si es nombrado en otras comarcas.

Bueno, no podía pasar sin nombrar a nuestro “Don Quijote y Sancho Panza”, seres ficticios, que parece que escuchamos sus latidos, amén de otros detectives muy famosos como Sherlock Holmes, Hércules Poirot, etc. 

Situados en este mapa cognoscitivo vamos a ocuparnos solamente del ente real, el que existe, no el que es en potencia, sino el que está fuera de nosotros y es susceptible de verlo y tocarlo.

Vamos a dividir el ente real según nos lo ha legado el filósofo Aristóteles, sabemos, maestro del gran Alejandro Magno.

Dividió el ente real en diez partes, las llamadas categorías, que me atrevo a que las recordemos con un recurso muy usado en la enseñanza,  las comparaciones.

Antes vamos a preparar  el terreno recordando que la categoría más importante de esta clasificación es la sustancia.

La sustancia, sí, que es el ser, que está en sí mismo, y es el que sirve de sujeto, pero no es el sujeto. Deducimos, pues, que es para aplicarle lo accidental, que no existe en la sustancia.

Afianzamos que la sustancia es lo primordial, lo demás se le aplica a ella.

Por ejemplo:

La gran bailarina es aplaudida y ensaya diariamente.

Desglosamos, gran (cantidad), bailarina (sustancia), aplaudida (pasión), ensaya (hábito) y diariamente (tiempo).

Vicente duerme la siesta echado en el sofá.

Tenemos, Vicente (sustancia), duerme (acción), echado (posición), sofá (lugar).

El vestido azul y arrugado de mi tía.

Vestido (sustancia), (azul y arrugado) (cualidad), de mi tía (relación).

Ya las tenemos: sustancia, cantidad, pasión, acción, hábito, tiempo, posición, lugar, cualidad y relación.

Descubrimos que la sustancia está en sí, es lo que es y accidente es lo que está en otro, no en sí.

Así la cualidad y la relación están en el vestido, pero no le podemos añadir la categoría de acción, pues la prenda es un ser de razón sí, pero inanimado.

La categoría más importante es la sustancia y nunca puede actuar de predicado que de hacerlo tendíamos:

La bailarina es la bailarina, Vicente es Vicente, el vestido es el vestido.

La sustancia no tiene contrario, no se puede ser y no ser a la vez, como sucede el ejemplo en el famoso gato de Schrödinger que está vivo y muerto a la vez.

Lo contrario de manzana es no-manzana, no hay manzana, lo contrario de sustancia es la no sustancia, entonces es ser y no ser, no existe, a eso se le llama la nada.

Y seguimos con otro ejemplo, el libro es libro o no es libro, no se es libro en mayor o menor grado.

Sin embargo, el accidente está en otro, el color (cualidad), está en una silla.

La silla verde de Van Gogh, la silla grande de Goliat, y sí que tiene contrario, grande-pequeño, nueva-vieja y admite las comparaciones, más alta que… más nueva que… 

Y la categoría de cantidad que es un accidente, se puede dividir en partes separadas como un  montón de naranjas, o puede estar formado por un todo no separado, como el espacio o el tiempo, en el primer caso lo llamamos  cantidad discreta y en el segundo la calificamos de continua.

Este artículo me recuerda dos aspectos para mí muy queridos  y acendrados, cuando  disfrutaba las enseñanzas de mi profesor  y cuando, ya maestra, preparaba las lecciones pesando en sus reacciones que, por supuesto, eran contemplar a aquellos preadolescentes con el asombro de haber descubierto lo desconocido, y sí, les decía estamos toda la vida aprendiendo, y bueno este final perdonen si se me ha ido “el santo al cielo” les decía toda una vida tenéis, tenemos por delante para aprender pues “Por mucho que se sepa es más lo que se ignora” y tengamos en cuenta que “Un grano no hace granero, pero ayuda a su compañero”, sea a la edad que fuere, un poco de conocimiento cada día, amplia nuestro acervo cultural. 

Podemos contar cuántas categorías le aplicamos a la araña, un ente de razón real de este pequeño poema, porque hay infinidad de entes a los que se les pude cantar.

Muy agradecida por recordar a mi lado aquellos años estudiantiles y a los más jóvenes porque en breve aprenderán todo esto con más profundidad, pues ven que todo es muy simplificado.

A la telaraña
Eres reina en el rincón
del desván abandonado.
Eres cortina de vida
en ambientes empolvados.
Eres olvido del tiempo
que, en torno a ti, gira y gira.
Eres misterio y suspense
en novelistas y actores.
Eres vía del sustento
de quien te teje y te mima.
Eres geometría perfecta
sin estudios ni saberes.
Y eres amiga perenne
del lugar triste y sombrío
donde descansan los muertos.

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