La cólera de Gengis Kan

La cólera de Gengis Kan

Llevan años buscando la tumba del fundador del gran imperio mongol pero dice la leyenda que el gran guerrero dispuso las cosas de tal manera que, pese a los siglos pasados, ha sido imposible, hasta ahora, dar con su ubicación. En todo caso, es muy probable que su espíritu se encuentre estos días embargado de una profunda irritación puesto que su heredero, en cierto modo, Xi JInping, ya que su nieto Kubilai, fundó la dinastía Yuan al frente del imperio chino en tiempos de Marco Polo, ha decidido eliminar la lengua mongola de gran parte del currículo que se enseña en la región autónoma de Mongolia interior.

La Unesco tiene definida una clasificación de lenguas en función de su situación y vitalidad y así las extinguidas, son aquellas que ya no tienen hablantes, y son muchas. Están después las minoritarias, es decir las que cuentan con pocos hablantes y que, en algunos casos, además se encuentran minorizadas, o lo que es lo mismo, que sufren la presión, directa o no, legal o no, violenta o no, de otra lengua de mayor prevalencia. Sería, por ejemplo, el caso de la llingua asturiana, lengua tradicional de Asturias, hoy claramente minoritaria y minorizada por la mayor pujanza del castellano, que no por las leyes de la nación que le ofrecen protección suficiente si los asturianos están por su defensa.

Sabe Xi Jinping que la lengua es la principal herramienta en los procesos de aculturación que es lo que el Partido Comunista chino lleva haciendo desde hace 70 años en el Tibet con la progresiva inmigración interna de chinos Han que acabará con la irremisible dilución de los tibetanos. También lo saben los uigures, de etnia turca y religión islámica, del Sinkiang, la mayor región china, ubicada al suroeste de la de Mongolia interior, a los que Pekín acorrala con una constante y pacífica invasión de chinos han y con unos no tan pacíficos campos de reeducación para muchos naturales del país, se habla de millones, y más bajo vigilancia con las más modernas técnicas de control de población empleadas en el mundo.

Ahora parece que empieza el turno de los mongoles, hasta ahora olvidados. Los sucesivos imperios chinos siempre buscaron crear una zona colchón que protegiese el corazón han del Imperio del Medio y estas tres regiones cumplen con esa función y por ello deben caer al 100% bajo el control de Pekín y, sin duda, la lengua es la gran herramienta que facilita esa política interior que respalde lo que en el exterior pueda suceder en estos años venideros.

Mientras tanto, en Asturias y pese a la Ley de Uso del Asturiano, el Principado sigue sin impulsar la llingua en la TPA, lo que sería perfectamente compatible con la lucha contra el covid 19, coartada para todo.  

Asia, ante el efecto bumerán y el avance galopante del SARS-CoV-2

Asia, ante el efecto bumerán y el avance galopante del SARS-CoV-2

A pesar de los numerosos controles que se realizan, desde que irrumpiese el COVID-19, comúnmente conocido como coronavirus, es tan escurridizo, que puede aflorar en cualquier instante y truncar en escasas jornadas, todo lo que se ha conseguido durante meses con importantes sacrificios.

Sin lugar a dudas, esto es lo que ha sucedido con el brote en el mayor de los mercados de Pekín, que ha significado un shock para un estado que comenzaba a tomar aire sin mascarilla. Pero, los rebrotes como el de Xinfadi Market Supermarket, o los que en las últimas semanas detonaron en empresas y bares de Seúl, confirman los riesgos del retorno a la actividad cotidiana en la denominada ‘nueva normalidad’.

Y, ni que decir tiene, lo que actualmente se ha desencadenado en España, donde el perfil medio del contagiado en los meses iniciales de la epidemia era de 80 años y necesitaba intervención hospitalaria, ahora, uno de cada cuatro es menor de 30 años y el 55% de los diagnosticados se muestran asintomáticos. Esto es lo que se desglosa del Informe del Instituto de Salud Carlos III, que examina los rasgos de los más de 25.000 casos revisados desde el pasado 10 de mayo, cuando se emprendió la desescalada hasta el reciente 17 de julio.

Con ello, que los nuevos infectados aglutinen una edad más joven y en su amplia mayoría sean asintomáticos, son antecedentes afines que justifican la recompensa de hacer test. Pudiéndose poner cerco a las sucesiones de transmisión y remediar otros contagios más graves que, posiblemente, demanden la colaboración médica.

Esta propensión se intensifica aún más, si se toman en consideración las reseñas más cercanas. Me refiero a las concernientes de la primera semana de julio, cuando los menores de 30 años llegaron a totalizar el 33% de los poco más o menos 4.500 analizados de esa misma semana.

En cambio, las personas de 80 años que entrañaron el 24% de los contagios en el pico de la pandemia y el 12% desde el plan para la transición hacia la desescalada, no comprenden ni el 5% de los prescritos. Idénticamente, ocurre con la franja establecida entre los 60 y 79 años, que se han convertido en el segundo grupo más perjudicado con el 28%, al simbolizar en estos últimos días, el 12% de los enfermos.

Las cifras dispuestas por el Ministerio de Sanidad en el muestrario del Estado, se han practicado 86 test de PCR por cada 100.000 habitantes, una cantidad que rebasa la tasa de los 35 test que se verificaron a principios de mayo. No obstante, queda apartada del umbral de 100, que es la suma que los expertos reconocen favorable.

Evidentemente, en la medida que no se desboquen las transmisiones, en esa coyuntura la voluntad de detección ha de ser mayor. Por lo tanto, la prioridad de los equipos sanitarios consiste en localizar un promedio de entre 10 y 15 contactos, por cada caso susceptible o sospechoso del SARS-CoV-2.

Ese término medio es prácticamente el triple de lo que se ha implementado hasta el momento; fundamentalmente, entre el intervalo de disminución de afectados y la nueva intensificación despuntada que ha dado la puntilla en Andalucía, Aragón, Baleares, Cataluña, Castilla-La Macha, Castilla y León, Comunidad de Madrid, Comunidad Valenciana, Extremadura, Murcia, Navarra, País Vasco, etc., llamando la atención el alarmante incremento de focos en Aragón, Cataluña, Levante o Pamplona, por citar algunos ejemplos. De media se averiguaban entre 5 y 6 contactos por cada positivo, toda vez, en los guarismos que llegaban a la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica, escasamente se reflejaban entre 0 y 2.

Con esta síntesis en los rebrotes que obliga a España a recuperar las fases en algunas regiones, nos situamos en Asia, una de las demarcaciones más pobres del mundo, con millones de personas que experimentan en carne propia los efectos mortíferos de la crisis sanitaria: viendo disipados sus precarios trabajos, o su hogar, apenas sin ingresos y en peligro inminente de morir de hambre.

La cima de la curva de contagios, esa que tanto nos preocupó y que nunca aparecía, todavía no ha alcanzado su máximo histórico en la India, donde se sospecha que en los meses de julio y agosto se allane la espiral. Las indudables ramificaciones del confinamiento y el vertiginoso esparcimiento del virus, una vez el país haya rehecho su ritmo habitual, para los más vulnerables pueden ser demoledores.

Y, es que, desde la irrupción del patógeno todos imaginaron que una vez excluido de su superficie, el flagelo epidemiológico proseguiría su itinerario lejos de sus límites fronterizos.

Unos siete meses más tarde del primer episodio en China, los representantes internacionales opinan que el coronavirus está de vuelta con efecto bumerán. De hecho, la Organización Mundial de la Salud, OMS, así lo concibe: la plaga está ganado más fuerza en América, tanto en el Norte como en el Sur y regresa al asalto en Asia, concretamente, en Pekín y Seúl, capital de Corea del Sur.

El Director General de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, expone en dos frases concisas por qué es viable la aceleración del COVID-19: “Los primeros millones de casos tardaron más de tres meses en ser reportados. El último millón de casos reportado en sólo ocho días”.

El tiempo transcurrido desde entonces, nos ha acarreado la cuantificación dramática de 633.396 decesos alrededor del planeta. Hasta la fecha de hoy, existen más de 15.511.157 individuos infectados y más de la mitad de estos, se hallan distribuidos entre el Viejo Continente y Estados Unidos.

Ciñéndome en el continente asiático, hay que puntualizar que es el más extenso y habitado de la Tierra, con cerca de 45.000.000 de km². Lo que constituye el 8,74% del total del plano terrestre y el 29,45% de las tierras emergidas, con 4.463.000 de cosmopolitas. O lo que es lo mismo, el 69% de la urbe global.

A su vez, Asia se prolonga sobre la mitad Oriental del hemisferio Norte: desde el Océano Glacial Ártico, al Norte y hasta el Océano Índico, al Sur. Limitando al Oeste con los Montes Urales, contemplado como la divisoria natural de Europa y Asia y al Este, con el Océano Pacífico.

Del mismo modo, en la parcelación convencional de continentes de naturaleza europea, Asia y Europa emergen como dos entidades desiguales por motivos históricos y culturales. En términos geomorfológicos, configuran un único continente llamado ‘Eurasia’.

Conjuntamente, África se ensambla a Eurasia por el Istmo de Suez, por lo que se puede suponer la generalización de Europa, Asia y África como un único supercontinente, frecuentemente distinguido ‘Eurafrasia’ o ‘Afroeurasia’.

En este entorno tan peculiar, el SARS-CoV-2 ha venido a desvestir una serie de países emplazados en Asia, demostrando las penurias que se palpan, sin acceso a los servicios básicos. Sin inmiscuirse, las mujeres empobrecidas que residen en sitios urbanos, principalmente desamparadas, porque están hipotecadas a todo tipo de violencias, dificultades de salud mental, males crónicos por la desnutrición y los embarazos indeseados.

Es preciso incidir, en el Índice sobre ‘Pobreza Multidimensional’ divulgado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, y localmente por la encuesta CASEN: aproximadamente, la mitad de los 1.300.000 de personas afligidas por los azotes de la penuria, son menores y el 84,5% subsisten en Asia del Sur y África Subsahariana.

Dicho análisis acumula referencias de 101 territorios, en su totalidad de ingresos medios y bajos, que acogen en torno a 5.700.000 de habitantes. Allende al nivel de ingresos, profundiza en la pobreza multidimensional con respecto a variables como la salud, la educación, la calidad de vida, el agua potable, la vivienda o la electricidad; valorando que es pobre aquella persona que percibe menos de 1,69 euros al día.

A escala mundial, la organización subraya que uno de cada tres menores es pobre multidimensional, contrastado con uno de cada seis adultos. También, indica que los niños y niñas padecen la pobreza más intensamente y con más posibilidad de sufrir necesidades perentorias, como el impedimento de agua limpia, higiene, alimentación proporcionada o educación primaria.

Algo más de dos tercios de los 792.000.000 de personas multidimensionalmente pobres, conviven con retribuciones media-bajas; mientras, que 440.000.000 lo hacen con salarios bajos y 94.000.000 de pobres, se atinan con recursos por encima de la media. Análogamente, el estudio destaca la desproporción en la repartición de la pobreza. Recuérdese como Sudán del Sur y Níger, concentran una dimensión de pobreza del 91,9% y el 90,5%, respectivamente; frente al 14,9% de Gabón y el 6,3% de Sudáfrica.

India, en Asia del Sur, a la que seguidamente me referiré, toma la delantera en el ranking del número de pobres, le sigue Nigeria, Etiopía, Pakistán, Bangladesh, la República Democrática del Congo y China. Inversamente, la disparidad es superior en Nigeria, la República Centroafricana, Burkina Faso y Níger. Estos contrastes son manifiestos en la zona Sur de Asia, Afganistán arrastra un indicativo de pobreza del 55,9%.

En clave a la incidencia de la pandemia, el colapso de los centros sanitarios que hace unos meses vivió España u otros estados de Europa, en este momento está sobreviniendo en ciudades de la India como Delhi, Bombay o Chennai.

En cierto modo, el Gobierno ha mirado atentamente el proceder de los actores occidentales para desenvolverse lo más adecuadamente ante el virus: para ello, se han medicalizado hoteles, e incluso, trenes transitoriamente se han adecuado en 20.000 camas para cada localidad.

Pero, en la India, da la sensación que en vez de contrarrestar el COVID-19, se combate más contra el espectro del hambre y la pobreza.

Miles de inmigrantes se encuentran sitiados por las normas que acordó la Administración para moderar la circulación del patógeno. Muchos no han logrado volver a sus situaciones de procedencia y han perdido sus empleos, fusionándose a la clase obrera formal e informal.

Nueve de cada diez individuos ejercen clandestinamente y como se diría vulgarmente, ‘se buscan las habichuelas donde pueden’, aunque no se traten dignamente como seres humanos, sino más bien, como mano de obra aprovechable a precios módicos y fáciles para que las vidas de otros sean más desahogadas. Si bien, los más pudientes pueden disfrutar de una mejor atención médica y apartarse más cómodamente, con las fronteras cerradas y los vuelos internacionales suprimidos.

Los expertos se pronuncian con la tesis de valorar cómo la India pende y manipula cualitativa y cuantitativamente a los trabajadores informales, que integran el impulso laboral del país.

Desde el inicio del trance endémico, millones de personas afrontan diariamente el reto de subsistir. Las medidas aplicadas por las diversas naciones para impedir la expansión del coronavirus, están repercutiendo sustancialmente en los colectivos de población más delicados, que viven hombro con hombro en condiciones inhumanas y para quienes este percance está empeorando drásticamente, sus ya de por sí complejas circunstancias de protección.

Entre los círculos de población más quebradizos, concurren los ocupantes de los slums; a modo de suburbios que aumentan sin orden ni concierto en las metrópolis de los estados más arruinados. Hacinándose millones de hombres, mujeres y niños, procedentes de sectores rurales que migraron a otros puntos en la búsqueda de un mañana que el campo les negó.

Digámosle, que los slums son ensanches de chabolas que, por doquier, se han diseminado en la India, como derivación de los procesos migratorios de las franjas rurales a las urbanas.

Pongamos como modelo el Estado más occidental de la India, Guyarat: sus moradores son descendientes de las comunidades adivasi y dalit, apremiados a renunciar a sus aldeas por la escasez de mecanismos suficientes de subsistencia. Regularmente, los slums se establecen en campos baldíos que no disponen de servicios esenciales, como agua, electricidad, recogida de basura, etc.

La aglomeración de despojos, residuos o escombros, o el pésimo abandono de los desagües sanitarios y la inexistencia de retretes, condena a los slums a ser auténticos focos de afecciones.

La rama más expuesta a los inconvenientes avivados por la falta de aseo y desinfección son los más pequeños. Estas complicaciones de salud se acrecientan exponencialmente por el contexto de malnutrición que continuamente soportan. Teniendo en cuenta que personifican la primera generación en sus familias para acceder a la educación, han de eludir la privación de materiales de estudio o el encaje de bolillos, para beneficiarse mínimamente de un ambiente adecuado que viabilice su formación. El sinnúmero de componentes fusionado al rehúso social del que son víctimas en la escuela, hacen que el abandono escolar se multiplique.

No quedan al margen de la infinidad de obstáculos para sobrevivir, las contrariedades derivadas del alcoholismo que son muy repetidas en los slums.

El sentimiento de fracaso e inutilidad que perciben muchos hombres al verse que no pueden disponer de lo que desearían para sacar adelante a sus parentelas, conlleva que asiduamente se refugien en el consumo compulsivo del alcohol, normalmente de elaboración ilegal, que deteriora aún más el marco familiar.

Tal como descifra el Programa de Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos, por su acrónimo, ONU-HABITAD, en estas instalaciones abandonadas a su suerte y contornos circunstanciales, permanecen unos mil millones de personas que cotidianamente han de encarar arduas penalidades, como las ya mencionadas o la asistencia médica, entre otras.

Los requisitos drásticos de confinamiento promulgados por el Gobierno, han retenido en un túnel sin salida a este combinado, a los que se le imposibilita salir a indagar el sustento diario y quién lo intenta, se expone a una encrucijada sin precedentes, por lo que la voracidad del hambre y la violencia por la impotencia, se hacen sentir en un ser o no ser en las arterias angostas de los slums.

No obviemos el irrisorio e insignificante espacio de las viviendas en estas áreas: habitáculos de 20 a 25 m² en los que habitan hasta 10 personas; problematizando la probabilidad de guardar las distancias de seguridad indicadas y la cuarentena en este minúsculo recinto.

La ONG internacional española de cooperación al desarrollo, MANOS UNIDAS, formada por voluntarios que pugnan por eliminar el hambre y la pobreza en el mundo y dar respuesta a las demandas imperiosas, son testigos de primerísima mano acerca del enorme desafío que conjetura hospedarse en los slums: el SARS-CoV-2 se transmite apresuradamente y con la densidad poblacional que hay en la India, particularmente, en estos puntos críticos, no hay manera sensata que alguien pueda someterse al distanciamiento social o a las pautas profilácticas y esa es, indispensablemente, la lógica de tantísimos positivos.

Partiendo de la base que en países en vías de desarrollo, como la India, se desconoce qué es un virus o, tal vez, cómo se esparce… Mezclándose el oscurantismo y desconocimiento y, por tanto, la aprensión y estigma para con las gentes que han contraído la enfermedad. No quedando enmascarada la discriminación a los pacientes y los que están dedicados en cuerpo y alma en la primera línea de la epidemia.

En nuestros días, una parte significativa de Asia transita por instantes sombríos, porque, entre la pobreza y el sufrimiento añadido, hay mucho que digerir.

Finalmente, han debido de relajarse las restricciones del confinamiento con la apertura de empresas, fábricas, tiendas, etc. Y, como es comprensible, al hallarse el gentío en las vías públicas, el COVID-19 está a sus anchas cumpliendo con su cometido principal, contagiar.

Consecuentemente, las recomendaciones sanitarias proporcionadas a una urbe que sobrevive el día a día en la calle, a duras penas puede ser obedecida para neutralizar la virulencia epidemial.

Este es el crudo escenario al que ha de enfrentarse otro de los continentes como Asia, abocado a la pobreza extrema y la ferocidad de una pandemia que aglutina más incógnitas que certezas; entre ellas, por qué razón muchos de los infectados ni tan siquiera lo notan, mientras que otros, irreparablemente los trasiega a la muerte más atroz.

El coronavirus enmudece a la aldea global

El coronavirus enmudece a la aldea global

Aún no hemos digerido en su plenitud el significado del término ‘pandemia’, desde la explosión de la bomba vírica llegada desde China, que por definición, es una crisis global que no dominaremos, sin un discernimiento político en clave internacional.

Y es que, nuestro memorable y admirable confinamiento, tan encomiado por la clase política, no valdrá de nada si no nos abrimos al resto del mundo, donde el patógeno continúa prosperando inexorable. Para todas y todos, la denominada ‘nueva normalidad’ entre comillas, nos ha reportado a hábitos inexplorados, como el distanciamiento social, o el uso obligatorio de las mascarillas e higiene permanente de las manos. Conductas en nuestro proceder que hemos interiorizado en su justa medida, para empequeñecer el impacto de este mortífero virus.

El Síndrome Respiratorio Agudo Severo Coronavirus-2 o SARS-CoV-2, es el nombre otorgado al nuevo coronavirus del pasado año. Precisamente, el 12 de agosto se cumplieron cinco meses desde que pasó a ser considerado como pandemia. La Organización Mundial de la Salud, por sus siglas, OMS, comunicaba la expansión general del virus: no nos quedó otra que confinarnos, la economía se detuvo y surgió el mayor de los trances sanitarios al que nos hemos enfrentado desde la Segunda Gran Guerra.

Por aquel entonces, desde su irrupción en un mercado de la Ciudad china de Wuhan, por doquier y sin pausa, el COVID-19 se ha ido ensanchando, permutando en los automatismos cotidianos y maneras de convivir de los habitantes de la Tierra.

Terminologías como el susodicho ‘confinamiento’, o ‘cuarentena’, ‘desescalada’, ‘brotes’, etc., son partes explícitas del día a día en sus diversas variantes con la cuantificación de infectados, recuperados y tristemente los excesos de mortalidad.

Hasta que no existan reseñas del descubrimiento de una vacuna, las reglas de juego serán destrezas de obligado cumplimiento en las que habrá que convivir con ellas. E incluso, algunas de estas es posible que permanezcan establecidas en las sociedades y contraídas como tareas rutinarias, como ya ocurrió con otras epidemias sobrevenidas que encaró el planeta.

Sin embargo, uno de los escenarios más espinosos en el combate a muerte contra el coronavirus, es su comportamiento impredecible. Inicialmente, calificado como un padecimiento que asaltaba el sistema respiratorio, valga la redundancia, ha hallado la fórmula de arremeter otros sistemas y órganos del cuerpo humano.

De hecho, naciones que emprendieron la reactivación económica, han tenido que reavivar pautas preventivas y de aislamiento para encarar la reaparición de los brotes epidemiológicos.

A día de hoy, la patología persiste embistiendo por los estados del globo y, aunque en sus prolegómenos adquirió especial virulencia en Italia y España, las demarcaciones mediterráneas han cedido su puesto a otros en este infausto ranking. Conforme lo transita acuciosamente, poco a poco, resurgen historias anónimas que exhiben lo heterogéneo de los episodios en las muchas superficies. Un problema apremiante para quiénes están desafiando la enfermedad vírica.

Sin duda, el territorio más vapuleado es Estados Unidos, que registra 5.439.661 contagiados y 170.913 finados. A su sombra está Brasil, que cuenta con más de 3.328.216 positivos y 105.791 decesos; e India con 2.525.144 infectados y 49.134 perecidos. En cuarto lugar se emplaza Rusia, que encarama sus guarismos hasta los 912.823 contaminados, aunque con 15.498 víctimas mortales.

Especialmente inquieta el entorno de Sudáfrica, el quinto más azotado, ratificando más de 572.865 casos positivos y 11.270 fallecidos. Estamos refiriéndonos al extremo más meridional del continente africano en entrar en este siniestro top 5 y, comprensiblemente, es un indicativo alarmante por la pobreza que subyace.

En su cuantificación sistémica, el universo sobrepasa los 20.995.929 enfermos por coronavirus y 741.723 óbitos. A nivel mundial, el SARS-CoV-2 parece encontrarse en una ligera fase de desaceleración, transitando de una media de 300.000 casos diarios a unos 280.000.

Teniendo en cuenta que los datos no siempre son confrontables por el procedimiento de confeccionar las estadísticas, y lo voluminosísimo de las discrepancias, invita a indagar disparidades en la praxis de la crisis sanitaria.

Ciertamente, se está cosechando una verdadera revivificación del patógeno como consecuencia de la relajación en las normas de distanciamiento físico, conforme la plaga ha hecho acto de presencia.

Una panorámica sucinta por continentes delata, primero, comenzando por Europa, la proporción de incidencias diarias, así como la tasa de casos que dan la sensación de estar agigantándose. La amplia mayoría de las notificaciones en los últimos 14 días apuntan a España con 28.267, seguido de Rumanía, 15.420; Francia, 13.245; Reino Unido, 8.743; y Alemania, 8.319.

Una mirada retrospectiva al momento delicado que franquea España en su disyuntiva con el COVID-19, no sólo es manifiesto al inspeccionar el gráfico de los rebrotes o la marcha del virus, sino que al cotejar sus cantidades como por ejemplo con las de Italia, el primer estado europeo en el que tomó tierra la pandemia. Las referencias recogidas por la Universidad Johns Hopkins, señala que España con 47 millones de habitantes ha contabilizado en el último mes 60.454 nuevos contagios, o lo que es igual, 7.7 veces más que los 7.927 computados en Italia, con 60 millones de habitantes.

Si bien, el exceso de extintos es superior en el país alpino, con 267 difuntos en el último mes, por los 100 de España.

Segundo, en América, Estados Unidos es la zona más castigada con numerosos estados forzados a retroceder en sus desconfinamientos, ante los repuntes continuados de contagios.

Asimismo se ha esparcido por América Latina, que cuenta con más de la mitad de las infecciones del continente americano, lo que ha llevado a la OMS a encajarlo como el epicentro de la epidemia. El contexto empeora en pleno invierno, en una extensión lastrada por la pobreza y evidentes síntomas de falta de recursos.

Brasil es el más dañado y el segundo con más positivos y defunciones, tanto es así, que ha sobrepasado a EEUU en la cuantía de muertes al día, y es el segundo en superar los tres millones de casos. La vertiginosa circulación del virus en Chile, México, Panamá, Bolivia o Perú colapsan los sistemas sanitarios.

Tercero, Asia, con China como foco principal del brote, fundamentalmente en la provincia de Hubei y la Ciudad de Wuhan, parece haberse moderado la enfermedad con la localización de más casos importados que, propiamente de contagios locales; conllevando la prohibición en el acceso de extranjeros.

Queda claro, que la nación más flagelada por los efectos epidemiológicos es la India, el segundo más habitado del mundo que no ha podido impedir el crecimiento endémico, a pesar de los tientos en el confinamiento aplicado. De la misma manera, Irán está soportando la arremetida del coronavirus, tanto desde la vertiente sanitaria como económica.

En la mitad Oriental de Asia, incide el aumento impetuoso de la perturbación epidemial en naciones como Indonesia, Bangladesh, Pakistán, Singapur, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí.

Cuarto, África, es el último continente en desembocar el COVID-19, apenas quedan áreas donde la calamidad no se haya hecho sentir; si bien, los índices de infectados no se han embalado como en otros sitios de la humanidad. Con más de 1.200 millones de residentes, no es de los más perjudicados, pero la OMS avisa con inquietud de la “preocupante tendencia al alza”, si no se contrala adecuadamente. Barajándose que los finados podrían alcanzar la escalofriante cifra de los 190.000.

El 56% de la urbe urbana se agrupa en suburbios secundarios o refugios informales, y únicamente el 34% de las viviendas posee medios básicos para lavarse las manos. Conjuntamente, las dificultades alimentarias por la penuria llegarían a duplicarse. En lo más alto de los contagios se atina Sudáfrica, que ya es el quinto de la esfera terrestre, sin excluir a Egipto, Nigeria, Ghana, Argelia, Marruecos y Kenia.

Y, quinto, Oceanía, con Australia en la vanguardia, ha vuelto a imponer limitaciones precisas, tras haber tenido dominado el esparcimiento de la pandemia. El repunte ha llevado a las autoridades a establecer en Melbourne el toque de queda nocturno y determinar en Victoria el estado de desastre.

Nueva Zelanda que aplicó un confinamiento riguroso y consiguió el control del SARS-CoV-2, reaparece con casos activos. Actualmente, alarga el cierre de las fronteras y no se desecha que aparezcan más brotes.

Ciñéndome en España, ocupa el doceavo peldaño con relación a los contagiados y el séptimo en la magnitud de decesos notificados por el virus. Toda vez, que si se contrasta en el anglicismo ranking de los perecidos por cada 100.000 habitantes, la relación está encabezada por el Viejo Continente con Bélgica, Reino Unido, España, Italia y Suecia. En la cuestión epidemiológica, los 837 brotes en España hace irremediable interpelarse, si la metodología empleada es efectiva para suavizar la intensificación de los contagios, habiéndose implementado medidas más rigurosas, con la reiteración del confinamiento.

Una vez expirada la vigencia del estado de alarma y las medidas extraordinarias de contención, incluidas las limitativas de la libertad de circulación, se adoptó la nueva normalidad que no ha impedido la transmisión del coronavirus, multiplicándose las hospitalizaciones e ingresos en las UCI.

Con lo cual, las expectativas en el horizonte hacia una mejoría aparente se han disipado, con previsiones nada halagüeñas.

Lo más inquietante es que en dos semanas la réplica de contagios no ha cesado y han aumentado exponencialmente. Una de las últimas cantidades ofrecida por el Ministerio de Sanidad, dice haber rebasado los 20.000 positivos detectados en una semana. Es el doble que 14 días antes y diez veces más que hace un mes. La ampliación tan llamativa se está precipitando.

Los brotes neurálgicos han reactivado en un mes de 73 a 837, en los que se ha establecido algún vínculo epidemiológico. Los principales se concentran en Aragón y Cataluña, pero en otras Comunidades Autónomas están repuntando con más vivacidad como la Comunidad de Madrid, Comunidad Valenciana, País Vasco y Andalucía.

Evaluando los episodios de Aragón y Cataluña más recientes, entrevén dos tercios de la totalidad de España en la última etapa de julio, pero con el desarrollo extendido en otras comarcas de la geografía española, reúnen el 40%.

Tarde o temprano, por el cariz de la enfermedad en los contagiados, la subida en el número de hospitalizaciones aparecería.

Tras la desescalada como punto de partida, se comenzó con menos de un centenar de ingresos, desde entonces no ha habido tregua con un incremento generalizado: Aragón, la más implicada, los ingresos rebasan el centenar desde hace dos semanas; la Comunidad de Madrid, la segunda con más hospitalizaciones, la cifra prácticamente se ha duplicado en siete días.

En cambio, la Comunidad Valenciana con una fulminante acentuación de casos, y Cataluña, más constante, son los otros lugares con mayor presión. Aunque desde el Ministerio de Sanidad se insiste en el elevado número de asintomáticos, poco más o menos, la mitad de los detectados.

El nuevo perfil del contagiado es joven y asintomático. La época estival y el burlar las medidas de seguridad sanitarias han alertado la infinidad de casos. Uno de cada cuatro contagiados es menor de 30 años y el 55% de los diagnosticados se muestran asintomáticos. Es lo que se desglosa del Informe elaborado por el Instituto de Salud Carlos III que concienzudamente examina el trazado de los más de 25.000 casos asentados desde el 10 de mayo, cuando se estrenó la fase de desescalada hasta el pasado 17 de julio.

Y no es menos, en lo que atañe a las gráficas de óbitos, donde el ascenso de la curva es considerable. Posteriormente, con semanas por debajo de la decena de defunciones, en los últimos siete días la cifra nuevamente ha alcanzado la treintena de muertos.

Datos tan contradictorios no se habían producido hasta ahora, pero el exceso de la mortalidad con una evolución sostenida en los contagios, era de prever que volviese a darse.

No lejos de esta realidad, la situación epidemiológica reinante, ha puesto contra las cuerdas al sector del ocio nocturno, que como es sabido, aglutina un peso definido como elección a las noches del verano y genera cientos de puestos de trabajo. El virus ha apremiado a diseñar unas condiciones discordantes con el producto que normalmente proporcionan estos establecimientos.

Véanse las terrazas reacomodadas como bares de copas con servicio en mesa, o las distancias de seguridad y otras directrices de higiene, que al menos han compensado a estos locales con los costes de apertura.

Pese a todo, el agravamiento de los brotes en diversas localidades que en su inmenso conjunto están encadenados a la vida nocturna, ha conllevado al endurecimiento de las fórmulas para estos negocios que, en este momento se sienten abrumados, porque el cierre está estipulado hasta las tres de la madrugada, mientras que en otros, se produce antes.

Como indican fuentes preguntadas del sector, en las franjas de verano y aun con temperaturas elevadas, los consumidores no llegan por la tarde, sino que lo hacen a partir de la medianoche, por lo que el horario de venta es exiguo y no les resulta beneficioso.

Irremediablemente, esto ha ocasionado el cerrojazo circunstancial, no ya sólo ante la anomalía de ganancias por la pérdida de público, sino también, porque el género o artículo ofrecido no se parece en nada al que los interesados demandaban. Es indiscutible que estando sujeto a ordenanzas de restricción en la capacidad de ocupación y la prohibición de bailar en discotecas, hacen imposible la reapertura de ciertos recintos, cuando los rebrotes están aparejados a estos espacios.

Tanteando las proposiciones del Ejecutivo Central con respecto al plan de contingencia y detección precoz de nuevos casos del COVID-19, el rumbo de la pandemia en España no se revierte para bien, sino que evoluciona para mal.

En consecuencia, la era del escepticismo que encaramos inducidos a lo ignoto por el SARS-CoV-2, ha apresurado el curso de la Historia que ya iba espoleada y que en nuestros días más que nunca, con el capitalismo colapsado, nos intimada hacia una ruptura brusca de implicaciones que no se pueden predecir.

Con la humanidad buscando argumentos en los que apoyarse y Rusia que dice haber aprobado una vacuna contra el coronavirus entre la desconfianza mundial y sin completar los ensayos, emerge China, requiriendo para sí ese orden racional de firmeza ostentada.

Algo así, como la punta del iceberg que se expone como una evasiva eficiente, inteligible y viable.

Pero en sociedades como las occidentales, su centralización oriental no tiene buena sintonía: cuando existe la desdicha y los recelos en las clases populares que pierden protagonismo, aparece el recado enmascarado de ángel de la luz con el ‘orden’.

Un ‘orden’ propuesto tanto por los tentáculos de la dictadura china, como por los brazos armados del autoritarismo nacionalista y anárquico de Donald John Trump (1946-1974) en EEUU, o de Jair Messias Bolsonaro (1955-65 años) en Brasil, entre algunos.

O, tal vez, un ‘orden’ que reivindica reservas despiadadas a la libertad en el santuario de una imaginaria seguridad.

Desde tiempos impertérritos, la raza humana ha sido incompetente para desplegar una conciencia crítica de especie; conceptuación que constituye uno de los ejes de su proyecto intelectual. Sin este principio como comunidad de miembros interrelacionados, se puede disciplinar un enfoque apuntalado en el egoísmo y la descomposición que deja vía libre a los vaticinadores de la insatisfacción y que presumiblemente se auspician en los salvadores de la restauración del orden.

Este es, hoy por hoy, el rostro de un enemigo invisible y macabro como el coronavirus, al que nos oponemos y tratamos de contrarrestar.

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