El poeta

El poeta

El poeta, busca la soledad,
como el muerto a su entierro,
el pirata su barco,
o la abeja, colmena.
La busca, en las cumbres
que divisa blancas.
Va caminando entre
brumas, luces y sombras,
lágrimas y risas,
flor y maldad.
¿Cuándo hallará descanso,
su alma viajera?
¿Cuándo tendrán paz,
sus ojos sinceros?
¿Cuándo sus manos, cesarán
de tocar los impalpable,
y sus oídos, de percibir,
el sonido de los sentimientos?
¡Quizás, mientras exista 
un hombre, habrá un poeta
en su interior adormecido!
Esperando que le despierte:
un amanecer silencioso,
un atardecer otoñal,
o el vibrar de los cipreses
frente al viento.

Sin final

Sin final


Eres como el agua pura
que corre del río al mar;
tengo la luna en mis manos
si me veo en tu mirar;
me siento la más dichosa
-y no se puede ocultar-
cuando te tengo muy cerca,
y no necesito más;
contigo es mucho más fácil...
podrá llover o tronar
a lo largo de la vida,
podré reír o llorar,
como el día va y viene
transcurriendo sin cesar,
pero no importará nada
si te tengo al caminar;
sólo le pido a la vida,
para ya vivir en paz,
que nuestra historia no pueda
llegar a tener final.
De su libro Del amor y la amistad. Colección de romances. Alicante, 2003.

© Fuentes del Algar. Alicante

A unos ojos

A unos ojos

Los ojos bellos y dulces
que luces en tu mirada
portan cargas de ilusiones,
de sonrisas y esperanzas.

Son ojos de verde oliva,
casi moros, africanos,
que llevan asombro, dicha
de galanuras tempranas.

¡Ay, ojos color de valles!
¿Qué le pasa a tu mirada?
Una cortina de lluvia
de transparente cristal
ha anidado en tus pupilas
sintiendo tus verdes mares,
la dulce triste coreografía
de saber lo que es querer.

¡Ay, ojos color de valles!
¿Qué le pasa a tu mirada?
Plegaria

Plegaria

Señor, ante ti, te pido
que me reconfortes
en mi penar de cada día.

Creo en ti, Jesús, hijo de Dios,
cada año resucitas
de entre los muertos al tercer día.

Tú fuiste crucificado, y cargaste
con todos nuestros pecados.

Señor, Dios mío,
líbrame del peligro de pecar,
porque tengo fe en ti.

Que se aleje el demonio
hecho carne, que habita
entre todos nosotros,
para que pueda mirarte
con ojos serenos y puros.

Es mi fe la que me permite
seguir contemplando tu imagen.

¡Cuánto dolor hay en ti!
Pero ahora estás a la derecha
del Padre en el glorioso día
de la Resurrección.
Amén.
Blanco

Blanco

Las nubes viajeras son mi morada
y, si me escondo en el bravo oleaje,
en la paloma lato en su plumaje
y en la azucena soy una nueva hada.
Nunca me alejo de la novia alada
y orno su talle con guipur y encaje,
con sueños de paz su nítido traje
y ramitos de azahar ¡qué bien adornada!
Nacarado vivo y sonriente
como este pálido verso paciente
¡oh! Avatares de la sublime vida;
pues soy mármol incrustado en la muerte,
soy sollozo, eco, agonía sentida
de doncellas que sorbieron lo inerte.

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