¿Somos conscientes del peligro? Por Fulgencio Coll

¿Somos conscientes del peligro? Por Fulgencio Coll

No es difícil admitir el retroceso de España en los últimos tres años, el proceso de deterioro social e institucional es exagerado. Hay que reconocer que España no estaba preparada para afrontar los retos de la era digital, pero la transición a un “progresismo esquizofrénico” ha colocado al país en una crítica situación.

Un modelo político representativo, con visos democráticos, muestra sus verdaderas limitaciones cuando tiene que afrontar situaciones difíciles. Es cierto que la pandemia ha convertido al mundo en un pandemonio, pero el caso español es el resultado de un Estado muy frágil, indefenso ante los desmanes de algunos partidos políticos.

No existe estado en Europa donde estén legalizados partidos políticos con representación parlamentaria, cuya razón de ser se identifique con la ruptura del Estado. No existe estado en que su gobierno esté compuesto por personas que “incumplen” públicamente la Constitución para dedicarse a su alteración con poco disimulo.

No es necesario detallar los dislates del Gobierno actual en la ausencia de gestión eficaz de los asuntos que afectan a los españoles, es obvia la táctica del engaño. Lo que es  muy peligroso es la falta de futuro que representa la continuación de situación actual, donde la propaganda política es la base de cualquier decisión y prima sobre cualquier otra consideración. La falsedad va unida a la comunicación del Gobierno, convertida en el instrumento fundamental de su acción.

Sería interesante investigar la falsa información sobre que se disponía de un Comité de Expertos para la gestión de la pandemia y que, de su asesoramiento, dependían aspectos como la duración del Estado de Alarma. Comité implica estructura, trabajo en grupo, recomendaciones tomadas como organismo, no informaciones individuales que no permiten tomar decisiones técnicas colegiadas. Este hecho es de una gravedad enorme.

La denominada desescalada, otra actuación improvisada, se aprovechó para hacer dejación de funciones y transferir la gestión de la pandemia a las Comunidades, como si de un acto administrativo se tratase. Dándose el caso de que, como es lógico, cada una de ellas adopta las medidas que considera oportunas. En resumen, se pasó de un Estado de Alarma a otro de “desmadre”, poniendo en riesgo la salud de los españoles.

Es fácil deducir que la alteración del Orden Constitucional no tiene otra finalidad que la conservación del poder, las compañías se eligen según el momento, da lo mismo formar una mesa para tratar la independencia catalana, que privilegiar a un ente autonómico, que acercar a los terroristas de ETA, que distraer la atención pública presionando a la Corona para que el anterior Jefe del Estado abandone territorio nacional, etc. Hay que estar convencidos de que el acto público de acatamiento a la Constitución es el habilitador para el ejercicio del cargo de Presidente del ejecutivo o para todo representante o funcionario público, y que el desvío del mismo por acción y omisión tiene trascendencia penal. ¿Dónde está la justicia?

El acatamiento constitucional implica el fomento de la concordia nacional, algo que contradice la remoción del pasado de manera sectaria y finalista. La Historia es implacable y tozuda, las “nostalgias” son inútiles, los gastos asociados a ellas no son bienes públicos. El marco constitucional es legítimo, las acciones contra esa legitimidad deben ser perseguidas y penadas. No se trata de libertad de expresión, se trata de subvertir el orden constitucional.

La propaganda es vaporosa, pero tiene sus límites, dado que el engaño tiene patas cortas. Pero sus consecuencias pueden escapar al control y producir efectos no previsibles ni deseados. De seguir así es posible que lleguemos a situaciones irreversibles. Este estado de cosas sólo puede enmendarse por el propio pueblo, recuperar su protagonismo, defender sus instituciones y construir el futuro sobre el realismo.

Una “reforma” política está en marcha en España, no reclamada por la ciudadanía, más bien se trata de una supervivencia política de un modelo basado en el marketing, la improvisación, la ausencia de proyecto y, sobre todo un cinismo clamoroso. Todo ello ejercido mediante un autoritarismo caudillista cortoplacista y sin rumbo.

España pasa por malos momentos, la Constitución debe cumplirse, las leyes deben cumplirse, los infractores sancionados, las dimisiones excitadas y los ceses promovidos. No nos merecemos unos dirigentes que nos mientan.

Y ahora les pregunto, ¿cómo podemos cambiar esto?. Me temo que solo hay una salida, la que nos permite mediante una moción de censura o de confianza, echar a un jefe de gobierno que solo busca su interés y que desde 2014 ha demostrado que es capaz de todo. Tenemos una cita histórica en septiembre 2020, parar la descomposición del Estado.

*Artículo escrito por Fulgencio Coll Bucher

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