El virus

Cuando creía que había pasado por todas las experiencias posibles me doy cuenta que la vida es un laberinto en el que sin contar con ello te surgen nuevas situaciones que te enseñan algo si, como es recomendable en todos los casos, se adopta una actitud de humildad y de disposición al aprendizaje.

He manifestado en más de una ocasión que las personas de mi edad no podemos desprendernos de nuestras vivencias:

  • No vivimos la guerra civil, y no quiero oír hablar de ella. En nuestra casa no hay ningún libro que trate ese tema, ni de un color ni de otro. En mi familia, por lo que he escuchado, hay suficientes ejemplos como para entender que lo mejor que se puede hacer es pasar la página, por muy doloroso que sea a nivel personal en muchos casos concretos. No se puede estar revolviendo permanentemente las miserias.
  • Vivimos el aislamiento internacional, la visita de Eisenhower, la llegada del hombre a la luna, el triunfo de la revolución castrista, la guerra de Vietnam, la crisis de los misiles de Cuba, el asesinato de John Fitzgerald Kennedy y de su hermano Bob, la guerra de los 6 días, el Mayo francés, la Revolución de los claveles, la perestroika de Gorbachov, el bloqueo de Occidente por los países de la OPEP en el 1973, con imágenes dantescas de ciudades fantasma sin coches, sin transporte sin alumbrado (un caos), la caída del muro de Berlín y la desmembración de la URSS, y un sinfín de acontecimientos que harían la lista interminable.
  • Y en el año 1975 vivimos el fin del Franquismo con la muerte de Franco. A partir de ahí se suceden una serie de acontecimientos que han sido analizados con profusión en diferentes medios y en distintos momentos.

Las personas de mi edad, que vivimos en directo toda la transición, y algunos tomamos parte activa en este proceso, en la medida de nuestras posibilidades, valoramos enormemente los pasos que se dieron y no podemos más que demostrar nuestro reconocimiento hacia todos, y digo reiteradamente todos, aquellos que con sus renuncias y sacrificios hicieron posible esta convivencia y la extraordinaria evolución habida en estos cuarenta años.

Ciertamente creí haberlo visto todo, pero parece que aún quedan cosas por descubrir. En efecto España, al margen de haber tenido gobiernos alternantes emanados de las urnas, acaba de experimentar una situación novedosa. Después de varios intentos se ha conformado una fórmula de gobierno derivada de unas promesas electorales, presuntamente emanadas de programas que se han incumplido 24 horas después de saberse el resultado de las urnas. Resultado que cabe pensar se ha debido a la coincidencia o discordancia de los programas presentados. Si los programas han sido falseados otro tanto se podría decir de los resultados a que han dado lugar, a mi juicio. 

Estos comportamientos llevan al desánimo de los electores dado que, si lo propuesto solamente vale para encandilar al ciudadano antes de votar, y después se sigue una senda que de antemano se había negado, sin ninguna duda estamos perdiendo toda referencia y toda credibilidad.

Pero las cosas están así, y en estos momentos el mundo está afectado por una pandemia que en nuestro país de manera muy significativa está llevándose por delante un número ingente de ciudadanos, y sanitarios que han arriesgado sus vidas para enfrentarse a un nuevo virus totalmente desconocido, sin los medios apropiados, únicamente protegidos por un rosario de promesas semejantes a las manejadas para el asunto electoral. Al igual que los miembros de las fuerzas armadas y policías que sin las debidas protecciones contribuyen con su abnegada labor a parar cuanto antes este goteo de vidas que se está cobrando esta pandemia.

Como le decía a nuestro Vicepresidente Nacional, a raíz de una Carta Abierta que publicó con motivo de conocerse la Proposición de Ley por la que se modifica la Ley Orgánica 10/1995 de 23 de Noviembre del Código Penal, para despenalizar las INJURIAS A LA CORONA Y LOS ULTRAJES A ESPAÑA, aparte de coincidir plenamente con el contenido de la Carta Abierta recibida, me gustaría resaltar que al margen de los efectos de Covid-19, que hoy nos invade, y de cuya presencia e incidencia entre nosotros, espero que en algún momento la Justicia entre en el caso, creo que este virus tiene una avanzadilla en el tiempo, no clínica, que ha sido la antesala de la conjunción de estas dos calamidades. Por una parte, la política, que a mi juicio vino antes como un virus más, y por otra, la estrictamente relacionada con la salud.

No es de recibo que con la que está cayendo se malgasten energías parlamentarias en Proposiciones de Ley dirigidas a menoscabar la dignidad de S.M. El Rey, a iniciativa de quienes unos días antes han jurado o prometido ¿Fidelidad al Rey?

No lo crea Señor. Estos virus son muy mentirosos y falsarios. A los hechos me remito. Y tratarán de aprovechar cualquier debilidad de un gobierno débil, que lo es, para imponer sus doctrinas trasnochadas, más propias, aunque nunca deseables, de otras latitudes.

Creo que los proponentes desconocen el futuro de los injuriadores a los mandatarios en esas latitudes a las que me refería, y seguro que la mayoría tiene en mente. Solamente se han importado, o se quieren importar las utopías, debidamente maquilladas para engaño de los ciudadanos, como es habitual.

Es de esperar que la cordura del Parlamento se imponga, y que España sepa recomponer su maltrecha figura, para no pasar a la historia como un país iconoclasta con la tradición y su propia historia, sin ser inmovilista.

Desde hace un tiempo participo en una tertulia en una emisora de radio, donde un día a la semana cambiamos puntos de vista un exalto cargo del Partido Popular, un exdiputado del Partido Socialista (como yo le digo, razonable y consecuente) y yo mismo, que más de una vez me he preguntado en razón de qué estoy ahí, y quiero pensar que mi participación se debe a mantener unas posiciones equilibradas y sin estridencias. Es curioso, pero de un tiempo a esta parte venimos coincidiendo los tres en la necesidad de un gobierno de concentración, fórmula ya ensayada en otros países de Europa ante situaciones delicadas como las que vivimos.

Pienso que, al igual que ocurrió en la transición, todo aquello se superó con éxito. Las trabas e inconvenientes se resolvieron con acierto, quedó demostrado que las renuncias, los sacrificios y el entendimiento son componentes más recomendables que el rencor y las divergencias. Habían llegado el consenso y el talante, como términos escasamente empleados hasta aquella fecha. Buena parte de los artífices de todo este proceso ya no están con nosotros, pero están presentes en el recuerdo de todos. Consiguieron limar asperezas, superar diferencias y potenciar concordancias. Tuvieron un gran mérito y nunca les sabremos agradecer su impagable labor.

Está por ver si en este momento nuestros gobernantes son capaces de repetir esta historia en evitación de hacerlo con otros episodios absolutamente rechazables.

El virus ha llegado para convivir con nosotros y no queda más remedio que aislarlo y seguir para adelante.

Rafael Llano de la Concha.
Comendador de la Hermandad Nacional Monárquica de España.

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