Hubo un tiempo en el que al pronunciar el nombre de Irán la gente lo asociaba a la barbarie y a camellos y tiendas de campaña en el desierto, ni siquiera sabían ponerlo en el mapa. Pero cuando empezó el turismo por compañías internacionales en los 60-70 con Europa la gente volvía hablando maravillas del país y su patrimonio.
-Es mejor que París o Londres o Madrid. Teherán parece New York en pleno corazón de Asia y Oriente. Si vierais la moda de las mujeres, los museos, los cines y discotecas, los casinos, las carreteras, los bosques, lagos y montañas con sus estaciones de esquí, parece Suiza: Le diría algún turista al volver a casa a sus familiares.
Me gustaría que este 2026 ese Irán volviera a la vida. Me gustaría ver a los iraníes vistiendo a la última, celebrar bailes y conciertos en los parques y plazas de las ciudades. Me gustaría verles bañándose en el Caspio, donde se respira un aire que es sanador y en el Golfo Pérsico. Me gustaría ver en invierno un enorme árbol de Navidad adornando la plaza central de Teherán y sus luces colgando por cada avenida y que los iraníes celebren Yalda, Nowruz y el Día de Ciro el Grande. Me gustaría ver el amanecer con mis amigos Arad, Ramtin, Pooria y Ali Rameza desde el desierto de Yazd o las ruinas de Persépolis, igualmente el atardecer, mientras la tumba de Ciro se tiñe de oro a sangre y púrpura. Quiero ver como las mujeres ocupan sillones de ministras, juezas, abogadas y presidentas del Parlamento, incluso ver a la nieta del Shah reinar algún día, porque desde hace 2.500 años las leyes amparaban a las mujeres persas, permitiendo que fueran dueñas de tierras, propiedades y hasta de cargos de poder. La ley del divorcio de 1967 y la ley de familia de 1975 fueron un ejemplo único en ese momento para ellas.
Me gustaría ver a compañías internacionales de artistas llegando a Shiraz para participar en el Festival de artes restaurado, tras estar en suspenso desde 1977.
Quiero ver como escalamos el Monte Damavand y quiero que me lleven de visita a los bosques de Azerbayán y Mazandarán, esos bosques que parecen sacados de Narnia y el Señor de los Anillos. Quiero ver a los iraníes divirtiéndose en los casinos que quieran abrir y ver las tiendas de moda que Arad, que es un genio diseñando, tendrá por la avenida central de Teherán y a Pooria inaugurando su restaurante-discoteca. Y quiero ver a la comunidad LGBTI caminar sin miedo por Teherán con sus parejas de la mano, incluyendo a Ramtin, celebrando el 28 de junio mientras la bandera del arco iris se eleva con orgullo.
Queremos eso y eso tendremos. Nada más que decir.
