Aunque el modelo de Estado establece la Constitución española no tiene paragón en el mundo, después de medio siglo de estirar de él por unos y por otros arrancándole trozos en beneficio de las partes, se ha convertido en un instrumento inútil que puede llegar a colapsarse.
El modelo que ha resultado después de casi medio siglo de manosearlo se muestra incapaz de cumplir su cometido. Lo ha demostrado cada vez que ha sido puesto a prueba. Si analizamos las catástrofes que se han producido en estos ocho últimos años de sanchismo, la diversidad del tratamiento y el fracaso en la gestión han sido la tónica. En el Covid, Sánchez entendió que no le interesaba cargar con la responsabilidad y se inventó aquello de la cogobernanza y el comité de expertos fantasma. Descargó la responsabilidad en las CCAA y así pudo achacar los muertos de las residencias a Ayuso. Eso sí, nos dejó enclaustrados en casa con un decreto inconstitucional.
En el volcán de La Palma hizo algo parecido y también en la dana de Valencia, donde, después de salir corriendo de Paiporta, permitió que se ahogara la gente antes que intervenir como le correspondía por ley (si necesitan ayuda, que la pidan). En el apagón eléctrico, se comieran el marrón las eléctricas y no su mala gestión de las renovables. En la tragedia de Adamuz, buscaron culpables en todo lugar y aunque la responsabilidad quedó clara, aún no lo han reconocido. Y ahora, con el crucero Hondius, al comprobar Sánchez que era su oportunidad de lucirse ante un mundo pendiente de la suerte de los viajeros de tantos países, con solo montar un operativo aparatoso, le dio un escobazo al presidente de Canarias, sacó pecho y puso a relucir la versión sanchista del Estado jacobino. Dejó que presumiera la médico y madre de su capacidad organizativa y luego salió en TV a dar la buena nueva al mundo, presumiendo de un Estado eficiente que no existe.
Pretendían opacar la incapacidad de la ministra que tiene en pie de guerra los médicos y la mugre corrupta que rodea al presidente y a su Gobierno. En cambio, han conseguido constatar que el Estado actual de las Autonomías solamente funciona bien cuando deja de serlo y actúa como si fuera tan centralizado como el francés.
Julián Delgado (escritor)