Dice la Real Academia de la Lengua que lamentar es “sentir pena o contrariedad por alguna cosa”, y, respecto a la pena, nos la volvemos a encontrar cuando “se hace sentir a alguien el sentimiento que se tiene de su pena”, es decir, cuando se le da el pésame, o la condolencia, que es “la participación en el pesar ajeno”. Es este, en definitiva, el mensaje que nuestro presidente de gobierno, el doctor Sánchez, envió ayer al partido Bildu en relación con el suicidio en prisión de un terrorista etarra, uno de los miembros del grupo que llevó a cabo el asesinato de Miguel Ángel Blanco.

No quería entrar en este asunto tan obsceno, eso es lo que me parece, puesto que estaba seguro de que habría muchos y mejores que lo harían a lo largo de las horas siguientes a tan desafortunada expresión de sentimiento en el Congreso de Diputados. Allí, nada menos, se produjo el escarnio; porque sólo como una “burla con propósito de afrentar” se puede calificar tamaño comentario cuando aún quedan unos cientos de crímenes etarras sin aclarar y cuando el que lo hace encabeza el poder ejecutivo de la nación. Ahí estamos, ahí hemos llegado después de más de mil asesinatos. 

El juego político es, a veces, de inconmensurable complicación. Llega al paroxismo cuando el gobierno no cuenta con mayoría suficiente y tiene que apoyarse en costosos y chirriantes apoyos de distintas fuerzas, y ello desde una coalición gubernamental tensionada hasta la exasperación desde su propio nacimiento y con crecientes fricciones internas a medida que la situación política nacional se deteriora. Ese es el panorama que hoy se contempla en la Carrera de San Jerónimo.

Pero todo lo anterior no justifica según qué afirmaciones cuando es el jefe de gobierno quien las hace. Cuando habla el doctor Sánchez en sede parlamentaria lo hace por y para los españoles y tiene la obligación de tener presente no sólo el acontecer de hoy sino también el del pasado; y desde allí, desde nuestro pasado reciente, le contemplan las niñas asesinadas en el cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza, por poner un ejemplo que casi todos recordamos. Por ellas, por todas las víctimas, también por los guardia civiles o policías que todos los años se suicidan y de los que nadie habla ni escribe, por todos ellos, tiene la obligación moral de hablar con contención desde el estrado y respetar la memoria de los asesinados. Por muy importante y necesario que le sea el apoyo parlamentario de Bildu.

Por otra parte suicidarse es quitarse la vida voluntariamente, algo que no pudieron hacer ninguno de los asesinados por ETA. 

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