Tuvimos ayer en Asturias un sábado glorioso de otoño. Ventipocos grados de temperatura, sol y ausencia de viento, tiempo ideal para disfrutar de esos campos municipales de golf que construyó y mantiene el ayuntamiento de Gijón para desmontar el aserto de que es un deporte elitista.

Es el tiempo, antes de la gastronomía, el futbol y la política, el elemento principal en las conversaciones que salen a lo largo de este entretenimiento deportivo tan popular en la villa de Jovellanos. Y es que aquí, entre el Cantábrico y los Picos de Europa, tenemos un particular paraíso para meteorólogos. Respecto a la lluvia, aquí empezamos con el orpín, esa casi imperceptible humedad que se transforma en gotas de agua en la punta del cabello y que nos lleva a salir de casa con chaquetina en algunas noches de verano; a este le sigue el orbayo, lluvia menudísima que en otras partes llaman calabobos y que aquí, además de humedecer la tierra, sirve para moldear el carácter de los asturianos; después vendría el goterar, esas gotas tontas que no acaban de decidirse y que dejan de caer en cuanto abres el paraguas; a estas le sigue el llovío, es decir, el llover clásico de siempre, pero que aquí es cadencioso y persistente, en ocasiones durante días; y, ya para finalizar, llegamos al bastiazo, ese repentino y brusco golpear del agua, con fuerza rompedora a veces, acompañado de rachas de viento otras, y de corta duración afortunadamente, como los de esta mañana dominguera tras el sol de ayer.

Esa debió ser la sensación del señor Abascal hace un par de días en el Congreso cuando su antiguo compañero y amigo de las Nuevas Generaciones del PP y hoy mandamás del partido le atacó de forma súbita, sorpresiva e inmisericorde en su turno de palabra. Tanto que, por primera vez, se vio al líder conservador afectado hasta en la expresión corporal. En el otro lado, el del señor Casado, la reacción se apreció en los nutridos aplausos que su tropa le otorgó, aplausos que pronto se vieron empañados por las alabanzas de Iglesias y Lastra. Ay, esas lisonjas, es probable que, para desgracia de Casado, resuenen mucho más que los aplausos propios.

Todo, creo, es tactismo. Casado necesita, casi a toda costa, distanciarse de la “ultra” derecha que en toda Europa ha sido demonizada por el discurso socialdemócrata, hoy sin ideología propia, y que sirve para encasillar a los adversarios como fascistas, recuerden el trifachito. Ahora, si sabe hacerlo, debería estar en situación de reprochar a socialistas las compañías con las que caminan, comunistas estalinistas, filoetarras y separatistas de toda laña.

Una apuesta fuerte, que no asegura recuperar votos por la derecha y, si Arrimadas lo hace bien, con poca cosecha por la izquierda. El tiempo dirá si mereció la pena atacar personalmente a Abascal.

Versión en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com

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