El futuro se llama Annalena

Siempre que se habla de futuro hay que hacerlo con extremada prudencia pero, sin embargo y al contrario de lo que sucedía hace una generación, si además se le adjudica nombre de mujer, y en Alemania, parece que el futurible se hace más concreto y adquiere una solidez que lo hace más que probable. Podríamos hablar de certeza.

Desde la creación de la Unión Europea el peso germánico ha sido imponente, salvo en cuestiones de defensa, área en la que siempre se han mantenido pasivos, constreñidos por su reciente pasado de guerras mundiales y por una Constitución eminentemente pacifista, en el resto de asuntos siempre ha habido que contar con el parecer de los teutones que, en la mayoría de los casos, han llevado el barco a su orilla, y si no, éste acababa hundido en la travesía. Recuerdo ahora la chaptalización, un proceso de añadido de azucares para ayudar a la fermentación del vino que el canciller Schroeder hizo aprobar en beneficio de los caldos tedescos, y que los países del sur tuvimos que tragar a regañadientes; por poner un ejemplo.

La señora Von der Leyen, presidenta de la Comisión europea, y la propia canciller Angela Merkel, son los mejores ejemplos del poderío alemán y, particularmente, de un feminismo bien entendido, y no señalo a nadie. Detrás de ellas, y con una ideología distinta, y en algunos aspectos más moderna, nos llega una nueva Diana protectora de la naturaleza, también de la caza. Se trata de Annalena Baerbock, la líder de los verdes alemanes que encabeza todas las encuestas para las legislativas que allí tendrán lugar el próximo septiembre.

Baerbock lidera unos verdes modernos y pragmáticos que nada tienen que ver con los cuasi radicales de hace veinte años. Ya casi no son ni pacifistas, al contrario, creen que Alemania debe hacer más por su seguridad y la de Europa, invirtiendo más y desplegando más en misiones junto a sus aliados; se posicionan claramente contra China en el asunto Uigur y sus implicaciones económicas a la par que apoyan la aproximación a la India, y también contra el gasoducto Stream 2 ruso por ser antieuropeo y saltarse las sanciones aprobadas. Todo ello con una clara apuesta por la contención del cambio climático y la potenciación de las políticas verdes.

España acaba de presentar su programa de gestión de los fondos europeos considerado uno de los mejores en cuanto el porcentaje dedicado a la descarbonización de la economía, o lo que es lo mismo, hacerla más sostenible, pero, al mismo tiempo, muy criticado por la falta de especificación de las áreas de aplicación y, aún peor, de cómo se gestionarán y fiscalizarán las inversiones, el ya clásico oscurantismo del doctor Sánchez. En todo caso, los tiros van indefectiblemente hacia lo verde.

Mi atención sobre Annalena llegó de la mano de un comentario del señor Errejón, comunista Gramsciano como el Iglesias recién desaparecido pero mucho más listo y taimado que éste, que apuntaba que el futuro de Europa y de España vendría por ese camino, y que él, de mayor, quería ser verde como Annalena. Habrá que seguir el asunto con atención.

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