¡Es Navidad… y yo estoy muerta!

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Estoy tumbada en la cama
con los ojos mirando el techo
y el canto de unos niños en la calle
me transportan al pasado.
Es Nochebuena y hace frío
y las calles del pueblo están alegres.
Se oyen villancicos y pitar de coches
y yo estoy sola,
con mi dolor, repleta,
… y pienso en él.
Hoy nace un Niño
para toda la Humanidad
y miles de niños en cada hogar
y, el mío está muerto
porque lo quise yo.
Dios, ¿por qué?
¿Por qué no me ayudaron a tenerlo yo?.
Todas las vocecitas del Mundo
me gritan hoy
y miles de ojos me miran hoy
y manos chiquitas se tienden
a mi alrededor.
¿Dios, por qué maté
lo más bello de mi yo?
Salgo a la calle
porque no puedo más con mi dolor
y una lluvia suave me baña sin cesar,
Pasa el tiempo. Y sigo andando.
Se van apagando las voces
y los ruidos de los coches.
Ya no sé si estoy sola,
si hace frío o llueve
si estoy cansada
o mi dolor duele,
tan solo sé
que sigo sin detenerme.
Va amaneciendo…, lentamente,
y mi cuerpo se detiene
ante un bello Belén,
con un portal cubierto de hojas verdes
y un Hermoso Niño mirando fijamente.
Me aparté. No podía mirarle
pero sus bellos ojos,
clavados en mí, me llamaban.
Y lloré. Y supliqué. Y pedí perdón.
Y al final… me derrumbé.
Unas voces me gritaban: “Es Navidad…”
Y YO ESTOY MUERTA.
Y comprendí, que me hacía falta Ese NIÑO
para redimirme HOY.