Solo tenemos que leer su discurso de la Nochebuena del 2015, y nos daremos cuenta de que estamos ante un Rey excepcional, sumamente adecuado para los momentos que vivimos y viviremos en nuestra Patria.

Antes de nada, vaya para todos ustedes, estimados lectores, nuestro deseo de que pasen una feliz Navidad, junto a sus seres queridos. Que ustedes disfruten de esta entrañable tradición, que tiene la virtud de envolvernos en un gran positivismo y nos permite mostrar lo mejor de nuestros sentimientos. Por lo demás, aquí les dejamos unas impresiones sobre Su Majestad Felipe VI, a raíz del grandísimo discurso que ayer pronunció. Digno de un gran Rey.

Veamos, ¿cómo hacer un trabajo de jefatura sin poder mandar directamente? ¿Cómo se puede encauzar una idea, sin imposiciones, desde la absoluta asepsia de la mayor virtud democrática, precisamente, cuando la nación está viviendo un enorme cambio cultural, social y político? Se puede hacer, pero es una labor de titanes o de reyes con altísimas cualidades humanas; reyes que asuman formas y, sobre todo, fondos diferentes de hacer política; reyes que sepan realizar una labor mediadora, influyendo sin ejecutar y seguir influyendo por su gran e intachable trayectoria. Y claro, al final, inevitablemente hablaremos de gentes con grandes prestaciones intelectuales.

Y parémonos ahí, justamente en el anterior párrafo, para congratularnos. Los españoles estamos de suerte, tenemos a la persona adecuada. Se llama Felipe VI y es el rey de todos los españoles.

Sin embargo, qué difícil tiene que ser el trabajo de nuestro Rey, Felipe VI, a la hora de enfrentarse a los grandes asuntos que están en candelero en España. Un hombre de 47 años, educado desde su primer día de vida, para llevar sobre sus espaldas el peso de toda una nación, de sus habitantes, de sus problemas e inquietudes. Un hombre que ha demostrado una trayectoria impoluta, un carácter inquebrantable, un hombre que se enfrenta de cara a los problemas, un hombre con una formidable potencia intelectual. Ese hombre es un rey, tiene como primera obligación contentar a todos sus súbditos en su justa medida y, para hacerlo más difícil, no puede intervenir directamente en la gobernabilidad del Estado. ¡Qué difícil la labor de Felipe VI! Tiene que asistir a los sucesos y sin tener poder de decisión, es decir, debe confiar en quienes se han ganado en las urnas la potestad ejecutiva.

Ahora bien, como ayer noche quedó demostrado en el mensaje navideño de S.S. M.M. ante las cámaras, Felipe VI es el hombre. Ayer, 24 de diciembre de 2015, Felipe VI desplegó un mensaje esencialmente magistral, desde el momento en que nos enseñó el camino que deberíamos seguir, si es que queremos un país fuerte, unido, solidario y próspero. 

Lo primero que Felipe VI dejó claro fue la necesidad de altura de miras en las diversas opiniones, en los distintos conceptos de toda la ciudadanía. Además, inquirió en la necesidad de estadistas y deben estar al nivel de las circunstancias.

España ha cambiado. Y Felipe VI lo ha comprendido perfectamente. Solo tenemos que leer su discurso de la Nochebuena del 2015, y nos daremos cuenta de que estamos ante un Rey excepcional, sumamente adecuado para los momentos que vivimos y viviremos en nuestra Patria.

Distinguidos lectores, celebremos la Navidad y celebremos que nuestras inquietudes, nuestro patrimonio, nuestro presente y nuestro futuro están en buenas manos; el Rey, Felipe VI, celosa y sabiamente, es su mejor garante.

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