En los últimos 30 años ha existido una gran preocupación en el Ejército español por la cuestión antiaérea, es decir, por la protección de nuestro territorio y unidades militares de una posible amenaza llegada por el aire. Este temor tendría como consecuencia la dotación de las unidades militares con una serie de misiles y cañones de baja, media y alta cota. Entre los primeros el misil Mistral, para baja y muy baja cota; y en el otro extremo, la media/alta cota con el famoso misil Patriot, de fabricación norteamericana.

España logró la modernización de esta capacidad finalmente allá por el año 2014 cuando adquirió, de segunda mano, una batería de estos misiles a nuestros socios alemanes por una importante cantidad de euros. Con ello podríamos decir que en Defensa antiaérea pasamos a jugar en primera división.

La Guerra civil de Siria y la dramática aparición del Estado Islámico por aquellas tierras supuso, aparte de los clásicos horrores de la guerra, una serie de reacciones políticas entre las cuales cabe anotar la petición de Turquía a sus socios de la OTAN de apoyo militar en relación con la defensa de su territorio; y allí apareció pronta al socorro España con su batería de misiles Patriot. Era 2017 y desde entonces la tenemos desplegada con sus 170 miembros en la base turca de Incirlik.

Desde aquellas mismas fechas el presidente turco, señor Erdogán, se ha lanzado, coincidiendo con sus primeras derrotas electorales internas, a una carrera de intervenciones externas más o menos directas, empezando por la propia Siria donde ha desplegado a su ejército y ocupado una franja fronteriza en el interior de ese país a costa de los antiguos y abandonados aliados kurdos de los Estados Unidos. Después sus intereses se centraron en las aguas territoriales de Chipre, ocupada en parte por Turquía desde hace años, que se superponen con las más legales de Grecia y donde las tensiones han llegado a niveles nunca antes alcanzados, llegando al punto de la colisión naval con la propia Francia desplegada por aquellos lares dentro de la misión naval europea. Al tiempo sus afanes de potencia regional lo han llevado a intervenir en Libia, con medios materiales y humanos, a través esto último del uso de mercenarios sirios. Todo esto lo ha hecho manteniendo un llamativo juego de equilibrios con Rusia, con la que parece colisionar en ocasiones y a la que es capaz de comprar material militar para sorpresa de la OTAN.

Su última acción viene de la mano de su intervención en el no tan lejano Caucaso, aún por determinar en qué grado, en el recientísimo conflicto entre la católica región de Nagorno-Karabaj, apoyada por Armenia, y su musulmana vecina Azerbaiyán, donde los muertos, cuya cuantía ambos bandos mantienen semioculta por el momento, parecen ser muchos. Y mientras tanto España mantiene una batería Patriot en Turquía. ¿Hasta cuándo?

Versión en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com

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