Que no nos engañen, paliativos, sin llamarlos así se han hecho siempre, en función de las posibilidades de cada centro y siguiendo las directrices de la OMS.

La diferencia es que ahora se mantienen en centros específicos, hay pocos y no para siempre, sin algunas especialidades que no son necesarias en ellos, y para descongestionar los hospitales de agudos y dar esas camas a personas con una expectativa mucho mayor de supervivencia y/o curación.

Todos esos apoyos al enfermo y su familia son la humanización de la sanidad, sencillamente, ¿Son suficientes? ¿Son realistas y eficientes para todos?

Para algunas personas esa forma de vida dependiente y limitada no es vida y no la quieren ¿qué se puede hacer con ellos? ¿Qué opción tienen?

Si es solución para personas en estado vegetativo o con grave discapacidad intelectual y/o demencia o con una filosofía «del hacer», propia de generaciones anteriores que todo lo median por hacer y hacer, y que les hagan sin valorar resultados, para unos y para otros, es incluso una razón de vivir, la eutanasia para ellos está fuera de lugar. 


No me estoy poniendo ni a favor ni en contra, estoy pensando en voz alta y no por mis creencias sino por la realidad actual.

Aprobar una ley no es obligar a todos a cumplirla, sí es permitir a quienes la quieran, pero con mucho cuidado, de no imponerla a quienes no la quieran.

Sin decir eutanasia, la eliminación de personas enfermas, mayores, discapacitados…, se ha hecho siempre, en Atenas los tiraban desde el monte Athos, los esquimales poniéndolos entre hielo y, más recientemente, los nazis gaseándolos, ¡aunque de eutanasia, buena muerte, nada!

¿Vamos a legislar de forma que se vuelva a esto? ¿Vamos a caer en una distanasia, evitando la eutanasia, en contra de la voluntad del interesado?


¿Importa la voluntad del individuo si no se ajusta a los cánones de legisladores y/o autoridades religiosas?

Eutanasia y aborto son la punta del iceberg del pensamiento de la sociedad actual, una sociedad hedonista, carente de valores, que solo busca la autocomplacencia, sin esfuerzo ni dignidad, que no valora ni defiende la vida, ni la dignidad de la persona, el esfuerzo, el trabajo, que lo exige todo “aquí y ahora”, pero sin aportar,” “¡que se las den!»

Es el momento de pararnos a pensar y actuar con coherencia, exigiéndonos, aportando y defendiéndonos.

Según la OMS, la salud es definida como el estudio de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades. Partiendo de esta base, se planifica el sistema sanitario en todos los niveles hospitalarios y domiciliarios, y a nivel asistencial y preventivo. Y si esto es así ¿por qué van retirando a los sacerdotes católicos de los hospitales? ¿No es la fe un derecho y una forma de atención integral?

Se puede hacer un mundo mejor, aportando, con realismo, respeto, aceptación y esfuerzo, un mundo para vivir con salud y paz, con realismo y sin engaño.

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