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GERTRUDE BELL 100 AÑOS

Recorrió a caballo y a camello cientos de km por los desiertos de Oriente medio, escaló altos picos y durmió a la intemperie en su tienda de campaña arriesgándose a los ataques de los drusos y los beduinos. Tomó el té con Lawrence de Arabia, Churchill y trabajó para el gobierno británico y el Foreign Office. Cartografió y trazó mapas y yacimientos arqueológicos no descubiertos hasta ese momento y que aparecerían en los libros. Murió a los 58 años quitándose la vida en su casa de Bagdad donde fue enterrada y todo dos días antes de su cumpleaños, el 12 de julio de 1926. Se llamaba Gertrude Bell, pero los suyos la llamaron la Al-Jatum, la reina o dama noble en árabe. Y lo fue, fue la Reina sin corona de Irak, país que ella creó de las ruinas del Imperio Otomano en aquella provincia de Mesopotamia. Pero nadie la recordó este 2026, ni siquiera en su país natal ha salido un solo artículo que la recuerde y en nuestro país tampoco.

Es triste que el legado de Gertrude Bell haya pasado tan desapercibido y que solo la recuerden los descendientes de los que llegaron a tratar con ella. Allí en Bagdad su tumba yace en el cementerio cristiano de la colonia inglesa, en algunos cafés su efigie en fotos antiguas junto con otras de otros tiempos mejores y en donde el país era seguro, yacen como una ventana de un pasado congelado, que lamentablemente no volverá. Las guerras de los últimos años mermaron su herencia, sobre todo en el Museo Arqueológico de Bagdad, que ella misma ayudó a crear y cuyos departamentos llegó a regir.

Nacida el 14 de julio de 1868 en una familia acomodada Gertrude fue una de las primeras mujeres de su generación en graduarse con honores en historia en la Universidad de Oxford. Perdió a su madre con 3 años y fue su madrastra, quien al leerle las 1.001 Noches, le hizo soñar con ese Oriente lejano y mágico, aprendiendo árabe, persa y turco para conocer mejor esa zona. Fue desgraciada en el amor sin embargo, su mayor deseo de ser madre y esposa le fue arrebatado dos veces. Henry Cadogan, a quien conoció en su primer viaje a Oriente en 1892 cuando vivió en la embajada inglesa en Irán y donde su tío era embajador pudo haber sido el marido soñado, pero la negativa del padre de Gertrude a esa boda hizo que Cadogan se quitase la vida, Gertrude nunca llegó a recuperarse del todo de aquel duro golpe y tardó casi 20 años en volver a enamorarse. Su segundo amor fue el Capitán Charles Doughty-Wylie y cuya historia duró entre 1913-1915. Él estaba casado, pero si hubiera podido divorciarse quizás la historia hubiera sido diferente, una bala otomana en Gallípoli acabó con los sueños de ambos.

Gertrude entonces se encargó de convencer a los británicos de que solo un rey en los nuevos países surgidos tras la caída del Imperio Otomano en la Primera Guerra Mundial podía restablecer el equilibrio en la zona. Y de esa manera logró que los hermanos y Líderes de la Revuelta Árabe de 1917 Faisal y Hussein se convirtieran en los nuevos reyes de Irak y Jordania, trazando Gertrude las fronteras de sus reinos y actuando como Consejera Privada del Rey Faisal, casi siendo una Primera Ministra no oficial.

Esos últimos años hicieron mella en su salud y en su ánimo, sumándose el clima de la zona. Habiendo cumplido el proyecto de su vida sintió que ya nada tenía que hacer en aquel mundo que tanto le había dado pero a su vez arrebatado también. Como le dijo en cierta ocasión un beduino de la tribu de Anazeh; al final de la vida, no hay nada más que el susurro del viento del desierto y el tintineo del camello y Gertrude sintió que había llegado la hora de marcharse. Se acostó y pidió a su doncella Marie que la despertase a las 6 de la mañana, pero nunca despertó y en su mesita encontraron un frasco vacío de somníferos. Fue enterrada con honores de estado y presidiendo el Rey Faisal los funerales.

La monaquía constitucional que Gertrude creó sobrevivió en Jordania, pero no así en Irak. Faisal reinó entre 1921-1933 modernizando el país y manteniendo buen trato con los ingleses, su hijo Ghazi I reinó muy poco tiempo (1933-1939) al morir en un accidente de coche. El nieto de Faisal, Faisal II, reinó casi 20 años (1939-1958) aunque era un niño de 4 años que quedó bajo la regencia de su tío hasta 1953, cuando pudo reinar solo al cumplir 18. El 14 de julio de 1958, el mismo día en que Gertrude hubiera cumplido 90 años, casi toda la familia real fue asesinada en el palacio en un golpe de estado militar que proclamó la república. Faisal II solo tenía 23 años. En aquella carnicería participó un joven oficial de apenas 20 años llamado Saddam Hussein.

Hussein I, rey de Jordania y primo de Faisal II, logró mantener su corona y así ha sido hasta el día de hoy en la figura de su hijo Abdalá II. Alá mediante que sea eterno el reino de Jordania.

Aquel que desee conocer más de la vida de Bell podrá encontrar más detalles en sus dos biografías La Hija del Desierto, la Reina del Desierto y las Damas de Oriente, este último de Cristina Morató.

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