´´Es España que me envía el sol de Granada´´
Sí, aquel 30 de enero de 1853 París amaneció espléndido y con un sol más típico de España que de Francia. Granada le mandaba a su hija predilecta su sol para acompañarla en el día de su boda, el día en que Eugenia de Montijo entró en la historia y pasó a ser su Majestad Imperial al darle el sí quiero a Napoleón III.
La última Emperatriz de Francia nació tal día de hoy de hace 200 años. Para aquellos que son granadinos les mando mis felicitaciones, porque Eugenia al igual que Lorca o Boabdil, forma parte de esa bella ciuda de España, punto de encuentro entre lo occidental y lo oriental al haber sido el último reino árabe antes de la Reconquista de 1492. Eugenia llegó al mundo pisando fuerte la tierra, porque aquel 5 de mayo de 1826 Granada sufrió un gran terremoto y el parto se adelantó unas semanas antes por el susto que sufrió su madre María Manuela, Condesa de Teba.
Siendo niña era vivaz, curiosa y traviesa, rebelde y muy apegada a su padre Don Cipriano, quien le inculcó su amor por la naturaleza, las ideas liberales y su admiración por Napoleón Bonaparte. Desde niña y hasta la muerte de este en 1870 fue muy amiga de Prosper Mérimée, escritor de Carmen y gran admirador de España y el sur de esta. ¿Quién le hubiera dicho a aquella niña que un día llevaría la corona de los Bonaparte sobre su cabeza? He aquí, queridos lectores, para quien desconozca la historia, de que ya desde niña Eugenia sabía que sería un día alguien importante. Soliendo como solía ir a cabalgar con su padre este la llevó un día a los campamentos de los gitanos donde una gitana le leyó la mano y le vaticinó que veía una corona, que sería más que una reina y que viviría casi 100 años. Todo se cumplió.
En su reinado de 18 años Eugenia no fue una emperatriz como lo fueron Josefina o María Luisa. La constitución de 1852 le permitió ejercer de Regente en tres ocasiones. Una en 1859 durante la campaña de su esposo en Italia, la otra en 1865 durante una visita del emperador a Argelia y la última en los últimos meses del II Imperio en 1870 y que terminó con la derrota de este en la Guerra Franco-Prusiana, dando paso a la III República Francesa. Así mismo Eugenia apoyó la intervención francesa en México en 1862 y el fallido intento de establecer allí un Imperio que terminó en 1867 con la ejecución de Maximiliano.
En el plano social fue una auténtica adelantada. Apoyó y financió las investigaciones de Louis Pasteur contra la rabia y su vacuna, creó una condecoración de Legión de honor para mujeres como hizo con la pintora Rosa Bonheur en 1865 y trató sin éxito de que el Senado aprobase una ley del voto femenino. Si consiguió que las mujeres pudieran acceder a las universidades, como Madeleine de Prest y Julie de la Victoire, quienes lograron sus diplomas de medicina y maestría. En el plano industrial acudió en 1869 a Egipto para la inaguración del Canal de Suez, obra de su primo Ferdinand de Lesseps. También intervino para que la escritora George Sand fuera admitida en la Academia de las letras, pero sin lograrlo.
En el plano de la moda revivió la pasión por el estilo Luis XVI y por el estilo de María Antonieta, a quien admiró, y ella misma financió las restauraciones del Petit Trianon y la Malmaison para la Exposición Universal de 1867. Mismamente creó un agua de colonia aún hoy en uso y puso de moda el miriñaque y el corpiño y un sombrero que usarían luego muchas actrices de cine 80 años más tarde.
Su última jugada política fue en 1918 cuando ya viuda y habiendo perdido también a su único hijo logró que Alemania devolviera Alsacia y Lorena a Francia, tras el final de la I Guerra Mundial, escribiéndole personalmente al Ministro Clemenceau.
Fueron casi 100 años los que vivió, pues murió en 1920 a los 94 años en el palacio de Liria, residencia de sus sobrinos y tras haber vivido un siglo de cambios y experiencias, tanto buenas como malas.
Que Granada recuerde y celebre a su hija más predilecta en sus 200 años. Viva Granada y viva la Emperatriz.