Alianza de maquinaciones

Samuel Huntington fue un estudioso de la política de larga trayectoria y obras memorables, aunque es mundialmente conocido por un artículo, después ensayo publicado en forma de libro, el Choque de las civilizaciones, en el cual exponía cómo las distintas civilizaciones o culturas interactuaban y se relacionaban de manera natural, salvo en las líneas de contacto con el Islam, en donde existía una permanente fricción con cada una de ellas. La parte final del trabajo se dedicaba a subrayar la importancia de incrementar las acciones de todo tipo con el fin de dulcificar esa tensa relación que podía dar lugar al choque de civilizaciones; algo que interesaba evitar a toda costa.

La obra ha sido masacrada por articulistas y políticos de izquierda, muchos de los cuales dudo que hubiesen leído la obra, y todo aquel que en una conversación mundana se alinea del lado del buenismo imperante entre la progresía de salón. Y es que es práctico tener a mano algún concepto pseudocientífico para poder darse pisto e incluso desarrollar toda una teoría política. Ese fue el caso de nuestro inabarcable Zapatero y su Alianza de civilizaciones, sacada de la manga para poder, a costa de buenos caudales del estado, que dicen que no son de nadie, ganar méritos durante una temporada en compañía de ese otro campeón de la democracia llamado Recep Tayib Erdogán y compensar el ostracismo internacional que su gobierno sufría. Hoy vegeta en la inconsistencia consustancial a su propio nacimiento aunque proveyendo de un buen salario a Miguel Ángel Moratinos mientras tanto.

Hay otro tipo de alianzas, más sutiles, más profundas y duraderas que la del mediador de Maduro; es la de las maquinaciones ocultas de un cierto tipo de gobernantes en las que hoy vemos a Putin, Erdogán y Netanyahu como campeones de ese nuevo cesarismo democrático que se caracteriza por proceder de estados históricamente seculares, la Unión Soviética, el kemalismo turco y el Israel secular creado por Ben Gurión, para desde esas raíces históricas llevar a cabo una transformación radical de sus países basada en los tres casos en un claro liberalismo económico, con matices, y un retroceso hacia el conservadurismo religioso, ortodoxo en uno, radical sunita en otro, y judaísmo ortodoxo en el último.

Los tres recurren a lo que haga falta para mantener la tensión en sus respectivos dominios con guerras como en Ucrania, autogolpes en Turquía o machaque asimétrico de una Gaza dominada por un Hamás que ellos ayudaron a crear, y con ello consiguen reclutar un electorado entre nacionalista y temeroso del porvenir pero que les sirve para continuar en el poder y, de paso, transformar la sociedad desde un potente disfraz de democracia que, gracias a las tecnologías de la información, cada día se parece más al gran hermano que George Orwell describiera.

Curiosamente, en la reciente guerra de Armenia los tres tenores estaban presentes como proveedores de armamento a las partes y como ganadores del conflicto todos ellos. Ye lo que hay.

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