Al bueno de Artur le habría fallado la flor, mala suerte que le tocase lidiar con los mejores expertos en filibusterismo, a él, precisamente a él que creía ser un auténtico paradigma del filibustero.

Paradojas de la vida, Artur Mas, filibustero mayor del reino, es ninguneado y ridiculizado hasta la extenuación, por la CUP, es decir, por los mayores expertos en filibusterismo que se puedan encontrar en este mundo y seguramente en cualquier otro. Es cierto que el asunto parece darle la razón a la famosa sentencia «Dios los cría y ellos se juntan», pero en este caso, tal encuentro está siendo muy desafortunado para una de las partes: Artur Mas.

Hablando de Artur, vale la pena detenerse en las razones de su descabellada actuación. ¿Qué razón puede empujar a un profesional, que ha superado con creces el nivel que debería alcanzar teniendo en cuenta el valor real de su talento, a suicidarse social y profesionalmente, mientras destruye, sistemática y puntalmente, la materia prima de su propio producto (el partido)?

Bien. Una buena razón podría ser que a ese profesional, en este caso de la cosa pública, se le colocara en la siguiente disyuntiva: en las postrimerías de tu carrera, ¿qué prefieres, jubilarte como un corrupto (trama Pujol…) o como un mártir de la causa independentista? En el caso de Mas sobra decir que se habría decantado por el martiricidio, aunque, eso sí, nunca imaginado tan cruelmente estrafalario. Una cosa es ser mártir y otra es hacer el mayor de los ridículos, además de poner en un auténtico brete no solo a sus acólitos, sino a toda la nación. Por si el tema no fuera complicado, al bueno de Artur le habría fallado la flor, mala suerte que le tocase lidiar con los mejores expertos en filibusterismo, a él, precisamente a él que creía ser un auténtico paradigma del filibustero. Muerto por una sobredosis de su propia medicina. 

Y, claro, para cualquiera, aunque no tenga en el caos su razón de ser y actuar, como puede ser el caso de la CUP, el filibusterismo perpetuo no puede llevar a ningún sitio que no sea caótico, así que, dale que te pego, venga votaciones, para que al final haya un empate, exactamente un empate en el número de votos. Ese empate significa que la CUP no se conforma con lo que le han ofrecido, quiere más o, lo que es la misma cosa, quiere un acuerdo que sea imposible de cumplir. Claro está, para seguir viviendo en el caos.

A todo esto, España asiste a tal despropósito sin saber realmente cómo actuar. Los españoles no llegamos a entender lo que está sucediendo con el sector separatista en Cataluña; se saltan la Ley a la torera, proclaman la independencia, ponen la Autonomía y por ende todo el Estado en manos de un grupo antisistema. Surrealismo en estado puro. Pero, ojo, no podemos olvidar que allí, los que mandan, han logrado colocar a más de la mitad de los catalanes y a todos los demás españoles en una situación muy comprometida. Los separatistas están jugando con fuego; no tengo la menor duda de que, desafortunadamente, el filibusterismo es muy, pero que muy pernicioso para todas las partes. 

En fin, lo menos malo de todo este asunto es que cada día que pasa la ciudadanía es más consciente de lo que son capaces de hacer los líderes separatistas, ciertamente, no tienen parangón… 

Por Rafel Calle

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
A %d blogueros les gusta esto: