La conectividad es una palabra que trae a los asturianos por la calle de la amargura desde siempre, gracias a ella, o mejor a la ausencia de la misma, nuestra tierra fue siempre la última en relación con las invasiones que asolaron la península ibérica. Los romanos, que nos dieron nombre, tardaron en entrar y apenas nos dejaron unos baños en el Campo de Valdés de Gijón antes de que el oro dejase de interesarles; los suevos apenas se bajaron del caballo camino de Galicia; los visigodos solo venían para recaudar y, para fortuna de España, Pelayo derrotó a Al Qama aprovechando las dificultades que el terreno ofrecía a la caballería bereber.

 La conectividad dio un paso gigantesco con la apertura de la Rampa de Pajares en 1884, con sus 63 túneles y sus pendientes casi para trenes de cremallera. Fue un hito de la ingeniería y también una revolución social pues nos abrió al resto de España a la que, hasta entonces, era más difícil viajar que a Buenos Aires o a La Habana. Pero así se quedó y así sigue, hasta que la historia interminable del AVE nos devuelva al mundo actual. Por carretera las cosas corrieron parejas, y hoy aún son necesarios dos  peajes para llegar a la capital de España.

Pero existe otro tipo de conectividad, el de las tecnologías de la información, el de Internet, el de la inmediatez, el que construye la aldea global, el que permite, en muchas actividades, teletrabajar, es decir, desempeñar una actividad económicolaboral a distancia, y ahí Asturias se encuentra, de nuevo, esperando la construcción de una Rampa de conectividad informática que permita, sobre todo al mundo rural, competir en el mundo de hoy.

En febrero pasado anunciaba el Director de Innovación del Principado su intención de conectar con 30 megas a todas las zonas de sombra de la región para antes de final de año y la señora Van der Leyen, Presidenta de la Comisión, viene a socorrerlo pues ha anunciado que de los 140 mil millones de euros de los fondos europeos, aprobados para superar la crisis del covid, 28.000 tienen que dedicarse precisamente a impulsar la digitalización y, dentro de este objetivo general, se define un área prioritaria en el despliegue de la Banda Ancha Rápida, con especial atención a aquellas zonas donde su baja densidad demográfica las hace poco atractivas a la iniciativa privada.

Llegan noticias estos días de forma menuda y continua, como orbayo que empapa lentamente, noticias de centros educativos rurales que aumentan el número de alumnos; de segundas viviendas que, gracias al teletrabajo, pasan a estar ocupadas de forma permanente. Y son precisamente los núcleos rurales, hasta anteayer olvidados, los que son objeto del interés de estos urbanitas empujados por el covid.

Estamos ante la mejor oportunidad para una región que, con el cierre de las minas y la gran industria, lleva años en una clara tendencia depresiva que ahora puede comenzar a revertir, irónicamente gracias al coronavirus.

Versión en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com

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