Carta urgente a Su Majestad, el Rey de España, Don Felipe VI

Carta urgente a Su Majestad, el Rey de España, Don Felipe VI

Estimado Señor:

Permítame que me tome la libertad de dirigirme a Su Majestad, para intentar darle consejos, pues, es bien seguro que está rodeado de gente de valía, de consejeros que, de lo que pretendo hablarle saben más que yo, y debo suponer que, bien que lo tendrán informado.

No obstante, me voy permitir la osadía de recordarle que, España se enfrenta a una profundísima crisis política, social, moral y económica… Y lo que es más importante: de salud que, está causando la muerte de miles de nuestros compatriotas y que, día tras día, está poniendo en riesgo la vida de miles, cientos de miles de españoles. 

Supongo que, Su Majestad, hace ya tiempo que ha llegado a la conclusión de que, como consecuencia de la terrible crisis, el gobierno que preside Pedro Sánchez está poniendo en riesgo la supervivencia de España como Nación. 

Es posible que, tras llegar hasta este párrafo, se diga a sí mismo, Su Majestad, que nada nuevo le descubro que, nada aporto que otros no le hayan dicho. Pero, por favor, le ruego encarecidamente que prosiga y llegue hasta el final del texto (gracias anticipadas, Majestad).

Majestad, coincidirá conmigo en que, el gobierno social comunista de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias es el mejor ejemplo a escala mundial de ineptitud, y que su impericia, su mal hacer, su negligencia, su arrogancia… están consiguiendo que en España no sólo se viva con miedo al presente y desconfianza ante un futuro que, amenaza ruina, sino que también se muera mal, en soledad, sin respeto, inútilmente, sin ni siquiera dársele la oportunidad a nuestros muertos de despedirse de sus familiares y amigos; y menos aún que sean honrados y reciban sepultura como merecen.

El maltrato a los muertos es la penúltima canallada del gobierno que todo lo hace mal y que en cualquier otro país del mundo que, no fuera España habría sido motivo para ser obligado a dimitir o ser expulsado del poder, destituido, cargado de deshonor, vergüenza,…

Majestad, somos muchos los españoles, ya es posiblemente un clamor popular, que consideramos que España está necesitada de una política quirúrgica de urgencia (nunca mejor dicho, teniendo en cuenta la terrible crisis de salud pública que padecemos), España necesita que, un “cirujano experimentado” emprenda una profunda regeneración, regeneración que debería ir más allá de pequeñas reformas que, se limiten a apuntalar el sistema, sin ir a la raíz de los problemas; e incluso, ya metidos en faena, España está urgentemente necesitada de iniciar un periodo “reconstituyente”…

Pero, volvamos a la actualidad, a lo más prioritario: es evidente que, el actual gobierno que preside Pedro Sánchez, en lo único que está ocupado es en hacerse propaganda, tapar sus vergüenzas y salir en las televisiones para hacer mítines kilométricos, a la manera de Fidel Castro; y mientras siguen aumentado el número de infectados y el de muertos por el coronavirus, de vez en cuando publicitan “ocurrencias”, a cual más creativa, menos meditada, sin objetivos claros, ni plan de ninguna clase para ser desarrollados en el tiempo.

Es evidente, Majestad, que los españoles no estamos en las mejores manos; quienes forman parte del “gabinete de crisis” creado, supuestamente con la intención de frenar y vencer al coronavirus, no son los mejores, ni los más sabios, ni los más experimentados, tanto los “responsables” de velar por la salud y la vida de nuestros compatriotas, como los encargados del orden público; y menos aún quienes se encargan de lo relativo a los dineros, a la compra de material sanitario y equipos de protección, a los tests para pruebas diagnósticas, o a la contratación de bienes y servicios diversos, y algo también importante: a evitar que se malgasten recursos, que se despilfarren dineros, que se malversen fondos públicos…

Permítame, Majestad, que tenga otra osadía más, y le solicite, le ruegue que dé un paso al frente, y ejerza de Jefe de Estado, con contundencia y sin complejos. Puede, Señor, estar seguro de que los españoles se lo agradeceremos infinito. 

Es urgente que, Su Majestad (si es que cuando le llegue mi carta aún no lo ha hecho) se ponga en contacto con los españoles decentes, que haberlos es de suponer que haylos, en el Congreso de los Diputados y les proponga que destituyan al gobierno de Pedro Sánchez y, tras una moción de censura, nombren a un gabinete de salvación nacional, a ser posible presidido por un “hombre bueno”, un “Cincinato” que, no busque su interés ni su beneficio personal y que con certeza no tenga la tentación de abusar del poder, ni perpetuarse en él, y que se rodee de personas de demostrada experiencia de gestión.

Majestad, es evidente que, Pedro Sánchez y compañía no tienen intención de echarse a un lado y menos de dimitir, es imprescindible que, Su Majestad, como máxima autoridad del Estado intervenga para que se les destituya, y para que el Congreso de los Diputados nombre a un gobierno de salvación nacional, integrado por gente decente, preparada, expertos en lo prioritario en estos terribles momentos: la salud. Este nuevo gobierno debería emprender sin demora una campaña para “testar” a todos los españoles, hacer pruebas diagnósticas a todos los españoles sin aplazamientos, para saber de una vez por todas cuántos de nuestros compatriotas están en un grado u otro, infectados por el coronavirus, y a continuación aplicar el plan de choque que sea necesario, para evitar que siga aumentando el número de muertos y de contagiados.

Majestad, Pedro Sánchez y su tropa se pusieron a caminar, hace ya casi cuarenta días, por un sendero desconocido, sin saber a dónde conduce, lleno de obstáculos, tropiezan constantemente en una piedra tras otra, e incluso da la impresión de que han acabado haciéndose amigos de algunas de las piedras, y, a pesar de saber que han tomado el camino equivocado, siguen empeñados en seguir adelante, a sabiendas de que conduce al abismo, a la ruina de España y de los españoles, y que en el camino dejarán muchos muertos; y mitin tras mitin pretenden engañarnos, convencernos de que, más tarde o más temprano, encontrarán una desviación que, les permita ir hacia donde supuestamente pretendían… cuando lo lógico hubiera sido, desde el primer momento que se pusieron a dar palos de ciego, tener la humildad de reconocer que estaban en el camino equivocado, retroceder y tomar el buen camino.

La arrogancia de Pedro Sánchez y sus secuaces ya no les permite retroceder o apartarse a un lado y ceder el testigo a otros más sabios, decentes y menos ineptos, por el contrario, continúan falsificando estadísticas, soltando medias verdades, zafios embustes, ocultando datos en sus paripés de ruedas de prensa, o mítines sabatinos.

Bien, retomemos la urgencia de que el Congreso de los Diputados destituya a Pedro Sánchez y nombre a un gobierno de salvación nacional.

Ese gabinete también deberá encargarse de la post-crisis de salud pública e hincarle el diente a la catastrófica situación en que, inevitablemente, quedará nuestra economía. A nadie medianamente informado se le escapa que, España necesitará ser rescatada económicamente, y evidentemente, con los actuales gobernantes, las autoridades de la Unión Europea no lo harán, pues saben sobradamente que no son los más indicados para salir del atolladero. Supongo que no hacen falta muchas explicaciones, Majestad.

Si lo que se pretende, una vez superada la pandemia del coronavirus, es volver a poner en marcha nuestro sistema productivo, y crear riqueza; poner a España en el camino de lograr un desarrollo sólido y perdurable (“sostenible” lo llaman ahora), es imprescindible promover la salud de las instituciones “democráticas”, y evitar/erradicar situaciones de dependencia asistencial, de clientelismo-servilismo, “estómagos agradecidos”, servidumbres más o menos voluntarias.

Majestad, también es necesario acabar con la situación –crónica- de absoluto desprecio hacia el orden legal que, se viene practicando en España desde hace ya demasiado tiempo, por parte de quienes nos mal-gobiernan, que consideran que la ley es apenas un traje que se ajusta a su gusto y medida.

Majestad, otra premisa imprescindible es que el nuevo gobierno, de salvación nacional, habría de estar obligado a no usar de forma arbitraria el presupuesto, y por supuesto, a no despreciar de ningún modo la legalidad vigente, o boicotear la seguridad jurídica; de modo que se evite espantar las inversiones, ya sea de españoles o de emprendedores extranjeros, y por el contrario, recibirlas con los brazos abiertos. Es la única manera de poner a España, y a los españoles, nuevamente en el camino del bienestar y del crecimiento,… Es imprescindible que, el gobierno de salvación nacional sea un gobierno previsible, para que acabe infundiendo confianza.

Majestad, el gobierno de salvación nacional, también habrá de tener como objetivo recuperar e implantar “la excelencia” en todos los ámbitos y facetas de la vida, para lo cual hay que empezar por rescatar a quienes a lo largo de muchas décadas han sido expulsados o han desertado debido al proceso que tan acertadamente describía Joaquín costa hace ya más de un siglo: “en el actual régimen los más capaces y los mejor preparados son apartados, es la postergación sistemática, equivalente a la eliminación de los elementos superiores de la sociedad, tan completa y absoluta que, el país ni siquiera sabe si existen; es el gobierno y dirección de los mejores por los peores… España es una meritocracia a la inversa. El régimen selecciona a los peores y prescinde de los mejores individuos, de las personas componentes de la sociedad española… sólo triunfan los peores…”

Majestad, sería una estupidez por mi parte afirmar que Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y demás inútiles y malvados que forman el Consejo de Ministros, o la legión de asesores y altos cargos que actúan siguiendo sus directrices (incluyendo los “periodistas” que hacen de trovadores y aduladores), han sido quienes han  creado el coronavirus y lo han expandido hasta convertirse en pandemia. Pero, de lo que sí son responsables, es de que España se haya convertido en un matadero de ancianos. Indudablemente -¿alguien lo duda a estas alturas?- el que España ostente el terrible record de poseer el mayor número contagiados y muertos del mundo por cada millón de habitantes, es resultado de la inacción, la negligencia criminal y de la acción del gobierno que encabeza Pedro Sánchez, que antepuso sus intereses y los de su partido (y los de sus socios de gobierno) a la salud de los españoles.

Majestad, si se pretende que España sea un Estado de Derecho, las fechorías de Pedro y Pablo y sus cómplices, no puede quedar impunes. Es imprescindible actuar como cuando en España existían los llamados “Juicios de Residencia”.

Aunque supongo que Su Majestad sabe a qué me estoy refiriendo, no obstante, me voy a tomar la libertad de recordarle en qué consistían los “Juicios de Residencia”:

Eran instituciones jurídicas que tuvieron gran importancia en la gestión política, la supervisión y el control de los empleados públicos que desempeñaban sus funciones en todo el territorio del Imperio Español

El juicio de residencia era propio del derecho castellano, aunque, inspirado a su vez en el derecho romano tardío, fue introducido por Alfonso X el Sabio en las Partidas. Era un procedimiento judicial mediante el cual funcionarios de cierto rango (Virreyes, Presidentes de Audiencia, alcaldes y alguaciles) eran juzgados por su actuación en sus funciones de gobierno, tratando de ese modo de minimizar y evitar posibles abusos y corruptelas en el uso de su poder. Dicho proceso se realizaba al finalizar su mandato, al acabar el ejercicio de su cargo, y era ejecutado normalmente por la persona que le iba a sustituir. En el “Juicio de Residencia” se analizaba detenidamente con pruebas documentales y entrevistas a testigos el grado de cumplimiento de las órdenes reales y su labor al frente del gobierno. La investigación y la labor de recabar pruebas e información las realizaba un juez elegido por el rey en el mismo lugar, encargado de reunir todos los documentos y de realizar las entrevistas.

La “residencia”, que es como acabó llamándose para abreviar, era un evento público de enorme trascendencia que, se pregonaba a los cuatro vientos para que toda la comunidad participase y tuviese conocimiento del mismo. Estaba compuesto por dos fases: una secreta y otra pública. En la fase secreta el juez interrogaba de forma confidencial a gran número de testigos para que declararan sobre la conducta y actuación de los funcionarios juzgados, y examinaba también los documentos de gobierno. Con toda esta información el magistrado redactaba los posibles cargos contra los residenciados. En la segunda fase, la pública, los vecinos interesados eran libres de presentar todo tipo de querellas y demandas contra los funcionarios y estos debían proceder a defenderse de todos los cargos que se hubiesen presentado en ambas fases del proceso.

Posteriormente, el juez redactaba la sentencia, dictaba las penas y las costas y toda la documentación del proceso era remitida al Consejo de Indias, o a la Audiencia correspondiente para su aprobación. Las penas a los que se castigaba a los enjuiciados eran multas económicas que llevaban aparejadas la inhabilitación temporal o perpetua en el ejercicio de cargo público.

Los juicios de residencia funcionaron hasta que fueron derogados por las Cortes de Cádiz de 1812. Es muy sorprendente que fueran los liberales los que eliminaron una herramienta tan potente para el control de las corruptelas y abusos políticos de los gobernantes.

Y, ya para no pecar de lo mismo que Pedro Sánchez, con sus mítines sabatinos, voy a ir terminando, para evitar robarle más tiempo; no puedo finalizar sin recordarle que ya no hay excusas posibles para que los guardias civiles, los policías, los soldados, los médicos, los enfermeros, etc. sigan trabajando sin protección; tampoco las hay para los trabajadores por cuenta ajena y los autónomos a los que se ha condenado a la ruina, y menos para las miles familias españolas que han perdido a algún familiar.

Si queremos que España sea un país decente, se debe aplicar aquello de “quien la hace la paga”.

Majestad, le vuelvo a reiterar que padecemos una situación de absoluta “emergencia nacional”, y que es imprescindible que Su Majestad, nuestro rey, Felipe VI, dé un paso al frente, y ejerza de Jefe de Estado, con contundencia y sin complejos. Los españoles lo agradeceremos. No dude, Señor, de que será enormemente aplaudido y apoyado por la mayoría de la población española; pues, sin duda alguna, España necesita un “golpe de timón”, un cambio de rumbo, sin complejos, frente al desbarajuste que sufre la nación española, un caos de tal magnitud que cada día es más necesaria, urgentísima, una profunda –radical- respuesta democrática, una política regeneracionista, dejando a un lado insensateces, indecisiones o actitudes timoratas… 

Su Majestad es la única esperanza que le queda a España para ser salvada como nación, y para que retomemos el buen camino y finalmente nos homologuemos con los regímenes políticos más avanzados y las naciones más prósperas de nuestro entorno cultural, político, económico.

Atenta y respetuosamente:

Carlos Aurelio Caldito Aunión.

Badajoz.