De consiglieres y spin doctors

Sant’Adrea in Percusina es una pequeña aldea que se encuentra en el antiguo camino de Florencia a Siena, y que, en la actualidad, pasa desapercibido para los turistas y viajeros que con toda rapidez se deslizan por la cercana autovía que une estas dos magníficas e históricas ciudades de la Toscana italiana. En el Renacimiento, cuando Florencia iluminaba al resto del mundo y los Medici ejemplificaban el arte de gobernar, existía una fonda con tasca en la que los viajeros descansaban antes de seguir viaje y, tal vez, contaban al ilustre vecino que por allí se dejaba caer cómo iban las cosas por la ciudad de Dante. Nicoló Machiavelli pasó allí varios años desterrado por haberse alineado con el fraile Girolamo Savonarola durante el gobierno republicano de éste iluminado dominico, algo que los Medici no olvidaron cuando recuperaron el gobierno de la ciudad.

La antigua casa del pensador es hoy un pequeño museo en el que llama la atención una ventana desde la que puede apreciarse, a lo lejos, la cúpula y el campanile del Duomo florentino. Florencia, tan cercana y tan prohibida para Machiavelli, debió ser motivo de profunda melancolía y también, afortunadamente, acicate para la escritura de una obra imperecedera de la ciencia política, El Principe, -solo comparable al Arte de la prudencia de Baltasar Gracian-, con la que el escritor pretendía ganarse el favor del señor de la ciudad para poder retornar a ella. En ella puede hallarse un compendio de consejos para el eficaz gobierno de los reinos y repúblicas del aquel entonces y que hoy, dicen, sigue siendo libro de cabecera no ya de príncipes o gobernantes, sino de sus Spin Doctors, que es el anglicismo con el que se conocen a los modernos consejeros de aquellos que tienen la responsabilidad de gobierno.

En nuestro país el consigliere por excelencia parece ser Ivan Redondo, al que se le atribuyen todas las salsas que aderezan el menú político de nuestro presidente de gobierno, todo parece nacer, según los analistas políticos, de su mente perversa, para algunos, o clarividente para otros. Aunque quizás solo sea maquiavélica. En todo caso, es este un puesto que desde los tiempos del mítico Ton Hagen, aquel que susurraba a los oídos del Padrino, parecía haber desaparecido y que ahora, podemos encontrar muy bien descrito en Borgen, una serie que retrata el juego partidario y lleno de trapacerías que se desarrolla en una ficticia Dinamarca. Es como si el arte de la política se empeñase en entrar incluso en nuestro tiempo de ocio familiar.

El último resurgir del consigliere viene de la mano de Miguel Ángel Rodríguez, MAR, que ya fuera susurrador de un joven Aznar en su triunfal camino  de Valladolid a Madrid y que, tras años de ostracismo, como Machiavelli, parece retornar como acompañante Spin Doctor de la rutilante estrella madrileña Isabel Díaz Ayuso. Quizás lo veamos regresar triunfal a la Piazza della Signoria. Quién sabe.

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