Hablemos de la escuela Napólnaya en donde estuvieron presos el Príncipe Vladimir Paley Romanov, la Gran Duquesa Isabel hermana de la emperatriz Alejandra, la Hermana Bárbara Yákovleva, los Príncipes Ígor, Iván y Constantino, el Gran Duque Sergio Mijáilovich Románov y su secretario Fiódor Semiónovich Rémez. Desde esa escuela, convertida en su prisión, salieron camino de la muerte.

Desde hace 2 años he sabido que mi buen amigo el escritor Jorge Francisco Sáenz, autor de Un «Poeta entre Los Romanov», libro del cual, y de cuyo protagonista ya hablé, está tratando de que el recuerdo de las víctimas de esta masacre tenga el homenaje que se merece y hasta hace poco pudo ser así, pero por desgracia el proyecto se ha paralizado debido al fallecimiento del abogado y amigo del señor Sáenz allá en Rusia y quien se encargaba de gestionar todo el asunto.

Como bien sabrán Vladimir Paley, destinado a ser un gran poeta, murió asesinado el 18 de julio de 1918 y su cuerpo fue arrojado junto con sus primos y tía y la monja a una mina. Posteriormente se recuperaron y llevaron a una misión ortodoxa en Pekín en donde se enterraron, hasta que esta fue destruida en 1967 por la Revolución Cultural de Mao, pero los cuerpos siguen ahí, en un parque al lado de un aparcamiento sin tumba ni homenaje alguno, exceptuando los cuerpos de la Gran Duquesa Isabel y la Hermana Bárbara que se enterraron en la Iglesia Ortodoxa de Santa María Magdalena, en Jerusalén. Los otros 7 restantes deben recuperarse y ser enterrados en Rusia acorde a su rango de miembros de la Familia Imperial.

Pido por favor a mis humildes lectores y a los directores de la HMNE que, en un futuro, si es posible, contribuyamos a que este homenaje se haga y que el Museo, tal y como debe ser, abra sus puertas venciendo así a la opresión que creyó ganar a los Mártires de Alapáyevsk. Porque ellos y no los bolcheviques fueron quienes ganaron.

No puedo entrar en cuestiones económicas ni monetarias, pero solo pido que la conciencia y la justicia histórica nunca se queden por el camino. Todos nos lo debemos y a las futuras generaciones mismamente.

*Imagen © Romanov Legacies

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