Para los que creemos sensatamente en unos ideales y nos hemos afianzado a unas convicciones, no debe quedar inadvertido en este día, la presencia de aquellos Soldados de los Ejércitos de España, que nos contemplan desde el cielo.

Hombres y mujeres de todas las épocas revestidos de esplendor y plenamente satisfechos, al vislumbrar junto a otros tantos, que el destino de la Patria común permanece indemne. Almas con elevada representación en las páginas ilustres de la historia de España, consagradas por completo en el desempeño del deber. 

Todos, sin distinción, en esta evocación que realizamos de cuántos hicieron ofrecimiento a sus vidas al servicio de España, merecen el mayor de los respetos unido a la memoria. 

Del mismo modo, a sus familias, el amparo perpetuo y sincera gratitud.

Pechos colmados de amor Patrio que ofrendaron el destino, en la que crudamente la historia le fue despojada, mientras que, a otros, les aprisionó la desdicha. Como de la misma manera, a algunos, la semblanza le quedó extinguida en la solicitud prudente y silenciosa de las funciones diarias.

Conciencias adheridas en la senda ilimitada de los tiempos, hoy presente e inmortalizado en la figura sublime que encarna a ese Soldado, Siempre Solícito de los Ejércitos de España. 

Hombre de armas, excelso y justo elemento que hacendoso no tiene precio, atributo cardinal incesantemente expectante que como centinela avanzado custodia con maestría la Soberanía Nacional. 

Antecedente preliminar para encomiar lo que solemnemente conmemoramos en los camposantos de la geografía española e incluso fuera de ella. Punto de encuentro que se torna en santuario de peregrinación para ir en la búsqueda de corazones empeñados, que tiempo atrás, combatieron con audacia, se emplearon con honradez y perecieron con arresto hasta entregar el don más preciado que tenían, la vida.

Acto majestuoso en la recapitulación del Día Oficial de los Caídos por la Patria, ensalzado con elegancia para testimoniar y encumbrar un designio que es parte de todos. Expresión rigurosa como consabidamente se contrasta en los actos castrenses, que en esta jornada permanece viva e incandescente.

Ejercicio sencillo iniciado a las doce de la noche del día 2 de noviembre, instante en el cual, la Bandera Nacional como garante del culto solemnizado, es izada meticulosamente a media asta en las bases, acuartelamientos y establecimientos de la Plaza. 

Conjuntamente a lo mencionado anteriormente, amén de entonarse el Himno de Homenaje a los Caídos por la Patria, es recitado tal como reza el texto: “Lo demandó el honor y obedecieron, lo requirió el deber y lo acataron; con su sangre, la empresa rubricaron, con su esfuerzo la Patria engrandecieron”.

Por lo tanto, esta ceremonia encomiable pretende reunirnos con recogimiento ante los episodios acaecidos en la historia de los Ejércitos de España, acercándonos vehementemente ante los monumentos, panteones, mausoleos o nichos que irradian el recuerdo duradero de una memoria inextinguible imposible de olvidar.

Unos minutos renovados frente al pasado hasta quedar envueltos en quietud y entremezclarse mansamente con el olor de crisantemos, gitanillas o petunias, contenidos con un nudo en la garganta y el eco esplendoroso que instantes más tarde se hacen unánimes con el hálito de la oración colectiva. 

Plegaria sellada con tres versos que recuerdan a nuestros queridos compañeros que hago mías: “No quisieron servir a otra Bandera, no quisieron andar otro camino, no supieron vivir de otra manera”. En último lugar, este rezo queda engrandecido con la lectura de significación por parte del Sr. Delegado Episcopal Castrense y Jefe del Servicio de Asistencia Religiosa de la Comandancia General de Ceuta.

De ahí, que nos encontremos ante uno de los preceptos más arraigados de los pueblos de España, que a todas luces se haya impregnado con el espíritu de cuerpo. Símbolo inalterable a modo de ofrenda avivado con la generosidad de todos, que nos avecina a identidades que lo dieron todo por la Patria.

¡Soldados de los Ejércitos de España, desprendidos con pasión!, que lucharon con determinación para entregarse con bravura y enarbolar a la madre libertad. 

Han sido nada más y nada menos que decenas, cientos y miles de personas sin las que no hubiésemos podido alcanzar la prosperidad que disfrutamos. Protagonistas de heroicidades en los indicios de la analogía de España, inspiradas en relatos inducidos a los logros en los modos y maneras de convivir.  

Si bien, aunque el paso del tiempo lo soslaye, todos persisten vivos como caballeros del futuro, su patrimonio no ha sido otro, que la dignidad por hacer visible la Insignia Nacional. 

Iniciales plasmadas en nombres acompañadas de apellidos para ser rememorados como merecen, que en esta jornada serían infinitos a los que hacer mención. 

Póngase el acento a leoneses, castellanos, aragoneses o navarros entre algunos, que entendieron con cordura la herencia que nos pretendían arrebatar. 

Consecuentemente, es imposible caer en la cuenta de cuántos nos dejaron en escenarios tan complejos. Tal vez, porque el paso de los tiempos se hace insalvable a las aspiraciones de los hombres. 

A pesar de ello, todos sin excluir a ninguno, descansan como figuras celestiales. 

Prueba de ello lo refiere el eco irrefutable que aún dura del atrevimiento, audacia y temple que supieron emplear ante los numerosos enemigos declarados. Su argumento continúa vivo y solo si lo relegamos en el olvido, quedarán marchitos para siempre. 

Pero por el contrario, mientras persistan como parte inseparable de la memoria viva de España, seguirán figurando como héroes que se dieron sin pretender nada a cambio. Abnegaciones legítimas que han alumbrado un proyecto motivado para adueñarnos de la Soberanía Nacional. 

Un molde excepcional transferido para un triunfo hecho colectivo y el deleite de la liberación. 

Una sociedad que con reverente silencio admira el Día de los Caídos por España, interpretando el papel esencial que conjugan las Fuerzas Armadas, asumiendo importantes esfuerzos y extremas dificultades, aun sabiendo que no tienen la exclusividad puesta en ello. 

Sin embargo, sus principales activos que lo adornan con impecable disciplina, lo asumen con talante ético y moral, respaldando justamente valores de tiempos distantes. Admitiendo competentemente, misiones en operaciones de paz y humanitarias con las que replicar todo tipo de escenarios que pudieran inquietar a España y a nuestros aliados. 

Peculiaridad que nos lleva a creer que la España actual, tanto dentro como fuera de los límites de nuestro entorno, no podría concebirse sin la contribución diligente y resolutiva de tantísimas personas adaptadas a los retos y desafíos de su tiempo y en beneficio de las libertades que exhibimos.

Disposición fraguada que conlleva poner en peligro el don más preciado, admitiendo el desenlace empeñado a toparse con la muerte más insospechada. 

Una jornada en la que Ceuta fusionada al conjunto de las regiones españolas, se reviste de plegarias junto a rogativas para admirar con distinción a las Unidades que tejen la Comandancia General de esta Guarnición. 

Entidadesmilitares dispuestas a cristalizar un ejercicio íntegro cargado de vivacidad y fuerza ante los numerosos sepulcros, tumbas, criptas o fosas que ennoblecen a cuantos perecieron por el bien de España. 

Ornato de un rito regio que irremisiblemente arrastra al conjunto de la ciudadanía española. 

Con ello, nos preparamos a implorar una oración que hacemos acorde en el espíritu marcial, embargándonos emocionadamente al recapitular entre algunos de tantos, a los fallecidos en la Guerra de África o aquellos que perecieron tristemente en tragedias recientes.

Mientras tanto, prosiguiendo con el ritual, ante la llamada exclusiva del cornetín de órdenes tras el toque de oración, los banderines se hacen reclinar al compás de “La Muerte no es el final”. Expresión fusionada que se prende y no se extingue, tal como arden los pebeteros desde tiempos inmemoriales, tras depositar la autoridad competente la corona de laurel. 

Instante preceptivo como el vivido en este día, adherido a la efervescencia de compartir desdichas que elocuentemente se contrastan con nostalgias del ayer. 

Intervalo inconfundible como accesible para arrinconar las posibles divergencias de criterio que pudiesen confluir, poniendo en antecedente sentimientos y valores de una historia acentuada en la tipificación del Ejército con su Pueblo y del que ineludiblemente forma parte y sirve.

Una oportunidad como la evocada ahondada con tributo en la memoria colectiva, dando razón de ser a cuántos nos dejaron, sin hacer distinciones. Poniendo en valor la Bandera, que a toda costa acompañaron. 

Una Bandera roja y gualda que manifiesta la fusión de los pueblos de España, englobando la pluralidad que nos complace. Aunando lo que es propio de cada ciudadano de pleno derecho, dando voz a los valores superiores enmarcados en la Constitución.

No cabe duda, que las muestras plasmadas a lo largo de las efemérides de los Ejércitos, nos ilustran más que los alegatos o crónicas probadas. Con esta visión, si no nos adentramos en profundidad y reportamos a la luz a quiénes por Ella entregaron verdaderamente el alma, sería difícil por no decir imposible, interpretar a Nuestro Estado como Patria.

Tal vez, dicha conmemoración sea un espacio propicio en el que nos satisfacemos por identificar un dietario sucinto de esplendores, aunque también cegado de sombras. Sucesos sometidos a preeminencias que finalmente han quedado ajustados a relatos asumidos con responsabilidad. 

Jornada de cielo raso para aproximarnos palmo a palmo ante el crisol que ambicionó la construcción de la España que hoy somos. Aunque luctuosamente afloren disputas encarnizadas y daños incuantificables que a pesar de los tiempos cumplidos, han dejado heridas abiertas.

Hombres y mujeres complacidos ante la Madre Patria, sabedores que han formado parte del linaje en el pasado, reapareciendo con un suspiro que nos fortalece y nos la entrega con el buen ejemplo. Instantánea de un encuentro intrínseco que se hace efímero, donde reposa la perseverancia en la definición de un Territorio constituido, libre y plenamente soberano. 

Encumbrar en este día a un sinnúmero de hijos entregados de lleno por ideales comunes, forma parte de una tarea inexorable en la que nos sentimos plenamente orgullosos. Por eso al incorporarnos ante el juicio crítico que ello ha conllevado, tributamos y reavivamos las perspectivas del mañana, inmortalizando a quiénes se dedicaron con exclusividad por razones de Estado.

¡Soldados de los Ejércitos de España! que desde los albores hasta nuestros días se debatieron entre la vida y la muerte y a los que les debemos sin excusas, la estima y el agradecimiento infinito. 

Restos humanos ante el raciocinio de constituirse en el veredicto eterno de Dios, convertidos en polvo para hacerse aún más visibles en la contribución al servicio de España. Evocación que nos aferra e induce al deber de confiar en aquellos que nos precedieron, para avistar progresivamente un presente de anhelos compartidos. 

¡Caídos por España, que ni mucho menos pretendieron imponerse a la fuerza con las armas! Sino que, por el contrario, nos brindaron con réplicas de ímpetu, honestidad y talla moral con la premisa de descifrar los empeños sumatorios. 

Sin duda, este homenaje nos identifica con la Madre Patria que apaleamos, en la que nos hemos forjado y con honor representamos. Quizás, cabría preguntarse, si estaríamos a la altura de las almas que insistentemente nos miran desde el cielo y que con brío nos encaran ante lo que aún queda por obrar. 

Sin embargo, caemos en la cuenta de las rupturas sociales que nos amenazan y que con firmeza apelamos.

Luego entonces, ¿seríamos capaces de simplificar o al menos apocar las discrepancias habidas de manera positiva, protegiendo a ultranza el Estado Social y Democrático de Derecho? ¿Estaríamos dispuestos a tutelar la pluralidad cultural sin perder de vista ni un solo instante la Unidad Territorial? 

Argumentos que nos retienen en el curso con la ceremonia del Día de los que dieron su vida por España, enfatizándose los esfuerzos aunados para que España persista a los ojos del mundo como la Nación que actualmente representa.

Soldados de los Ejércitos de España en la encomienda perdurable de este País, ¡ni mucho menos habéis quedado excluidos! Siendo vuestro ofrecimiento la súplica que hacemos conjunta por el reposo eterno, más el sincero agradecimiento por las incalculables iniciativas largamente materializadas en la historia de la humanidad. 

Consagración unánime a tan primoroso servicio póstumo obsequiado con la propia vida, que nos emplaza a concretar, si ello fuese preciso. 

Declaración universal puesta en valor al débito colectivo que es propiedad del Reino de España, quedando refrendado con la conquista de valores y principios en los que se cobija el marco patriótico. 

Reavivándose la afinidad y entereza con el empeño de servicio que los Soldados de todos los tiempos, hoy nos insufla.

Publicado en el ‘Diario de Información Autonómica el Faro de Ceuta’ el día 2/XI/2017

© Fotografía: National Geographic de fecha 26/X/2017.

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