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HISTORIA

HABLEMOS DE NEPAL E IRAK

Quiero que ahora salgamos de España y centremos nuestras miradas en dos países que es posible que en los próximos meses escriban un nuevo capítulo en su historia. Comparten muchas similitudes al estar en una tierra tanto bella como duramente castigada en los últimos 60 y 30 años. Irak y Nepal, uno en el Oriente Medio y el otro en el extremo Oriente Asiático.

El país de la nieves, que limita con el Himalaya, la ruta de muchos peregrinos budistas o exploradores como la célebre Alexandra David Nell que llegó hasta Lhasa, la capital del Tibet , y que consiguió mantener cierta autonomía respecto a la India Británica, surgió como tal en 1768 cuando se fundó el Reino de Nepal una vez que el Rey Prithvi Narayan logró unificar el país. Pese a esto, Nepal estuvo cerrado a las potencias extranjeras, lo que dificultó su desarrollo, anclándolo en un estado Hindú y feudal.

En los años 50 se dieron leves pasos a la democracia, pero el país a diferencia de otros de la zona, estaba marcado por una gran brecha social, política y económica. La recién fundada República Popular China hizo temer además la expansión del comunismo en la zona, por lo que en 1960 se abolió la constitución y el país se mantuvo en el absolutismo de facto.

La llegada del Rey Birendra en 1972 marcó la transición de profundis y el país empezó a modernizarse, legalizándose algunos partidos políticos como el comunista. En 1990 Nepal se convirtió en una monarquía constitucional aprobada por referéndum. Pero la presión en el Congreso por parte del partido nepalí, fiel al Rey, y el comunista que exigía un cambio radical, hicieron que la situación del país empeorara. Muchos miembros del gobierno estaban marcados por casos de cleptocracia y corrupción lo que hizo aumentar la furia de la población, a ello se le sumó el lujo extremo en el que vivía la familia real.

En febrero de 1996 los maoístas nepaleses apoyados por China iniciaron una insurrección, estallando la Guerra Civil que duraría hasta 2006 y que se cobraría la vida de 12.700 personas.

En mitad del conflicto tuvo lugar entonces la Masacre Real de 2001, en el que casi toda la familia real fue asesinada en el palacio por el Príncipe heredero Dipendra, después de que este se hubiera drogado y emborrachado en exceso y la hubiera emprendido a disparos contra sus familiares. Las víctimas fueron un total de 10, incluyendo a Dipendra que se suicidó.

El Rey Birendra

La Reina Aishwarya

El Príncipe heredero Dipendra

La Princesa Shruti

El Príncipe Nirajan

El Príncipe Dhirendra, hermano del Rey

La Princesa Shanti, hermana del Rey

La Princesa Sharada, hermana del Rey

El Príncipe Kumar, marido de la Princesa Sharada

La Princesa Jayanti, prima del Rey

A día de hoy sigue sin saberse el motivo y surgieron dos teorías. La primera fue que el propio hermano del Rey, el Príncipe Gynaendra había organizado la masacre, lo cual se discute dado que él estaba en el comedor cuando la masacre tuvo lugar, y logró escapar junto con los 4 restantes supervivientes por el jardín. La otra teoría fue una depresión profunda que el Príncipe Dipendra padecía al haberse negado su familia a que se pudiera casar con su novia, la cual era de orígen humilde y sin sangre real.

La muerte de casi toda la familia real provocó una fuerte crisis en el país. Gynaendra se convirtió en Rey, pero no fue querido, y a ello se sumó la represión de su gobierno contra la población. En 2005 el Rey disolvió el parlamento y la constitución, sumando apoyos a las guerrillas comunistas. En 2006 la guerra finalizó con un acuerdo de paz entre los dos bandos, pero el precio a pagar era convocar elecciones, un gobierno provisional de transición y la abolición de la monarquía, lo cual sucedió el 28 de mayo de 2008. A la familia real le fue permitido permanecer en el país, residiendo en un palacio a las afueras de Katmandú.

Pero 13 años después, esta República Federal de corte socialista en donde solo ha gobernado en su mayoría el antiguo partido comunista nepalí, ha llegado a un punto de no retorno y de hastío por parte de la población. ¿Motivo? Desilusión. No ha habido apenas cambios, y la laicidad estatal ha provocado una ola de furia masiva entre los creyentes hindúes. A ello se le suma la represión de la propia policía. La actual constitución tardó 7 años en aprobarse tras la abolición de la monarquía, a ello sumándole la alta taza de pobreza, los desastres climáticos y la crisis del COVID19 en un país que vive en su mayoría del turismo no es de extrañar la situación vigente.

Las generaciones más jóvenes se han vuelto en contra de este sistema de gobierno y desde finales de noviembre del año pasado reclaman en diversas manifestaciones el regreso del Reino de Nepal.

Hay países en donde creo, sinceramente, que no funcionan ciertas clases de sistemas. Nepal es uno de ellos. Tradición pesa más que modernidad, a ello sumándole la importancia de la religión en un país, que como la India, es hindú en su mayoría.

Estas manifestaciones monárquicas no son por separado, van a una todos sus miembros. Les ha unido la religión, el nacionalismo y el amor regio a sus antiguos gobernantes. La presión hizo que en diciembre se disolviera el gobierno y se convocaran elecciones en marzo de este año.Las elecciones son entre el 31 de marzo y el 10 de abril y los presentados son los antiguos comunistas y los monárquicos ¿Habrá un retorno al antiguo reino de las nieves? Solo los Dioses del Panteón Hindú podrán decirlo a su tiempo.

Y trasladándonos ahora a Irak, este pasado día 20 de febrero el Príncipe Sharif Alí Ben Hussein compartió en la televisión nacional iraquí su descontento con el sistema que rige su país y dijo que solo la restauración de la monarquía hachemita (la Casa Real que reina en Jordania también) podía salvar a Irak, pues según sus palabras, el sistema va a colapsar.

Ya hablé del Reino de Irak y de su último Rey Faisal II, que fue asesinado el 14 de julio de 1958 con casi toda su familia, poniendo fin a un período de estabilidad en Irak y trayendo consigo las dictaduras panarabistas que acabarían desembocando en la cruenta y sanguinaria de Saddam Hussein. Cuando en 2003 este fue derrocado se barajó volver al sistema anterior a 1958, pero finalmente se dejó de lado, craso error. Muchas desgracias, entre ellas la aparición del ISIS, se podrían haber evitado.

¿Podría funcionar? Solo hay que ver como ha estado Irak estos últimos 60 años, aunque la culpa ha sido también de USA y el haber querido sacar tajada de ello. Oriente es lo que antaño fueron América Cental y Sudamérica, el jardín trasero de los yanquis. ¿Pero puede un Rey poner fin a los manifestaciones contra el corrupto gobierno de Bagdad y unir a las diferentes tribus y etnias y religiones que forman este mapa tan complicado que es la antigua Mesopotamia en un nuevo país? Quisiera pensar que si.

Irak está dividido entre kurdos que desean la autonomía y un estado propio y que profesan la religión yazidíi, luego los chíies quienes gobiernan, los suníes y los cristianos. Todas estas comunidades se han enfrentado o han sufrido el abandono y el terrorismo. ¿Puede a lo mejor la vuelta de la corona darles esos derechos y poner fin a las milicias yihadistas? ¿Pueden bajo una nueva bandera, himno, constitución y Rey volver a ser el Jardín del Edén como según rezan las Sagradas escrituras que fue Irak en sus orígenes? El Parlamento ya lo está barajando, aunque son minoría, pero esperemos que la historia y la voluntad de los propios iraquíes cambien las tornas. Insallah.

Escudo del Reino de Nepal

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