Vuelve estos días el Perú a ocupar las cabeceras de los medios de comunicación; lo venía haciendo en los últimos meses por las terribles tasas de mortalidad del covid en esa nación pero ahora, de nuevo, es la deposición de un presidente a manos del Congreso de diputados la que da que hablar al resto del mundo.

Conversación en la catedral es el título de una de las grandes novelas de Mario Vargas Llosa, en ella el autor hace preguntarse al protagonista por ¿Cuándo se jodió el Perú? que, al parecer, sería en los años cincuenta, durante la dictadura que tocó en aquella época y que desataría de forma radical la corrupción en el país. Es la opinión de Vargas Llosa, un gran intelectual y conocedor de su país como pocos.

En esa época, sin embargo, también estaba vigente la doctrina de Victor Raúl Haya de La Torre, un ideólogo de carácter antiimperialista, izquierdista y anticomunista que se considera como una de las grandes figuras hispanoamericanas y que a lo largo del tiempo dio muestras de tenacidad y limpieza moral mientras sufría cárcel, exilios y robo de elecciones. Son décadas en las que las luces y las sombras se dieron con igual profusión en el Perú.

En los últimos años, sin embargo, hemos asistido a una constante destitución de presidentes, siempre por casos de corrupción, o aún peor. Alán García, del APRA de Haya de la Torre, tras una primera presidencia naufragada, repitió en la Casa de gobierno peruana para acabar suicidándose hace unos pocos años, el nacionalista Ollanta Humalá está encarcelado por corrupción, el incalificable Fujimori también, pero por mayores delitos, el cholo Toledo está huido, el impecable Luzisnki fue depuesto hace dos años por lo mismo. Un sin vivir.

El sistema político peruano es francamente mejorable. Su exagerado sistema de aforamientos hace que el Congreso esté lleno de personajes en busca y captura. El actual cuenta con 68 acusados de algún tipo de corrupción entre 130 curules. Es un congreso extraordinario elegido tras la disolución del anterior por el presidente Vizcarra, que había ocupado el puesto tras la caída de Luzinski. Para temblar.

Vizcarra es distituido, hace ahora una semana, porque no contaba con un partido que lo apoyase –en Perú no existe un sistema de partidos definido- y tras ser acusado, aunque no encausado, de corrupción en una etapa anterior como gobernador. Esto sucede cuando en abril tocan elecciones presidenciales y es sustituido por el presidente del congreso, Merino, que renuncia tras días de generales manifestaciones en la calle y al que sustituyen, tras muchas discusiones, con el presidente de la mesa de edad del Congreso, señor Sagasti. ¿Cabe más desatino?

Mientras crece el desgobierno, el VRAEM, Valle de los Ríos Apurimac, Ene y Mantaro, se acomoda como la región más floreciente entre las productoras de cocaína del mundo; y a mí me da por pensar que el Perú empezó a joderse el mismo día que el general San Martín decidió marcharse para París, tras entrevistarse con el caudillo Bolívar. Allí se jodió el Perú.

Versión en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com

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