Merece estudio la enorme preocupación que el futbol genera en el ánimo de los españoles. El culebrón Messi prácticamente anuló la información sobre el coronavirus durante unos días, salvo en casa de quien lo padecía en su expresión aguda, que allí no había tiempo y ganas para otras historias. Futbol, futbol, futbol; dicen que en lo relativo a esta pasión sólo los italianos nos superan. Los tifosi, aparentemente, son más numerosos y de corazón más caliente.

El caso es que con el “bicho” también nuestra relación es especialmente estrecha. Fue por allí, por Italia, por donde entró procedente de Wuhan, la tristemente célebre ciudad china, de donde venía un vuelo directo diario y con la que tenían una especial relación puesto que de allí, del norte de China, procede gran parte de la emigración sino-italiana que se asienta al 50% en el norte del país.   

Ese norte italiano es el motor económico de la patria de los Agnelli, o los Ferrari, o del mismísimo Giovanni Rana, el hombre capaz de producir tortellini de forma industrial por primera vez. De allí, del norte, también era Rita Levi Montalcini, superviviente de las Leyes raciales de Musolini, y Nobel en neurología. Pero también es la zona donde se ubican las mejores universidades y centros de investigación del país. Desde allí, desde ese norte industrial y laborioso salían diariamente hacia España, desde Linate, Malpensa, Bergamo y Venecia, más de treinta vuelos con todo tipo de pasajeros, desde Erasmus hasta gente de negocios, sin olvidar a las legiones de turistas de vuelo barato.

Mi amigo Arturo, que es hombre sagaz aunque sólo se ha movido de Asturias para ir de luna de miel a Mallorca hace ya más de 40 años, me lo avisó cuando nos llegaban noticias de la escabechina en Codogno y Casalpustarlengo, los dos pueblos que iniciaron la saga de los confinamientos y de cuyos hospitales nos llegaban dantescas imágenes. “Eso tenemoslo aquí en quince días”, y no se equivocó, aunque en el nivel donde se toman las decisiones, al parecer, no tenían televisión.

Allí, en Italia, no dejaron de emitir imágenes crudas de UCI y las declaraciones políticas competían en dramatismo. Con retardo, pero aparentemente con eficacia, el gobierno fue sacando decretos sucesivos disciplinando la vida de los italianos que, visto la reacción, parece que “acojonaron” a la mayoría de la población. Hoy el bicho sigue caminando, pero su avance, por el momento, se mantiene en lo admisible.

En España no ha sido así. El gobierno cantó la derrota del virus y nos animó a salir y vivir porque la economía no podía pararse, a lo que los españoles respondimos de forma unánime lanzándonos a playas, chiringuitos, terrazas, festejos familiares y botellones. Ayer al hijo de Arturo, que vive en Milán, no le dejaron abordar un vuelo interno porque hacía menos de 14 días que había estado en España. Hoy Italia nos gana, en el partido importante, por cinco a cero, por goleada.

*Versión en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com

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