La geopolítica del Corredor central

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La geopolítica es para muchos una ciencia, y, como todas las que estudian elementos relacionados con el hombre, bien complicada por cierto; pero, en cualquier caso, es un concepto que viene a relacionar el espacio físico y/o humano con los efectos y repercusiones políticas que su gestión produce. Dicho de otra manera, las decisiones políticas deben tener en cuenta la geografía porque si no lo hacen ésta acaba por vengarse, y de eso sabemos mucho en Asturias. 

Casi siempre se asocia el concepto al ámbito internacional pero es indudable que en lo doméstico también tiene su importancia. No hay más que ver las dilaciones que se producen para aprobar o modificar un plan general de urbanismo; en Gijón han echado más de diez años y aún colea. Pero a nivel nacional también se toman decisiones de claro carácter geopolítico, máxime si el país, como es el caso de España, tiene en su geografía características continentales.

Estos últimos tiempos hemos visto en la prensa una nueva campaña a favor del llamado Corredor mediterráneo, hasta con anuncios televisivos pagados. Se supone que se trata de una moderna vía férrea que entrando por la Junquera llegará –hecha ya en parte- sin interrupciones hasta Algeciras y por la cual llevan años presionando los empresarios catalanes y valencianos, especialmente, y aquí es cuando llegamos a la geopolítica española.

Las dos vías actuales de entrada y salida del país pasan por la Junquera y Hendaya, tren y carretera; en algunos casos también las grandes vías eléctricas, esas que nos traen los electrones generados en las centrales nucleares francesas que nosotros no queremos y que, en caso de accidente nuclear, nos regarían con su lluvia radioactiva si el viento lo decidiese. Pero volvamos a lo nuestro, que en seguida me pierdo.

Hace no mucho, con ocasión de la sentencia del Tribunal Supremo en relación con los separatistas catalanes pudimos ver como el paso de la Junquera se cerraba por la presión manifestante durante más de 24 horas, generando un grave problema logístico al entero país. Al mismo tiempo, durante unas breves horas, otros manifestantes cerraban el paso de Hendaya, en solidaridad con los separatistas catalanes.

La dos vías de entrada y salida del país, vía férrea y rutera, son susceptibles de ser cortadas por la presión de manifestantes que cuentan con la compresión, si no el apoyo explicito, de sus gobiernos regionales. ¿Alguien se ha parado a pensar la vulnerabilidad que esto significa para la nación? 

¿Estará preocupado el doctor Sánchez?

Existe una solución. Hay otro corredor, el Corredor central, que saldría de Algeciras, subiría a Madrid, seguiría a Zaragoza donde se le uniría el ramal viniente de Valencia para seguir hacia Francia atravesando el Pirineo por Canfranc, en Huesca, por donde ya va una autovía, y un túnel ferroviario hace más de cien años. Parece la solución lógica para un problema de geopolítica interna al que, me temo, los gobiernos españoles no prestarán la debida atención por aquello de no molestar a sus socios antes nacionalistas, ahora separatistas. Y así nos va.