La muerte viene del Norte

El norte, en muchos países de Centroamérica, es la forma de referirse a los Estados Unidos; llevan, de una u otra forma, sintiendo su presencia desde el momento que se pasó la resaca de la Independencia. Unos más que otros, fueron el terreno de juego para capitales y aventureros yanquis, llegando el asunto al paroxismo con la creación de un nuevo país, Panamá, a costa de Colombia.

La mitad de las tierras de la región llegó a ser propiedad de la United Fruit Company y Nicaragua sufrió un presidente filibustero, Willian Walker; yanqui que acabaría colgado de una soga. Eran tiempos turbulentos en la región; tiempos que Joseph Conrad retrató magistralmente en Nostromo. Era natural que, tras la violencia de los 70,  la gente se buscase la vida en los EEUU.

Guatemala, Honduras y, sobre todo, el Salvador, sufrieron procesos de violencia generalizada que en el caso del último acabó en una larga guerra civil. Tras este periodo se produjo una masiva emigración al norte y en los Ángeles, ante el acoso de yanquis y mejicanos, los jóvenes centroamericanos se organizaron en pandillas para defenderse, dando nacimiento a las conocidas Maras. En los 80 los EEUU comenzaron a deportar a los pandilleros a los países de origen. La suerte estaba echada y los tres países, asolados por la violencia organizada, pasaron a ser conocidos como el Triangulo del Norte, sinónimo de muerte violenta.

Los EEUU mantienen el liderazgo negativo con el Coronavirus pero eso no ha detenido la expulsión de emigrantes ilegales, son millones y todos los días llegan centenares a los centros de detención y expulsión. Allí pasan un tiempo, con movimientos en autobús entre centros, sin medidas de prevención y en un ambiente que favorece la infección indiscriminada. Después son embarcados en aviones que los devuelven a sus países de origen.

Más de 300 vuelos charter con deportados durante la pandemia, con muchos infectados, de los cuales 250 al Triangulo del Norte han cooperado a que estos países se encuentren sufriendo atrozmente los efectos del virus, con un sistema asistencial muy deficitario y exacerbando, una vez más, la inquina hacia todo lo que viene del norte, también hacia los deportados.

Se habla y escribe mucho en estos tiempos sobre la gobernanza mundial, especialmente con el crecimiento, en todos los órdenes, de la China de Xi Jinping, que parece afanarse en ocupar los espacios que las políticas de Donald Trump van liberando en distintas partes del mundo, también en el patio de atrás que representa Centroamérica.

Se empieza perdiendo los corazones de tus amigos y simpatizantes y, cuando te quieres dar cuenta, acabas en soledad.