Los anuncios publicitarios no son parte de la realidad, sino que son muestras para imitar una realidad inventada, ficticia y fantástica. Por ejemplo, los anuncios de colonias, nos representan a dos bellos modelos que interpretan a unos jóvenes altos ejecutivos, que ligan en cuanto se echan dos gotas de perfume. Los publicistas hacen su trabajo según el encargo del cliente, que tiene en la cabeza la misma idea de siempre, de que la colonia sirve para ligar, cuando en realidad es un error, es para mejorar el olor de oso de los hombres y el de labradoras de las mujeres. Uno no compra una colonia para ligar, sino para oler bien por medio del sahumerio.

    Ninguna chica se va a desmayar ante el joven y bello modelo, actor, que está haciendo un papel por el que cobra. Otros ejemplos que he observado en estos tiempos de coronavirus, son los anuncios de clínicas privadas, que te presentan a enfermeras atractivas o médicos jóvenes de ojos azules. O planes de la tercera edad con parejas de países nórdicos, con canas y un aspecto se sueco saludable. ¿Qué sucede con estos errores publicitarios? Que la gente no se lo cree y desconfía de lo que se le ofrece.

       Así podemos continuar con los anuncios de automóviles, parece que las mujeres, sean tontas, y admiran a los individuos que tienen buenos coches. Tratando a la mujer como mero símbolo de consumo. Como si las mujeres no se comprasen coches o condujeran. Sabemos que el buen aspecto atrae, pero una modelo de 50 kilos a mí no me atrae. Y es que los que se dedican a los anuncios son actores, o modelos profesionales, no es gente común, de la calle, en la que poder confiar.  

      Los anuncios de relojes, se dieron cuenta que estos no servían para ligar, y nos muestran su maquinaria interior con tapas transparentes. Los relojes caros los asociamos a un alto poder adquisitivo. Los relojes, desde que salieron los móviles, no sirven para nada, estorban en la muñeca. En Hong Kong, existen fabricantes de relojes de marca, falsificados, con maquinaria a precio muy baratos, que son tan buenos como los originales suizos, pero nadie quiere llevar un reloj de copia -que por otra parte nadie los puede distinguir de un original-. Sin embargo, hay quien paga un dineral por el reloj original. ¿Qué ha sucedido, qué pasa?, pues pasa como con los coches que queremos fardar con grandes marcas, de un gran reloj, de una gran casa, para aparentar. Detrás de estas apariencias se encierran muchas deudas, traiciones y demás improperios colindante con el éxito de tus deseos la.

    Pero el éxito no consiste en obtener cosas a cualquier precio, porque siempre es un boomerang que te devolverá el golpe en la cara o te puede mandar a prisiones, y se acabaron las apariencias mundanas o de éxitos ficticios. El éxito no cosiste en ganar mucho dinero sino en fortalecerse interiormente. Una gran sátira de la sociedad es la novela La hoguera de las vanidades de Tom Wolfe donde trata de explicar hasta qué punto el dinero y la fama resultan inútiles para salvar a un individuo cuando se reúnen en su contra situaciones y circunstancias desfavorables, mostrando un cuadro de hipocresía y juego de apariencias, en el cual las convenciones sociales cambian de acuerdo a las conveniencias de cada momento, como pasó con la crisis de 2008.

     Los anuncios no son igualitarios y tratan a la mujer como objetos de deseo, con sus tretas femeninas seductoras, como menores de edad, como “ganado seleccionado” como en los concursos de las misses, o símbolos sexuales cual mercancía “prostilibuyente”. Menos mal que en los anuncios de detergentes se dieron cuenta que, no solo ellas hacía la colada, o hacían labores en el hogar, sino que los varones también podían ser amos de casa.

    Todos sabemos que la publicidad es engañosa, ficticia,  además existen muchos tipos de publicidad: directa, indirecta, subliminal u ocasional. En el sistema publicitario, la idea es la de ser vistos, viral, donde se inventan escaparates digitales y ventanas para que veamos los anuncios o los productos. Porque no se puede comprar un producto si desconocemos de su existencia. Sucede como con los libros anunciados en portales digitales o en librerías, en los portales digitales casi no se venden y en las librerías algo más, sobre todo, cuando están respaldados por editoriales importantes, contratan stand en las librerías, espacio de revistas culturales de prensa nacional para hacer ver, para que entrevisten a sus autores como le ocurre al programa «Página Dos» de televisión española. Sales ahí y te ven millones de lectores, a unos les puede interesar a otros no, pero casi siempre es la firma del autor quien vende, como en la pintura.  Si a ello, le agregas una buena cifra de ventas el público los comprará. Pues lo mismo sucede con todos los productos, que se han de vender. Recuerdo hace años, que en algunos productos decía en la etiqueta: «anunciado en televisión», como si anunciarse fuese signo de calidad. Existen coches de alta gama como los Rolls Royce, que no se anuncian, porque ya tiene cola de clientes, y no necesitan publicidad en TV, porque sus clientes no están entre el público televidente sino en otro alto estánding. Es como los yates, tampoco se anuncian, sino en salones náuticos y revistas especializadas.

    Hoy a la publicidad se la denomina con el nombre de la lengua inglesa marketing, que no es más que el arte de comercializar un producto con eficacia y seguridad de ventas, y para ello existen empresas que se dedican a colocar un producto en todas las revistas, prensa, radio y televisión, con el consecuente incremento de su precio, pero llegarán a más público. Algunas empresas publicitarias son reacias a anunciar productor de baja calidad, porque lo malo no se vende.

    En fin, tengamos esperanza de que algún día se anunciará el fin del confinamiento, y que quedamos en libertad para salir y correr -los que puedan-  que será la mejor de las noticias, no publicitarias.

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