A Jaca la conocen como la Perla del Pirineo. Es una magnífica población ubicada en la cabecera del rio Aragón que cuenta con una riquísima historia y espectaculares vestigios de la misma. La Ciudadela militar es sin duda impresionante, pero quizás la joya sea su catedral románica, de finales del S. XI, aunque a mí me conmueve más el prerrománico astur porque nace con el primer reino de España y tiene, además, el preciosismo de las cosas pequeñas.

En el lateral del Pórtico sur de la Catedral se puede observar un huecograbado que corresponde al patrón oficial de una vara jaquesa, algo así como tres cuartos de metro de ahora o dos codos de entonces; una unidad de medida que llegó a ser muy usada en todo el reino de Aragón durante el Medievo. Cuando un cliente denunciaba a un  mercader se comprobaba la longitud en la puerta de la catedral y en caso de no coincidir acababa en la torre de la prisión, otro de los monumentos medievales de la ciudad que aún subsisten.

De aquellos tiempos viene la expresión relativa a las “diferentes varas de medir” puesto que los alcaldes, responsables también de impartir justicia usaban una vara como símbolo y patrón de medida, y por eso a los ciudadanos nos ha preocupado siempre y mucho con qué vara irían a medirnos llegado el caso.

Nuestra Constitución parecía tener claro que la vara debería ser única y manejada por unos jueces que en su mayoría serían elegidos para el Consejo General por ellos mismos, para así evitar la tentación de que alguien, el poder ejecutivo, pudiese quitarle la venda de los ojos a la justicia. Pero la situación duró apenas unos diez años.

En 1986, Alfonso Guerra, entonces mano derecha de Felipe González, modifica la situación para que los 12 miembros correspondientes a la judicatura sean elegidos por el Congreso por mayoría de 3/5 lo que hacía que la balanza de la justicia empezase a perder un poco de su equilibrio. Desde entonces nos hemos acostumbrado a leer y oír comentarios sobre la inclinación hacia un lado u otro del espectro político de éste o aquel juez, también a la entrada y salida en puestos políticos de algunos de ellos sin que nadie pareciese escandalizarse.  Quizás sea un indicador de nuestra poca sensibilidad democrática.

En la actualidad de nuevo asistimos a un intento de modificación de la vara de medir sin que los aguaciles reaccionen. El gobierno quiere convertir la mayoría cualificada para la elección de los vocales del Consejo en simple, lo que ha supuesto, por más que lo nieguen, un aviso inmediato de Bruselas, pero más peligrosa aún es la intención de quitar a los jueces de instrucción la iniciativa para dársela a los fiscales, sin antes separar el nombramiento y dependencia del Fiscal General del poder ejecutivo, lo que puede suponer el control definitivo sobre la Justicia, con mayúsculas.

Cómo la política es un baile con distintos danzantes, para sorpresa de aquellos que lo tachan de anticonstitucional, el partido VOX propone en el Congreso volver a la línea de salida, es decir, que los jueces elijan a sus representantes; y el antiguo partido de gobierno, el PP, propondrá que sea el Congreso pero sobre una lista seleccionada por los jueces. Mientras tanto, el ciudadano solo quiere justicia, imparcial, y eficiente.

[Versión en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com]

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