En multitud de libros habrás leído que la verdad está dentro de ti, este pensamiento «biopsíquico», es como si fuera un dogma de fe nada más, sin una explicación psicológica. Porque la verdad siempre es relativa, y no existe como absoluta porque nadie posee todos los parámetros para llegar a ella.

Para empezar por la base, que la verdad está en uno mismo, hemos de empezar por conocernos a nosotros mismos,  y sin ser yo un gurú o maestro espiritual te digo que has de empezar a meditar en  el sentido de limpiar tu mente de todo lo negativo, incorporando pensamientos y actitudes positivas y optimistas. Repitiendo estos ejercicios, automáticamente verás la vida de otra manera, desde otra óptica, y tus neuronas se acostumbran a encontrar la vía de las mejores soluciones, porque habrás abierto ventanas, portales hacia el positivismo del éxito, que no es más que una aptitud desde del Aleph de Borges, que muestra una realidad secreta y oculta. 

Cuando desde un principio te pones en la mente un bloque de materia oscura, es imposible que entre la luz del conocimiento, no ya como radiación electromagnética sino como principio de iluminar el camino del futuro, la bifurcación acertada, puesto que has decidido solucionar los problemas con alegría, con aceptación de que tu destino lo decides tú mismo y no otros, o las circunstancias del azar, que es la lotería de la nada. Porque nuestros designios siempre están entrecruzados por encuentros y dificultades que hemos de ir salvando según se presenten. Nuestro cuerpo material no querrá hacer los esfuerzos de una misión, pero hemos de obligarnos mediante la voluntad, que es la facultad de decidir conscientemente y de manera intencionada lo que pretendemos hacer. ¿Pero quién te ha dicho que las cosas son fáciles? Todo implica un riesgo, tomes el camino que tomes. La vida es así y no de otra manera. Intentar obtener una felicidad absoluta es un tremendo error, porque se trata de instantes o momentos, nada más.

Dicho esto, hemos de estar mentalmente preparados para tomar la bifurcación que más posibilidades tenga de ser acertada, sin arrepentimientos que no puede anular las selecciones futuras, puesto que, si decidiste algo y no se logró, el camino lógico es empezar de nuevo, y por el medio heurístico de ensayo y error. Levantarte después de cada caída. Ganas más experiencia, y los errores se reducirán sucesivamente hasta conseguir hacer los plenos. Por ello, la verdad está dentro de nosotros mismos, porque hemos tratado de limpiar la mente de obstáculos negativos, y, a la vez, nos hemos preparado para los fracasos o frustraciones, para que éstos nos afecten en menor granado posible. Si todo lo vemos terrible y sin salida nunca saldremos del hoyo mental. A veces cuando te encuentras con problemas y los salvas, ganas en lo que se llama «resiliencia», que en psicología es la capacidad que tiene una persona para superar circunstancias traumáticas y fortalecerse como en las enfermedades.

En estos tiempos inciertos de la pandemia, que nos ha llegado como un ciclón asesino, hemos de asumir que el COVID-19 ha venido para quedarse, no nos deben engañar con que ya pasará. Es un virus que se va a quedar como el de la gripe, el de la viruela o del de la tuberculosis… Pero como somos mucho más inteligentes que el virus, hemos de aprender a defendernos de él, a combatirlo bien, con vacunas o medios profilácticos o preventivos como las mascarillas, hasta reducirlo al mínimo.

Madurar y conseguir un desarrollo completo requiere entrenamiento, lo estamos viendo, en el mercado laboral siempre piden gente con experiencia; es decir, gente que se haya equivocado muchas veces, antes, para llevar al nuevo empleo ganando unos años de torpezas. Por ello nadie quiere aprendices ni aficionados. Quien pretenda ser siempre perfecto y no equivocarse está muy desatinado. En la vida política se suele decir que hay que llegar con los deberes hechos, Mariano Rajoy decía: «No son tiempos para amateurs ni para venir al Gobierno a aprender, hay que venir con la lección bien aprendida». Es cierto, y es lo que está pasando.

Las palabras aprendidas se convierten en acciones, si la acción es incorrecta la palabra no será la adecuada y se buscará otra porque «sentimos lo que pensamos». Por ello, nuestro vocabulario se ha de forjar primero en el crisol  de las palabras que nos lleven a la acción, aun la palabra no es la cosa, sino la imagen que de la cosa recibimos en nuestra mente, tendrá el potencial que nosotros le hayamos dado. Una misma palabra tendrá un poder determinado en la mente de una o de otra persona. Por ejemplo, la palabra místico, a unos le vendrá la imagen de un santo, pero para otros será la poesía mística de san Juan de la Cruz o de santa Teresa de Jesús

También se podría llegar a la verdad a través  de la mística convertida en oraciones, meditaciones incomodidades o mantras de repetición podría ser para algunos del camino espiritual para alcanzar la divinidad, la verdad, que es el camino de los inmortales. Porque la verdad solo está dentro de ti mismo.

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