Creo que fue en el lejano 1983 cuando el ministro Serra se trajo de Barcelona a Lluis Reverter para crear la DRISDE, Dirección General de Relaciones Informativas y Sociales de la Defensa; con ella el mundo militar entraba, se suponía, en el ámbito de los medios de comunicación pública del que tradicionalmente se había mantenido alejado.

La realidad de todos estos años es que se han creado las estructuras, pero no se ha conseguido desarrollar una auténtica cultura de comunicación entre los cuadros de mando. El ministerio, o quienes lo han dirigido, ha primado la comunicación del ministro sobre la de la institución. El resultado de tantos años de esta política ha sido un distanciamiento, aversión, o incluso pavor de los cuadros de mando ante la prensa, especialmente si se trata de comparecencias públicas.

En la Guardia Civil las cosas han discurrido parejas, aunque en los últimos tiempos se ha apreciado una mayor actividad institucional, sobre todo a través de vídeos sobre operaciones, e incluso se ha llegado a introducir algo similar a la figura del Community manager para intentar acercar la imagen del Cuerpo a los usuarios de las redes.

Hoy hemos asistido a uno de esos momentos para olvidar, y también quizás para pensar en la posibilidad de incluir prácticas de interacción con la prensa en el curso de ascenso a general, en los que una frase desafortunada –en qué estaría pensando el protagonista- ha provocado una crisis política, hirviendo a todo vapor en este momento, que servirá para que unos y otros arrojen aún más humo, o tierra, sobre el más problemático y costoso asunto de los muertos por coronavirus.

La Guardia Civil, diga lo que diga un atribulado general, sólo actúa ante los ilícitos penales; no trabaja para minimizar el desgaste de ningún gobierno, y lo hace pese a la insuficiencia de materiales de protección contra el virus, pese a los muertos y pese a los políticos, todos, los mismos que, con independencia de su color, aprovecharán un lapsus de un prominente general para lanzarse sobre el Cuerpo, olvidando, una vez más, los sacrificios de los más de cien mil miembros de la Guardia Civil y de sus familias; también de sus familias porque en la Benemérita todo se lleva en familia.

Me consta que en este momento la Guardia Civil está doliente, por el lapsus y por la interesada indignación de algunos, pero también que esta noche, y mañana, y todos los mañanas que vendrán, seguirán saliendo a cumplir con su deber, dándolo todo por la patria, sin preocuparse por el qué dirán, algunos.

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