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9 de agosto de 2022

El Monárquico

La Revista Digital de la HNME

No voy a ir a la manifestación

2 minutos de lectura

Hace unos días, de nuevo, volví a sentir vergüenza por culpa de la llingua asturiana. No por ella, Dios me libre, una lengua a la que amo y valoro como el segundo valor de nuestra tierra, tras el paisaje; sino por la propuesta llevada al Congreso por unos diputados valencianos, creo, para que se reconozca la especialidad docente de lengua asturiana a los 300 profesores, más o menos, que la imparten actualmente. Nuestros diputados asturianos, todos, con independencia de su color político, no parecen sentirse afectados por ese problema.

La ley de Uso y promoción del asturiano data de 1998. Unos 23 años largos ya de su promulgación con muy pocos resultados hasta el momento; algo que da pie a los defensores de la llingua a buscar el salto sin red de la cooficialidad. Un salto que sirve a algunos para, sin conocimiento, despotricar contra la llingua. Que si es una lengua inventada; falso ¿Acaso nuestros mayores hablaban en el castellano de Valladoliddd, o el de Madrizzz? Que si va acabar con los distintos bables de los valles; falso, la normalización no acaba con las variantes, sólo adopta el asturiano central como referente; que si es inventado; falso, dense una vuelta por el diccionario etimológico de García Arias y verán. En fin, ye lo que hay.

Dicho esto, estoy en contra de la cooficialidad por la sencilla razón de que, una vez abierta esa puerta, entramos en un mundo que no se sabe a dónde conduce. No me sirve que los bien pensantes digan que hay que esperar al desarrollo de las leyes posteriores porque eso, con la cooficialidad en el estatuto, nos deja al albur de lo que a cada gobierno, falto de otras aportaciones más eficaces, se le ocurra, y en el sentido que quiera, como ya ocurre en algunas de las regiones españolas con lengua cooficial. A falta de políticas reales entretengamos al ciudadano con discusiones baldías sobre qué lengua es más interesante. Es un riesgo que hoy, en la España y en la Asturias de 2021 no me resulta asumible.

Seguiré defendiendo el asturiano en donde haga falta, arriesgándome a que me  partan la cara unos y otros. Unos por falta de lealtad lingüística con el asturiano y otros por traidor al español, mientras quienes durante estos 23 años de Ley de Uso nada o poco hicieron por desarrollarla descansan sabiendo que el personal estará enzarzado en discusiones estériles durante un tiempo, a la espera de que llegue algún nuevo globo lleno de aire de colorines para venderles. Ye lo que hay, pero yo no iré a la manifestación por la cooficialidad.

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