Oír, escuchar y entender

Oír, escuchar y entender

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Cuando asisto a una tertulia me pongo a escuchar a todos los contertulios, educadamente, por lo general hay un moderador que coordina los turnos de palabra, y a cada cual le da su tiempo, pero esto no siempre suele ser así, pues cuando llega mi turno, todos me interrumpen y no me dejan hablar e incluso me cortan el hilo de mi discurso, esto se llama simplemente falta de interés en lo que yo hablo, o lo dan por sabido. Una cosa es oír, otra escuchar y otra entender.

Estas son las tertulias en que todo el mundo habla y grita ¡ay los de los que gritan!, igualmente cuando hablas de ciertos temas con una persona determinada, suele pasar que le interrumpimos continuamente, sin escuchar al otro, porque estamos preparando nuestra respuesta o intervención. Cuando todos hablan no escucha nadie. Porque una disposición es la de oír y otro diferente la de escuchar. Todos oímos pero pocos escuchamos, que significa entender lo que nos dicen, aunque sea a medias. Por eso decimos que tenemos oídos, al órgano de oír, pero no decimo que tenemos «escuchidos taponados», ¿se me entiende, no? Porque un tercer elemento es el de entender.

Yo suelo escuchar con atención a los que me hablan, porque  escuchar no es lo mismo que oír, oigo pero no me entero de nada, sin embargo el matiz de escuchar es que te están enterando e interesando por lo que dice la otra persona. En el trabajo delante de tu jefe te tienes que poner a escucharlo para enterar lo que te dice u ordena. En cambio, en las conversaciones personales puedes optar por oír y desconectar.  Uno de los grandes placeres de nuestro tiempo es el de que  la gente te escuche, por eso me gusta dar conferencias, presentaciones o recitales, porque en ese tiempo me tienen que oír calladitos y sin interrumpirme.

Escuchar a los demás es una gran demostración de respeto y cariño hacia la otra persona, ésta se sentirá halagado, y además dirá luego que eres un tipo genial, y a lo mejor tú no has abierto la boca. Porque le han dado a entender que valoras sus opiniones, y si él otro te considera importante, más todavía. Actualmente, con las redes sociales como Facebook, pasa lo mismo, escribes un elogio a un comentario y ni te responden o te ignoran, se debe a exceso de información. Por consiguiente, uno ha de conservar las formas y no dejarse llevar por modas.

A veces, puedes encontrarte con un charlatán congénito, de los que no paran de hablar de sí mismos, éstos por lo general son ególatras, y solamente se interesan por ellos y por sus temas, éstas personas acaban aisladas y todos le dan esquizado diciendo: «ya está ahí al pesado éste». Uno de los sistemas que yo suelo usar para hablar con un pintor, es la de preguntarle por lo que estás pintando ahora, no lo que yo estoy pintando ahora, porque no le interesará lo mío, sino lo suyo, y de alguna manera tiene obligación de contestar. En el  mismo sentido si es un escritor o poeta.

Los otros días en una conferencia sobre Miguel de Cervantes, yo quería presentarme al conferenciante, yo sabía que si tenía coincidencias conmigo, respecto a  Azorín (uno de mis escritores preferidos) que era uno de los temas que a él le interesaba y así empezamos hablando de Azorín para pasar a Cervantes. La atención se consigue cuando le hablas a otro de su tema preferido. Así que muy decidido le dije que me habían gustado mucho sus temas sobre Azorín, e inmediatamente este conferenciante me dedicó unos preciosos minutos de su escaso tiempo antes de que empezara la conferencia. Por lo general, el conferenciante casi siempre está nervioso antes de empezar, y preocupado por la asistencia del público.   Por lo tanto, si le preguntas algo suyo se verá agradecido de que lo consideres importante y te aseguro que te atenderá.   Cuando se habla con una persona hemos de dejarlo hablar y esperar nuestro turno, esta es la clave, la de esperar, y luego preguntarle por sus asuntos, o cómo se llama o a qué se dedica o de dónde es natural.  La fórmula recomendada es: Escuchar + esperar + preguntar.

Recuerda lo que he comentado, no es lo mismo oír que escuchar.  Ser un buen conversador consiste en escuchar el doble de lo que se habla. Y estar muy atento a los gestos. Hay  gente que no le gusta que le toques en el brazo mientras habla con él. Otros son demasiado amigables y te agarran de las manos o exceso de cercanías. Por lo general, esto no tiene medida, depende del grado de amistad que tengas con esa persona. Pero ten en cuenta que el contacto siempre es una actitud familiar muy cercana. Y eso sí jamás olvides sonreír, porque los «carapalos», por lo general son marginados y rechazados. En esto tiempos el coronavirus puedes evitar las cercanía, y por un cierto tiempo evitar los saludos con la mano, o  los besos a las féminas.

Una vez iba yo en un autobús de línea cuando entró por la puerta del conductor una mariposa amarilla de la especie macaón. Se posó sobre una de las ventanillas, y a las cinco o seis paradas la mariposa salió por la misma puerta por donde entró.   

Amigo lector, si has entendido el relato de la mariposa es que has escuchado bien mi artículo. Un abrazo.