Quería profundizar en las palmeras

Esta semana, quería hablar sobre las palmeras y para centrarme, buceé en la biblioteca Wikipedia, topando con un artículo de don Javier Mazona, que él a su vez bebió, de don Francisco Picó de otro, sobre el “El Palmeral de Elche” Ayuntamiento de Alicante.

Todo lo investigado era muy extenso y me era imposible sintetizarlo en tan poco tiempo, pero he aprendido que esas palmeras son autóctonas de España y que lo que aportaron los árabes, fue su explotación a través de los huertos.

Me ha parecido muy interesante y deseaba compartirlo con ustedes, para que lo supiesen o recordasen.

Los hechos científicos, que lo corroboran son los siguientes:

Por el descubrimiento de huesos de fósil de dátiles fosilizados, de la palmera “Phoenix Dactylífera” encontrados en la Cueva de los Tiestos en Jumilla (Murcia), de la época terciaria.

Las numerosas representaciones de palmeras en la cerámica ibérica, encontrada en la Alcudia (donde se descubrió La Dama de Elche).

Las referencias documentales de un cronista, como Plinio el Viejo, prueba el carácter autóctono de esta variedad.

Y como seguía descubriendo muchas más cosas, me dije, pues nada, como carezco de tiempo, compongo un poema de amor y en él le doy un poco de protagonismo a las palmeras.

Pensado y hecho, me concentré lo que pude y logré cantar al amor, el motor que mueve al mundo,

Dadas las circunstancias he visto oportuno, poner el siguiente título, a este poema recién nacido.

 
 A la mujer, que se sienta o sea ilicitana
 ¡Qué lindo es estar a tu lado, chiquilla!
 Eres suave como terciopelo de seda,
 Y tu alma, hondura de valles,
 y espumas de la mar,
 sabe derramar dulzura,
 sabe consolar y perdonar.
 Te veo tan hermosa…
 Paréceme verme a tu lado,
 y te digo ¡princesa, así eres tú!
 Tus labios, son corales encendidos,  
 que en mi ser provocan
  impaciencia e ilusión.
 Y tus ojos, claros verdes,
 de aceitunas, no maduras, verde mar,
 destilan luz y gozo,
 desconcierto, si te enojas,
 volviendo una y otra vez más,  
 a su sosiego y serena  paz.
 El color de tus mejillas,
 te lo ha donado un rosal,
 cultivado con esmero,
 cual jardín, lejano edén.
 Tu talle, gracioso movimiento,
 es una palmera hechicera,
 de esas, que en Elche respiran,
 en su ingente Palmeral.
 Y te veo cuando, a Alicante voy
 en el frondoso, también,
  Palmeral de San Gabriel,
 y en cualquier pueblo cercano,
 hermosa niña, allí te veo yo,
 en palmeras muy señeras,
 que del sol, sorben calor.
 Tus aladas manos,
 como golondrinas,
 me portan yodo, sol y sal.
 Y  saludan, curan,
 juguetean, acarician,
  ahuyentando las  penas
  y  mitigando el dolor.
 Entorno los ojos y adormecido,
 danzan ante mí,  
 las palmas en sus palmeras,
 y las aplaudo enervado,
 y te aplaudo, niña a ti.  
 ¡Qué lindo es estar a tu lado, chiquilla!
 Y oculto, no ha de quedar,
 ese garbo, ese salero,
 que el vaivén de tus caderas,  
 portan cuando paseas,
 y portas tú en el andar.
 Tu  melena echas  al viento,
 y el sol juega con ella,
 creando mil y un reflejo,
  de esos cabellos de fuego,
 con llamaradas de amor.
  Me dejo enredar en ellos,
 los acarician mis dedos,
 y me incitan, amor mío,
  a un sublime y dulce beso.
 o a una gozosa pasión. 

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