26 de septiembre de 2021

Una crisis sin explicar

Con el varapalo del 4M pudo empezar a gestarse el ocaso de la estrategia del PSOE, las tácticas, los mensajes y la cohetería que empedraron la derrota, cocinadas en la Moncloa, mientras se dejaba de lado Ferraz, lo que ahora se trata de enmendar

Una pandemia que no cede, la crisis económica visible y el dilema catalán están en la base del formidable desgaste del Gobierno, si bien no explica del todo lo que puede haber llevado al presidente del Gobierno a remodelar el Gabinete en la forma que lo ha hecho y sobre el fondo que no ha explicado. 

Situar en torno al 4 de mayo el km 0 de un vuelco en el tablero político podría ser aventurado, pero podría disipar dudas sobre decisiones recientes. Así, el descarte de la combativa VP primera; del número 3 del PSOE, leal al mando y comprometido costalero para asuntos de los que nadie se quiere ocupar. Y la depuración del ocurrente director del Gabinete de la Presidencia, siempre andando por encima del agua.

El espinoso momento político, agravado por la lejana y amarga derrota en Madrid, tiene que ver con un desgaste acumulado en el Gobierno de coalición cuyos ministros, del socio minoritario, han salido indemnes de la remodelación, evidencia de que no hay una sola pauta. 

Sin obviar la tibia relación con los EE.UU. (evidenciada en un pasillo de la OTAN), ni las invasiones de tanteo (objetadas esta vez por la UE) de Marruecos, ese amigo tan cercano como incómodo, que responde de esta manera a la política de apaciguamiento española. 

Las mociones de censura; ideadas para ser encadenadas en feudos populares, con apoyo de C’s (Murcia, Madrid, Castilla-León), se saldaron con fracaso orgánico múltiple y desperfectos en la vajilla. 

La estrategia de los depuestos perseguía como objetivos: el reajuste del escorado posicionamiento, fruto del tratado de amistad con Iglesias; el cambio del color en los Gobiernos regionales y sacudir la modorra a los desvalidos, tras la esplendente victoria catalana y el derrumbe de su fundador.

Con el varapalo del 4M pudo empezar a gestarse el ocaso de la estrategia, las tácticas, los mensajes y la cohetería que empedraron la derrota, cocinadas en la Moncloa, mientras se dejaba de lado Ferraz, lo que ahora, buscando la reconciliación, se trata de enmendar.

El contagio murciano se encaminaba a la siguiente estación, Madrid, cuando, la vituperada presidenta regional, con reflejos propios y ayuda profesional de un antecesor, activó la disolución de la Asamblea y la convocatoria de elecciones. 

En la campaña electoral descarriló el libreto y el contrincante de la candidata que buscaba la reelección, pasó a ser, de la noche a la mañana, el presidente del Gobierno, asumiendo riesgos innecesarios. De los polémicos episodios durante la campaña: balas en sobres, cuchillo ensangrentado, no se supo más. 

Entre las secuelas de la victoria de la derecha y la pérdida de hegemonía de la izquierda: la retirada -sin explicar- de Pablo Iglesias y una resaca que perdura. A partir de ahí, la ganadora sigue sacando de sus casillas a unos y a otros, incluido algún editorialista que cree haber encontrado un filón con la ‘Muchacha’.

Estos serían algunos antecedentes de la inédita crisis de gobierno que, dejando atrás escamoteos y pasquines, prioriza escénicamente el reencuentro con el partido y ganar (o ganar) las elecciones, mientras los sondeos apuntan otras emulsiones.

Implacable y solitario, el presidente Sánchez ha buscado un golpe de efecto, dejando claro que tiene las manos libres y las deudas saldadas

En un sábado de furia presidencial, lo que apuntaba quedarse en un retoque cosmético del ‘Gobierno bonito’ pasó a ser un cambio, sustanciado en inclemente castigo para algunos y munificencia para otros. Lo que segrega un paradójico mensaje: ‘Mejor contra mi que conmigo’. En todo caso, arriesgado ejercicio.  

Implacable y solitario, el presidente ha buscado un golpe de efecto, dejando claro que tiene las manos libres y las deudas saldadas. No ha renovado la confianza a los más desgastados y menos eficaces. Ha dejado intacta una estructura que no ha dejado de engordar, desde que llegó al poder. Y persevera, con un desmedido número de carteras de contenido discutible. El conocido despropósito administrativo español.

Continúa la función con cambios en el reparto de actores y algunos atisbos (como el desplazamiento a otra cartera de un recién llegado), que pueden servir para esquivar lo que decía el genio: “Locura es hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes”. 

Apenas transcurrida una semana desde la tolvanera frenética, dos hechos relevantes: una sentencia del Tribunal Constitucional sobre el primer estado de alarma, declarando inconstitucional el confinamiento. Y la creación por la Generalitat de un fondo, con recursos del FLA (Fondo de Liquidez Autonómica del Estado), para avalar las fianzas reclamadas por el Tribunal de Cuentas a los líderes del ‘procés’.

Podría ir tomando cuerpo la idea de que el apaciguamiento es incierto y que Catalunya se puede convertir en la principal beneficiaria de los fondos europeos. Si hay asimetría, los agraviados le podrían pasar al Gobierno una voluminosa factura. 

De momento, faltan explicaciones sobre una crisis de Gobierno sin guion.

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