Veinte años, ¿Para qué?

Nos trae hoy la prensa las imágenes de SM el rey Felipe recibiendo a los últimos militares españoles regresando de Afganistán; imágenes de cierre de un ciclo de veinte años en los que nuestros soldados han aportado su trabajo y sacrificio personal, también sus vidas.

Llegamos a ese país de la mano de los atentados del 11 de septiembre en los EEUU; atentados que llevaron al presidente Bush a declarar la llamada guerra contra el terrorismo y, de paso, a invocar el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte, la OTAN, por lo que nosotros allí aparecimos como integrantes de una amplia coalición internacional  que, pasado el tiempo, hizo que los nombres de la provincia de Bagdhis, o la población de Qala i Naw, se hiciesen casi familiares para gran parte de los españoles.

Allí dejamos de custodiar zonas hortofrutícolas como en Iraq, aunque entre lechuga y pepino sufriésemos sangrientos asedios y unos cuantos de los nuestros se dejasen la piel antes de salir del país de prisa y sin tiempo para dar explicaciones tras inopinada decisión gubernamental, y pasamos a combatir oficialmente, específicamente tras la visita de una joven ministra que pudo sentir el fuego enemigo en una posición avanzada. Patrullas infinitas en paisajes del fin del mundo, con emboscadas tras el recodo; batallones desplegando y combatiendo como nunca antes en la España moderna; némesis moderna en forma de aviones desvencijados con tripulaciones agotadas, o helicópteros sin sustentación que siegan la vida de sus ocupantes; también la tragedia de los colaboradores que allí quedan a la espera de las represalias. Veinte años de historia de nuestro ejército.

En todos estos años nos han contado historias de progreso, especialmente para las mujeres, aunque casi ceñido a la capital Kabul. La adormidera, la madre de la heroína, el viejo caballo de los 70, ha seguido cultivándose en Afganistán, incluso con crecientes cosechas durante estos años. Los señores de la guerra, también se les puede decir feudales, han seguido controlando sus territorios, y en la actualidad, con la salida de los EEUU y el avance talibán, refuerzan sus milicias con el apoyo económico de las distintas potencias interesadas en aquella encrucijada geopolítica. Volvemos atrás, a aquel mayo del 88 en el que los soviéticos abandonaron Afganistán.

Me imagino cómo tendrán el cuerpo las mujeres afganas sabiendo lo que se les viene encima. De nuevo el burka –que nunca se fue-, de nuevo el cierre de escuelas, de nuevo la sumisión; y me viene a la imaginación un cuadro que exhibe el ayuntamiento de Huesca, la campana, en el que Casado de Alisal muestra a Ramiro el Monje tras cortar la cabeza a los nobles levantiscos del reino de Aragón. Quizás la única solución para Afganistán.  

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