60 años sin Camelot

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Por supuesto habrá otros grandes cambios y otros grandes presidentes. Los Jhonson han sido muy buenos conmigo, pero no habrá otro Camelot, no habrá otro Camelot

De esa manera Jackie Kennedy puso final a la entrevista que concedió en su casa de Hyannis Port una semana después del asesinato de su marido, creando para siempre el mito. Habían sido 10 años de matrimonio con sus luces y sus sombras junto a Jack, como ella lo llamaba. Momentos de felicidad como el nacimiento de John-John y Caroline y la victoria de la presidencia en 1960, pero también oscuros como las infidelidades, las tentativas de divorcio por parte de Jackie, las muertes de sus hijos Arabella y Patrick y el pesado cargo de Primera Dama y mantener una sonrisa ante las cámaras cuando por dentro su mundo estaba roto.

Han pasado 60 años desde el asesinato de Kennedy, que sigue con muchas incógnitas ¿Implicación de la CIA y el FBI? ¿Castro o Kruschev? ¿Gente de la propia presidencia y el gobierno? Nunca lo sabremos. Lo que sí sabemos es que esos casi 3 años de presidencia fueron distintos a los que los precedieron, porque tras la austeridad de la Era Eisenhower el país cambió y la gente con él y llegó como bien podemos decir, una explosión de color y aire fresco.

A los americanos nunca les había gustado la realeza, pero había algo en los Kennedy que hizo que les acabase gustando y que quisieran imitarlos. Si Jackie llevaba ese peinado, todas las mujeres lo querían llevar también, si la Sra Kennedy llevaba ese vestido o esos guantes todas lo llevaban también. Se llegaron incluso a vender vajillas y souvenirs con la efigie de Jack&Jackie, algo parecido a como hacen aún hoy en Reino Unido con la Familia Real.

Ellos fueron una pareja presidencial diferente. Nunca antes se había visto la Casa Blanca por televisión y Jackie la renovó con sus muebles históricos y llevó a dar una visita guiada que fue seguida por 80.000.000 de telespectadores. También invitaban a bandas de música formadas por gente blanca y afroamericana a dar conciertos en las fiestas que se daban y a actores y pintores, el país estaba cambiando y los derechos civiles estaban tramitándose en el Despacho Oval y el programa espacial ya era un hecho.

Es triste pensar que habría podido ser si aquel fatídico 22 de noviembre el coche presidencial hubiese tomado otra ruta o si Kennedy hubiera podido salvarse. Sin duda habría sido reelegido y su presidencia habría durado hasta 1969, la guerra de Vietnam habría acabado antes y los derechos civiles habrían sido firmados por él. Nunca lo podremos saber. Fue admirable al mismo tiempo y a pesar de todo, el coraje y la sangre fría que Jackie mostró en todo momento antes y despúes de la tragedia, y en el funeral ella dio al mundo y al país entero una lección de majestad, serenidad y de historia tal y como hace la reina Ginebra cuando pierde a su amado Arturo y Camelot se queda sin su rey.

Y como bien dijo Jackie esos fueron los años de Camelot:

Todas las noches antes de acostarnos poníamos un disco. Su favorito era Camelot, el musical, por un breve y resplandeciente momento existió Camelot. A Jack le encantaba la historia, gracias a ella se convirtió en lo que fue. Imagine a un niño enfermo de escarlatina en la cama leyendo libros de historia, El Rey Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda. De eso va Camelot, de hombres sencillos que se unen por lograr un mundo mejor. No me mal interprete Jack no era infantil ni ingenuo, pero tenía ideales y quería que estos se compartieran y estos prevalecerán

Esperemos que estos ideales en plena escalada de locura mundial actual puedan hacernos volver a nuestro reflejo y recordarnos que la historia no se debe olvidar y que siempre sabremos elegir.

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