Tiempo hacía ya queridos lectores que nuestra querida Baronesa y un servidor no sacaban a relucir los trapos sucios de esta autocracia gubernamental, pero a veces es necesario esperar el momento adecuado para asestar un duro golpe.
Tengo tres mensajes para muchos de nuestros políticos y sus esperpentos historiales, porque para mí no son nuestros representantes, sino unos autócratas.
Mensaje n1 Váyanse Mensaje n2 Váyanse y Mensaje n3 Váyanse.
Nunca hemos sentido tanta vergüenza como la que sienten un servidor y su maestra anti-napoleónica, de vernos representados ante el mundo por semejantes elementos. Si fueran los años de la Ley Seca en Chicago años 20 serían unos perfectos contrincantes de Al Capone, lo dicho. En cuanto a los entornos familiares de algunos de ellos, sin nombrarlos, no puedo evitar el recordar la Antigua Roma, sobre todo los tiempos de Mesalina, por lo relacionado con los casos de denuncias por acoso. Al menos el pobre Claudio era un buen hombre, pero estos señores y señoras se asemejan más bien a Nerón o Calígula al lado de sus esposas y parejas, cuyos asuntos prefiero omitir.
Resumiendo. Nuestras leyes, constitución y legado que han cumplido durante casi 50 años con su labor se han visto enfangadas por los manejos y fechorías de muchos inombrables, que tendrán la boca bonita y una sonrisa perlada, pero de las cuales no salen más que unas ciénagas de mentiras que ya asfixian incluso hasta a los mosquitos.



