Dicen los que de esto saben, que son muy pocos pues las multinacionales operan en un ambiente de secretismo que para sí quisieran los de la CIA y demás agencias de inteligencia, que Amazon está a punto de instalarse en Bobes, concejo de Pola de Siero, donde instalará un gran almacén que dará trabajo a unas mil personas, para alegría de los agraciados y también de las distintas administraciones implicadas puesto que, en estos tiempos de penuria económica, todo esto suena a música animadora y casi celestial.

Si miramos a Zaragoza, en un extremo de Plaza, la plataforma logística que en su momento inspiró la construcción de la Zalia gijonesa, vemos que se afanan en una gigantesca explanación para instalar el centro de devolución de paquetería de Amazon en España. Todo han sido facilidades, en los plazos, en los trámites, y dicen que hasta en los informes, que de negativos pasaron a revisables, y después a favorables en tiempo record. Todo sea por la llegada de puestos de trabajo, como los de los tres centros de gestión de datos que Amazon Web Services construye en estos momentos en Aragón.

Vivimos tiempos que se corresponden a la post-globalización, algo que, si uno no es economista, suena como a resaca de Nochevieja; ardor de estomago, crujir de articulaciones, dolor de cabeza, desgana y mucha sed. Se aborrece el alcohol, la deslocalización de empresas, la fabricación a bajo coste de los chinos, y en general todas esas acciones que llevaron a la desaparición de puestos de trabajo en toda Europa, especialmente en los países del sur, y la caída o congelación de los salarios de los supervivientes. De ahí la entrega de nuestros políticos ante cualquier oferta de instalación de gran empresa. Como para dejarla pasar y que se la lleve otro.

En el centro de Zaragoza, ciudad donde se ubica Puerto Venecia, el centro comercial más exitoso de España, reina la desolación. Antes de la llegada del coronavirus podía apreciarse un sinnúmero de pequeños comercios cerrados por incapacidad para competir con las grandes superficies y con los gigantes del comercio online como Amazon; comercios que de la mano del covid han recibido el empujón definitivo y que será la puntilla para muchos de los que aún subsisten. Es una situación que, independientemente de la tristeza urbana que representa, deja por el camino una enorme cantidad de puestos de trabajo y de impuestos de todo tipo, que en modo alguno logra compensar la instalación de estas grandes multinacionales que se caracterizan también por la ingeniería fiscal y la repatriación de beneficios.

En Gijón  el paisaje urbano comienza a parecer también el de una posguerra, en el centro pueden verse calles casi completas con líneas de tiendas cerradas por el efecto combinado de la crisis anterior y la actual pandemia del covid, y la noticia de Bobes será alegre para algunos, resignados a esa nueva condición de asalariados, y un responso para muchos, abocados al cierre ante la irresistible presión de los nuevos modos económicos.

Versión en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com

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