Me llamo Cirilo y me gusta, parece paradójico que así sea, pero no me retracto, estoy a gusto con él. Estoy contento con mi nombre, cuadra con mi carácter despreocupado, evasivo y un tanto individualista .A nadie se le ocurriría al oírlo asociarlos con personajes de alto poder financiero o político ¡No! Seguro que no. Tampoco creo que haya muchos Cirilos entre los que se zancadillean por gozar algo de la gloria mundana. Y supongo, no llamen así los individuos retorcidos e intrigantes.

Cirilo es sinónimo de alegría y servicio, a través de la popular canción “Ven Cirilo, ven…”, comprobamos que se nos inyecta algunos que otros grados de euforia. Cirilo, tal vez sea rechazado y si así le pusieron a alguien en el Bautismo; podría haber sucedido que renunció a él y usó su segundo apelativo. ¡Qué lástima! Con lo original que resulta, ahora que tan de moda está lo exclusivo. O sea mi raro “name” podríamos erigirlo, desde mi punto de vista en un signo anticonsumista , anticonformista y muchos “antis” más, pocos para la compra y la protesta . Me sirve como baluarte y símbolo de la condescendencia.

No sé si soy yo quien se ha adaptado a él o es él quien me ha modelado. Se sabe que hasta algunos tienen hasta pequeñas “depres” con el San Benito que según ellos le colgaron.. A mí no me ha creado ningún problema, además su rareza creo que me ha dado un cierto aire de misterio. Con él he aprendido a no tener grandes ambiciones y a aceptar, en más o menos grado, mi temporalidad. ¿Qué más se puede pedir?

¡Cirilo! Esta trisílaba palabra me ayuda a ser feliz. Insólito, lo sé, pero me invita a meditar y sacar conclusiones como eso de que lo feo es muy relativo y por añadidura consigue que con frecuencia me meza en los brazos de Morfeo.

Y en estas incursiones oníricas me veo defendiendo a ultranza mi personalidad, batallando por ser yo y no copia ni eco de nadie. Al despertar Cirilo me echa una mano, escondió en su piel me siento diferente.

Pudiera ser que, por aquello de la analogía que esta palabra posee con cirio (que como sabemos tiene que ver con luz), la luminosidad de los seres sensibles y, por ende, sus obras, llámense partitura, lienzos o manuscritos. Otra faceta de Cirilo es que tiene pinta de seudónimo ¿verdad? Podría haber sido elegido para rubricar cualquier obra artística.

Deducimos que a mi compañero le van las artes, pero sabemos que a la vez es muy humano. En honor a él voy a recordarles uno de los personajes que a lo largo de mi vida siempre me ha importado. Se trata de Diógenes el Cínico, hombre variopinto que sólo le amargaba la vida si le quitaban el sol. Sus verbos preferidos eran ser y existir, al contrario de los que tanto prevalecen hoy, tener y poseer.

Bueno, yo, Cirilo a eso aspiro, a parecerme un poco a él porque le admiro su nadar contra corriente, le veo valiente al despreciar los favores que todo un Alejandro Magno pudo ofrecerle. Estoy satisfecho con mi “nomen” poco usual como Diógenes ¿no?

Lo importante es que lo he rodeado de aureola, con alguna que otra acción meritoria, y mis amigos lo encuentran ya bastante familiar.

Espero perdonen mi reiteración, pero sigo estando conforme con mi singular casi apodo porque ¿qué falta me hace a mí llamarme Mauricio, Adrián o Damián?

De mi libro “Puntadas Literarias” Ediciones Amaniel

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