Siento una gran pena en mi corazón
pues se quema nuestro verde pulmón.
Igual no razonamos las personas
para qué sirve el inmenso Amazonas.
Y seguramente no te impresionas
y la noticia muy pronto abandonas.
Total, está tan lejos de tu casa
que de verdad te da igual lo que pasa.
Y con ausencia total de emoción
tu papel en la vida no traicionas
aunque tu verde futuro se arrasa.


Cuando veo el Amazonas ardiendo
lloro con triste pena, pues no entiendo
que alguien por maldad, o por vil dinero
juegue con la vida del mundo entero,
pues, te digo una cosa compañero,
si el Amazonas muere... Con él muero.
Pues no son sólo unos árboles más
ya que, en verdad, sin ellos, morirás,
tras una lenta agonía y sufriendo
la falta de oxígeno y prisionero
de tus acciones, por siempre jamás.


Desde este grito en verso y apenado
al mundo le dirijo este llamado.
¡Debemos conservar la Amazonía!
Tenemos que mimarla día a día.
Y regocijarnos en la alegría
de su fauna y su flora en armonía.
Toda esa bella y gran diversidad
que hasta ahora vivía en libertad.
El Amazonas no ha de ser pasado
ni salvarlo ser sólo una utopía...
¡A ver si te enteras, Humanidad!

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