La Orden de Santa María de Montesa

La Orden de Santa María de Montesa

Este artículo corresponde, íntegramente, a la conferencia pronunciada en el Ateneo Mercantil de Valencia, el día 3 de noviembre de 2020. Salón Stolz, dentro del ciclo Órdenes Militares de Caballería y Hospitalarias

Estimadas autoridades, representación del Ateneo Mercantil de Valencia, damas, caballeros, amigos y asistentes todos a esta sexta y última conferencia de la segunda parte del ciclo de conferencias que el Ateneo y yo mismo, hemos dedicado a las grandes órdenes de caballería, militares y hospitalarias. Sed bienvenidos y espero/esperamos, que esta serie de conferencias sea del agrado de todos, pues con ella nos hemos propuesto acercar al gran público este mundo, a veces un tanto desconocido.

Quiero agradecer a doña Carmen de Rosa Torner, presidente de la Casa donde nos encontramos, el Ateneo Mercantil de Valencia, y a toda su Junta Directiva por amparar y apoyar este ciclo de conferencias. También quiero agradecer a todos los amigos que hoy estamos llenando esta gran Sala Sorolla, pues sin todos ustedes, sin todos vosotros, todo nuestro esfuerzo no tendría sentido.

Esta séptima conferencia de esta segunda parte del ciclo, está dedicada a la Orden de Montesa, cuyo nombre más completo que ha tenido en alguna ocasión ha sido el de Orden de Santa María de Montesa, y tras la absorción de la Orden de San Jorge Alfama, paso a llamarse, Orden de Santa María de Montesa y de San Jorge de Alfama.

Para poder hablar del origen de la Orden de Montesa, es imprescindible hablar del fin de Orden del Temple. Mas, hagamos un breve repaso a la misma. La Orden del Temple se fundó en Jerusalén en 1148. Su primer maestre fue Hugo de Panys (1070-1136), siendo su misión fundacional, la defensa de los Santos Lugares, y la protección de los peregrinos que iban a ellos.

La Orden Templaria se consolidó rápidamente apoyada por reyes y papas, extendiendo su ámbito de acción, no sólo en Tierra Santa, sino por toda Europa. Centrándonos en España, se asentaron en los reinos de Galicia, León y en especial en el reino de Aragón, participando muy activamente en las guerras de la Reconquista, teniendo un papel relevante en la reconquista del reino Valencia, motivo por el cual, todos los reyes les hicieron donación de numerosos castillos, poblaciones y privilegios por toda la geografía española.

Mas, el rey francés Luis IX (1214-1270), también conocido como «San Luis» por haber sido canonizado en 1297 por el papa Bonifacio VIII (1230-1303), lo apresaron los moros en El Mansurá (Egipto), durante la Séptima Cruzada, y para pagar su rescate, los Templarios aportaron una importante suma de dinero que el reino de Francia no pudo devolver a la Orden Templaria. El reino francés pidió a los templarios que les perdonaran la deuda, pero como estos no quisieron, el rey francés Felipe IV (1268-1314), llamado «el Hermoso», nieto del rey Luis IX, acusó a los templarios ante el papa Clemente V (1264-1314), de graves crímenes y herejías, y este, reacio en un principio a creer esas historias, acabó cediendo ante la fuerte presión del rey francés, autorizando la prisión para los templarios, que fueron torturados y juzgados sumariamente, acabando muchos de ellos, como su último maestre Jacques de Molay (1243-1314), quemados en la hoguera.

El rey Jaime II de Aragón (1267-1327), llamado «el Justo», tampoco creyó las graves acusaciones vertidas sobre los caballeros templarios, y así se lo hizo saber al rey Felipe IV y al papa Clemente V, pero finalmente, acabó por acatar el dictado del papa y ordenó prender a los templarios de su reino. Estos se resistieron y se hicieron fuertes en el castillo de Monzón, pero finalmente fueron apresados y juagados en Salamanca.

Ante esta situación, el rey Jaime II de Aragón para evitar que en su reino creciera desmesuradamente la Orden de San Juan del Hospital, más conocida como la Orden de Malta, decidió crear una nueva Orden que, además, fuera la heredera de los bienes que los templarios tenían en su reino.

Así pues, el rey Jaime II de Aragón, envió al Papado de Aviñón, al noble valenciano Vidal de Vilanova (¿?-ca. 1353), para tratar con el papa Clemente V sobre el futuro de los bienes que él mismo le había negado a la Corona, proponiendo al papa la creación de una nueva Orden militar dotada con los bienes que los templarios y los hospitalarios poseían en el Reino de Valencia.

El papa Clemente V rechazó la petición, pero tras su muerte en 1314, su sucesor el papa Juan XXII (1244-1334), sí que accedió a la petición del rey Jaime II de Aragón, y con la bula «Pia matris eclesia» de 10 de junio de 1317, creó la Orden de Santa María de Montesa, siendo dotada la misma con los bienes que de las órdenes del Temple y de San Juan del Hospital tenían en el Reino de Valencia. Además, el rey le concedió a la recién creada Orden, el castillo y Villa de Montesa con la alquería de Vallada, que eran de propiedad real, para que fuera su sede y, además, construyeran un convento. La Orden de Montesa tomó la Regla de San Benito, llamada la Regla del Cister.

Según la bula de fundación de la Orden de Montesa, le correspondía al maestre de la Orden de Calatrava crear protocolariamente la nueva Orden. Además, era quien tenía la capacidad de armar a los Caballeros Montesanos. Y al día siguiente de promulgar la bula fundacional, el 11 de junio, el papa Juan XXII facultó al abad del monasterio de Santes Creus, para que en su nombre eligiera él al primer maestre de la Orden de Montesa.

El rey Jaime II de Aragón, escribió al decimoctavo maestre de la Orden de Calatrava García López de Padilla (ca. 1256-1336), para que realizara lo encomendado por el papa, pues en la bula de fundación de la Orden de Montesa, se especificaba que debía ser el maestre de la Orden de Calatrava quien tenía la capacidad de armar a los caballeros montesanos, pero a este no le gustaba obedecer órdenes ni tan siquiera de su propio rey, el de Castilla, y así, ni siquiera se dignó a contestar las misivas del rey aragonés. Así, este se dirigió al papa para que intercediera, y el mismo encargo al obispo de Valencia Ramón de Gastón (¿?-1348) que solucionara la situación, el cual envió al reino de Castilla al abad del Monasterio de Nuestra Señora de Benifassà.

El maestre de Calatrava alegó obligaciones de protección fronteriza, y se negó a acudir al reino de Valencia, aunque la verdadera razón era la nula disposición a ceder sus posesiones de Valencia a otra Orden, pero finalmente tuvo que ceder y envió un procurador para que obrara en su nombre.

Resuelto este lance, el 22 de julio de 1319, en la Capilla de Santa Águeda del Palacio Real de Barcelona, en presencia del rey Jaime II de Aragón, del obispo de la ciudad, de los abades cistercienses de Santes Creus, Valdigna y Benifassá, y de algunos caballeros de las órdenes de la Merced, de San Juan del Hospital y de San Jorge de Alfama, Gonzalo Gómez Comendador de Alcañiz, con plenos poderes del maestre de Calatrava, durante el primer Capítulo Solemne de la Orden de Montesa, impuso el hábito de la nueva Orden a los caballeros Guillermo de Eril (¿?-1319), Galcerán de Bellera y Erimau de Eroles. Y de entre ellos, Pedro Alegre, el abad del Monasterio de Santes Creus, nombró por delegación papal a Guillermo de Eril como primer maestre de la Orden de Montesa.

Según la bula papal, el maestre de la Orden de Calatrava tenía derecho de visita sobre la Orden de Montesa, mas, el papa en 1325 decretó que la visita del maestre calatravo debía realizarse siempre junto al abad del monasterio de Santes Creus y de Valldigna.

Los diez primeros caballeros que fundaron la Orden de Montesa, entre los que se encuentran los ya citados, pertenecían a la Orden de Calatrava.

Los fines fundacionales de la Orden de Montesa fueron:

La defensa de la fe.

El culto divino.

Y la santificación personal.

Los cuales se complementan en la actualidad con dos actitudes de vida y conducta para la Orden y sus miembros, que son:

El fin benéfico y social.

Y el histórico cultural.

Una vez creada la Orden, tomó posesión de los territorios y bienes que iban a formar parte de su Señorío, los cuales, principalmente, provenían de los templarios y hospitalarios en el Reino de Valencia.

Mas, en agosto de 1319, Guillermo de Eril, maestre de la Orden, un hombre curtido militarmente pero muy anciano, enfermó gravemente, y eso le llevó a otorgar poderes al clavero de la Orden, Erimau de Eroles para que obrara en su nombre. Y setenta días después de ser nombrado maestre, el 4 de octubre murió en Peñíscola.

Tras este inesperado desenlace, el papa Juan XXII, delegó de nuevo, en el abad de Santes Creus la elección de un nuevo maestre para la Orden. Y el 27 de febrero de 1320, Arnau de Soler, fue designado nuevo maestre de la Orden de Santa María de Montesa.

Entre 1323 y 1326, el rey Jaime II de Aragón conquistó Cerdeña ayudado de la Orden de Montesa que aportó a la campaña hombres y dinero, y por ello el rey otorgó a la Orden un privilegio comercial de exención de lezda, peaje, portazgo, pesas y medidas, anclaje, pasaje y gabelas, para ella y para sus vasallos, en todos los puertos de Cerdeña, Córcega y las islas adyacentes.

Aunque la Orden de Montesa tenía su sede central en la ciudad que le da nombre, al sur del reino de Valencia, los maestres de la Orden se instalaron en San Mateo a unos 210 kilómetros y en el norte del reino de Valencia, puesto que en esta zona tenían mayores propiedades. Y tras el Capitulo Fundacional, fue en esta ciudad castellonense en 1330 donde celebró su primer Capítulo, realizándose en él la división territorial de las distintas encomiendas.

A través de esa división territorial, la Orden de Montesa se estableció en todo el reino de Valencia, desde las comarcas del Maestrazgo de Castellón, en ciudades como San Mateo, cabeza del maestrazgo, y además, Vinaroz, Peñíscola, o la Plana de Castellón con los Señoríos de Onda, Vilafamés y parte del término de Borriana. En Valencia en ciudades como Moncada, Silla, Sueca y Valencia. Y en tierras alicantinas en el Valle de Perpuchent.

Entre 1347 y 1348, en el reino de Valencia tuvo lugar la revuelta conocida como de la Guerra de la Unión, por la que algunos nobles valencianos junto a gran parte del pueblo, quisieron separarse de la Corona de Aragón y constituirse en reino independiente. Pero el rey Pedro IV de Aragón (1319-1387), llamado «el Cremonioso», o «el del Puñalet». encargó al segundo maestre de la Orden de Montesa, Arnaldo de Soler (¿?-1327), que controlara la revuelta, y así lo hizo.

Gracias a esta acción, la Orden de Montesa fue recompensada con algunos privilegios como el control de multas e indemnizaciones y la facultad del maestre para perdonar y absolver a quien considerase oportuno.

Además, cabe comentar que, si el reino de Valencia se hubiera constituido como reino independiente, la Orden de Montesa, seguramente hubiera tenido que decidir si asentar su sede en el reino de Aragón, con lo que hubiera perdido las posesiones en el reino de Valencia, o hubiera tenido que negociar algún acuerdo con este reino. O quedarse en el reino de Valencia, lo que les hubiera llevado a perder o ver alterados de alguna manera sus privilegios y libertades con respecto al reino de Aragón, pues las órdenes obedecían tan sólo a un rey.

El 25 de octubre de 1349 en la población de Lluchmajor en Mallorca, tuvo lugar la Batalla de Lluchmajor, en la cual, las tropas del rey Pedro IV de Aragón derrotaron a las del rey Jaime III de Mallorca (1315-1349), llamado «el Temerario», y tras esa derrota, el rey Pedro IV de Aragón incorporó el reino de Mallorca a la Corona de Aragón, y en esa batalla tan decisiva, estuvieron presentes los poderosos caballeros de la Orden de Montesa.

En 1356 estalla la llamada Guerra de los Dos Pedros entre Pedro I de Castilla (1334-1369), llamado «el Cruel» y Pedro IV de Aragón, y la Orden de Montesa no dudó en ponerse al servicio real con su fuerza militar y recursos económicos.

En 1382, tras la muerte del maestre Albert de Tous (¿?-1382), hermano del anterior maestre Pedro de Tous (¿?-1374), la corona de Aragón propuso como maestre a Ramón de Vilanova, por ser de un linaje muy ligado al rey, pero esta propuesta no fue bien recibida por la Orden, por lo que conllevaba de injerencia real en el funcionamiento de la misma. Finalmente, el nuevo maestre fue Berenguer March (¿?-1409), propuesto por la Orden.

En abril de 1384 el rey Pedro IV convocó a las Órdenes de San Juan del Hospital, Santiago y Montesa para proteger la frontera pues se temía un ataque del rey del reino nazarí de Granada por tierra y mar. De hecho, en los primeros meses de 1386 las incursiones granadinas debieron ser devastadoras pues se asaltaron las comarcas de Alicante, Biar, Alcoy e incluso Paterna, siendo sultán de Granada Muhemmed IX (1396-1454).

En 1393, el maestre Berenguer March, solicitó al papa Clemente VI (1291-1352), que los miembros de la Orden que lo deseasen, pudiesen ser armados Caballeros según las reglas de la Caballería, petición que aprobó el papa mediante la bula de 5 de agosto de 1393. Esto conllevó a que los aspirantes a entrar en la Orden de Montesa como Caballero, necesitaran probar la nobleza notoria y para los freiles y clérigos, solamente legitimidad y limpieza de sangre.

Así, los aspirantes a caballeros debían probar ser nobles de sangre y no de privilegio al menos en sus dos primeros apellidos. Debían tener escudo de armas y ser descendiente él, sus padres y abuelos varones por ambas líneas de casa solar conocida. No haber desempeñado oficio vil, mecánico o industrial. No tener mezcla con judío, moro o hereje, converso ni villano por remoto que fuese. No haber realizado ningún acto en contra de la fe católica o la iglesia. Ni él, ni sus padres y abuelos debían haber sido nunca penitenciados, se hayan dedicado al préstamo, mercadeo al por menor o hayan tenido oficios que conllevaran esfuerzo manual. No haber faltado a las leyes del honor o ejecutado cualquier acto impropio de un caballero.

Ahora hay que hablar brevemente de la Orden de San Jorge de Alfama, la cual, se fundó en 1201, durante el reinado del rey Pedro II de Aragón (1178-1213) llamado «el Católico», aunque no fue aprobada por la Santa Sede hasta 1373, de la mano del papa Gregorio XI (1329-1378). Siempre fue muy pobre, pues en toda su existencia tan sólo poseyó un modesto priorato en Valencia y la inmensidad deshabitada del desierto de Alfama. Además, no disponía de muchos caballeros.

Así, tras subsistir precariamente hasta el agotamiento de sus rentas, en 1399, siendo su maestre Francisco Ripollés comunicó al rey Martín I de Aragón (1356-1410), llamado «el Humano», el estado ruinoso y de extrema necesidad en el que se encuentra la Orden, y el rey tomó la decisión de incorporarla a la Orden de Santa María de Montesa, y así lo convinieron ante el rey, el maestre de la Orden de Montesa Berenguer March y el de la Orden de San Jorge de Alfama Francisco Ripollés, quien renunciaba en ese acuerdo a su Maestrazgo

El papa aceptó la propuesta del rey Martín I de Aragón, y mediante la bula de 24 de enero de 1400 unió para siempre la Orden de San Jorge de Alfama a la Orden de Santa María de Montesa, pasando, esta, a denominarse Orden de Santa María de Montesa y San Jorge de Alfama.

A pesar de que Orden de San Jorge estuviera bajo la Regla de San Agustín, cuando fue anexionada a la Orden de Montesa, esta continuó bajo la Regla de San Benito, la Regla Cisterciense que había profesado desde sus inicios.

Desde esta anexión, el escudo de la Orden de Montesa que hasta ese momento había sido una cruz flordelisada negra de cuatro brazos iguales, añadió en su centro la llamada cruz de San Jorge, una cruz griega roja. Pasando la unión de estas cruces a considerarse el emblema de la Orden de Santa María Montesa.

En 1409, se produjo una crisis interna en la Orden, pues tras la muerte del maestre Berenguer March, a la normal complejidad de elección del nuevo maestre, por los intereses de los caballeros y los propios del rey, se añadieron los intereses del papa aragonés Benedicto XIII (1328-1423), más conocido como el «Papa Luna», debido a su nombre secular Pedro Martínez de Luna y Pérez de Gotor​, el cual estaba inmerso en conflicto del Cisma de Occidente, que se extendió de 1378 a 1417, y quería tener a su lado a la poderosa Orden de Montesa.

La Orden de Montesa participó en multitud de campañas junto a los reyes de Aragón. Así en 1410 y 1412, intervino activamente en las campañas de Italia al lado de rey Alfonso V de Aragón (1396-1458), llamado «el Magnánimo».

En estas campañas y hasta 1445, el sexto maestre de la Orden Romeo de Corberá (¿?-1445) y el séptimo maestre Gilaberto de Monsavín (¿?-1453), destacaron enormemente, elevando con ello la Gloria de la Orden de Montesa. 

En 1469, por el casamiento de la reina Isabel I de Castilla (1451-1504), llamada «la Católica», con el rey Fernando II de Aragón (1452-1516), llamado «el Católico» se unifican ambos reinos en uno, configurando un primer apunte de lo que sería España. A esta unión real se la conoce como los Reyes Católicos.

En 1482 el rey Fernando II de Aragón impuso como IX maestre de la Orden, a su sobrino Felipe de Aragón y Navarra (1457-1488), a pesar de que no era del agrado de los caballeros de la Orden. Recordemos que algo similar ocurrió en 1382, aunque en esa ocasión no fue maestre el candidato impuesto por el rey

Ese mismo 1482, se inició la Guerra de Granada, en la cual, los reinos de Aragón y Castilla lucharon contra el reino Nazarí de Granada. En esta guerra las órdenes de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa, participaron de una forma directa y eficaz en las conquistas de Mojácar, Vélez Rubio, Vélez Blanco y demás pueblos de Almería, muriendo el noveno maestre de la Orden de Montesa Felipe de Aragón y Navarra, en la toma de Baza el 10 de julio de 1488.

Con la toma definitiva de Granada el 2 de enero de 1492, finalizó la Reconquista, y con ella culminaron y concluyeron las gestas militares de las órdenes de caballería, las cuales comenzaron a decaer en su carácter bélico, y con ello en sus directrices fundacionales.

En 1526, la Orden participó en la lucha contra la sublevación de los moriscos en la Sierra de Espadán, siendo este un momento muy delicado, pues no había suficientes tropas instruidas en el Reino de Valencia para hacer frente a la rebelión, pues los corsarios berberiscos atacaban continuamente las costas valencianas.

En 1572, un tribunal de la Inquisición de Valencia condenó por sodomía a Pedro Luis Garcerán de Borja (1528-1592), marqués de Navarrés y hermano de San Francisco de Borja (1510-1572), elegido a los 17 años, y quien fuera el último maestre de la Orden, a 10 años de reclusión en el convento de Montesa, y una multa de 6000 ducados. La condena fue porque tiempo atrás estuvo enamorado de un proxeneta llamado Martín de Castro, el cual, lo delató antes de ser ejecutado.

En esos momentos la Orden de Montesa pasaba de nuevo por una crisis interna que la dividida en facciones por culpa de las enemistades que surgían por la presentación de los candidatos a maestre. Mas, en 1583, Garcerán de Borja, una vez cumplida su condena, al margen de esas disputas, negoció con el rey Felipe II de España (1527-1598), llamado «el Prudente», la incorporación a la Corona de la última Orden que se mantenía independiente, la Orden de Montesa, y así sucedió el 8 de diciembre de 1587 mediante una bula del papa Sixto V (1521-1590).

Y definitivamente en 1592 Felipe II de España asumió el gobierno de la Orden con el título de Administrador Perpetuo. A partir de ese momento, la Orden de Montesa pasó a ser gobernada a través de la figura del lugarteniente general, caballero de hábito en quien delegaba el rey su jurisdicción y que, necesariamente debía residir en el reino de Valencia. En la Corte, el rey contó con el asesor general, también montesano, y el Consejo Supremo de la Corona de Aragón, que ejerció de consejo particular de la Orden de Montesa.

El 29 de junio 1707 esta situación cambió al suprimirse los fueros del Reino de Valencia, pues en la Guerra de Sucesión Española, que se extendió desde 1701 hasta 1713 firmada la paz con el Tratado de Utrecht, el reino de Valencia apostó por Carlos Francisco de Habsburgo y Neoburgo (1685-1740), más conocido como el «Archiduque Carlos», pero la guerra la ganó el rey borbón Felipe V de España (1683-1746), llamado «el Animoso», quien promulgó los Decretos de Nueva Planta, con los que le suprimieron los fueros a todos los reinos que no habían estado a su lado en la guerra.

Y en 1738 tras morir el asesor general, Vicente Monserrat, se suprimió el cargo y sus competencias pasaron al Consejo de las Órdenes Militares.

El final de la Orden de Montesa como tal, se produciría por la Desamortización de 1836, más conocida como la Desamortización de Mendizábal, quien tuvo como promotor a Juan Álvarez Mendizábal (1790-1853) del que toma su nombre, mediante la cual se exclaustró a los freires y se subastaron los bienes de la Orden, pasando la mayoría de estos a manos privadas. La Orden de Montesa se convirtió en una corporación honorífica, sin más continuidad con la original Orden Militar que sus símbolos y hábitos, y totalmente desligados del espíritu cruzado y de la Iglesia, pues en este ámbito, se prohibieron nuevos ingresos de religiosos.

El patrimonio de la Orden de Montesa se mantuvo con pocos cambios hasta la mencionada desamortización, y hasta ella sólo hubo una alteración importante: la pérdida definitiva de Peñíscola y su castillo en 1488.

Tras la Desamortización, el gobierno mandó que los archivos de la Orden se transfirieran a los archivos estatales, por lo tanto, una parte de los fondos se trasladó a Madrid, y otra parte se encuentra en el Archivo del Reino de Valencia.

Desde el punto de vista eclesiástico, desde 1851, el obispo de Ciudad Real ejerce el cargo honorífico de obispo-prior no sólo de la Orden de Montesa, sino también de las órdenes de Santiago, Calatrava y Alcántara.

La Orden de Montesa continuó su actividad hasta 1931, en que el Gobierno de la Segunda República que se extendió desde el 14 de abril de 1931 hasta el 1 de abril de 1939, suprimió las órdenes militares, aunque les permitió reconvertirse en asociaciones civiles.

Las dignidades y cargos de la Orden según su jerarquía, fueron los siguientes.

Maestre

Era la autoridad suprema al cual elegían los demás miembros de la Orden reunidos en Capítulo General, elevándose al papa la propuesta para su definitiva aprobación.

Comendador Mayor

Asumía la jurisdicción de la Orden en ausencia del maestre.

Clavero

Tenía a su cargo las llaves del Sacro Convento, y la jurisdicción de la villa de Montesa.

Obrero

Cuidaba del mantenimiento y obras del Convento.

Subcomendador

Guarda o alcalde del castillo.

Subclavero

Ejercía la jurisdicción temporal sobre las villas de Montesa y Vallada.

Hermanos. Que podían agruparse en dos grupos:

Los guerreros o Caballeros Cruzados.

Eran los que cumplían su cometido en el campo de batalla.

Los religiosos o Capellanes adscritos a la Orden.

Dedicados al servicio de las parroquias de la Orden. Siendo la cabeza de todos ellos el Prior del Sacro Convento de Montesa.

Escuderos

Acompañaban a los Hermanos.

Vasallos

Encargados del comercio y negocios.

Siervos

Encargados de las tareas manuales, siendo obreros, agricultores, etc. 

Y un largo número de cargos más.

Todos los miembros de la Orden, tanto freires monjes como freires caballeros, debían mantener los tres votos religiosos tradicionales de castidad, pobreza y obediencia.

Mas, el voto de castidad cambió en 1558, pues el último maestre de la Orden Galcerán de Borja, contrajo matrimonio, y con esto todos los caballeros que quisieron casarse pudieron hacerlo con permiso del maestre, ratificando esta situación mediante dos bulas, promulgada una de ellas en 1584 por el papa Gregorio XIII (1502-1585), y la segunda por el papa Sixto V en 1588. En la actualidad ya no hace falta tampoco pedir permiso al maestre.

Respecto a la organización interna, la Orden de Montesa se regía por sus Definiciones, es decir las reglas de conducta que los miembros, tanto religiosos como caballeros, que tenían la obligación de conocer, guardar y observar, tanto en tiempo de paz, como en tiempo de guerra. Esto sería lo que en la actualidad llamaríamos el Reglamento de Régimen Interno. En las Definiciones se especificaban todas las obligaciones del monje junto con todo un sistema penitencial para corregir las posibles desviaciones.

El castillo de Montesa contaba con una situación estratégica controlando el valle de Montesa, vía de acceso natural hacia Castilla, además, se encontraba en la frontera sur del reino en territorios ya reconquistados, pero con numerosa población musulmana.

Junto al castillo, fue edificado el Sacro Convento de Montesa. Las obras fueron iniciadas durante el maestrazgo de Pedro de Tous, continuando las mismas otros maestres como Luis Despuig (1410-1482) y Francesc Bernat Despuig i Rocafull (¿?-1537).

El gobierno del castillo se ejercía a través de tres responsables:

El prior

Era la dignidad eclesiástica más importante de toda la Orden.

El subcomendador

Hacía las funciones de alcaide del castillo.

El subclavero

Ejercía la jurisdicción temporal sobre las villas de Montesa y Vallada.

Ahora bien, la elección de Montesa como sede de la Orden no fue casual, pues la villa y su castillo están entre dos grandes zonas montañosas del interior, en aquel tiempo habitadas por musulmanes siempre dispuestos para la rebelión, y al mismo tiempo estaba bien comunicada con Valencia y con la cercana Játiva a unos 18 kilómetros. Y como ya he citado, era el paso natural para comunicarse con el reino de Castilla.

Sobre el emblemático castillo de Montesa, cabe comentar que existen vestigios del mismo desde las épocas íberas y romanas, pero fue en la época islámica cuando el castillo tomó relevancia por su situación geográfica de dominio de todo el valle, siendo el castillo el origen de la ciudad de Montesa.

Desde el castillo de Montesa los musulmanes vivieron la rendición de Xàtiva en 1244. Más tarde, en 1277 fue conquistado por Pedro III de Aragón (1239-1285), llamado «el Grande», pasando el mismo a la Orden de los Templarios hasta su desaparición en 1317. Y como ya he citado, en 1319, el rey Jaime II de Aragón donó el castillo, la ciudad y el término, a la Orden de Montesa, los cuales reconstruyeron el castillo al estilo gótico y lo ampliaron, realizándose importantes obras y mejoras entre 1327 y 1374, periodo en el que construyeron el convento para atender las obligaciones monacales de los religiosos de la Orden. Además, por sus gruesos muros, el castillo fue considerado como uno de los más fuertes de la época, y en su plaza de armas podían formar hasta 2.000 hombres.

El convento se edificó según el modelo de los monasterios cistercienses, Regla a la que pertenecía la Orden. La obra más importante se realizó durante el maestrazgo de Pedro de Thous que mandó construir la Sala Capitular, el refectorio, la iglesia, una cisterna, el horno y la muralla que rodea al convento. A finales del siglo XIV durante el maestrazgo de Berenguer March se construyó el claustro. Y en el siglo XV se construyeron los dormitorios y la capilla de San Jorge.

En el castillo-convento vivían habitualmente una veintena de frailes, cuya ocupación principal la constituían las oraciones, es decir, de 4 a 8 horas para celebrar el Oficio Divino, unas 7 horas para dormir, y el resto de horas dedicadas en partes iguales a trabajar, estudiar y a la lectura religiosa.

En 1748 un terremoto destruyó el castillo de Montesa y su convento, al ceder y caer la roca donde se asentaban, muriendo la práctica totalidad de las personas que allí se encontraban. Al ver el ruinoso estado en que quedo, la Orden de Montesa trasladó su sede a Valencia, a la llamada Casa o Palacio del Temple. Una vez en Valencia, en las Cortes Valencianas el maestre ocupó el segundo lugar del brazo eclesiástico, después del arzobispo de Valencia Andrés Mayoral Alonso de Mella (1685-1769), más conocido como el «arzobispo Mayoral».

Tras ser abandonadas las runas del castillo, estas fueron declaradas monumento arquitectónico-artístico en 1926 durante el reinando en España del rey Alfonso XIII (1886-1941), llamado «el Africano».

Hoy el castillo, aunque está en ruinas y tan sólo muestra los cimientos y algunos lienzos de no mucha altura, conserva elementos islámicos como la entrada en codo y la albacara, que es un recinto cerrado para guardar el ganado, pudiéndose visitar acompañado de un guía que te explica toda la grandeza que tuvo en su momento de gloria.

Quiero apuntar que el castillo de Perpuchent fue el único que la Orden de Montesa tuvo en el sur del reino de Valencia, estando ubicado en un lugar que no era estratégico, ni siquiera con respecto al valle de su mismo nombre.

El «Llibre d’escriptures originals de Pere Llobet de Balenya, atorgades en temps dels dos primers Mestres de Montesa, fra Guillem d’Erill i fra Arnau Soler» escrito entre 1319 y 1321, es el que pudiera ser el primer libro con registros y documentos de la Orden de Montesa. Mientras que el libro «Actes de possessió del Maestrat de Montesa pel rei Felip II», es el libro de las actas de posesión, pueblo a pueblo, de la Orden de Montesa, escritas por los comisionados del rey Felipe II de Aragón, ya que en 1592 la Orden fue incorporada a la Corona Castellano-Aragonesa.

Con esto amigos, he realizado un breve paseo a través de la historia de la Orden de Montesa, que espero haya sido de su agrado.

En la próxima conferencia, la primera de la tercera parte del ciclo, y que impartiré Dios Mediante el día 6 de octubre de 2020, hablaré sobre unos nuevos tipos de órdenes, las órdenes Honoríficas, Nobiliarias y Dinásticas, y comenzará esta tercera parte del ciclo con la Real y Militar Orden de San Fernando.

Espero que esta conferencia haya sido de su interés, y les emplazo a todos a asistir a la siguiente, y hasta entonces, tengan, todos, una buena vida.

Bibliografía

Libros

– Montesa Ilustrada. Dotot Fery Hippolyto de Samper. Prior de San Jorge. Tomo I. 1669

– Los Magistrados y Tribunales de España. Lorenzo Santayana Bustillo. 1700. Josepla Fort. 

– Real Maestrazgo de Montesa. Joseph Villarroya. 1787. Oficina de Benito Monfort.

– Los castillos de la orden de Montesa en el contexto del siglo XIV. Myriam Navarro Benito. 1984. Universidad de Alicante.

– Historia y trages [sic] de las órdenes religiosas militares. 1848. Abate Tiron. Barcelona.

– Las órdenes militares hispánicas en la Edad Media (siglos XII-XV). Carlos de Ayala Martínez. 2007. Madrid.

– Santa María de Montesa la orden militar del Reino de Valencia (ss. XIV-XIX).  Josep Cerdà i Ballester y Juan Francisco Pardo Molero. 2019. Universidad de Valencia.

– Los orígenes de la piratería islámica en Valencia. Andrés Díaz Borrás. 1993. Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

– La Orden de Montesa: Estudio de las rentas de la Bailia de Cervera: 1587-1623. Varios autores.

Webs

– Wikipedia

– Real Academia de la Historia

– reasilvia.com

– La crisis de la historia.com (Revista de historia)

Otros

– Príncipe de Viana. Juan Biox Salvador. Gobierno de Navarra. 2017

– Historia medieval. Anales de la Universidad de Alicante 13. José Hinojosa Montalvo. Myriam Navarro Benito. 1984. Departamento de Historia Medieval. 2010. Université de la Sorbonne Nouvelle.

Conferencia sobre San Jorge de Alfama

Conferencia sobre San Jorge de Alfama

Este texto corresponde a la conferencia que impartió Don Juan Benito Rodríguez Manzanares en el Ateneo Mercantil de Valencia, dentro del ciclo de Órdenes Militares. 7 de octubre de 2020. Salón Sorolla

Estimadas autoridades, representación del Ateneo Mercantil de Valencia, damas, caballeros, amigos y asistentes todos a esta quinta conferencia de la segunda parte del ciclo de conferencias que el Ateneo y yo mismo, vamos a dedicar a las grandes órdenes de caballería, militares y hospitalarias. Sed bienvenidos y espero/esperamos, que esta serie de conferencias sea del agrado de todos, pues con ella nos hemos propuesto acercar al gran público este mundo, a veces un tanto desconocido.

Quiero agradecer a doña Carmen de Rosa Torner, presidente de la Casa donde nos encontramos, el Ateneo Mercantil de Valencia, y a toda su Junta Directiva por amparar y apoyar este ciclo de conferencias. También quiero agradecer a todos los amigos que hoy estamos llenando esta gran Sala Sorolla, pues sin todos ustedes, sin todos vosotros, todo nuestro esfuerzo no tendría sentido.

Esta sexta conferencia de esta segunda parte del ciclo, está dedicada a la Orden de San Jorge de Alfama, cuyo nombre más completo que ha tenido en alguna ocasión fue el de Orden Militar de San Jorge de Alfama.

Antes de comenzar con la conferencia propiamente dicha, he de resaltar que, en ocasiones, dados los siglos que han pasado desde que las diferentes órdenes se fundaron, y hasta que desaparecieron, como le pasó a la inmensa mayoría de ellas, es bastante complejo poder recabar información de las mismas, como ocurre con esta Orden, y así lo apuntó en su momento Pedro Miguel de Samper (Mediados del siglo XVII -¿?), el cual fue el decimoquinto y último cronista del reino de Aragón, y el primer cronista de la Orden de San Jorge, el cual textualmente, cita lo siguiente con respecto a la documentación de la Orden de San Jorge:

«Casi todo lo ha consumido el tiempo».

Pues, como él mismo dice, algunas noticias son muy escasas y escuetas, y las extrajo de documentos en muy mal estado, que en la mayoría de ocasiones, no han llegado hasta nuestros días. Pero esto no es nuevo, pues algo así también comentamos en la conferencia sobre la Orden de Alcántara.

Comencemos, y para ello, nos vamos a ir hasta mediados del siglo XII. Y comentaré que, tras la conquista de Tortosa, gran parte de aquellos parajes quedaron bajo el dominio de los caballeros templarios y sanjuanistas, aunque había un amplio territorio que se encontraba muy deshabitado a causa de su carácter inhóspito, todo un desierto que, además disponía de costa, y ello era un grave problema, pues eso quería decir que podía ser atacado e invadido ese territorio, que además era paso entre Tarragona y Tortosa, por los sarracenos, por tierra y por mar.

Así, para poder paliar este problema en la medida de lo posible, el rey Pedro II de Aragón (1178-1213), llamado «el Católico», con el beneplácito de su madre la reina Sancha de Castilla (1154 o 1155-1208), el 24 de septiembre de 1201 fundó la Orden Militar de San Jorge, poniéndole este nombre en agradecimiento al santo patrón que él consideraba que le había protegido en la guerra contra los sarracenos.

Aunque en honor a la verdad hay que decir que en realidad no fundó una orden como tal, sino una milicia regida religiosamente por un obispo, pues su reconocimiento papal como Orden, la tuvo en 1373, 171 años después de ser creada, como luego veremos.

Así pues, el rey Pedro II de Aragón creó esta milicia, y para que la recién creada milicia pudiera cumplir el cometido para el que había sido fundada, le donó al caballero templario y diácono Juan de Almenara, y además, a Martín Vidal y todos sus sucesores en la milicia, todo aquel vasto e inhóspito territorio llamado desierto de Alfama, convertido en el Señorío de Alfama, el cual estaba cerca de la villa de Tortosa, y que comprendía esa enorme extensión deshabitada, comentada anteriormente, situada entre el delta del Ebro y Cambrils, para que en ella construyeran un castillo y este fuera la sede de la milicia.

Aunque el rey Pedro II de Aragón, siempre quiso que, la milicia que había creado, fuera una Orden. Así en la redacción de los fines fundacionales trata a la milicia como una verdadera Orden, como podemos leer en este extracto:

«Domus ordinis et orationis et misericordie, in Honorem Dei et Sancti Georgii, construatis et deinceps in barbarorum rabies propulseltur».

Es decir, «Orden dedicada a la oración y la misericordia, dirigida a dar cobijo a los caminantes, y el rechazo a los sarracenos o de quien atacase la zona».

Mas, dada esta donación, la milicia añadió al final de su nombre, el nombre del señorío recibido, y dado que en la redacción de sus primeros textos vinculantes aparecía la palabra «Orden», pasaron a denominar Orden a la milicia, con lo que su nombre completo pasó a ser, Orden Militar de San Jorge de Alfama.

La Orden nació con un fin principal, proteger la zona de los ataques moros, pero nació sin ningún tipo de recursos, y en un momento no muy bueno económicamente para el reino de Aragón. Así, el rey Pedro II de Aragón, le concedió a la Orden y a su dirigente Juan de Almenara, pues aún no podían denominarse Maestre, la facultad de colectar limosnas para la construcción del castillo que sería la sede de la Orden, situado en Alfama.

La figura del colector de limosnas estuvo ligada íntimamente a la Orden durante toda su existencia, y en algunas ocasiones, sobre todo en la decadencia de la misma, sirvió para desviar dinero de la Orden para el uso personal del colector.

Además de lo dicho, en los primeros años de vida, la Orden tuvo tres funciones principales, que fueron la construcción del castillo que sería su sede, colectar limosnas para poder subsistir y construir el castillo, y ayudar militarmente a su rey en la reconquista de tierras de manos musulmanas, y siempre que se lo pidiera.

Y, como las demás Órdenes tradicionales, la Orden de San Jorge de Alfama seguía, un sistema de tipo feudal, en que los freires y cuantos estaban bajo la autoridad del dirigente, quedaban unidos a él por vínculo de vasallaje.

Ahora bien, durante sus primeros treinta años de vida, no tuvo una jerarquía aceptada al no ser una Orden propiamente dicha, como ya he citado, así, a Juan de Almenara se le considera como el primer superior, prior, prior mayor, comendador, o cualquier otro nombre, menos maestre, y la elección de este se realizaba por los freires en el convento, hasta que en 1341, 140 años después de fundarse la milicia, se nombró a Humberto Sescorts, como Maestre, siendo el primero que ostentó realmente este título dentro de la Orden, aún sin serlo, pues como hemos visto, obtuvo el rango de Orden en 1373.

Todos los freires de la Orden le prometieron lealtad al rey mediante la siguiente fórmula:

«Sub virtute sante obedientie, homagii ac iuramenti a nobis in ferius prestiti».

(«Bajo el poder de la santa obediencia, ser declarado por nosotros en el sentido del juramento, y el juramento de homenaje.»)

Finalmente, tras largos años de colectar limosnas, construyeron el castillo en una de las calas del Señorío de Alfama, siendo el mismo de planta cuadrada y de aproximadamente unos 20 metros de lado, con unos lienzos exteriores de unos 12 metros de altura, llegando la torre del homenaje a una altura de unos 16 metros.

En ese castillo, además de la sede de la Orden, tuvieron un pequeño hospital, aunque esta Orden nunca llegó a denominarse como hospitalaria.

Posteriormente, ya con el castillo-hospital construido, la asistencial también fue una de las grandes funciones de la Orden de San Jorge de Alfama. Siendo otra de sus grandes funciones desde su constitución, la defensa costera frente a los ataques de los musulmanes.

El rey no se caracterizaba por estar realizando una buena política económica, y esto hizo que a la Orden que había creado con un meritorio fin, no le concediera demasiadas donaciones. Así pues, los primeros años de la existencia de la Orden, y casi durante toda su existencia, vivieron principalmente de las limosnas que recibían, obligando a sus frailes a pedir limosna para poder mantenerse, haciendo que la Orden como tal, pasara muchas miserias.

Llegamos a 1205, año en que recibieron como donación, el dominio de Bujaraloz en Zaragoza. Además, un documento de ese mismo año, también menciona la existencia de un hospital en Alcarrás en Segriá, que pudiera ser que tuvieran en propiedad, aunque este extremo no está suficientemente documentado.

Pero, debido a las penurias económicas que siempre padecieron, en 1229 se vieron obligados a vender Bujaraloz al monasterio de Sigena por 520 maravedíes alfonsinos, para poder hacer frente a las deudas que habían contraído. La venta fue confirmada el 22 de mayo de 1230 por el rey Jaime I (1208-1276), llamado «el Conquistador».

La Orden, aunque discretamente, participó en la Batalla de las Navas de Tolosa acaecida en 1212, acudiendo al llamamiento de ayuda del rey castellano Alfonso VIII (1155-1214), llamado «el de la Navas», o, «el Noble». También participaron en la campaña de Almería en 1309 junto al rey Jaime II (1267-1327), llamado «el Justo». Participaron en la campaña de Mallorca, y en la campaña de Cerdeña, obteniendo donaciones en ambos lugares. Además, ayudaron al rey Pedro II de Aragón a conquistar Valencia, Ademuz y Castielfabib.

Pero, la Orden no sólo tenía problemas económicos, que no eran pocos, ya que también se enfrentó a dificultades político-religiosas, siendo uno de sus principales problemas el Catarismo, pues en las tierras del rey Pedro II de Aragón, los cátaros, o albigenses, estaban muy arraigados.

Además, el rey Pedro II de Aragón, se encontró con un gran dilema, pues, de un lado deseaba la amistad de los nobles de Languedoc en el sur de Francia, que lindaban con el reino de Aragón, pero sin tener que enfrentarse al papa Inocencio III (1161-1216), pues este había iniciado una Cruzada contra los cátaros, llamada Cruzada Albigense que se extendió de 1209 a 1229.

Mas, cuando el papa envió a la nobleza franca contra los cátaros occitanos, obligó al rey Pedro II de Aragón a unirse a ellos, y así lo hizo. Y, juntos se enfrentaron a los occitanos dirigidos por Simón IV de Montfort (1160-1218), y en una de sus batallas, la famosa Batalla de Muret, acaecida el 12 de septiembre de 1213, cayó abatido el rey Pedro II de Aragón, y toda Occitania quedó en manos de Simón IV de Monfort, y como consecuencia de esta situación, la Orden de San Jorge se llevó un duro golpe, pues podríamos decir que su único benefactor era el rey aragonés abatido.

El rey Pedro II de Aragón en un principio, por haber desobedecido al Papa Inocencio III, fue excomulgado, y su cuerpo al morir no fue enterrado en el Panteón Real, sino en Tolosa, hasta que el papa Honorio III (1150-1227), autorizó en 1217 el traslado de sus restos al Panteón Real del Monasterio de Santa María de Sigena, situado en Huesca.

Internamente, el órgano de gobierno de la Orden de San Jorge, era el Capítulo General, y estos se celebraron, además de en Alfama, en Carabona, municipio de la actual Burriana que el rey Jaime I donó a la Orden, y en la iglesia de San Jorge de Valencia, ciudad en la que la Orden tuvo su mayor priorato.

El Superior de la Orden era elegido por los freires, compuestos por clérigos y laicos reunidos en Capítulo, excepto los tres últimos Maestres, de esa forma se evitaba que el monarca tuviera influencia.

El primer Capítulo de la Orden de la que se tiene constancia, fue en 1225, presidido por el segundo superior de la Orden, el prior Guillermo Auger. En 1229 ya con el tercer prior de la Orden Guillermo de Cardona, y con motivo de la venta de la Villa de Bujaraloz, se realizó un nuevo Capítulo.

En 1232 tras la campaña de Mallorca, la Orden recibe las alquerías de Alfauvach y Dalmón, poniendo por nombre a una de ellas, de San Jorge, y fueron propiedad de la Orden hasta 1285, en que el rey Jaime II de Mallorca, (1243-1311), llamado «el Justo», un tanto francófilo, se las arrebató. Mallorca se rindió en 1285, y el 15 de octubre de 1286, el rey Alfonso III de Aragón, (1265-1291), llamado «el Liberal», o, «el Franco», le devuelve la Alquería de San Jorge al sexto comendador de la Orden Ramón de Guardia, el cual, según el historiador Samper, le había acompañado a la campaña de Mallorca.

Tan sólo como apunte histórico, comentar que, la Orden de San Jorge siempre tuvo como rival a la Orden de Calatrava, e incluso llegaron a ser grandes enemigos.

Damos un salto en el tiempo y nos situamos en 1317, cuando fue nombrado Jaime de Tárrega, décimo comendador de la Orden, el cual, no fue un buen administrador de la misma, y de los aproximadamente 20.000 sueldos de renta que percibía la Orden, en lugar de utilizarlos en beneficio de la misma, se los gastaba en cosas de dudosa justificación, y según parece ser, incluso en su propio beneficio. Por tal motivo decidieron destituirlo, nombrando comendador de la Orden en 1327 a Pedro Guasc, que había sido el comendador antecesor de Jaime de Tárrega, y volvió a ser comendador de la Orden, siendo estos unos años muy difíciles económicamente para la misma.

La Orden poesía dos prioratos, el de Alfama, que fue el primigenio, y uno en Valencia que se constituyó como el principal priorato de la Orden, y en 1324 la primitiva iglesia de San Jorge de Valencia pasó a ser propiedad de la Orden, realizándose en ella desde ese momento, sus Capítulos y eventos, convirtiéndose en la sede de la Orden de San Jorge en Valencia.

En 1327 la Orden recibió la importante donación del castillo de Riquer, entre otros bienes, donde se estableció una pequeña encomienda, que reunió una reducida comunidad.

En 1341 fue nombrado Humberto Sescorts Maestre de la Orden, como ya he citado, el primer Maestre de la Orden, cuya labor militar fue muy importante y reconocida por el rey, pero esta actividad llevó a la Orden a una crisis económica que no supo afrontar y comenzó una política de venta de sus propiedades en Mallorca, Valencia, y otros emplazamientos, que lo único que hizo fue reducir el patrimonio de la Orden, y con ello, las rentas que percibía.

En 1348 en Tortosa se declaró una epidemia de Peste Negra, y aunque el castillo de la Orden estaba lejos del epicentro de la epidemia, esta abandonó su castillo trasladando su sede capitular a Valencia, aunque Tortosa pagó a un ciudadano llamado Tomás Segura para que lo custodiara. Sobre 1360 volvieron al castillo de Alfama, pero por pocos años, volviendo a instalar definitivamente su sede en Valencia.

El rey Pedro IV de Aragón (1319-1387), llamado «el Ceremonioso» o, «el del puñalet» inició acciones legales con el gobernador de Valencia para restituir todos los bienes que la Orden hubiera perdido injustamente, pero no pudo hacer nada, pues todas habían sido ventas legales. El maestre Humberto Sescorts el 17 de octubre de 1365 definitivamente, renunció de su cargo a manos del rey, no del capítulo de la Orden, lo que deja patente la injerencia que el rey Pedro IV de Aragón tenía en la Orden.

Sobre 1365 se nombró prior de la Orden al presbítero valenciano Juan Pérez de Miedes, y el 5 de octubre de ese mismo año, el rey lo avaló, pero a mediados de 1369 Juan Pérez tras cuatro años al frente de la Orden, llega a la conclusión de que la misma no prospera, y decide pedir al rey poder erigir en Valencia una nueva iglesia o monasterio en honor a San Jorge, con el que poder volver a recibir rentas.

Pasaron muchos años sin que la milicia fuera realmente una Orden como tal, así que, el rey Pedro IV de Aragón, como era muy devoto de San Jorge, quiso convertir definitivamente la milicia en una Orden, en la Orden Militar de San Jorge de Alfama, para lo cual solicitó el beneplácito y la aprobación del papa Gregorio XI (1329-1378), la cual le fue otorgada en 1373, confirmándoles la Regla de San Agustín, pues desde su creación hasta ese momento, se habían gobernado con el Visto Bueno episcopal, y se regían por una regla propia. La ceremonia tuvo lugar el 8 de septiembre de ese mismo año.

Aquí expongo parte de la bula de aprobación de la Orden que habla de la regla.

«Qui sub Regula beati Augustini et invocatione beati Georgii in loco de Alfama, Dertusenins diocesis, intitutus fuit et fundatus».

Y en este otro texto de la bula, habla de la vestimenta y la cruz.

«Crucem rubeam in corum superioribus vestis albis in latere sinistro de ferre temantur».

Los freires debían cumplir con los votos de castidad, obediencia y pobreza, y se estableció, además de unas severas directrices, la normativa de que debían llevar la cruz roja de San Jorge en el pecho sobre vestiduras blancas, la cual se convirtió en el emblema y escudo de la Orden.

El rey entregó a la recién constituida Orden Militar de San Jorge, el lugar y castillo de Aranda.

Aranda era un lugar fronterizo con el reino de Castilla, el cual no fue bien abastecido de armas, comida y otros menesteres, y donde la Orden no pudo desempeñar bien su cometido. La responsabilidad de Guillermo de Castell de la custodia del lugar fue más grande de lo que pudo asumir. Pero peor que eso fue el hecho de que las rentas que percibían por ese lugar, estaban decreciendo, por lo tanto, la concesión de este lugar no solucionó los perennes problemas económicos de la Orden, y ni siquiera podían hacer frente a la custodia del castillo, y finalmente en 1378 Guillermo de Castell, antepenúltimo Maestre de la Orden de San Jorge, abandonó la custodia del castillo de Aranda.

Como apunte histórico comentar que, las rentas de Aranda ascendían a 8.500 sueldos jaqueses anuales, pero de ellas había que descontar el salario de los colectores, una asignación real de nueve caballerías y otra asignación de 1.900 sueldos a un ciudadano que cuidaba del castillo de Alfama.

El 17 de mayo de 1374 el rey Pedro IV de Aragón, donó a la ciudad de Valencia, y a la Orden de San Jorge de Alfama la preciada reliquia de un dedo de San Jorge en un relicario de plata, con la condición de que fuera guardado con dos llaves, de las cuales, debía tener una el prior de la Orden, y la otra los Jurados de Valencia. Además, les autorizó para que pudieran mostrar esta reliquia en la festividad de San Jorge, y siempre que lo creyeran oportuno.

Y, a finales de 1377 el rey Pedro IV de Aragón, recibió como reglado de su prima, la reina Leonor de Aragón y de Foix (1333-1417), un hueso de un brazo de San Jorge. Esta reliquia también le fue entregada a la Orden de San Jorge.

La Orden en este nuevo periodo, ya convertida en una verdadera Orden como tal, participó en cuantas campañas emprendió el rey Pedro IV de Aragón. Además, luchó en la llamada guerra «de los Pedros», entre la Corona de Aragón y la Corona de Castilla, e incluso en la época del rey Martín I de Aragón (1356-1410) llamado «el Humano», contra la rebelión de los jueces de Arborea en Cerdeña, que, ayudados por los genoveses dominaban toda la isla a excepción del Alguer, Cagliari y Longorado, que eran fieles a la corona aragonesa.

El rey Pedro IV de Aragón le concedió a la Orden unas posesiones en Sagunto, pero el maestre de la misma, Guillermo Castell llegó a la conclusión de que le constaba más mantenerlas y defenderlas que el beneficio que obtenían de ellas, como ya le pasara en Aranda, así que suplicó al rey que le autorizara para la venta de esas posesiones que le había cedido, y el 3 de septiembre de 1378 obtuvieron licencia para la solicitada petición.

Sobre 1378 la Orden comenzó a tener muy pocas posesiones, y muy poca vitalidad, acompañada de un gran relajamiento de sus costumbres y maneras de proceder, dándose casos de apropiación de fondos para el provecho propio de algunos frailes, sobre todo, como había citado en el inicio, de los colectores.

El 16 de enero de 1387, el rey Juan I de Aragón, (1350-1396), llamado «el Cazador», o «el amador de toda gentileza», se adjudica el derecho de nombramiento de maestre de la Orden de San Jorge, al declarar que, la provisión de dicho maestrazgo le pertenecía según lo que rezaba el siguiente texto:

«De antiqua et approbata et hactenus observaba consuetudine ad nos et reges Aragonum».

Cuando murió Guillermo Castell, quien fue por dos veces Maestre de la Orden, estuvo vacante el cargo de Mestre casi dos años, pues la Orden estaba en una profunda crisis interna en todos los sentidos que se quisiera observar. Mas, finalmente en 1387 se hizo cargo del maestrazgo un maestre prácticamente desconocido llamado Cristóbal Gómez, con el que la Orden siguió sumiéndose en una espiral de decadencia.

El rey Pedro IV de Aragón intervino en la Orden con el fin de revitalizarla, pero no lo consiguió, y en los últimos años del siglo XIV, la crisis se agravó muchísimo, tanto que el rey Martín I de Aragón, quiso fortalecer la Orden, pero ya era demasiado tarde, pues se encontraba en una gran decadencia en todos los sentidos. Fue entonces cuando, en vista del deplorable estado de la Orden de San Jorge, el rey Martín I de Aragón, tomó la decisión de incorporarla a la Orden de Santa María de Montesa.

Y así lo convinieron ante el rey, el Maestre de Montesa frey Berenguer March y el último maestre de la Orden San Jorge frey Francisco Ripollés, quien renunciaba a su Maestrazgo en ese acuerdo.

Así pues, el rey solicitó al papa Benedicto XIII (1328-1423), esa unión, y el papa aceptó la propuesta y mediante bula «Ad ea libenter intendimus», de 24 de enero de 1400 dio su aprobación para ello, y unió para siempre la Orden de San Jorge de Alfama a la poderosa Orden de Santa María Montesa, pasando esta a denominarse Orden de Santa María de Montesa y San Jorge de Alfama.

La Orden de San Jorge tuvo una existencia de 199 años, desde 1201 hasta 1400, y tuvo dos prioratos, el inicial de Alfama, y el de Valencia, el más grande y consolidado.

La Orden de San Jorge tenía como emblema, una cruz griega roja sobre fondo blanco, que suele representarse con los brazos horizontales más largos que los verticales, y que se denomina Cruz de San Jorge. Por imposición de los monarcas de la Corona de Aragón, la cruz de San Jorge debía lucirse en sus mantos y en sus hábitos.

Al ser absorbida la Orden de San Jorge por la Orden de Montesa, entregó su insignia a esta última, y la Orden de Montesa la sobrepuso centrada en su insignia, que, era una cruz flordelisada negra. A partir de ese momento los caballeros alfamistas o sanjorgistas, que es como se llamaban a los caballeros de la Orden de San Jorge desaparecieron como tales, y se convirtieron en caballeros de la Orden de Montesa, o caballeros montesianos.

Una vez materializada la absorción de la Orden de San Jorge, la Orden de Montesa convirtió el castillo de Alfama en un priorato de la Orden de Montesa, y posteriormente, a finales del siglo XV abandonó el Castillo, el cual permaneció bajo la jurisdicción de Tortosa. Pero, en 1575 y tras un pleito, la Orden de Montesa recuperó el castillo de Alfama, y un año más tarde reinstauró de nuevo el priorato.

El castillo aguantó durante varios siglos con sus momentos álgidos y con sus momentos de miseria, hasta que, en 1650, las naves castellanas lo destruyeron a cañonazos para que no se fortificasen en él los franceses que acababan de ser expulsados de la ciudad de Tortosa.

La defensa costera a final del siglo XVII e inicio del siglo XVIII, conllevó a la reedificación del castillo, según el llamado método Vauban, ideado por Sébastien Le Prestre, Señor de Vauban (1633-1707), con un patio poligonal inferior rodeado de una ristra de torres, bastiones y revellines, entre otras cosas que determinaron su construcción.

Los sillares del antiguo castillo que no se rompieron fueron aprovechados para construir el nuevo, pero en un nuevo emplazamiento algo más introducido en el interior, abandonando la línea de costa. Este castillo fue edificado entre 1732 y 1733 con el objetivo de vigilar las rutas marítimas, durante el reinado del rey Felipe V de Castilla (1683-1746), llamado «el Animoso».

El estado de conservación del castillo original es ruinoso, dado que en algunas zonas sólo quedan fragmentos de la parte baja de los muros y en otros tan sólo las huellas de lo que fue, que definen la forma de la planta y denotan la poca consistencia de la fábrica, realizada en mampostería.

Gran parte de los restos actuales corresponden a esta segunda etapa constructiva. Mas, en 1985 se realizó una campaña de restauración y conservación, consolidando algunos puntos y limpiando su interior. Actualmente los restos del castillo de Alfama son un Bien de Interés Cultural.

La Orden de San Jorge durante su existencia fue muy pobre, mendicante, y, además, nunca contó con muchos caballeros dispuestos para la batalla. A pesar de los esfuerzos de los monarcas aragoneses, su prestigio fue bastante reducido, y sus gestas militares bastante escasas. Inicialmente tuvo un pequeño hospital en el castillo de Alfama, pero, como ya he citado, nunca fue considerada hospitalaria, y aunque se fundó en el reino de Aragón, su mayor esplendor, lo tuvo en el reino de Valencia.

Con esto amigos, he realizado un breve paseo a través de la historia de la Orden de San Jorge de Alfama, que espero que haya sido de su agrado.

En la próxima conferencia, la séptima de esta segunda parte del ciclo, y que impartiré Dios Mediante el día 5 de mayo de 2020, hablaré sobre la Orden de Montesa.

Espero que esta conferencia haya sido de su interés, y les emplazo a todos a asistir a la siguiente, y hasta entonces, tengan, todos, una buena vida.

Bibliografía

Libros

– Centuria primera del real, y militar instituto de la ínclita religión de Nuestra Señora de la Merced. Redempcion de cautivos cristianos. Primera parte. Reverendo Padre Maestro Fray Manuel Mariano Rivera. Pablo Campins impresor. 1726

– Montesa Ilustrada. Frey Hipólito de Samper. 1669

– La Orden de Montesa y San Jorge de Alfama. Yolanda Gil, Ester Alba, Enric Guinot… 2019.

– La Orden de San Jorge de Alfama: Aproximación a su historia (Anejos del Anuario de Estudios Medievales). Regina Sáinz de la Maza Lasoli. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Institución MIlá y Fontanals. 1990.

– Las órdenes militares hispánicas en la Edad Media. (Siglos XII – XIV). Marcial Pons Historia, y, Latorre Literaria. Carlos de Ayala Martínez. 2007.

Webs

– Wikipedia

– Enciclopedia.us.es

– Heraldaria.com

Otros

– Castillo de San Jorge de Alfama y hospital de peregrinos. Federico Pastor y Luis. 1907.

– Jerónimo Zurita. Revista de historia. Institución Fernando «el Católico». Número 88. 2013.

– Las ciudades medievales aragonesas. María Isabel Falcón Pérez. Universidad de Zaragoza.

Arde el Amazonas

Arde el Amazonas

Siento una gran pena en mi corazón
pues se quema nuestro verde pulmón.
Igual no razonamos las personas
para qué sirve el inmenso Amazonas.
Y seguramente no te impresionas
y la noticia muy pronto abandonas.
Total, está tan lejos de tu casa
que de verdad te da igual lo que pasa.
Y con ausencia total de emoción
tu papel en la vida no traicionas
aunque tu verde futuro se arrasa.


Cuando veo el Amazonas ardiendo
lloro con triste pena, pues no entiendo
que alguien por maldad, o por vil dinero
juegue con la vida del mundo entero,
pues, te digo una cosa compañero,
si el Amazonas muere... Con él muero.
Pues no son sólo unos árboles más
ya que, en verdad, sin ellos, morirás,
tras una lenta agonía y sufriendo
la falta de oxígeno y prisionero
de tus acciones, por siempre jamás.


Desde este grito en verso y apenado
al mundo le dirijo este llamado.
¡Debemos conservar la Amazonía!
Tenemos que mimarla día a día.
Y regocijarnos en la alegría
de su fauna y su flora en armonía.
Toda esa bella y gran diversidad
que hasta ahora vivía en libertad.
El Amazonas no ha de ser pasado
ni salvarlo ser sólo una utopía...
¡A ver si te enteras, Humanidad!

Reino de España

Una de las formas de gobierno que ha tenido España, e indudablemente la que más tiempo ha permanecido en activo, ha sido sin duda la monarquía. Hagamos una breve historia.

Con la unión de los Reyes Católicos en el Palacio de los Vivero de Valladolid el 19 de octubre de 1469, la reina Isabel I de Castilla (1451-1504), llamada «la Católica», y el rey Fernando II de Aragón (1452-1516), llamado «el Católico», primos en segundo grado, unieron para siempre sus dos Coronas, las cuales en ese momento estaban compuestas por numerosos reinos, y eran de las más importantes potencias de todo el mundo, constituyendo un primer germen de lo que posteriormente fue España.

Posteriormente el reino de Navarra se unió a la Corona de Castilla en 1513. El reino de Granda desde su conquista en 1492, paso a formar parte de la Corona de Castilla. Y suertes similares tuvieron todos los territorios y reinos de la península ibérica menos lo que hoy conocemos como Portugal, pues a pesar de su pasado como reino desde 1139 y a haber estado bajo la Casa de los Austria con el rey Felipe II (1527-1598), llamado «el Prudente», Felipe III (1578-1621), llamado «el Piadoso», y Felipe IV (1605-1665), llamado «el Grande», o «el Rey Planeta», nunca llegaría a formar parte de España como tal.

En la dilatada historia de España se han sucedido diferentes Casas Reales, como a de los Trastámara, Borbón, Bonaparte, o Saoya, algunas de ellas con una tercera restauración, como la Casa de los Borbón, la cual comenzó el 22 de noviembre de 1975, cuando al fallecimiento del general y Jefe de Estado Francisco Franco Bahamonde (1892-1975), un joven rey le sucedió en la jefatura del Estado, Juan Carlos I de España (1938), el cual, ayudado por el gobierno de la época, consiguió que pasáramos en paz la transición de una forma de gobierno a otra, ofreciendo un buen y prometedor futuro para España, pues bajo su mandato conseguimos avanzar hacia un buen posicionamiento mundial.

Mas, el 19 de junio de 2014, el rey Juan Carlos I de España, abdicó en favor de su hijo, desde ese momento, el rey Felipe VI de España (1968), el cual es el actual monarca de España, (2020), obrando siempre con justicia y en favor de su reino, el cual se conforma como una monarquía parlamentaria, es decir, el rey ejerce la función de Jefe de Estado, pero bajo el control del poder legislativo, representado por el parlamento, y del poder ejecutivo representado por el gobierno. En palabras del historiador y político francés, Louis Adolphe Thiers (1797-1877), en una monarquía parlamentaria: «El rey reina, pero no gobierna».

Y, desde que comenzara esta tercera restauración borbónica, hemos tenido gobiernos de diferentes ideologías políticas, tanto de derechas como de, izquierdas con más o menos aciertos en sus diferentes mandatos, pero todos se habían intentado mantener dentro del marco de la séptima constitución española, la de 1978, popularmente llamada «la del consenso» que es la que actualmente está en vigor en España.

Pero en los últimos tiempos estamos viendo como unos partidos políticos de izquierda y extrema izquierda, están abandonando el cumplimiento de la Constitución, y aprovechando la crisis sanitaria provocada por la pandemia del COVID-19, llamado coronavirus, están promulgando BOE a BOE una serie de Reales Decretos, que están marcando un camino mu negro para toda España pues nos va a llevar a situaciones que ya han padecido o están padeciendo otros países, y que se ha demostrado sobradamente que son formas de gobierno fallidas.

Pero como el pueblo español somos gente despierta, trabajadora, con ganas de vivir y labrarse un porvenir lejos de subsistir de la mendicidad de esos regímenes fallidos, estoy plenamente convencido que el rumbo de nuestra querida y amada España volverá al cauce que nunca debería haber abandonado, el de la legalidad y cumplimiento de nuestra Carta Magna, y que, podremos ver como SAR la princesa Leonor de Todos los Santos de Borbón y Ortíz (2005), llegará a ser reina de nuestro glorioso país, España.

Dios Salve al Rey muchos años.

Real Orden de Caballeros de Santa María de El Puig

Real Orden de Caballeros de Santa María de El Puig

Estimadas autoridades, representación del Ateneo Mercantil de Valencia, damas, caballeros, amigos y asistentes todos a esta cuarta conferencia de la segunda parte del ciclo de conferencias que el Ateneo y yo mismo, vamos a dedicar a las grandes órdenes de caballería, militares y hospitalarias. Sed bienvenidos y espero/esperamos, que esta serie de conferencias sea del agrado de todos, pues con ella nos hemos propuesto acercar al gran público este mundo, a veces un tanto desconocido.

Quiero agradecer a doña Carmen de Rosa Torner, presidente de la Casa donde nos encontramos, el Ateneo Mercantil de Valencia, y a toda su Junta Directiva por amparar y apoyar este ciclo de conferencias. También quiero agradecer a todos los amigos que hoy estamos llenando esta gran Sala Sorolla, pues sin todos ustedes, sin todos vosotros, todo nuestro esfuerzo no tendría sentido.

Esta cuarta conferencia de esta segunda parte del ciclo, está dedicada a la Real Orden de Caballeros de Santa María de El Puig.

Y, para explicar en su mejor contexto la creación de esta Orden, tenemos que remontarnos a épocas celestiales, en las que, de manos angelicales, ascendió al cielo el cuerpo vivo de María Santísima, este hecho se celebra el 15 de agosto con la Asunción de la Virgen María.

Una vez la Madre de Dios en el cielo, dos ángeles fueron al que, por poco tiempo, había sido su sepulcro, y, arrancaron del mismo la losa donde reposó la santa cabeza, y en ella labraron con cinceles de oro y martillo de plata, un retrato sedente de la Virgen María con el niño en su regazo.

Volvieron a la «Región Luciente», como llamara Fray Luis de León (1527-1591), al cielo en su Oda XIII, poema titulado De la vida del cielo. Y desde el mismo, buscaron el mejor lugar para depositar la talla, y se decidieron por el otero conocido como El Puig, colocando la santa imagen en una oquedad formada por las rocas del mismo.

En aquel lugar permaneció hasta que los Santos Apóstoles Santiago (5 a.C.-44), Pedro (Fin s. I a.C.-ca. 64 a 67) y Pablo (ca. 5 a 10- ca. 58 a 64), la descubrieron y la presentaron a los primeros cristianos para ser venerada.

En época romana se le construyó una capilla. Y en tiempo de los visigodos, siendo su rey, Suintila (¿? -634), algunos monjes de la Orden de San Basilio levantaron entorno a la capilla un Monasterio, del cual, según el historiador, Pere Antoni Beuter (1490-1554), quedan algunos cimientos y fragmentos cilíndricos de columnas.

Para la torre del Monasterio fundieron una gran campana en bronce, y en la orla grabaron:

«Santa María ruega por nosotros. Tu imagen nos sea protectora, la cual fue labrada en una piedra de tu sepulcro por ángeles, y traída por ellos y honrada con la venida de los apóstoles. Tus siervos te reverenciamos. Echa lejos de nosotros los rayos y truenos con el sonido de la campana, la cual hicimos en la era de seiscientos sesenta».

A partir de 711 comienza la invasión musulmana, y los monjes del monasterio, por temor de que fuese profanada la santa imagen, abrieron una cavidad en la capilla donde depositaron la imagen de la Virgen María, y sobre ella pusieron la campana de la espadaña visigótica.

Durante el tiempo de dominación musulmana, estos hicieron numerosos presos cristianos que enviaban como esclavos a África, donde muchos de ellos perdían la fe dada la dura y miserable vida que les obligaban a llevar.

Mas, cuenta una leyenda, que la noche del 1 al 2 de agosto de 1218, se le apareció la Santísima Virgen a Pedro Nolasco (1182-1256), y le pidió que fundara una comunidad de religiosos dedicada a libertar los esclavos cristianos de manos musulmanas.

Y, según la misma leyenda, la Santísima Virgen también se les apareció a San Raimundo de Peñafort (1175-1276), y al rey Jaime I de Valencia (1208-1276), llamado «el Conquistador», comunicándoles también su deseo de fundar la citada comunidad de religiosos.

Así pues, Pedro Nolasco, atendiendo los deseos de la Virgen María, y decidió utilizar la fortuna que había ganado con sus negocios, para crear esa orden y, ayudar a liberar el mayor número posible de esclavos cristianos de manos musulmanas.

Pedro Nolasco no tardó en reunir un buen número de caballeros para tal fin, y así, el 10 de agosto de 1218, fundó una orden de caballería que, bajo el nombre de Orden de Santa María de la Merced, también llamada, la Orden Real y Militar de Nuestra Señora de la Merced y la Redención de los Cautivos, la cual, en el ámbito religioso estaría amparada por el obispo de Barcelona Berenguer Palou II (¿?-1241), y en el ámbito militar, contaría con el apoyo del rey Jaime I.

Como breve reseña de Pedro Nolasco, diré que, nace en 1180 en Mas Saintes-Puelles, Francia, trasladándose a España en 1203. Poco después, a los 15 años, se queda huérfano, pasando a ser el heredero de numerosas posesiones y negocios de su padre, llegando a ser un gran mercader y poseer una gran fortuna. Fallece en Valencia en 1256. Pedro Nolasco, fue canonizado en 1628 por el papa Urbano VIII (1568-1644), pasando a denominarse San Pedro Nolasco, pero está documentado que murió igual que vivió, siendo laico, habiéndose considerado siempre, «militar» de la Orden de la Merced.

La Orden recién creada, tuvo su primera sede, en el Hospital de Santa Eulalia, de la cual tomaría su cruz para su blasón. Así la enseña distintiva de la Orden fue la cruz blanca de Santa Eulalia sobre las barras de la enseña de la Corona de Aragón, las cuales eran cuatro palos de gules, sobre un campo de oro. Su vestimenta sería un hábito de color blanco y sobre el mismo el mencionado blasón.

La Orden fue aprobada oficialmente por el papa Gregorio IX (1145-1241), en 1235, adoptando la misma, la regla de San Agustín. Los caballeros mercedarios, además de los votos de pobreza, obediencia y castidad, se obligaban por un cuarto voto, a entregarse como rehenes para la liberación de los cautivos si no disponía del dinero necesario para su rescate.

En 1238, el rey Jaime I, pasa victorioso a Valencia, tras el asedio a la misma que había comenzado el 21 de abril de ese mismo año, conquistando la Taifa de Valencia por capitulación que se firmó el 9 de septiembre, de quien fue el último rey musulmán de Valencia, Zayyán ibn Mardanish (¿? -1270). Y para coordinar toda la acción militar de la conquista de Valencia, Jaime I, se asentó en el otero que constituía El Puig, a 14 kilómetros de Valencia.

Otra leyenda cuenta que, en ese asentamiento, durante las noches de varios sábados del verano de 1237, los centinelas desde el castillo de Enesa, vieron como siete luminosas estrellas descendían y desaparecían en un mismo punto próximo al monasterio. Curiosos por tal hecho, cavaron en el punto donde indicaban las luces, encontrando la campana antes mencionada, y bajo ella, la imagen en piedra de la Virgen María con el niño en su regazo que cincelaran los ángeles, la cual, pasó a ser conocida por la advocación de la Virgen de Santa María del Puig.

Desde este momento, los Caballeros de la Orden Real y Militar de Nuestra Señora de la Merced y la Redención de los Cautivos, que siempre había acompañado al rey Jaime I, y de la cual, su primer Maestre fue Pedro Nolasco, comenzaron a ser conocidos en el Reino de Valencia, con el nombre de los, Caballeros de Santa María de El Puig.

Algunos años después, el 22 de junio de 1244, el rey Jaime I entrega definitivamente, la Encomienda de El Puig, es decir, el Monasterio de El Puig, a los Caballeros de Santa María de El Puig, y el castillo de Enesa a su tío Bernardo Guillem de Entena, donaciones que confirmó en Alzira en 1276. Con esta acción, vinculó a los mercedarios con el Monasterio de Santa María de El Puig, vinculación que perdura en la actualidad.

El monasterio original estaba constituido por una sola nave, y del mismo se conserva únicamente su extraordinaria Portada, trasladada de su emplazamiento primitivo al lugar lateral que hoy ocupa en el Monasterio.

Del castillo de Enesa, también llamado del Puig, de Yubayla, o de Cebolla, queda bien poco, pues en 1365 el rey Pedro IV de Aragón (1319-1387), llamado «el Ceremonioso», o. «el del Puñalet», mandó destruirlo para que nunca volviera a facilitar la conquista de Valencia a nadie.

En la Orden, en un principio puramente militar, comenzaron a ingresar numerosos clérigos, seguramente, dada su vinculación al monasterio, y así, en 1317 nombran Maestre a fray Ramón Albert, quien fuera el primer sacerdote en obtener el maestrazgo de la Orden tras la muerte de Pedro Nolasco.

El papa Juan XXII (1244-1334) vio favorable esta nueva situación para decretar que en lo sucesivo la Orden debería ser regida por un sacerdote, y no por un militar laico, haciendo que esta perdiera por entero su carácter militar, convirtiéndose en una Orden estrictamente monástica y religiosa similar a las órdenes mendicantes. Actualmente es una Orden mendicante.

Los caballeros laicos se opusieron a este decreto del papa Juan XXII, pues iba en contra de sus directrices fundacionales que amparaban a una Orden militar, pero el papa no cedió en su decisión, así pues, la gran mayoría de los caballeros con ganas de entrar en batalla, ingresaron en la Orden de Montesa, creada ese mismo año 1317, la cual había recibido una gran parte de los bienes de la suprimida Orden del Temple, y en la Orden de Calatrava, que mantenía un marcado carácter militar.

Con esto podemos concluir que el carácter militar y caballeresco de la Orden de la Merced, concluyó en 1317, tras 99 años de existencia, coincidiendo con el gobierno de la misma por el primer sacerdote.

En cambio, otros caballeros como Bernardo de Corbera, se sintieron muy a gusto con ese decreto, y no tardaron en recibir la ordenación sacerdotal.

Además de la misión específica de la Orden de la Merced de redención de cautivos, siempre acompañó al rey Jaime I en sus gestas militares mientras fue una orden militar, especialmente en la conquista del Reino de Valencia.

Los caballeros de la Orden de la Merced se conocieron como mercedarios, como Caballeros de El Puig, o, Caballeros de Santa María de El Puig. Años más tarde, esta última denominación, pasaría a ser la denominación de cómo se conocen a los caballeros de la rama laica, mientras que el término mercedario, se reserva para los sacerdotes de la Orden de la Merced.

La Orden de la Merced, durante muchos años, siglos, continuó escribiendo su historia como una Orden totalmente clerical, con una intensa y activa vida religiosa y de servicio a la comunidad, muy reconocida y valorada positivamente, tanto por el pueblo, como por las más altas dignidades que la fueron favoreciendo con dones y privilegios en todas las épocas.

Así, en 1407, el papa Benedicto XIII (1328-1423), les concede una bula en la que se dice:

«Por todas estas razones, otorgamos y concedemos, por el tenor de las presentes Letras Apostólicas a todos los fieles cristianos, que, con la devota peregrinación, visitaron la dicha Sacra Casa de Santa María, Plenaria Indulgencia y Remisión de sus pecados».

En 1414, el rey Fernando I de Aragón (1380-1416), llamado «el Justo», o, «el Honesto», favorece a la Orden con nuevos dones, los cuales fueron ampliados en 1469 por el rey Fernando II de Aragón, (1452-1516), llamado «el Católico».

El 20 de noviembre de 1500, los Reyes Católicos Isabel I de Castilla (1474-1504), y Fernando II de Aragón, estructuran de modo definitivo la Real Hermandad de Caballeros de Santa María del Puig, y confirman en ellos su Real Patronazgo, el cual el 25 de agosto de 1564 pasa a los Duques de Segorbe, siendo el duque Francisco de Aragón Folc de Cardona (1539-1575).

Cabe comentar que, en el devenir del tiempo, la institución tomó por unos años las denominaciones de Hermandad, Real Hermandad, y alguna otra.

En 1573, Felipe II de España (1527-1598), llamado «el Prudente», completa los privilegios que ya tenía la Orden, con otros nuevos, siempre en pro de favorecerla.

En 1611, el papa Pablo V (1550-1621), le concede indulgencias a los Caballeros de El Puig, según consta en la bula de 11 de junio de 1611.

En 1833, nombraron reina de España a Isabel II (1830-1904) llamada, «la de los Tristes Destinos» o «la Reina Castiza», pero como esta era una niña cuando la proclamaron reina, apenas tres años, la regenta de España hasta su mayoría de edad, fue su madre María Cristina de Borbón-Dos Sicilias (1806-1878), siendo en ese año, cuando se inició en España lo que se llamó la Desamortización, que no fue otra cosa que la intención de destruir el estamento religioso en España, siendo la Desamortización más drástica y conocida, la de Juan Álvarez de Mendizábal (1790-1853), iniciada en 1836, llamada Desamortización de Mendizábal.

Y debido a esta serie de Desamortizaciones, en 1835, los monjes de la Orden de la Merced, se vieron obligados a abandonar del Monasterio de El Puig, pasando el monasterio a ser usufructo del Ayuntamiento de El Puig.

En 1936 el Monasterio fue convertido en prisión republicana de hombres, y hasta 1948, también fue un reformatorio de mujeres.

Mientras tanto en 1943, el Excelentísimo y Reverendísimo arzobispo de Valencia Prudencio Melo y Alcalde (1860-1945), le devolvía vida oficial a la Real Hermandad de Caballeros de Santa María de El Puig.

Pero se tuvo que esperar hasta 1948 en que el Monasterio dejó de tener funciones civiles para que el estado español le concediera de nuevo el usufructo del mismo a la Orden de la Merced, circunstancia que aprovechó la Provincia Mercedaria de Aragón, y lo convirtió en Seminario Mayor.

Con el devenir del tiempo, de la primigenia Orden de la Merced que creara Pedro Nolasco, y que durante un tiempo se denominara, Orden Real y Militar de Nuestra Señora de la Merced y la Redención de los Cautivos, llegó a separarse en dos ramas bien diferenciadas, que actualmente conviven en armonía, teniendo ambas su sede en el Monasterio de Santa María del Puig.

Una de ellas, que conserva el nombre primigenio, Orden Real y Militar de Nuestra Señora de la Merced, y la Redención de los Cautivos, es una orden religiosa católica y mendicante, y que, aunque conserva el término “militar”, en su nombre, como ya comenté, dejó de ser militar en 1317. Y la otra es la que nos ocupa en esta conferencia, la Real Orden de Caballeros de Santa María del Puig, Orden laica de Caballeros y Damas.

También en 1943, el conde de Barcelona don Juan de Borbón y Battenberg (1913-1993), y su esposa, la princesa María de las Mercedes de Borbón y Orleans (1910-200), le concedieron a la Real Orden de Caballeros de Santa María del Puig, la rama laica, el uso de sus Armas Reales, Dinásticas y borbónicas, a la vez que aceptaron el nombramiento de Caballero y de Dama respectivamente. Años más tarde su hijo el rey Juan Carlos I, confirmó estos privilegios.

El 15 de septiembre de 1953, el Excelentísimo y Reverendísimo arzobispo de Valencia, don Marcelino Olaechea y Loizaga (1889-1972), instruyó unos nuevos Estatutos para la rama laica, que incluyó explícitamente el nombre con el que se conoce en la actualidad a la Orden, Real Orden de Caballeros de Santa María de El Puig.

Siendo arzobispo de la Diócesis de Valencia el Excelentísimo y Reverendísimo don Miguel Roca Cabanellas (1921-1992), y contando con el importante impulso de fray Félix Ramajo Aliste (1926-2001), se inscribe la misma en el Ministerio de Justicia, y se redactan sus nuevos Estatutos, quedando el texto aprobado el 21 de junio de 1980, aunque su reglamentación de régimen interno no quedaría fijada hasta el 11 de mayo de 1998. Los Estatutos fueron aprobados y bendecidos por el Papa Pío XII (1876-1958).

El 28 de octubre de 1981, SS. MM. los reyes de España don Juan Carlos I (1938), y doña Sofía de Grecia y Dinamarca (1938), aceptan respectivamente los títulos de Gran Maestre y de Primera Dama de la Real Orden de Caballeros de Santa María de El Puig. Con esta acción, la Orden vuelve a tener una vertiente canónica con un arzobispo al frente, y el amparo de un rey con el que poder nombrar, investir y cruzar caballeros.

Para ingresar en la Real Orden de Caballeros de Santa María de El Puig, se debe mostrar fehacientemente, que se es una persona de reconocidas cualidades humanas, profesionales, culturales y religiosas.

Al igual que Pedro Nolasco, que fue el impulsor y creador en 1218 de la Orden de la Merced, como toda Orden tiene su verdadero promotor e impulsor, podríamos decir que, el de la Orden de Caballeros de Santa María del Puig, fue el Reverendo Padre Félix Ramajo Aliste, el cual, fue un sacerdote mercedario, nacido en una pequeña localidad de Zamora, que tras completar su carrera eclesiástica en distintos monasterios de la Orden de la Merced, en 1949, llega al Real Monasterio de Santa María de El Puig.

El padre Félix Ramajo Aliste se Licencia en Historia en 1957, y es nombrado Superior y Párroco de la Comunidad Mercedaria de la ciudad de Valencia. En 1963 es nombrado Superior y Párroco del Monasterio de El Puig, y tras ver el estado ruinoso en el que se encontraba, de inmediato acomete la obra para su restauración, pues entiende que es un lugar emblemático por excelencia del Reino de Valencia. Para ello crea la Asociación de Amigos de El Puig, el Patronato de Santa María de El Puig, la Cooperativa de artesanía Enesa, y el Taller protegido de trabajadores minusválidos. Creando, además, multitud de establecimientos de forja y otros menesteres alrededor del monasterio. Además, contó con la inestable ayuda del entonces farmacéutico de El Puig, Ernesto Segarra, para la desinfección de las habitaciones, locales y claustros del monasterio.

Y, finalmente, revitaliza e impulsa la Real Orden de Caballeros de Santa María de El Puig, de la que fue Consiliario Honorario Vitalicio, hasta su fallecimiento en 2001.

Sobre el Monasterio de Santa María de El Puig, el historiador villarealense Carlos Sarthou Carreres (1876-1971), en el II Tomo de la Geografía General del Reino de Valencia, escribe:

«El Monasterio de El Puig es una gloria para el Reino de Valencia; el mejor florón de su corona […] donde el arte antiguo y la piedad medieval, en sublime maridaje, labraron el grandioso relicario, guardador de la Virgen de El Puig, descubierta junto al Castillo de Enesa por Jaime I y Pedro Nolasco […] Toda la grandiosa epopeya de nuestra Reconquista, está evocada por estas ennegrecidas paredes del viejo Monasterio, que los vecinos de El Puig y Valencia entera, debieron conservar, porque Monumento histórico era y sin duda alguna, el más grande que tenía Valencia […]»

El Ayuntamiento de Valencia le concede al Reverendo Padre Félix Ramajo Aliste, el título de «Ciudadano de Honor de Valencia», y la Diputación de Valencia, en reconocimiento de su ingente obra en favor de Valencia y los valencianos, acordó, en sesión extraordinaria celebrada el 25 de marzo de 1977, nombrar al Reverendo Padre Félix Ramajo Aliste, «Hijo Adoptivo de la Provincia de Valencia».

Actualmente, la Real Orden de Caballeros de Santa María de El Puig, tiene unos objetivos precisos y muy loables entre los que destaco:

– Mantener la devoción a la Patrona del Reino de Valencia, La Virgen de Santa María de El Puig.

– La promoción de los valores religiosos, históricos y culturales valencianos.

– Ayudar a los presos, y colaborar en su reinserción en la sociedad.

– La protección de los sectores más desfavorecidos de la sociedad, según los principios que promulga el humanismo cristiano.

– Tutela de personas mayores, especialmente ancianos incapacitados.

– Ayudar a menores que se hallen en situación de desamparo.

Para llevar a cabo sus fines, ha colaborado con entidades como Domus Pacis – Casal de la Pau, siendo, además, entidad colaboradora de la Conselleria de Bienestar Social de la Generalidad Valenciana, con la que ha firmado un Convenio y Protocolo por el que, colabora en los dictámenes e informes que, sobre los menores tutelados por dicha Conselleria, le sean solicitados en cuanto a su situación jurídica y económica.

Además, la relación que mantienen con la Orden mendicante de la Merced, es inmejorable, pues, no solo les une el entronque común de sus orígenes, sino también la misma vocación de servicio y de fe, estando, además, recogido estatutariamente, que en el Capítulo Directivo de la Real Orden de Caballeros de Santa María de El Puig formarán parte tres clérigos de la Orden de la Merced de la mayor significación:

– El Reverendísimo Padre maestro general.

– El Muy Reverendo Padre superior provincial de Aragón

– El Reverendo Padre superior del Monasterio de Santa María de El Puig.

La Orden tiene su sede oficial en el Real Monasterio de Santa María de El Puig, en donde tiene una sala en el claustro alto debidamente adecuada para reuniones, con explícita concesión por parte de la Orden de la Merced, la cual atiende espiritualmente a todos los caballeros. Aunque la dirección de su Cancillería, y, donde se reúne el Capítulo Directivo, se encuentra en el número 14 derecha, 2º B, de la calle Jorge Juan de Valencia.

En la sala de reuniones del Monasterio, envuelto con la capa de la Orden, se halla un cuadro de SS. MM. los reyes don Juan Carlos y doña Sofía, luciendo esta la placa de Gran Comendadora. La obra es del pintor Sebastián Capella Pallarés (1927-2013), que fue Caballero de la Orden.

El 27 de diciembre de 2001, con la participación de la Orden, se crea la Fundación Tutelar Santa María de El Puig de la Comunidad Valenciana, reflejada en escritura de quien fuera decano del Ilustre Colegio Notarial de Valencia, don Rafael Gómez-Ferrer Sapiña (1946-2011).

El actual gran maestre de la Orden es S.M. el rey Juan Carlos I (1968), y su presidente es el actual arzobispo de Valencia don Antonio Cañizares Llovera (1945).

Su emblema, de estilo español y francés, es un escudo que lleva resaltada en campo de oro, excepto jefe, que es la parte superior del escudo, cuatro palos de gules procedentes de la enseña de la Corona de Aragón, y sobre ello, la cruz blanca de Santa Eulalia. El jefe, de azur, representa el color de la Virgen María y del cielo, y va cargado de siete estrellas de seis puntas en plata colocadas en dos fajas de tres y cuatro, en recuerdo de las estrellas que marcaron el punto exacto donde encontraron la campana donde se halló la imagen de la Virgen María. El escudo va timbrado con la Corona Real de España y acolada la Cruz de Borgoña. Finalizando, está orlado, con el Collar del Toisón de Oro.

Los caballeros de la Orden, utilizan en las ceremonias religiosas, una capa blanca con el escudo bordado y las veneras correspondientes a su grado.

El 17 de febrero de 2018, una representación de Damas y Caballeros de la Orden, peregrinó al Palmar para obtener la Indulgencia Plenaria por el Año Santo Jubilar, el cual fue aprobado el 6 de julio de 2017. Los Caballeros de la Orden portaron la Cruz por las calles del pueblo cantando y orando, celebrando finalmente la eucaristía jubilar, en la Iglesia del Jesuset de l’Hort.

El 8 de abril de 2018, Domingo de la Misericordia, tuvo lugar la Romería a la Cruz de la Misericordia, erigida por la Real Orden de Caballeros de Santa María de El Puig, en la partida de los Fustales, en Alborache. Posteriormente se celebró una eucaristía. La cruz de hormigón que, mide 12 metros de altura, 5 metros de envergadura y 0,5 metros de sección, es foto-luminiscente en sus dos caras, fue bendecida el día 1 de mayo de 2018, presidiendo el acto Monseñor Don Vicente Fontestad Pastor (1957), Vicario General de Valencia.

La Orden en la actualidad cuenta con encomiendas para áreas específicas. Cada encomienda cuenta con un Comendador, que hace las funciones de director de la misma. Las encomiendas son:

– Asuntos religiosos

– Asuntos penitenciarios

– Asuntos sociales

– Cultura y publicaciones

– Asuntos territoriales

– Nuevas generaciones (Juventudes)

– Protocolo y ceremonial

Una de las más valiosas posesiones de la Orden, sin duda, es una astilla del Lignun Crucis, la cual está en depósito y custodiada por los mercedarios, en el Monasterio de Santa María de El Puig, donde además en la Capilla Mayor del Santuario, se puede venerar el retablo de la Virgen María con el niño en el regazo que cincelaron los ángeles.

Como todas las entidades, la Real Orden de Caballeros de Santa María de El Puig, tiene una estructura jerárquica que es la siguiente:

El Capítulo General.

Es el supremo y máximo órgano decisorio.

El Capítulo Directivo.

Es el órgano ejecutivo colegiado que cumple y hace cumplir los mandatos de la Suprema Jerarquía de la Orden, como el Gran Maestre y Capítulo General.

Gran Maestre.

Es la suprema jerarquía de la Orden. Preside el Capítulo General, ostenta la más alta dignidad y representación de la Orden. Es el rey Juan Carlos I de España.

Vice Gran Maestre.

Ostenta la representación, por delegación del Gran Maestre.

Lugarteniente Mayor.

Ostenta la representación, por delegación del Vice Gran Maestre.

Gran Canciller.

Es el secretario del Capítulo General, del Capítulo Directivo y de todas las comisiones de trabajo de la Real Orden.

Tesorero-Contador.

Es el responsable de las finanzas y tesorería de la Real Orden, así como de su patrimonio.

Vice Lugarteniente.

Sustituye, mediante delegación expresa, al Lugarteniente Mayor.

Vice Canciller.

Sustituye, mediante delegación expresa, al Gran Canciller.

Gran Comendador.

Es un alto grado dentro de la Orden.

Comendador.

Este grado limitado en número por los Estatutos, se otorga a los Caballeros cuya ejemplaridad en valores cristianos y de dedicación y servicio sin tacha al prójimo, a los demás Hermanos y a la propia Orden, les hace dignos de tal elevación.

Caballero.

Es el grado por el que se ingresa en la Orden y con el que se obtiene nobleza personal de privilegio.

En el caso de las Damas, los grados son los siguientes:

Gran Comendadora.

La actuación es exactamente la misma que en el caso de los hombres.

Comendadora.

El procedimiento es exactamente el mismo que en el caso de los hombres, salvo en el caso de que fuese esposa del varón que es elevado a este grado y que, por este hecho, igualmente es elevada de grado automáticamente.

Dama.

Es el grado por el que se ingresa en la Orden y con el que se obtiene nobleza personal de privilegio. En caso de ser esposa de varón ya admitido en la Orden, se entienden ya implícitos los requerimientos que aporta el esposo.

Como apunte extra a tener en cuenta, comentar que la asociación, Archival, Asociación para la conservación de centros históricos de España, que dirige desde su creación en 1991, José Luis Lliso Ruiz, en 2013, le otorgó el Premio Comunidad Valenciana.

Con esto amigos, he realizado un breve paseo a través de la historia de la Real Orden de Caballeros de Santa María de El Puig, que espero que haya sido de su agrado.

En la próxima conferencia, la quinta de esta segunda parte del ciclo, y que impartiré Dios Mediante el día X de febrero de 2020, hablaré sobre la Orden de San Jorge de Alfama.

Espero que esta conferencia haya sido de su interés, y les emplazo a todos a asistir a la siguiente, y hasta entonces, tengan, todos, una buena vida.

Bibliografía

Libros

– Anales de la Orden de Descalzos de Nuestra Señora de la Merced Redención de Cautivos Cristianos. Dionisio Hidalgo. 1669.

– Diccionario de Ordenes de Caballería y Corporaciones Nobiliarias. José María de Montells y Galán.

– Apuntes Sobre Instituciones Nobiliarias en España. Francisco Manuel de las Heras y Borrero.

– Elenco de Ordenes de Caballería. Academia de Genealogía, Nobleza y Armas Alfonso XIII.

– Caballeros del siglo XXI «vindicación jurídica y sentimental de las corporaciones nobiliarias españolas». Fernando García-Mercadal y García-Loygorri y Manuel Fuertes de Gilbert y Rojo.

– Protocolo y Ceremonial de la Real Orden de Caballeros de Santa María del Puig. Pedro Vicente Rubio Gordo.

– Geografía de Valencia. Sarthou Carreres.

– Celeste Real Patronato de la Real y Militar Orden de Nuestra Señora de la Merced, redención de cautivos y cristianos. P. M. Fr. Gabriel Barbastro. Pablo compins impresor. 1725

– Las Órdenes Militares: Realidad e imaginario. María Dolores Burdeus, Elena Real, Joan Manuel Verdegal

– Tomo II de la Geografía General del Reino de Valencia. Carlos Sarthou Carreres. Editorial De Alberto Marín. Barcelona, 1919.

Webs

Web de la Real Orden de Caballeros de Santa María del Puig

Tirar de lengua. https://tirardelengua.wordpress.com

Canal Historia

Otros

– Revista hidalguía. La revista de genealogía, nobleza y armas.

– El mercedario Fr. Josep Abad (1616-166). Fundador de la Escuela de Cristo de Huesca. María Antonia Busán Chaves, y María Pilar Saura Pérez. Asociación Obreros de San Pedro “El viejo”.

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