Arde el Amazonas

Arde el Amazonas

Siento una gran pena en mi corazón
pues se quema nuestro verde pulmón.
Igual no razonamos las personas
para qué sirve el inmenso Amazonas.
Y seguramente no te impresionas
y la noticia muy pronto abandonas.
Total, está tan lejos de tu casa
que de verdad te da igual lo que pasa.
Y con ausencia total de emoción
tu papel en la vida no traicionas
aunque tu verde futuro se arrasa.


Cuando veo el Amazonas ardiendo
lloro con triste pena, pues no entiendo
que alguien por maldad, o por vil dinero
juegue con la vida del mundo entero,
pues, te digo una cosa compañero,
si el Amazonas muere... Con él muero.
Pues no son sólo unos árboles más
ya que, en verdad, sin ellos, morirás,
tras una lenta agonía y sufriendo
la falta de oxígeno y prisionero
de tus acciones, por siempre jamás.


Desde este grito en verso y apenado
al mundo le dirijo este llamado.
¡Debemos conservar la Amazonía!
Tenemos que mimarla día a día.
Y regocijarnos en la alegría
de su fauna y su flora en armonía.
Toda esa bella y gran diversidad
que hasta ahora vivía en libertad.
El Amazonas no ha de ser pasado
ni salvarlo ser sólo una utopía...
¡A ver si te enteras, Humanidad!

Reino de España

Una de las formas de gobierno que ha tenido España, e indudablemente la que más tiempo ha permanecido en activo, ha sido sin duda la monarquía. Hagamos una breve historia.

Con la unión de los Reyes Católicos en el Palacio de los Vivero de Valladolid el 19 de octubre de 1469, la reina Isabel I de Castilla (1451-1504), llamada «la Católica», y el rey Fernando II de Aragón (1452-1516), llamado «el Católico», primos en segundo grado, unieron para siempre sus dos Coronas, las cuales en ese momento estaban compuestas por numerosos reinos, y eran de las más importantes potencias de todo el mundo, constituyendo un primer germen de lo que posteriormente fue España.

Posteriormente el reino de Navarra se unió a la Corona de Castilla en 1513. El reino de Granda desde su conquista en 1492, paso a formar parte de la Corona de Castilla. Y suertes similares tuvieron todos los territorios y reinos de la península ibérica menos lo que hoy conocemos como Portugal, pues a pesar de su pasado como reino desde 1139 y a haber estado bajo la Casa de los Austria con el rey Felipe II (1527-1598), llamado «el Prudente», Felipe III (1578-1621), llamado «el Piadoso», y Felipe IV (1605-1665), llamado «el Grande», o «el Rey Planeta», nunca llegaría a formar parte de España como tal.

En la dilatada historia de España se han sucedido diferentes Casas Reales, como a de los Trastámara, Borbón, Bonaparte, o Saoya, algunas de ellas con una tercera restauración, como la Casa de los Borbón, la cual comenzó el 22 de noviembre de 1975, cuando al fallecimiento del general y Jefe de Estado Francisco Franco Bahamonde (1892-1975), un joven rey le sucedió en la jefatura del Estado, Juan Carlos I de España (1938), el cual, ayudado por el gobierno de la época, consiguió que pasáramos en paz la transición de una forma de gobierno a otra, ofreciendo un buen y prometedor futuro para España, pues bajo su mandato conseguimos avanzar hacia un buen posicionamiento mundial.

Mas, el 19 de junio de 2014, el rey Juan Carlos I de España, abdicó en favor de su hijo, desde ese momento, el rey Felipe VI de España (1968), el cual es el actual monarca de España, (2020), obrando siempre con justicia y en favor de su reino, el cual se conforma como una monarquía parlamentaria, es decir, el rey ejerce la función de Jefe de Estado, pero bajo el control del poder legislativo, representado por el parlamento, y del poder ejecutivo representado por el gobierno. En palabras del historiador y político francés, Louis Adolphe Thiers (1797-1877), en una monarquía parlamentaria: «El rey reina, pero no gobierna».

Y, desde que comenzara esta tercera restauración borbónica, hemos tenido gobiernos de diferentes ideologías políticas, tanto de derechas como de, izquierdas con más o menos aciertos en sus diferentes mandatos, pero todos se habían intentado mantener dentro del marco de la séptima constitución española, la de 1978, popularmente llamada «la del consenso» que es la que actualmente está en vigor en España.

Pero en los últimos tiempos estamos viendo como unos partidos políticos de izquierda y extrema izquierda, están abandonando el cumplimiento de la Constitución, y aprovechando la crisis sanitaria provocada por la pandemia del COVID-19, llamado coronavirus, están promulgando BOE a BOE una serie de Reales Decretos, que están marcando un camino mu negro para toda España pues nos va a llevar a situaciones que ya han padecido o están padeciendo otros países, y que se ha demostrado sobradamente que son formas de gobierno fallidas.

Pero como el pueblo español somos gente despierta, trabajadora, con ganas de vivir y labrarse un porvenir lejos de subsistir de la mendicidad de esos regímenes fallidos, estoy plenamente convencido que el rumbo de nuestra querida y amada España volverá al cauce que nunca debería haber abandonado, el de la legalidad y cumplimiento de nuestra Carta Magna, y que, podremos ver como SAR la princesa Leonor de Todos los Santos de Borbón y Ortíz (2005), llegará a ser reina de nuestro glorioso país, España.

Dios Salve al Rey muchos años.

Real Orden de Caballeros de Santa María de El Puig

Real Orden de Caballeros de Santa María de El Puig

Estimadas autoridades, representación del Ateneo Mercantil de Valencia, damas, caballeros, amigos y asistentes todos a esta cuarta conferencia de la segunda parte del ciclo de conferencias que el Ateneo y yo mismo, vamos a dedicar a las grandes órdenes de caballería, militares y hospitalarias. Sed bienvenidos y espero/esperamos, que esta serie de conferencias sea del agrado de todos, pues con ella nos hemos propuesto acercar al gran público este mundo, a veces un tanto desconocido.

Quiero agradecer a doña Carmen de Rosa Torner, presidente de la Casa donde nos encontramos, el Ateneo Mercantil de Valencia, y a toda su Junta Directiva por amparar y apoyar este ciclo de conferencias. También quiero agradecer a todos los amigos que hoy estamos llenando esta gran Sala Sorolla, pues sin todos ustedes, sin todos vosotros, todo nuestro esfuerzo no tendría sentido.

Esta cuarta conferencia de esta segunda parte del ciclo, está dedicada a la Real Orden de Caballeros de Santa María de El Puig.

Y, para explicar en su mejor contexto la creación de esta Orden, tenemos que remontarnos a épocas celestiales, en las que, de manos angelicales, ascendió al cielo el cuerpo vivo de María Santísima, este hecho se celebra el 15 de agosto con la Asunción de la Virgen María.

Una vez la Madre de Dios en el cielo, dos ángeles fueron al que, por poco tiempo, había sido su sepulcro, y, arrancaron del mismo la losa donde reposó la santa cabeza, y en ella labraron con cinceles de oro y martillo de plata, un retrato sedente de la Virgen María con el niño en su regazo.

Volvieron a la «Región Luciente», como llamara Fray Luis de León (1527-1591), al cielo en su Oda XIII, poema titulado De la vida del cielo. Y desde el mismo, buscaron el mejor lugar para depositar la talla, y se decidieron por el otero conocido como El Puig, colocando la santa imagen en una oquedad formada por las rocas del mismo.

En aquel lugar permaneció hasta que los Santos Apóstoles Santiago (5 a.C.-44), Pedro (Fin s. I a.C.-ca. 64 a 67) y Pablo (ca. 5 a 10- ca. 58 a 64), la descubrieron y la presentaron a los primeros cristianos para ser venerada.

En época romana se le construyó una capilla. Y en tiempo de los visigodos, siendo su rey, Suintila (¿? -634), algunos monjes de la Orden de San Basilio levantaron entorno a la capilla un Monasterio, del cual, según el historiador, Pere Antoni Beuter (1490-1554), quedan algunos cimientos y fragmentos cilíndricos de columnas.

Para la torre del Monasterio fundieron una gran campana en bronce, y en la orla grabaron:

«Santa María ruega por nosotros. Tu imagen nos sea protectora, la cual fue labrada en una piedra de tu sepulcro por ángeles, y traída por ellos y honrada con la venida de los apóstoles. Tus siervos te reverenciamos. Echa lejos de nosotros los rayos y truenos con el sonido de la campana, la cual hicimos en la era de seiscientos sesenta».

A partir de 711 comienza la invasión musulmana, y los monjes del monasterio, por temor de que fuese profanada la santa imagen, abrieron una cavidad en la capilla donde depositaron la imagen de la Virgen María, y sobre ella pusieron la campana de la espadaña visigótica.

Durante el tiempo de dominación musulmana, estos hicieron numerosos presos cristianos que enviaban como esclavos a África, donde muchos de ellos perdían la fe dada la dura y miserable vida que les obligaban a llevar.

Mas, cuenta una leyenda, que la noche del 1 al 2 de agosto de 1218, se le apareció la Santísima Virgen a Pedro Nolasco (1182-1256), y le pidió que fundara una comunidad de religiosos dedicada a libertar los esclavos cristianos de manos musulmanas.

Y, según la misma leyenda, la Santísima Virgen también se les apareció a San Raimundo de Peñafort (1175-1276), y al rey Jaime I de Valencia (1208-1276), llamado «el Conquistador», comunicándoles también su deseo de fundar la citada comunidad de religiosos.

Así pues, Pedro Nolasco, atendiendo los deseos de la Virgen María, y decidió utilizar la fortuna que había ganado con sus negocios, para crear esa orden y, ayudar a liberar el mayor número posible de esclavos cristianos de manos musulmanas.

Pedro Nolasco no tardó en reunir un buen número de caballeros para tal fin, y así, el 10 de agosto de 1218, fundó una orden de caballería que, bajo el nombre de Orden de Santa María de la Merced, también llamada, la Orden Real y Militar de Nuestra Señora de la Merced y la Redención de los Cautivos, la cual, en el ámbito religioso estaría amparada por el obispo de Barcelona Berenguer Palou II (¿?-1241), y en el ámbito militar, contaría con el apoyo del rey Jaime I.

Como breve reseña de Pedro Nolasco, diré que, nace en 1180 en Mas Saintes-Puelles, Francia, trasladándose a España en 1203. Poco después, a los 15 años, se queda huérfano, pasando a ser el heredero de numerosas posesiones y negocios de su padre, llegando a ser un gran mercader y poseer una gran fortuna. Fallece en Valencia en 1256. Pedro Nolasco, fue canonizado en 1628 por el papa Urbano VIII (1568-1644), pasando a denominarse San Pedro Nolasco, pero está documentado que murió igual que vivió, siendo laico, habiéndose considerado siempre, «militar» de la Orden de la Merced.

La Orden recién creada, tuvo su primera sede, en el Hospital de Santa Eulalia, de la cual tomaría su cruz para su blasón. Así la enseña distintiva de la Orden fue la cruz blanca de Santa Eulalia sobre las barras de la enseña de la Corona de Aragón, las cuales eran cuatro palos de gules, sobre un campo de oro. Su vestimenta sería un hábito de color blanco y sobre el mismo el mencionado blasón.

La Orden fue aprobada oficialmente por el papa Gregorio IX (1145-1241), en 1235, adoptando la misma, la regla de San Agustín. Los caballeros mercedarios, además de los votos de pobreza, obediencia y castidad, se obligaban por un cuarto voto, a entregarse como rehenes para la liberación de los cautivos si no disponía del dinero necesario para su rescate.

En 1238, el rey Jaime I, pasa victorioso a Valencia, tras el asedio a la misma que había comenzado el 21 de abril de ese mismo año, conquistando la Taifa de Valencia por capitulación que se firmó el 9 de septiembre, de quien fue el último rey musulmán de Valencia, Zayyán ibn Mardanish (¿? -1270). Y para coordinar toda la acción militar de la conquista de Valencia, Jaime I, se asentó en el otero que constituía El Puig, a 14 kilómetros de Valencia.

Otra leyenda cuenta que, en ese asentamiento, durante las noches de varios sábados del verano de 1237, los centinelas desde el castillo de Enesa, vieron como siete luminosas estrellas descendían y desaparecían en un mismo punto próximo al monasterio. Curiosos por tal hecho, cavaron en el punto donde indicaban las luces, encontrando la campana antes mencionada, y bajo ella, la imagen en piedra de la Virgen María con el niño en su regazo que cincelaran los ángeles, la cual, pasó a ser conocida por la advocación de la Virgen de Santa María del Puig.

Desde este momento, los Caballeros de la Orden Real y Militar de Nuestra Señora de la Merced y la Redención de los Cautivos, que siempre había acompañado al rey Jaime I, y de la cual, su primer Maestre fue Pedro Nolasco, comenzaron a ser conocidos en el Reino de Valencia, con el nombre de los, Caballeros de Santa María de El Puig.

Algunos años después, el 22 de junio de 1244, el rey Jaime I entrega definitivamente, la Encomienda de El Puig, es decir, el Monasterio de El Puig, a los Caballeros de Santa María de El Puig, y el castillo de Enesa a su tío Bernardo Guillem de Entena, donaciones que confirmó en Alzira en 1276. Con esta acción, vinculó a los mercedarios con el Monasterio de Santa María de El Puig, vinculación que perdura en la actualidad.

El monasterio original estaba constituido por una sola nave, y del mismo se conserva únicamente su extraordinaria Portada, trasladada de su emplazamiento primitivo al lugar lateral que hoy ocupa en el Monasterio.

Del castillo de Enesa, también llamado del Puig, de Yubayla, o de Cebolla, queda bien poco, pues en 1365 el rey Pedro IV de Aragón (1319-1387), llamado «el Ceremonioso», o. «el del Puñalet», mandó destruirlo para que nunca volviera a facilitar la conquista de Valencia a nadie.

En la Orden, en un principio puramente militar, comenzaron a ingresar numerosos clérigos, seguramente, dada su vinculación al monasterio, y así, en 1317 nombran Maestre a fray Ramón Albert, quien fuera el primer sacerdote en obtener el maestrazgo de la Orden tras la muerte de Pedro Nolasco.

El papa Juan XXII (1244-1334) vio favorable esta nueva situación para decretar que en lo sucesivo la Orden debería ser regida por un sacerdote, y no por un militar laico, haciendo que esta perdiera por entero su carácter militar, convirtiéndose en una Orden estrictamente monástica y religiosa similar a las órdenes mendicantes. Actualmente es una Orden mendicante.

Los caballeros laicos se opusieron a este decreto del papa Juan XXII, pues iba en contra de sus directrices fundacionales que amparaban a una Orden militar, pero el papa no cedió en su decisión, así pues, la gran mayoría de los caballeros con ganas de entrar en batalla, ingresaron en la Orden de Montesa, creada ese mismo año 1317, la cual había recibido una gran parte de los bienes de la suprimida Orden del Temple, y en la Orden de Calatrava, que mantenía un marcado carácter militar.

Con esto podemos concluir que el carácter militar y caballeresco de la Orden de la Merced, concluyó en 1317, tras 99 años de existencia, coincidiendo con el gobierno de la misma por el primer sacerdote.

En cambio, otros caballeros como Bernardo de Corbera, se sintieron muy a gusto con ese decreto, y no tardaron en recibir la ordenación sacerdotal.

Además de la misión específica de la Orden de la Merced de redención de cautivos, siempre acompañó al rey Jaime I en sus gestas militares mientras fue una orden militar, especialmente en la conquista del Reino de Valencia.

Los caballeros de la Orden de la Merced se conocieron como mercedarios, como Caballeros de El Puig, o, Caballeros de Santa María de El Puig. Años más tarde, esta última denominación, pasaría a ser la denominación de cómo se conocen a los caballeros de la rama laica, mientras que el término mercedario, se reserva para los sacerdotes de la Orden de la Merced.

La Orden de la Merced, durante muchos años, siglos, continuó escribiendo su historia como una Orden totalmente clerical, con una intensa y activa vida religiosa y de servicio a la comunidad, muy reconocida y valorada positivamente, tanto por el pueblo, como por las más altas dignidades que la fueron favoreciendo con dones y privilegios en todas las épocas.

Así, en 1407, el papa Benedicto XIII (1328-1423), les concede una bula en la que se dice:

«Por todas estas razones, otorgamos y concedemos, por el tenor de las presentes Letras Apostólicas a todos los fieles cristianos, que, con la devota peregrinación, visitaron la dicha Sacra Casa de Santa María, Plenaria Indulgencia y Remisión de sus pecados».

En 1414, el rey Fernando I de Aragón (1380-1416), llamado «el Justo», o, «el Honesto», favorece a la Orden con nuevos dones, los cuales fueron ampliados en 1469 por el rey Fernando II de Aragón, (1452-1516), llamado «el Católico».

El 20 de noviembre de 1500, los Reyes Católicos Isabel I de Castilla (1474-1504), y Fernando II de Aragón, estructuran de modo definitivo la Real Hermandad de Caballeros de Santa María del Puig, y confirman en ellos su Real Patronazgo, el cual el 25 de agosto de 1564 pasa a los Duques de Segorbe, siendo el duque Francisco de Aragón Folc de Cardona (1539-1575).

Cabe comentar que, en el devenir del tiempo, la institución tomó por unos años las denominaciones de Hermandad, Real Hermandad, y alguna otra.

En 1573, Felipe II de España (1527-1598), llamado «el Prudente», completa los privilegios que ya tenía la Orden, con otros nuevos, siempre en pro de favorecerla.

En 1611, el papa Pablo V (1550-1621), le concede indulgencias a los Caballeros de El Puig, según consta en la bula de 11 de junio de 1611.

En 1833, nombraron reina de España a Isabel II (1830-1904) llamada, «la de los Tristes Destinos» o «la Reina Castiza», pero como esta era una niña cuando la proclamaron reina, apenas tres años, la regenta de España hasta su mayoría de edad, fue su madre María Cristina de Borbón-Dos Sicilias (1806-1878), siendo en ese año, cuando se inició en España lo que se llamó la Desamortización, que no fue otra cosa que la intención de destruir el estamento religioso en España, siendo la Desamortización más drástica y conocida, la de Juan Álvarez de Mendizábal (1790-1853), iniciada en 1836, llamada Desamortización de Mendizábal.

Y debido a esta serie de Desamortizaciones, en 1835, los monjes de la Orden de la Merced, se vieron obligados a abandonar del Monasterio de El Puig, pasando el monasterio a ser usufructo del Ayuntamiento de El Puig.

En 1936 el Monasterio fue convertido en prisión republicana de hombres, y hasta 1948, también fue un reformatorio de mujeres.

Mientras tanto en 1943, el Excelentísimo y Reverendísimo arzobispo de Valencia Prudencio Melo y Alcalde (1860-1945), le devolvía vida oficial a la Real Hermandad de Caballeros de Santa María de El Puig.

Pero se tuvo que esperar hasta 1948 en que el Monasterio dejó de tener funciones civiles para que el estado español le concediera de nuevo el usufructo del mismo a la Orden de la Merced, circunstancia que aprovechó la Provincia Mercedaria de Aragón, y lo convirtió en Seminario Mayor.

Con el devenir del tiempo, de la primigenia Orden de la Merced que creara Pedro Nolasco, y que durante un tiempo se denominara, Orden Real y Militar de Nuestra Señora de la Merced y la Redención de los Cautivos, llegó a separarse en dos ramas bien diferenciadas, que actualmente conviven en armonía, teniendo ambas su sede en el Monasterio de Santa María del Puig.

Una de ellas, que conserva el nombre primigenio, Orden Real y Militar de Nuestra Señora de la Merced, y la Redención de los Cautivos, es una orden religiosa católica y mendicante, y que, aunque conserva el término “militar”, en su nombre, como ya comenté, dejó de ser militar en 1317. Y la otra es la que nos ocupa en esta conferencia, la Real Orden de Caballeros de Santa María del Puig, Orden laica de Caballeros y Damas.

También en 1943, el conde de Barcelona don Juan de Borbón y Battenberg (1913-1993), y su esposa, la princesa María de las Mercedes de Borbón y Orleans (1910-200), le concedieron a la Real Orden de Caballeros de Santa María del Puig, la rama laica, el uso de sus Armas Reales, Dinásticas y borbónicas, a la vez que aceptaron el nombramiento de Caballero y de Dama respectivamente. Años más tarde su hijo el rey Juan Carlos I, confirmó estos privilegios.

El 15 de septiembre de 1953, el Excelentísimo y Reverendísimo arzobispo de Valencia, don Marcelino Olaechea y Loizaga (1889-1972), instruyó unos nuevos Estatutos para la rama laica, que incluyó explícitamente el nombre con el que se conoce en la actualidad a la Orden, Real Orden de Caballeros de Santa María de El Puig.

Siendo arzobispo de la Diócesis de Valencia el Excelentísimo y Reverendísimo don Miguel Roca Cabanellas (1921-1992), y contando con el importante impulso de fray Félix Ramajo Aliste (1926-2001), se inscribe la misma en el Ministerio de Justicia, y se redactan sus nuevos Estatutos, quedando el texto aprobado el 21 de junio de 1980, aunque su reglamentación de régimen interno no quedaría fijada hasta el 11 de mayo de 1998. Los Estatutos fueron aprobados y bendecidos por el Papa Pío XII (1876-1958).

El 28 de octubre de 1981, SS. MM. los reyes de España don Juan Carlos I (1938), y doña Sofía de Grecia y Dinamarca (1938), aceptan respectivamente los títulos de Gran Maestre y de Primera Dama de la Real Orden de Caballeros de Santa María de El Puig. Con esta acción, la Orden vuelve a tener una vertiente canónica con un arzobispo al frente, y el amparo de un rey con el que poder nombrar, investir y cruzar caballeros.

Para ingresar en la Real Orden de Caballeros de Santa María de El Puig, se debe mostrar fehacientemente, que se es una persona de reconocidas cualidades humanas, profesionales, culturales y religiosas.

Al igual que Pedro Nolasco, que fue el impulsor y creador en 1218 de la Orden de la Merced, como toda Orden tiene su verdadero promotor e impulsor, podríamos decir que, el de la Orden de Caballeros de Santa María del Puig, fue el Reverendo Padre Félix Ramajo Aliste, el cual, fue un sacerdote mercedario, nacido en una pequeña localidad de Zamora, que tras completar su carrera eclesiástica en distintos monasterios de la Orden de la Merced, en 1949, llega al Real Monasterio de Santa María de El Puig.

El padre Félix Ramajo Aliste se Licencia en Historia en 1957, y es nombrado Superior y Párroco de la Comunidad Mercedaria de la ciudad de Valencia. En 1963 es nombrado Superior y Párroco del Monasterio de El Puig, y tras ver el estado ruinoso en el que se encontraba, de inmediato acomete la obra para su restauración, pues entiende que es un lugar emblemático por excelencia del Reino de Valencia. Para ello crea la Asociación de Amigos de El Puig, el Patronato de Santa María de El Puig, la Cooperativa de artesanía Enesa, y el Taller protegido de trabajadores minusválidos. Creando, además, multitud de establecimientos de forja y otros menesteres alrededor del monasterio. Además, contó con la inestable ayuda del entonces farmacéutico de El Puig, Ernesto Segarra, para la desinfección de las habitaciones, locales y claustros del monasterio.

Y, finalmente, revitaliza e impulsa la Real Orden de Caballeros de Santa María de El Puig, de la que fue Consiliario Honorario Vitalicio, hasta su fallecimiento en 2001.

Sobre el Monasterio de Santa María de El Puig, el historiador villarealense Carlos Sarthou Carreres (1876-1971), en el II Tomo de la Geografía General del Reino de Valencia, escribe:

«El Monasterio de El Puig es una gloria para el Reino de Valencia; el mejor florón de su corona […] donde el arte antiguo y la piedad medieval, en sublime maridaje, labraron el grandioso relicario, guardador de la Virgen de El Puig, descubierta junto al Castillo de Enesa por Jaime I y Pedro Nolasco […] Toda la grandiosa epopeya de nuestra Reconquista, está evocada por estas ennegrecidas paredes del viejo Monasterio, que los vecinos de El Puig y Valencia entera, debieron conservar, porque Monumento histórico era y sin duda alguna, el más grande que tenía Valencia […]»

El Ayuntamiento de Valencia le concede al Reverendo Padre Félix Ramajo Aliste, el título de «Ciudadano de Honor de Valencia», y la Diputación de Valencia, en reconocimiento de su ingente obra en favor de Valencia y los valencianos, acordó, en sesión extraordinaria celebrada el 25 de marzo de 1977, nombrar al Reverendo Padre Félix Ramajo Aliste, «Hijo Adoptivo de la Provincia de Valencia».

Actualmente, la Real Orden de Caballeros de Santa María de El Puig, tiene unos objetivos precisos y muy loables entre los que destaco:

– Mantener la devoción a la Patrona del Reino de Valencia, La Virgen de Santa María de El Puig.

– La promoción de los valores religiosos, históricos y culturales valencianos.

– Ayudar a los presos, y colaborar en su reinserción en la sociedad.

– La protección de los sectores más desfavorecidos de la sociedad, según los principios que promulga el humanismo cristiano.

– Tutela de personas mayores, especialmente ancianos incapacitados.

– Ayudar a menores que se hallen en situación de desamparo.

Para llevar a cabo sus fines, ha colaborado con entidades como Domus Pacis – Casal de la Pau, siendo, además, entidad colaboradora de la Conselleria de Bienestar Social de la Generalidad Valenciana, con la que ha firmado un Convenio y Protocolo por el que, colabora en los dictámenes e informes que, sobre los menores tutelados por dicha Conselleria, le sean solicitados en cuanto a su situación jurídica y económica.

Además, la relación que mantienen con la Orden mendicante de la Merced, es inmejorable, pues, no solo les une el entronque común de sus orígenes, sino también la misma vocación de servicio y de fe, estando, además, recogido estatutariamente, que en el Capítulo Directivo de la Real Orden de Caballeros de Santa María de El Puig formarán parte tres clérigos de la Orden de la Merced de la mayor significación:

– El Reverendísimo Padre maestro general.

– El Muy Reverendo Padre superior provincial de Aragón

– El Reverendo Padre superior del Monasterio de Santa María de El Puig.

La Orden tiene su sede oficial en el Real Monasterio de Santa María de El Puig, en donde tiene una sala en el claustro alto debidamente adecuada para reuniones, con explícita concesión por parte de la Orden de la Merced, la cual atiende espiritualmente a todos los caballeros. Aunque la dirección de su Cancillería, y, donde se reúne el Capítulo Directivo, se encuentra en el número 14 derecha, 2º B, de la calle Jorge Juan de Valencia.

En la sala de reuniones del Monasterio, envuelto con la capa de la Orden, se halla un cuadro de SS. MM. los reyes don Juan Carlos y doña Sofía, luciendo esta la placa de Gran Comendadora. La obra es del pintor Sebastián Capella Pallarés (1927-2013), que fue Caballero de la Orden.

El 27 de diciembre de 2001, con la participación de la Orden, se crea la Fundación Tutelar Santa María de El Puig de la Comunidad Valenciana, reflejada en escritura de quien fuera decano del Ilustre Colegio Notarial de Valencia, don Rafael Gómez-Ferrer Sapiña (1946-2011).

El actual gran maestre de la Orden es S.M. el rey Juan Carlos I (1968), y su presidente es el actual arzobispo de Valencia don Antonio Cañizares Llovera (1945).

Su emblema, de estilo español y francés, es un escudo que lleva resaltada en campo de oro, excepto jefe, que es la parte superior del escudo, cuatro palos de gules procedentes de la enseña de la Corona de Aragón, y sobre ello, la cruz blanca de Santa Eulalia. El jefe, de azur, representa el color de la Virgen María y del cielo, y va cargado de siete estrellas de seis puntas en plata colocadas en dos fajas de tres y cuatro, en recuerdo de las estrellas que marcaron el punto exacto donde encontraron la campana donde se halló la imagen de la Virgen María. El escudo va timbrado con la Corona Real de España y acolada la Cruz de Borgoña. Finalizando, está orlado, con el Collar del Toisón de Oro.

Los caballeros de la Orden, utilizan en las ceremonias religiosas, una capa blanca con el escudo bordado y las veneras correspondientes a su grado.

El 17 de febrero de 2018, una representación de Damas y Caballeros de la Orden, peregrinó al Palmar para obtener la Indulgencia Plenaria por el Año Santo Jubilar, el cual fue aprobado el 6 de julio de 2017. Los Caballeros de la Orden portaron la Cruz por las calles del pueblo cantando y orando, celebrando finalmente la eucaristía jubilar, en la Iglesia del Jesuset de l’Hort.

El 8 de abril de 2018, Domingo de la Misericordia, tuvo lugar la Romería a la Cruz de la Misericordia, erigida por la Real Orden de Caballeros de Santa María de El Puig, en la partida de los Fustales, en Alborache. Posteriormente se celebró una eucaristía. La cruz de hormigón que, mide 12 metros de altura, 5 metros de envergadura y 0,5 metros de sección, es foto-luminiscente en sus dos caras, fue bendecida el día 1 de mayo de 2018, presidiendo el acto Monseñor Don Vicente Fontestad Pastor (1957), Vicario General de Valencia.

La Orden en la actualidad cuenta con encomiendas para áreas específicas. Cada encomienda cuenta con un Comendador, que hace las funciones de director de la misma. Las encomiendas son:

– Asuntos religiosos

– Asuntos penitenciarios

– Asuntos sociales

– Cultura y publicaciones

– Asuntos territoriales

– Nuevas generaciones (Juventudes)

– Protocolo y ceremonial

Una de las más valiosas posesiones de la Orden, sin duda, es una astilla del Lignun Crucis, la cual está en depósito y custodiada por los mercedarios, en el Monasterio de Santa María de El Puig, donde además en la Capilla Mayor del Santuario, se puede venerar el retablo de la Virgen María con el niño en el regazo que cincelaron los ángeles.

Como todas las entidades, la Real Orden de Caballeros de Santa María de El Puig, tiene una estructura jerárquica que es la siguiente:

El Capítulo General.

Es el supremo y máximo órgano decisorio.

El Capítulo Directivo.

Es el órgano ejecutivo colegiado que cumple y hace cumplir los mandatos de la Suprema Jerarquía de la Orden, como el Gran Maestre y Capítulo General.

Gran Maestre.

Es la suprema jerarquía de la Orden. Preside el Capítulo General, ostenta la más alta dignidad y representación de la Orden. Es el rey Juan Carlos I de España.

Vice Gran Maestre.

Ostenta la representación, por delegación del Gran Maestre.

Lugarteniente Mayor.

Ostenta la representación, por delegación del Vice Gran Maestre.

Gran Canciller.

Es el secretario del Capítulo General, del Capítulo Directivo y de todas las comisiones de trabajo de la Real Orden.

Tesorero-Contador.

Es el responsable de las finanzas y tesorería de la Real Orden, así como de su patrimonio.

Vice Lugarteniente.

Sustituye, mediante delegación expresa, al Lugarteniente Mayor.

Vice Canciller.

Sustituye, mediante delegación expresa, al Gran Canciller.

Gran Comendador.

Es un alto grado dentro de la Orden.

Comendador.

Este grado limitado en número por los Estatutos, se otorga a los Caballeros cuya ejemplaridad en valores cristianos y de dedicación y servicio sin tacha al prójimo, a los demás Hermanos y a la propia Orden, les hace dignos de tal elevación.

Caballero.

Es el grado por el que se ingresa en la Orden y con el que se obtiene nobleza personal de privilegio.

En el caso de las Damas, los grados son los siguientes:

Gran Comendadora.

La actuación es exactamente la misma que en el caso de los hombres.

Comendadora.

El procedimiento es exactamente el mismo que en el caso de los hombres, salvo en el caso de que fuese esposa del varón que es elevado a este grado y que, por este hecho, igualmente es elevada de grado automáticamente.

Dama.

Es el grado por el que se ingresa en la Orden y con el que se obtiene nobleza personal de privilegio. En caso de ser esposa de varón ya admitido en la Orden, se entienden ya implícitos los requerimientos que aporta el esposo.

Como apunte extra a tener en cuenta, comentar que la asociación, Archival, Asociación para la conservación de centros históricos de España, que dirige desde su creación en 1991, José Luis Lliso Ruiz, en 2013, le otorgó el Premio Comunidad Valenciana.

Con esto amigos, he realizado un breve paseo a través de la historia de la Real Orden de Caballeros de Santa María de El Puig, que espero que haya sido de su agrado.

En la próxima conferencia, la quinta de esta segunda parte del ciclo, y que impartiré Dios Mediante el día X de febrero de 2020, hablaré sobre la Orden de San Jorge de Alfama.

Espero que esta conferencia haya sido de su interés, y les emplazo a todos a asistir a la siguiente, y hasta entonces, tengan, todos, una buena vida.

Bibliografía

Libros

– Anales de la Orden de Descalzos de Nuestra Señora de la Merced Redención de Cautivos Cristianos. Dionisio Hidalgo. 1669.

– Diccionario de Ordenes de Caballería y Corporaciones Nobiliarias. José María de Montells y Galán.

– Apuntes Sobre Instituciones Nobiliarias en España. Francisco Manuel de las Heras y Borrero.

– Elenco de Ordenes de Caballería. Academia de Genealogía, Nobleza y Armas Alfonso XIII.

– Caballeros del siglo XXI «vindicación jurídica y sentimental de las corporaciones nobiliarias españolas». Fernando García-Mercadal y García-Loygorri y Manuel Fuertes de Gilbert y Rojo.

– Protocolo y Ceremonial de la Real Orden de Caballeros de Santa María del Puig. Pedro Vicente Rubio Gordo.

– Geografía de Valencia. Sarthou Carreres.

– Celeste Real Patronato de la Real y Militar Orden de Nuestra Señora de la Merced, redención de cautivos y cristianos. P. M. Fr. Gabriel Barbastro. Pablo compins impresor. 1725

– Las Órdenes Militares: Realidad e imaginario. María Dolores Burdeus, Elena Real, Joan Manuel Verdegal

– Tomo II de la Geografía General del Reino de Valencia. Carlos Sarthou Carreres. Editorial De Alberto Marín. Barcelona, 1919.

Webs

Web de la Real Orden de Caballeros de Santa María del Puig

Tirar de lengua. https://tirardelengua.wordpress.com

Canal Historia

Otros

– Revista hidalguía. La revista de genealogía, nobleza y armas.

– El mercedario Fr. Josep Abad (1616-166). Fundador de la Escuela de Cristo de Huesca. María Antonia Busán Chaves, y María Pilar Saura Pérez. Asociación Obreros de San Pedro “El viejo”.

Orden de Alcántara

Orden de Alcántara

Estimadas autoridades, representación del Ateneo Mercantil de Valencia, damas, caballeros, amigos y asistentes todos a esta tercera conferencia de la segunda parte del ciclo de conferencias que el Ateneo y yo mismo, vamos a dedicar a las grandes órdenes de caballería, militares y hospitalarias. Sed bienvenidos y espero/esperamos, que esta serie de conferencias sea del agrado de todos, pues con ella nos hemos propuesto acercar al gran público este mundo, a veces un tanto desconocido.

Quiero agradecer a doña Carmen de Rosa Torner, presidente de la Casa donde nos encontramos, el Ateneo Mercantil de Valencia, y a toda su Junta Directiva por amparar y apoyar este ciclo de conferencias. También quiero agradecer a todos los amigos que hoy estamos llenando esta gran Sala Sorolla, pues sin todos ustedes, sin todos vosotros, todo nuestro esfuerzo no tendría sentido.

Esta tercera conferencia de esta segunda parte del ciclo, está dedicada a la Orden de Alcántara, la cual, el nombre más completo que ha tenido en alguna ocasión, ha sido, Orden de Caballería de Alcántara, aunque ha pasado a la historia tan sólo como la, Orden de Alcántara.

Comenzaré diciendo que, el cronista y Prior de Alcántara, Alonso de Torres y Tapia, el cual escribió en 1763 la «Crónica de la Orden de Alcántara», nos dice que, en 1156, en lo que hoy es Cáceres, durante el reinado del rey Fernando II de León (1137-1188), un grupo de caballeros salmantinos curtidos en la lucha contra los musulmanes, cuyo líder era Suero Fernández Barrientos, se conforman como una Cofradía de Armas. Estos caballeros, que mostraban una gran devoción a San Julián, se establecieron cerca de una pequeña Iglesia en Pereiro, a orillas del río Côa.

Posteriormente, entre 1159 y 1164, Suero Fernández solicita una Regla al obispo de Salamanca, Ordoño, y al ser este de la Orden del Císter, le dio dicha regla, creando con ello la, Orden de San Julián del Pereiro, siendo Suero Fernández Barrientos el primer Maestre de la misma.

Pero, hay otra versión que cuenta que, la Orden de San Julián del Pereiro, fue creada en 1093 en las riberas del río Côa, en la Beira Alta de Portugal, por el conde Enrique de Borgoña (1066-1112). Tomando como blasón, un peral silvestre sin hojas, y con las raíces descubiertas, sobre campo de oro.

Y, como no hay dos sin tres, hay una tercera versión de esta historia, que nos la comenta el Doctor en historia medieval, Luis Corral Val (1957), el cual afirma que, no hay constancia de un documento real o una bula papal concedida a la Cofradía de Armas, antes de enero de 1176. Y, habla de Suero Fernández en estos términos:

«A la vista de tales omisiones, podemos deducir que Suero de Salamanca fue una figura imaginaria cuya existencia el rey Fernando II de León desconoció.»

Apuntando además que, a juzgar por los documentos existentes, el verdadero fundador de la Orden de San Julián del Pereiro, fue Gómez Fernández Barrientos, habiendo quien sostiene que, Suero y Gómez Fernández, fueron hermanos.

Por tanto, según Luis Corral Val, la Orden de San Julián del Pereiro se creó en 1177, fecha en la que el papa Alejandro III (¿?-1181) mediante una bula, reconoce a la hermandad del Pereiro como Orden, pasándose a nombrar desde ese momento, Orden de Caballería de San Julián del Pereiro, y a sus miembros, Sajulianistas.

De todas maneras, aun para los historiadores que sitúan a Suero Fernández como primer Maestre de la Orden del Pereiro, tras la muerte de éste en una refriega contra los musulmanes, en 1174 se nombró Maestre a su hermano Gómez, cosa que, en cierto modo, viene a desmontar la hipótesis de Corral Val.

Esta diferencia en la forma en cómo se creó la Orden de San Julián del Pereiro, la cual poco tiempo después tomaría el nombre de Orden de Alcántara, estriba en que, aunque es una de las cuatro grandes órdenes españolas, se conservan muy pocos documentos de ella, pues diversos incendios y expolios, han hecho que se perdieran gran parte de la documentación original, y, por tanto, de la documentación fiable.

Mas, fuera como fuere el inicio de la Orden de San Julián del Pereiro, todos los historiadores coinciden en que fue confirmada por el papa Alejandro III, mediante una bula del 29 de diciembre de 1177, y que de esta Orden proviene la de Alcántara.

El monasterio de San Julián, donde tuvo su primera sede la Orden de San Julián del Pereiro, también incluía un hospital en su recinto, y estaba ubicado en un lugar tranquilo y aislado, pero, a la vez, cerca de tierras musulmanas.

En 1183, el papa Lucio III (1100-1185), eximió a la Orden de la jurisdicción del obispado, pasando a depender directamente del papa. En este momento, la Orden incrementa sus privilegios y propiedades, y, además, abandonaron la Regla cisterciense para tomar la Regla benedictina.

Es preceptivo comentar que, la bula del papa Alejandro III de 1177, nombra a Gómez Fernández Barrientos, Prior de la Orden. Y la bula del papa Lucio III de 1183, lo nombra Maestre de la Orden. Esto le dio a la misma un carácter religioso, a la vez que militar, aunque este ya lo tenía desde sus inicios.

La Orden de San Julián del Pereiro, se expandió y, seguramente invitada por el rey Alfonso VIII de Castilla (1155-1214), llamado «el de las Navas», o «el Noble», llegó al reino de Castilla, donde le ofrecieron Trujillo para establecerse, y que así la Orden pasara a denominarse Orden de Trujillo.

 Mas, lo que sí parece cierto según los historiadores Luis Corral Val y Luis del Mármol Carvajal (1524-1600), es que, en 1188, se conformaron dos ramas de la Orden, una en Pereiro en el reino de León, y otra en Trujillo en el reino de Castilla, pero ambas ramas constituían una sola Orden, la Orden de San Julián del Pereiro, aunque en alguna ocasión puntual en Castilla, se le llegara a denominar como Orden de Trujillo. Además, es procedente apuntar que, en ambas ramas tuvieron siempre el mismo Maestre, Gómez Fernández Barrientos.

Pero existe otra hipótesis, la que aboga por que la Orden de Trujillo, nació como una Orden independiente a la Orden de San Julián del Pereiro. Pero aun sin conocerse cuándo, esta misma hipótesis apunta a que la Orden de Trujillo, se uniría a la de los sanjulianistas.

Ahora bien, el 19 de julio 1195 las tropas cristianas del rey Alfonso VIII de Castilla, fueron derrotadas por las tropas almohades del califa Abū Ya’qūb Yūsuf al-Mansūr (1160-1199), más conocido como, Yusuf II, en la Batalla de Alarcos, y los musulmanes tomaron Trujillo, Santa Cruz y otras plazas estratégicas.

Mas, a pesar de la pérdida de Trujillo, en 1196 el rey Alfonso VIII, les entregó a los sanjulianistas, propiedades en Ronda, en las inmediaciones de Talavera.

Pocos años después, el rey Alfonso VIII, pudo resarcirse con creces de la derrota de Alarcos, con la victoria cristiana sobre los almohades en la Batalla de las Navas de Tolosa, acaecida el 16 de julio de 1212.

De otro lado, el 17 de enero de 1214, el rey Alfonso IX de León (1171-1230) recuperó definitivamente Alcántara de manos musulmanas, y a partir de este momento, el rey leonés trató de atraerse a la poderosa Orden de Calatrava, cuyas posesiones las tenían en Castilla, para que en caso de conflicto castellano-leonés, dicha orden no combatiese a favor del rey Alfonso VIII de Castilla.

Así, en mayo de 1217, el rey Alfonso IX de León le concede la villa y fortaleza de Alcántara a la Orden de Calatrava para que se asentaran allí y fundaran un convento para servir al rey leonés.

Sin embargo, sorprendentemente, los calatravos en 1218 deciden abandonar esta plaza, y la obediencia al rey Alfonso IX de León, y formalizan un acuerdo con la orden leonesa de San Julián del Pereiro, por el que cedían todas sus posesiones en el reino de León a los sanjulianistas, para que instalaran en Alcántara su sede conventual central, y asumieran los servicios que el rey leonés encomendó inicialmente a la Orden de Calatrava.

Se desconocen las razones de esta decisión calatrava, pues estaban muy bien asentados en las tierras del sur de Castilla. Pero, lo cierto es que, este acuerdo favoreció e impulsó a la Orden de San Julián del Pereiro, aun a costa de que este acuerdo significara una cierta subordinación a la Orden de Calatrava, pues la Orden de San Julián del Pereiro se comprometió a recibir la visita del Maestre de la Orden de Calatrava y acatar su obediencia, y, el visitador entre sus funciones, tenía la de vigilar el cumplimiento de la vida conventual. La Orden de Calatrava, a cambio de esta supeditación, les cedió la villa de Alcántara y, además, todas sus posesiones, escrituras, privilegios y bienes muebles en el reino de León.

En ese momento, la Orden pasó a denominarse, Orden San Julián del Pereiro y Alcántara, y adoptaron como emblema el peral con las trabas, y acolada la cruz flordelisada.

Este extremo lleva a la dicotomía de que, los cronistas alcantarinos hacen hincapié en negar esa subordinación. Pero los cronistas calatravos, por el contrario, hacen hincapié en que la Orden de Alcántara estuvo supeditada a la de Calatrava.

Pero igual no les falta razón a los calatravos, pues en 1187, cuando el papa Gregorio VIII (1100-1187), confirmó las posesiones de la Orden de Calatrava, incluyó entre ellas el Pereiro, situado entre Ciudad Rodrigo y Troncoso, como podemos leer en el documento siguiente:

«In puibus haec orooriis duximus exorimenda vocabulis: (…) El Pererii. inter Civitatem Rodriga et Troncoso cum omnibus possessionibus et pertinentiis suis …»

Los calatravos identificación «El Pererii» con San Julián del Pereiro. Sin embargo, los alcantarinos dudan de esa identificación.

Lo cierto es que, ambas órdenes, Alcántara y Calatrava, fueron órdenes separadas, con sus respectivos maestres e independencia propia. Aunque sí que existieron pleitos y desavenencias entre ellas.

Una de las mayores desavenencias, fue por el derecho de visita de los calatravos a los alcantarinos, algo que a estos últimos no agradaba, pues desde el punto de vista alcantarino, las visitas del Maestre de Calatrava, que no fueron tantas ni mucho menos continuas, eran un signo del legítimo control de la Orden de Calatrava sobre la Orden de San Julián del Pereiro y Alcántar. Mas, la verdad es que, no hay noticia de ninguna visita del Maestre de Calatrava, antes de 1318, y en realidad ese derecho se fue debilitando paulatinamente por el cuantioso tiempo transcurrido para ejercerlo efectivamente.

La denominación definitiva de Orden de Alcántara, se instituyó durante el maestrazgo del Maestre Fernando Páez, que se extendió desde 1284 hasta 1292, y fue cuando el convento de San Julián del Pereiro y el resto de las posesiones de la Orden en el reino de Portugal se convirtieron en una encomienda de la Orden, con su correspondiente comendador, quedando el Maestre tan sólo con solo el título de Maestre de Alcántara.

La Orden de Alcántara adoptó como insignia el peral, símbolo del Pereiro y dos trabas a semejanza de las de la Orden de Calatrava.

La recién nombrada Orden de Alcántara, como todas las órdenes de esta época, tenía un marcado carácter religioso, representado por los monjes con vida conventual, y un marcado carácter militar, ejercido por los caballeros, amparados por el rey leonés Fernando II, el cual les ofreció su protección.

Los caballeros de la Orden de Alcántara seguían la regla de San Benito (¿?-547), debiendo hacer votos de pobreza, obediencia y castidad, pero por bula del papa Pablo III (1468-1549), de 1540 se les permitió poder casarse y testar.

Trujillo fue reconquistado definitivamente por el rey Fernando III (1199-1252), llamado «el Santo», el 25 de enero de 1233, y con ello, la Orden de Alcántara reclamó sus antiguos derechos sobre Trujillo, pero el rey Femando III, en lugar de atender sus reclamaciones, les concedió la villa y el castillo de Magacela en compensación por cualquier derecho que pudieran tener, o hubieran tenido sobre Trujillo.

Como apunte histórico, comentar que, en este fragmento de la donación de Fernando III, aún se nombra a la Orden como, de Alcántara y del Pereiro:

«Fado chartam danationis, concessionis, canfirmationis, et stabilitatis Deo et ordini de Alcántara et de Perero (…)»

El rey Fernando III conquistó Córdoba en 1236, y le donó a la Orden las villas de Benquerencia y Esparragal, esta última conquistada por los templarios. Su señorío, no obstante, se completaría con la donación de los castillos de Eljas en 1302, y de Villanueva de la Serena en 1303, teniendo bajo su jurisdicción buena parte de las actuales provincias de Cáceres y Badajoz. Este fue el momento de máxima expansión de la Orden.

La Orden participó en la conquista de Andalucía, y por ello, en 1285, recibió en estas tierras, de manos del rey Sancho IV de Castilla (1258-1295), llamado «el Bravo», las donaciones de los castillos de Morón y Cote y el lugar de Arahal, aunque en 1462, la Orden permutó con Juan Fernández Pacheco y Téllez Girón (1419-1474), estas posesiones, por las de Salvatierra, Villanueva de Barcarrota y el castillo de Azagala. Aunque otros historiadores piensan que el trueque fue con Pedro Girón de Acuña Pacheco (1423-1466), hermano del anteriormente citado.

Los alcantarinos mantuvieron en Andalucía, la encomienda de Heliche, formada por los donadíos de Heliche y Cantullán, cuya existencia se remonta, como mínimo, a 1310, aunque se cree que la Orden tuviera esa encomienda antes de esta fecha.

Además, la Orden, en algún momento de su historia, también tuvo estas posesiones de:

Alcántara. Trujillo. Monzón. Zalamea. Santibáñez. Alcantarilla. Medellín.

Portezuelo, tras ganarle un pleito a la Orden del Temple.

Valencia de Alcántara, conquistada en 1220.

Magacela. Conquistada en 1231.

Navasfrías, donada por el rey Alfonso IX.

Además, la Orden tuvo dos grandes señoríos: Uno de ellos situado en el oeste de la provincia de Cáceres, entre la Sierra de Gata y Alcántara. Y el otro, en el este de la provincia de Badajoz, en la Serena.

Las relaciones entre los alcantarinos y los templarios hasta comienzos del siglo XIV fueron muy conflictivas, alcanzando su punto álgido en 1308, pero todo acabó con la disolución definitiva de los templarios en el Concilio de Vienne, realizado entre el 16 de octubre de 1311 y el 6 de mayo de 1312, lo que, permitió que la Orden de Alcántara se quedara con algunos bienes de los templarios, como el castillo de Alconchel, cosa que no sentó muy bien a otras órdenes, como la Orden de Malta.

La Orden participó, entre otras acciones guerreras, en:

La Batalla de Arganal, contra los portugueses.

La victoria de Ciudad Rodrigo, contra los almohades.

La toma del Castillo de Almeida.

Intervinieron en la batalla civil de Castilla.

En la toma del castillo de Almeida, efectuada con auxilio de los caballeros de Santiago.

En la toma de Valencia de Alcántara, Badajoz, Trujillo, Magacela, Zalamea, Medellín, Toledo, donde, en 1365, murió el Maestre Gutierre Gómez.

Y en la toma de Granada, que fue el último hecho de armas en el que participó como Orden independiente.

En 1411 se realizó en Ayllón un Capítulo general, en el cual se trató la regulación de la vestimenta de la Orden, la cual se plasmó en una bula del papa Benedicto XIII (1328-1423). Así, a petición de la Orden, les concedieron la supresión de la capucha y de los escapularios. Además, se dice literalmente en la bula:

«Que las personas de la orden trayan el ábito descubierto. De la honestidad del vestir. De los colores de las ropas y que no sean muy cortas nin mucho Gallego Blanco».

Los miembros de la Orden de Alcántara debían vestir una túnica de lana blanca muy larga y capa negra, la cual sustituían por un manto blanco en las ceremonias solemnes.

Abandonaron como blasón el peral silvestre sin hojas y con las raíces descubiertas de los originarios caballeros del Pereiro, sobre campo de oro. Y, adoptaron como blasón la llamada, Cruz de Alcántara, siendo esta una cruz de brazos de igual longitud, de sinople, flordelisada en sus extremos.

Como apunte histórico comentar que, en el capítulo XIV de su Estatuto, se establecía que:

«Ningún caballero fuese osado de recibir los sacramentos sin el manto blanco capitular, que debía ser también su sudario».

La Orden comenzó a caer en decadencia, y tuvo grandes discordias interiores, pero, consiguió volver casi a su antiguo vigor gracias al Maestre Juan Zúñiga, nombrado en 1473.

Mas, la Orden perdió totalmente su razón de ser con el fin de la reconquista española en 1492, pues ya no se requerían sus servicios de armas, así, muy pronto comenzó a desempeñar otros fines muy diferentes de los fundacionales.

Y, en ese mismo año 1492, el rey Fernando II de Aragón (1452-1516), llamado «el Católico», consiguió del papa Alejandro VI (1431-1503), uno de los tres papas de la dinastía Borja valenciana[1], la concesión del título de Maestre de la orden con carácter vitalicio. La petición le fue concedida, y la Orden de Alcántara, fue incorporada a la Corona de España en 1494, siendo reyes, los Reyes Católicos, el rey Fernando II de Aragón, y la reina Isabel I de Castilla (1451-1504), al igual que habían sido incorporadas a la Corona, las Órdenes de Santiago y Calatrava, y su último Maestre, Juan Zúñiga fue nombrado Cardenal Arzobispo de Toledo.

Desde su incorporación a la Corona de España, como señala el profesor Manuel Fernando Ladero Quesada (1957), la Orden tuvo un carácter estrictamente nobiliario, donde tenían mayor relevancia los aspectos religiosos y honoríficos.

En el momento de la incorporación a la Corona de España, los territorios alcantarinos comprendían parte de la actual provincia de Cáceres en su límite con Portugal, las estribaciones de la Sierra de Gata y gran parte de la zona oriental de la provincia de Badajoz, como la comarca de La Serena. Una extensión aproximada de 7.000 km², sin incluir las posesiones que tenían en Andalucía y Castilla.

En 1522, el papa Adriano VI (1459-1523), le concedió al rey Carlos I de España (1500-1558), llamado «el César», los títulos de Gran Maestre de las tres órdenes militares de España, Santiago, Calatrava y Alcántara con carácter hereditario, dando con esto un paso más allá de la concesión que le dieron al rey Fernando II.

Actualmente el Gran Maestre de la Orden de Alcántara, es su Majestad el rey Felipe VI.

La Orden tuvo como fines fundacionales:

– La lucha contra los musulmanes durante la Reconquista de España.

– Lograr la estabilidad y control en los territorios recuperados.

– La defensa de la fe.

Los Caballeros de la Orden de Alcántara fueron liberados del voto de celibato por la Santa Sede en 1540, y la pertenencia a la Orden se convirtió en honor que utilizó la corona española, para recompensar a los nobles.

El gobernador de la Orden de Alcántara el 14 de julio de 1571, cuantificó las posesiones de la Orden de la manera que a continuación se expone:

El partido de Alcántara, con 14 pilas y 3580 almas.

El partido de Villanueva de la Serena, con 19 pilas y 5710 almas.

El partido y gobernación de Valencia de Alcántara, con 6 pilas y 1920 almas.

El partido de Sierra de Gata, con 15 pilas y 2695 almas.

Y hasta la ocupación francesa en 1808 la Orden poseía:

35 Encomiendas.

53 villas y aldeas.

2 conventos de comendadores.

1 colegio en Salamanca fundado en 1552.

En 1546 se autorizó el casamiento de los caballeros, que sustituyeron el voto de castidad por el compromiso de defender el dogma de la Inmaculada Concepción. Este privilegio, lo tuvo la Orden de Santiago desde sus inicios.

Pero ya, bajo la dominación francesa, en 1808, se le confiscaron las rentas a la Orden, aunque le fueron devueltas parcialmente en 1814, después de la Restauración del rey Fernando VII.

En la década de 1830, la monarquía liberal, toma parte de las propiedades de la Orden, pero siendo reina de España Isabel II (1830-1904), llamada «la de los Tristes Destinos», o, «la Reina Castiza», mediante un Real Decreto de 7 de abril 1848, se le restauraron a las cuatro grandes órdenes de España (Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa), la mayoría de los beneficios.

Y en el Concordato de 1851, que fue un tratado firmado entre España y la Santa Sede, se les permitió, a las cuatro órdenes militares citadas, la jurisdicción eclesiástica sobre sus territorios, mientras que, como titular de la jurisdicción quedó el Rey, o, la Reina.

Llegamos a la Primera República Española, que se extendió desde el 11 de febrero de 1873, hasta el 29 de diciembre de 1874, la cual abolió todas las órdenes militares. Mas, el papa Pío IX (1792-1878), mediante la bula Quo Graviu, de 14 de julio de 1873, transfirió la administración de los beneficios de las jurisdicciones eclesiásticas de las órdenes abolidas, a las diócesis más cercanas. El presidente de la República, Francisco Serrano y Domínguez (1810-1885), duque de La Torre, vio esto como una concesión del papa, y restableció las órdenes militares y su órgano rector: el Tribunal.

Y de nuevo siendo España un reino, con el rey Alfonso XII de España (1857-1885), llamado «el Pacificador», este, restauró la Orden de Alcántara el 13 de enero de 1875.

Un Real Decreto del 18 de febrero de 1906, introdujo algunas modificaciones en la normativa reguladora del Tribunal Metropolitano y del Consejo, que fueron las últimas regulaciones formales introducidas antes de la caída de la monarquía en 1931.

El rey Alfonso XIII de España (1886-1941), llamado «el Africano», obtuvo de facto la aprobación del título de Gran Maestre y Administrador Perpetuo, cuando la Santa Sede confirmó ciertas regulaciones en 1916. Aunque cabe recordar que, en 1522, el papa Adriano VI le concedió al rey a Carlos I de España, el título de Gran Maestre de la Orden con carácter hereditario.

La Segunda República Española, que se extendió desde el 14 de abril de 1931, hasta el 1 de abril de 1939, suprimió las órdenes mediante un decreto del 29 de abril de 1931, y disolvió el Tribunal, pero no mencionaron el Consejo de las Órdenes Militares, dejando la situación jurídica de este cuerpo intacto.

La represión de las órdenes, provocó una protesta inmediata por parte del Cardenal primado ya que el carácter religioso de estas órdenes fue reglamentado por el Concordato de 1851. Así, el Ministerio de Guerra, modificó el decreto anterior con el decreto del 5 de agosto de 1931, por el cual declaró las cuatro órdenes sujetas a la ley española, como asociaciones y nombró una Junta o Comisión Provisional, a la que dio personalidad jurídica en lugar del Consejo.

Además, también tuvo que padecer la Orden, el trienio liberal de 1820 a 1823, y las desamortizaciones, sobre todo la de Mendizábal en 1836.

Juan de Borbón y Battenberg, conde de Barcelona (1913-1993), padre del rey Juan Carlos I de España (1975), fue nombrado oficialmente por su hijo en 1978, Dean Presidente del Real Consejo de las Órdenes de Caballería de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa. Y tras su muerte, el Gran Comendador de la Orden de Alcántara, el Infante Carlos de Borbón-Dos Sicilias y Borbón-Parma (1938-2015), duque de Calabria, fue nombrado su sucesor.

Las dignidades de la Orden de Alcántara son en el ámbito militar:

– Gran Maestre.

Encabezaba la orden tanto en la guerra como en la paz y reunía en su persona todo el poder.

– Comendador Mayor.

Autoridad superior de los comendadores de cada encomienda.

– Clavero.

Era quien se hacía cargo de la custodia de las puertas del convento.

– Alférez.

– Caballeros.

– Escuderos.

– Mayordomos.

Y en el ámbito religioso las dignidades eran:

– Los priores de Mazarela, Zalamea y Rollán.

Como sacerdotes ordenados, ejercían la «potestas clavium», es decir, el poder de las llaves en el orden y la jurisdicción.

– Sacristán Mayor.

En los primeros tiempos, era el máximo responsable de la custodia de los vasos sagrados, ornamentos, sello de la Orden y otros tesoros.

– Sacristanes subordinados

– Vicarios.

– Arciprestes.

– Capellanes del Maestre.

– Clérigos.

– Monjas alcantarinas.

También contaba la Orden con los Familiares, los cuales se ligaban a la Orden donando sus bienes. Eran bienhechores, mecenas.

Otro órgano de control de la Orden, era el Grupo de los Ancianos. Formado por las principales dignidades seglares y eclesiásticas. Según el doctor en historia Félix Chamorro, los componentes de este órgano de gobierno eran: el comendador mayor, el clavero, el prior de Alcántara y el de Magacela y los que hubieren sido definidores, visitadores, gobernadores, procuradores y tesoreros, además de las personas del Consejo del maestre que tuviesen el hábito de la Orden.

Es de mencionar que la villa de Alcántara y su territorio, alcanzó gran prosperidad mientras la Orden de Alcántara estuvo en ella. La industria contaba con fábricas de paños, de sayales, de jergas y de lienzos. El comercio se realizaba principalmente en Lisboa, y, sirviéndose de barcas grandes y veleras exportaba curtidos, calzado, lienzos, cera, ganados, granos, pasas y vinos.

Para ingresar en la Orden de Alcántara, se debía probar en sus cuatro primeros apellidos ser hijodalgo de sangre a fuero de España, y no de privilegio, con escudo de armas, de acreditación fehaciente, también por las cuatro líneas, y ser descendiente de casa solar[2] él, su padre, madre y abuelos, sin haber tenido ninguno de ellos oficios viles, mecánicos o industriales. Tampoco podía ingresar quien tenga raza ni mezcla de judío, moro, hereje, converso ni villano, por remoto que sea, ni el que haya sido o descienda de penitenciado por actos contra la fe católica, ni el que haya sido o sus padres o abuelos procuradores, prestamistas, escribanos públicos, mercaderes al por menor, o haya tenido oficios por el que hayan vivido o vivan de su esfuerzo manual, ni el que haya sido infamado, ni el que haya faltado a las leyes del honor o ejecutado cualquier acto impropio de un perfecto caballero, ni el que carezca de medios decorosos con los que atender a su subsistencia.

Y, aun así, quien ingresaba, debía pasar un período de prueba y formación que les daba a conocer la regla de la Orden y los votos monásticos.

La Orden celebraba capítulos de variada naturaleza, como provinciales y generales, y de estos últimos hay bastante información, gracias a los historiadores Miguel Ramón Zapater (1628-1674), José López-Rey (1905-1991) y el ya citado Alfonso de Torres y Tapia.

Hubo capítulos generales en los años:

1218 Durante el maestrazgo de Nuño Fernández de Temes.

1385 Durante el maestrazgo de Martín Yáñez de la Barbuda.

1411 En Ayllón, durante el maestrazgo de Sancho de Aragón y Castilla.

1432 En Alcántara, durante el maestrazgo de Juan de Sotomayor.

1483 y 1488 En Plasencia, durante el maestrazgo de Juan de Zúñiga.

1495 En Burgos, también durante el maestrazgo de Juan de Zúñiga.

Aunque no se conserva, la Orden de Alcántara tenía su propio libro de oraciones con sus correspondientes horas canónicas. El rezo del oficio divino era conmutado, para los iletrados y los caballeros en campaña, por la oración de padrenuestros por cada hora canónica.

Las prácticas penitenciales, como ayunos, abstinencias, y mortificaciones vanas, no eran observadas muy estrictamente, y los ayunos y abstinencias de carne eran especialmente permisivos para los caballeros que iban a entrar en combate, pues debían tener sus fuerzas intactas para salir victoriosos.

Y para concluir, comentar que tan sólo las ramas femeninas de las órdenes militares han llegado hasta nuestros días como órdenes religiosas aún vigorosas, aunque de las hermanas de la Orden de Alcántara, ya no conservan conventos.

Con esto amigos, he realizado un breve paseo a través de la historia de la Orden de Alcántara, que espero que haya sido de su agrado.

En la próxima conferencia, la cuarta de esta segunda parte del ciclo, y que impartiré Dios Mediante el día 7 de enero de 2020, hablaré sobre la Real Orden de Caballeros de Santa María de El Puig.

Espero que esta conferencia haya sido de su interés, y les emplazo a todos a asistir a la siguiente, y hasta entonces, tengan, todos, una buena vida.

Bibliografía

Libros

de Torres y Tapia, Frey Alonso. Crónica de la Orden de Alcántara, Imprenta de don Gabriel Ramírez, 1768.

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Linage Conde, A. Tipología de la vida religiosa en las Órdenes Militares. Anuario de Estudios Medievales Xl. 1981.


[1] Los tres Papas de la dinastía de los Borja valencianos fueron, Calixto III, nacido como Alfonso de Borja. Alejandro IV, nacido como Rodrigo Borja Lanzol. Inocencio X, nacido como Giovanni Battista Pamphili, tataranieto de Juan Borja.

[2] La casa solar es la primera casa donde una persona portó el apellido que se estudia en heráldica.

Orden de Monte Gaudio

Orden de Monte Gaudio

Estimadas autoridades, representación del Ateneo Mercantil de Valencia, damas, caballeros, amigos y asistentes todos a esta segunda conferencia de la segunda parte del ciclo de conferencias que el Ateneo y yo mismo, vamos a dedicar a las grandes órdenes de caballería, militares y hospitalarias. Sed bienvenidos y espero/esperamos, que esta serie de conferencias sea del agrado de todos, pues con ella nos hemos propuesto acercar al gran público este mundo, a veces un tanto desconocido.

Quiero agradecer a doña Carmen de Rosa Torner, presidente de la Casa donde nos encontramos, el Ateneo Mercantil de Valencia, y a toda su Junta Directiva por amparar y apoyar este ciclo de conferencias. También quiero agradecer a todos los amigos que hoy estamos llenando esta gran Sala Sorolla, pues sin todos ustedes, sin todos vosotros, todo nuestro esfuerzo no tendría sentido.

Esta segunda conferencia de esta segunda parte del ciclo, está dedicada a la Orden de Monte Gaudio, la cual, el nombre más completo que ha tenido en alguna ocasión, ha sido, Orden Militar de Caballeros de Santa María de Monte Gaudio de Jerusalén, aunque ha pasado a la Historia tan sólo como la Orden de Monte Gaudio.

Procede comentar como apunte extra que, el Monte Gaudio, situado en Palestina, y que se eleva 895 metros sobre el nivel del mar, en latín sería «mons gaudii», el cual se puede traducir a español como Monte del Gozo o de la Alegría, la cual hace referencia, justamente, a la alegría que sentían los peregrinos al ver ya cercano el final de su viaje, y divisar desde su cima, toda Jerusalén y toda Palestina.

Comenzaremos por remontarnos a la época de la II Cruzada, la cual, convocada por el papa Eugenio III (¿? -1153), comenzó en 1145 y concluyó en 1149, siendo liderada por el rey Luis VII de Francia (1120-1180), llamado «Luis el Joven», y por el rey Conrado III de Alemania (1093-1152), gobernador del Sacro Imperio Romano Germánico. Pero la cruzada fue un gran desastre para los cruzados, y los ejércitos que comandaban ambos dirigentes fueron derrotados por los turcos selyúcidas.

Mas, lo que quedaron de esos ejércitos, en 1148 decidieron sitiar Damasco, y tras siete días de asedio, los cruzados de nuevo obtuvieron una gran derrota en la que murieron numerosos guerreros, y los que quedaron, regresaron a Jerusalén, para poco después regresar a sus casas, la mayoría de ellos sin dinero ni gloria.

Pero el cruzado Rodrigo Álvarez de Sarriá, tercer conde de Sarriá (¿? -1188), hijo de Álvaro Rodríguez, segundo conde de Sarria (1129-1167), y de la infanta portuguesa Sancha Fernández (c. 1018-1067), hermana del rey Alfonso VII de León (1105-1157), llamado «el Emperador», se quedó en Tierra Santa, y ofreció sus servicios al rey de Jerusalén Balduino III (1130-1163), para ayudar a proteger a los peregrinos, y con ello, defender los territorios conquistados. Esto hizo que Rodrigo Álvarez de Sarrià, se curtiera en mil batallas junto a los caballeros de otras órdenes, como los templarios, granjeándose el título de «Paladín de la Fe».

Con estas credenciales de fiero guerrero, a Rodrigo Álvarez le fue sencillo convencer al rey Balduino III para crear una nueva orden militar que defendiera Jerusalén, y para que esta nueva orden tuviera su sede, solicitó al rey la iglesia-fortaleza de Monte Gaudio, el rey accedió a los deseos del cruzado y creó la Orden Militar de Caballeros de Santa María de Monte Gaudio de Jerusalén, la cual, ganó, y ayudó a ganar innumerables batallas, recibiendo por ello numerosas posesiones.

Los historiadores coinciden en datar la creación de la Orden de Monte Gaudio en Tierra Santa, sobre 1148, y desde esta creación, hasta que se fundó o refundó la misma en el reino de Aragón en 1172, se sabe muy poco, o nada, sobre la Orden, desconociéndose totalmente su devenir, y qué pudo pasar con la misma.

En este momento es preceptivo apuntar que, algunos historiadores coinciden en que la Orden no se creó en Tierra Santa, sino que se fundó directamente en el reino de Aragón en 1172, siendo rey Alfonso II de Aragón (1157-1196), llamado «el Casto», y dejando la creación de la misma en Tierra Santa, tan sólo en el ámbito de la leyenda.

Yo, para redactar esta conferencia, tomaré como válido que, la Orden de Monte Gaudio, se fundó en Tierra Santa.

Rodrigo Álvarez, fundador de la Orden de Monte Gaudio, fue un conde gallego de juventud disoluta, y dado a todo tipo de placeres y excesos. Era sobrino del rey Alfonso VII de León y de Castilla (1105-1157), llamado «el Emperador», y fue tenente de la Villa de Sarriá, en la provincia de Lugo hasta 1171.

En un año que se desconoce, Rodrigo Álvarez regresa de las Cruzadas, y en 1169 participa en la toma de Badajoz, y sumándole a sus campañas en batalla la fama que le precedía de sus campañas en Tierra Santa, no le costó ganarse la simpatía del rey Fernando II de León (1137-1188), el cual le concedió numerosos cargos y privilegios.

A Rodrigo Álvarez le atraía ingresar en la orden templaria, pero, no lo hizo, y en 1170 formó parte del grupo de nobles que se reunieron en Cáceres y fundaron la Orden de los Frates de Cáceres, germen y semilla de la que en poco tiempo se conocería como la Orden de Santiago.

La Orden de Santiago como tal, la fundaron algunos caballeros arrepentidos de las vidas disolutas y licenciosas que habían llevado desde, o, en su juventud, como había sido la juventud de Rodrigo Álvarez, para así, llevar una vida de privación, sacrificio, lucha contra el infiel, y de ayuda a los peregrinos y necesitados, con la que expiar su antiguo modo de vida.

Rodrigo Álvarez llegó a ser Comendador Mayor de la Orden de Santiago, y, además, contaba con el favor del rey Alfonso I de Portugal (1109-1185), el cual, le otorgó a él personalmente una alta distinción, pues este rey donó a la Orden de Santiago la villa de Abrantes y el castillo de Monte Santo en Portugal, con expresa condición de que los tenía que poseer el Comendador Mayor de Orden, el conde Rodrigo Álvarez de Sarria, y no otro Comendador.

Pero la verdad es que Rodrigo Álvarez no duró mucho tiempo en dicho cargo de Comendador Mayor, pues poco tiempo después de ostentarlo, el 9 de Julio de 1172 renunció ante el cardenal Jacinto Orsini (1106-1198) del hábito de la Orden de Santiago, pues en su intención estaba refundar la Orden de Monte Gaudio.

Con estos mimbres, solicitó la refundación de la Orden, y mediante una bula del papa Alejandro III (1100/5-1181), dada en Tusculano, ciudad del Lacio en Italia, el 24 de noviembre de 1172, la solicitud para refundar la Orden de Monte Gaudio le fue concedida.

Entre otras cosas, en esa bula de creación de la Orden, le otorgaba;

«la facultad para recibir en su Orden a los bravazones y vascos[1] que estaban excomulgados y entredichos, siempre que recibieran la absolución de sus prelados y no hubiesen profesado en otra Orden».

Además, también recogía la bula, que la Orden de Monte Gaudio nunca podría aceptar castillos que pudieran crear conflictos con la Orden santiaguista.

Como, según dictado en la bula, quien ingresara en la Orden de Monte Gaudio no podía haber estado en las filas de ninguna otra orden, y como en el reino Castilla, ya existían algunas de renombrado poder, prestigio y valía, como las órdenes de Calatrava, Alcántara y Santiago, decidió trasladarse al reino de Aragón, donde se encontró que, el rey Alfonso II de Aragón deseaba tener una Orden propiamente aragonesa, ya que el reino de Castilla contaba con las citadas órdenes.

Así el rey Alfonso II de Aragón y el Maestre Rodrigo Álvarez, unieron sus deseos por conformar una orden, y como resultado, el 7 de julio de 1172, se fundó oficialmente la Orden de Monte Gaudio en Aragón, la cual, como ya he citado anteriormente, fue aprobada el 24 de noviembre de 1172 por el papa Alejandro III.

Tras ello, comenzó a reagrupar a todos los antiguos caballeros de la Orden de Monte Gaudio que creara en Tierra Santa, y de nuevo, pasó a ser su Maestre. La Orden de Monte Gaudio tomaría la recta y dura Regla del Cister.

El rey Alfonso II de Aragón le concedió a la recién creada Orden de Monte Gaudio, la fortaleza turolense de Alfambra, de donde tomó el nombre por un breve tiempo de su primera época, y desde donde pudieron luchar contra los moros que amenazaban Teruel y las poblaciones fronterizas.

En 1174, su prima, la princesa Sancha de Castilla (1154/55-1208) fue a Zaragoza para casarse con el rey Alfonso II de Aragón, y él, Rodrigo Álvarez, como un perfecto cruzado y caballero, la acompañó. Esto hizo que, aunque fuera lejanamente, emparentasen el rey Alfonso II de Aragón y Rodrigo Álvarez, reforzando aún más sus relaciones.

También en 1174 según privilegio de donación firmado por el rey Alfonso II de Aragón, reciben la villa de Fuente de Alfambra reconquistada a los musulmanes, y en donde la Orden había participado con honores.

Entre octubre de 1176 y junio de 1177 el príncipe de Antioquía Reinaldo de Châtillon (1120-1187), también conocido como Reinaldo I de Antioquía, donó tierras en Tierra Santa, a la Orden de Monte Gaudio, donación que fue confirmada por el rey Balduino IV de Jerusalén (1161-1185), llamado «el Leproso», o, «el Santo», con la condición de que Rodrigo Álvarez y sus caballeros, lucharan en Tierra Santa contra los infieles, concediéndoles en 1176, la custodia y guarnición de varias torres de la ciudadela de Ascalón.

Por su parte, la hermana del rey Balduino IV, la condesa de Ascalón y Jaffa, Sibila de Jerusalén (¿?-1190), también en 1177, donó a Rodrigo Álvarez, tierras y rentas en Ascalón, recibiendo, además, en 1178, otras donaciones del Santo Sepulcro. Todos estos privilegios fueron confirmados en 1180 por el papa Alejandro III.

Rodrigo Álvarez peregrinó a Jerusalén en 1175, y de nuevo en 1180, siendo quizá en su regreso a Aragón, cuando trajo la muy venerable imagen de Nuestra Señora de Monte Gaudio, la cual fue colocada en la pequeña ermita del castillo de Monfrag, situado a orillas del rio Tajo, y formado por dos recintos alargados, recias barbacanas, cinco torres almenadas y una impresionante torre del homenaje, que en 1172 fue cedido a la Orden de Monte Gaudio por la Orden de Santiago, para que estableciera allí la casa principal, antes que el rey Alfonso II de Aragón le concediera la fortaleza de Alfambra.

En 1182, reciben de manos del rey Alfonso VIII de Castilla (1155- 1214), llamado «el de las Navas» o, «el Noble», la villa de Villarrubia, y de manos del rey Fernando II de León, reciben un coto en el valle de Neira, la mitad de las iglesias de Ceranio, Canovia, Pusnella y San Pedro de Heremo.  La Orden estaba en pleno auge, y se expandió rápidamente por los reinos de Aragón y Valencia, teniendo las posesiones del castillo de Alfambra, el castillo y villa de Orrios, Escorihuela, Perales del Suso, Villapardo, Altabas, Malvecino, Alcaltrel y Miravete, llegando a tener posesiones incluso en Italia.

Rodrigo Álvarez traslada la sede de la Orden desde el castillo de Monfrag al castillo de Alfambra, donde custodiaban y veneraban un trozo de Lignum Crucis que el Papa, en Roma, le había entregado a su madre, la infanta Sancha.

Con todo lo antedicho, se deduce que, la primera orden hispánica que intervino en Tierra Santa fue la Orden de Monte Gaudio, pues hay constancia de que, a otras órdenes como la Orden de Santiago, les solicitaron su participación en Tierra Santa, pero no hay constancia de que ninguna otra, además de la Orden de Monte Gaudio, estuviera presente en ella.

En 1186 se inicia una crisis en el seno de la Orden, mientras Rodrigo Álvarez se encontraba de nuevo en Tierra Santa; el comendador de Alfambra, que, como máxima autoridad en el reino Aragón, gobernaba las casas y los bienes de la Orden en este reino, ofreció todas las fortalezas y heredades bajo su jurisdicción a la Orden del Temple; el maestre templario correspondiente, aceptó la donación bajo la condición de que, fuese aprobada por el rey de Aragón y por el gran maestre del Temple. Pero el rey Alfonso II de Aragón, no dio su conformidad, y la donación de las posesiones en Aragón de la Orden de Monte Gaudio a la Orden del Temple, no se realizó.

El 4 de julio 1187 acontece la Batalla de los cuernos de Hattin, con la victoria del sultán Al-Nāsir Ṣalāḥ ad-Dīn Yūsuf ibn Ayyūb (1138-1193), más conocido como Saladino. Todos los ejércitos cruzados participantes en esta batalla, incluso los de la Orden de Monte Gaudio, fueron destruidos. Tras esta victoria, Jerusalén capituló ante Saladino, siendo esto el principio del fin de las órdenes militares en Tierra Santa.

Posteriormente, del 20 de septiembre al 2 de octubre de 1187, siendo rey de Jerusalén, Guido de Lusignan (c. 1150-1194) tuvo lugar el Sitio de Jerusalén, también a manos de Saladino. El resultado de ese asedio fue que Jerusalén cayó bajo el poder musulmán, y con ello, también cayó la sede de la Orden de Monte Gaudio en Tierra Santa, la cual perdió. Los caballeros supervivientes regresaron al reino de Aragón.

En 1188 fallece Rodrigo Álvarez, siendo enterrado, según algunos historiadores, en Alfambra. Le sucede en el maestrazgo de la Orden, su lugarteniente, el leonés Rodrigo González, siempre fiel al ideario de la Orden, pero, por desgracia, no poseía la fuerte personalidad de su antecesor. Extremo que aprovechó la facción extranjera de la Orden, para ocupar los altos cargos de la misma, sustituyendo a los caballeros castellanos y leoneses.

Como apunte histórico, comentar que, no se conocen los nombres de los primeros caballeros de la Orden de Monte Gaudio en Tierra Santa, y tampoco el de los supervivientes de la Batalla de los Cuernos de Hattin que llegaron al reino de Aragón, excepto;

Rodrigo Álvarez. Maestre.

Rodrigo González. Comendador Mayor. Y posteriormente segundo Maestre.

Frey Gasco. Maestre (Perteneciente a la facción extrajera)

Frey Fralmo de Luca (Perteneciente a la facción extrajera)

Pero sí se conocen los nombres de algunos de los nobles que se unieron a la Orden de Monte Gaudio en el reino de Aragón.

Juan García

Velasco Ortiz

Pedro Ximenez

Munio Fernández

García Garcés

El rey Alfonso II de Aragón, comprueba que la Orden había entrado en una total decadencia, así que en 1188 le encomienda dos nuevos fines: el de ser hospitalaria y el de ser redentora, para redimir a los cristianos que cayeran en manos de los moros.

También en 1188 se produce un cisma interno en la Orden por el maestrazgo en la misma, cosa que favoreció la separación de la Orden en dos ramas, la de Castilla y León, por un lado, y de la Corona de Aragón, por el otro.

Así pues, rey Alfonso II de Aragón, le cambia el nombre a la rama aragonesa de la Orden, denominándola, Orden de San Redentor y como Sede, le concede el Hospital de San Redentor que había fundado en Alfambra, Teruel, en 1178. En esta nueva Orden había caballeros de muchas nacionalidades, pero faltaba la necesaria disciplina entre ellos, así que vio el rey que la defensa de la frontera de Aragón corría serio peligro.

La Rama de Castilla y León, es acogida por el rey Alfonso IX de León (1171-1230), cediéndoles el castillo de Monfrag y las posesiones de Trujillo. Los caballeros de Monte Gaudio aceptaron esta donación y, en reconocimiento, defendieron al rey Alfonso IX de León en sus luchas contra los musulmanes.

En mayo de 1189, el rey Alfonso II de Aragón, quiere gratificar los servicios prestados por Rodrigo Álvarez y la Orden de Monte Gaudio, y le concede a esta, ciertos derechos y posesiones en Fraga, siendo señor de Fraga el noble Arnal de Eril. Algunos de estos derechos y posesiones fueron;

La vía de acceso a la villa.

La explotación del puente de Fraga.

La finca o alquería del fallecido Pedro Maza.

La explotación del Sotet.

Y derechos de la iglesia, exceptuando los pertenecientes al obispo de Lérida.

Firmaron como testigos de las donaciones, entre otros, Berenguer, obispo de Lérida. Ramón de Moncada, y los sarracenos Moferix de Abahadida, Jafia Lebrel y Jafia Lalamuy.

Mas, en 1189, el maestre de la rama de Castilla se sintió muy molesto con la rama de Aragón, motivo por el cual, se produjo la primera gran desavenencia entre ambos maestres, pues los caballeros montegaudios castellanos eran partidarios de la unión con los santiaguistas y los montegaudios aragoneses no.

Esto hizo que las ramas de Alfambra en Aragón y de Monfrag en Castilla, no se volvieran a fusionar nunca a pesar de su origen común.

En 1194, los caballeros franceses e italianos de la rama aragonesa, que eran mayoría y ocupaban los mejores cargos en la Orden, eligieron como maestre al italiano fray Gascó, provocando esto una división interna en esta rama, siendo la facción extranjera la que quería unirse a la Orden del Temple, pues esta Orden no era española y mayoritariamente estaba compuesta y gobernada por extranjeros, y con esta unión, todas las posesiones de la Orden de Monte Gaudio, pasarían a la Orden del Temple. Pero los caballeros montegaudios castellanos y leoneses liderados por Rodrigo González, se opusieron a esta unión, por considerarla una traición a los ideales fundacionales de la Orden.

En marzo de 1195, el papa Celestino III (1106-1198), emitió una bula concediendo a los templarios, el Hospital y la sede de San Redentor, bula que no fue bien acogida por los caballeros de la Orden de Monte Gaudio castellanos y leoneses, y la facción aragonesa no extranjera, que se oponían a una fusión con los templarios, y que, consecuentemente, la impugnaron.

En 1196 el maestre italiano frey Fralmo de Luca, con el beneplácito del papa Celestino III, y del rey aragonés Alfonso II, tras considerar la escasa efectividad de la Orden, sumida en una total decadencia, renuncia a la regla cisterciense y firma en Teruel la incorporación de la Orden de Monte Gaudio a la Orden del Temple, entregando a la misma el castillo de Alfambra con todo lo que esto conllevaba, como cruces, libros, y, una reliquia del lignum Crucis. Y también les entrega algunas otras edificaciones como los molinos de Orrios, las iglesias de Rueda, de las celadas, de Fuentes García, de Teruel, de Bisbal, de Villarluengo, de Burbagena y de Calatayo.

Algunos de los nombres implicados en la donación, fueron:

Frey Fralmo de Luca. Gran Maestre de la Orden de Monte Gaudio.

Frey Gilbert de Erail. Maestre Provincial de la orden del Temple.

Frey Ponz de Rigalt. Maestre de Ultramar de la orden del Temple.

Otros nombres relacionados en la donación, fueron:

Frey Gascó Martí. Comendador de Castellote.

Frey Michel Capella.

Frey Per Gómez. Comendador de Alfambra.

Frey Martín Per. Comendador de Villel.

Frey García. Comendador de Montis.

Frey Sanz. Comendador de Orrios.

Frey Furtuyn Xemeni. Comendador de Libros.

Frey García de Jacha. Comendador de Imanes.

En Aragón, frey Gascó de Castellote, tenente y comendador de Castellote se opuso a la fusión de ambas órdenes y resistió durante algún tiempo en esa fortaleza, defendiendo sus derechos y los de su Orden.

En Castilla y León, la Orden de Monte Gaudio, con su comendador Rodrigo González al frente, decidió seguir su propio camino, desacatando su incorporación a la Orden del Temple. Esto hizo que el castillo-santuario de Nuestra Señora de Monfrag en Cáceres, donde se asentaban, lo tomaran como sede maestral, y cambiaran su nombre por el de Orden de Santa María de Monfrag.

Cuando en Aragón se produjo la fusión de la Orden de Monte Gaudio con los templarios, los caballeros que no estuvieron de acuerdo con esa unión, tuvieron que abandonar este reino, y refugiarse en el castillo de Monfrag junto a sus hermanos de Castilla. En la actualidad, Monfrag perteneciente a la Comunidad de Extremadura.

En la ermita del castillo de Monfrag, colocaron a su Virgen y Señora de Monte Gaudio, jurando los nobles caballeros ante ella, como testigo de su fe, defender sus orígenes y sus estatutos, y enriquecer aún más la historia de la Orden original.

Ya como Orden de Monfrag, y sin sus posesiones en los reinos de Aragón y de Valencia, reclamaron y exigieron a la Orden del Temple, la restitución de sus tierras y bienes como legítimos continuadores de la Orden de Monte Gaudio.

La Orden de Monfag, seguía custodiando la vía norte-sur del Tajo, acudiendo siempre donde se les requería, y apoyando a los ejércitos cristianos en su conquista y protección. Colaboraron con la Orden de Santiago, con los Frates Trujillenses, y sobre todo con la Orden de Calatrava. Y, aunque el número de sus caballeros era muy escaso, su valentía y la disciplina en la lucha eran ejemplares.

Por sus brillantes acciones en combate, en 1198 reciben el palacio de Las Salinas de Salamanca, y algunos otros bienes.

Aunque la Orden de Monfrag disponía del apoyo moral de los reyes de León y de Castilla, llegaron al razonamiento de que no podían continuar siendo una Orden independiente, dada la falta de posesiones y caballeros, así pues, decidieron unirse a la Orden de Calatrava, ya que, preferían ser absorbidos por una orden española y no por una orden extrajera como lo era la Orden del Temple.

Recurrieron al papa Inocencio III (1161-1216) para solicitar su autorización de ingreso en la Orden de Calatrava, que estaba bajo la Regla del cister, y este accedió a la anexión de la Orden de Monfrag junto con todas sus posesiones a la Orden de Calatrava, pero el maestre Templario se opuso a tal unión exigiendo además todas las posesiones de la Orden de Monfrag.

Entonces el papa Inocencio III, volvió a dudar de su decisión, y ante la creciente hostilidad entre los caballeros de Calatrava y Monfrag contra los Templarios, optó por nombrar como representantes suyos a los obispos de Zamora, y de Osma, y al abad de Veruela, para que solucionaran la disputa, pero la manifiesta parcialidad de todos ellos a favor de los Templarios hace decidirse definitivamente al papa, el cual, por bula del 17 de junio 1206, reitera que deben respetarse los acuerdos firmados por Frey Fralmo con la Orden del Temple, haciendo que, la mayoría de los bienes de la Orden de Montegaudio de Fraga, pasaran a los templarios, que era la orden elegida por los freires que quedaban en Aragón, permitiendo a los caballeros que no estuvieron de acuerdo, conservar el castillo y algunas otras heredades, como dice textualmente la citada bula;

«…que axí castels com cases, possessions e altres coses, que en aquells temps que (h)erederen a vostra Casa, aquels frares havien, vostra Casa d’aquí avant poseesca, si alcuna cosa los dits frares de Santa Maria de Montgay tenen de les possessions damunt dites.»

En 1215, el papa Inocencio III confirmó la transferencia de los bienes de la Orden de Monte Gaudio en Aragón, a la Orden del Temple, momento que aprovechó el maestre de la Orden de Calatrava, para volver a insistirle al papa Inocencio III, a favor de la, ahora ya, Orden de Monfrag, pero este confirmó que todas las posesiones que tenían en los reinos de Aragón y Valencia los caballeros montegaudios, debían pasar a la Orden del Temple, quedándose únicamente estos con las posesiones que tenían en León y Castilla, más los que pudieran obtener en sucesivas campañas.

También en 1215, convocado por el papa Inocencio III, se celebró el IV Concilio de Letrán, en el mismo, además de temas políticos, sobre todo referentes a Francia y el papado, se trató de la proliferación de pequeñas órdenes, sobre las cuales no ejercían todo el control que deseaban. Como solución decidieron fusionar la Orden de Monfrag con la Orden de Calatrava, mas, como la Orden del Temple no estuvo de acuerdo con esa fusión, la misma se demoró hasta 1221.

Un año después del IV Concilio de Letrán, en 1216 la Orden de Monfrag recibe una heredad en Magán (Toledo). Y en 1218 se convierten en herederos únicos de las posesiones de Domingo Beatriz y su mujer doña Enebra. Y en 1218 Domingo Pérez se ofreció como caballero a la Orden, pero a pesar de esas nuevas posesiones, la Orden de Monfrag seguía luchando por subsistir, pues el auge y el predominio de las Órdenes de Santiago, Calatrava y Alcántara, donde militaban las familias de más linaje de León y Castilla, se plasmaba en una escasa incorporación a la Orden de Monfrag.

El 23 de mayo de 1221, el rey Fernando III de León y de Castilla, (1199-1252), llamado «el Santo», decide, por bula apostólica emanada del IV Concilio de Letrán, entregar a la Orden de Calatrava el castillo de Monfrag y cuantos bienes tuvieran. En un pasaje, la bula dice literalmente:

«…habiendo perdido esta Orden de Montfrag en lo sucesivo mucho esplendor y disminuyéndose más y más el número de sus caballeros, San Fernando, para no dejarla extinguir entermente, la incorpora a la de Calatrava…»

Mas, como ya ocurriera años atrás, no todos los caballeros monfraguenses estuvieron de acuerdo con esa obligada absorción, haciéndose fuertes algunos freires en las fortalezas toledanas de El Carpio, Montalbán, Ronda, y en la línea del Tajo, solicitando unirse a los caballeros templarios y entregar a esta orden sus posesiones, pero la presión del rey y de la Orden de Calatrava les obligaron a capitular y entregar las plazas.

De esta manera, tras 48 años, si situamos la fecha de su fundación en Aragón en 1173, o 73 años, si situamos su fecha de fundación en Tierra Santa en 1148 durante la II Cruzada, se puso fin a una Orden que tuvo una muy corta vida, pero que, aun así, tuvo un gran esplendor y posesiones en Palestina, Italia, Aragón, Valencia, Castilla, y León. Además, obtuvo importantes triunfos militares, y contó con el apoyo de reyes, sufriendo numerosas luchas internas y acabando por anexionarse a dos Órdenes Militares, a la Orden del temple, y a la Orden de Calatrava.  

Como apunte histórico comentar que, tras la desaparición de la Orden del Temple en 1312 por bula del Papa Clemente V (1264-1314), por presión del rey Felipe IV de Francia (1268-1314), llamado «el Hermoso», la mayoría de sus posesiones pasarían a la Orden de San Juan del Hospital de Jerusalén, de Rodas y Malta, más conocida como la Orden de Malta, destacando como maestre dentro de la misma a Juan Fernández de Heredia (1310-1396), quien inició su camino en estos ámbitos, como Comendador de la Orden de Alfambra, heredera de la rama aragonesa de la Orden de Monte Gaudio.

La insignia de la Orden de Monte Gaudio, en un principio fue una cruz patada mitad roja, y mitad blanca partida en vertical, siendo su parte roja la derecha, pero posteriormente se utilizó la misma cruz patada, pero enteramente roja.

La vestimenta de los caballeros de la Orden de Monte Gaudio era una túnica blanca hasta las rodillas.

A modo de resumen, podríamos decir que la Orden de monte Gaudio, se fundó en 1148 en Tierra Santa, en 1172 de refundó en el reino de Aragón, donde se asentó fuertemente, y al recibir el castillo de Alfambra, por un breve tiempo pasaron a llamarse Orden de Alfambra. Al morir su maestre se separaron en dos ramas, quedándose una en Aragón y la otra en Castilla. La del reino de Aragón en 1178, pasó a llamarse Orden de San Redentor, al unirse al Hospital de San Redentor, y acabó por anexionarse con la Orden del Temple en 1196. La rama del reino de Castilla pasó a llamarse Orden de Monfrag, la cual acabó por anexionarse a la Orden de Calatrava.

A día de hoy, en ambos pueblos, Alfambra y Torrejón el Rubio, cerca del Parque Nacional de Monfrag, rememoran, celebran y festejan sus vínculos con la Orden de Monte Gaudio. Así, en Alfambra, todos los Sábados Santos se celebra la fiesta de la subida a la Encomienda y, en Torrejón el Rubio, dos días más tarde, los Lunes de Pascua, tiene lugar la romería de Nuestra Señora de Monte Gaudio, en la capilla del viejo castillo de Monfrag.

Casi al coronar la cima donde se encuentran los restos del Castillo de Monfrag, también llamado de Monfrague, adosada a los muros de la torre del homenaje, se encuentra la ermita de Nuestra Señora de Monte Gaudio, y en su interior se halla la imagen de la virgen de Monte Gaudio, también conocida como la Virgen de Monfrague.

Con esto amigos, he realizado un breve paseo a través de la historia de la Orden de Monte Gaudio, que espero que haya sido de su agrado.

En la próxima conferencia, la tercera de esta segunda parte del ciclo, y que impartiré Dios Mediante el día 4 de diciembre de 2019, hablaré sobre la Orden de Alcántara.

Espero que esta conferencia haya sido de su interés, y les emplazo a todos a asistir a la siguiente, y hasta entonces, tengan todos una buena vida.

Bibliografía

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