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OPINIÓN

Atrévete a soñar

Dormir y soñar son necesarios en la vida, no solo como descanso regenerativo fisiológico sino en el plano espiritual como camino para lograr conquistar nuestros propósitos y materializar nuestras ideas. Quien tiene munchas ideas y no materializa ninguna, nunca avanzará ni hará nada. Lo que he comentado a lo largo y ancho de estos 73 artículos que he publicado hasta ahora en El Monárquico, la feen los proyectos y en uno mismo, son la clave del éxito, que por ello escribí mi libro Tus zonas de éxito, publicado en Amazon, como una forma de orientación, basado en mis errores propios y algunos éxitos.

«Soñar es caminar por los senderos de la ilusión y la felicidad. Pero conseguir tus sueños no es tarea fácil, y como tampoco debemos ser demasiado ingenuos, al igual que las águilas para volar necesitamos un impulso» escribe Juanma Opi, en el prólogo del libro de Matti Hemmi ¿Te atreves a soñar? Editorial Paidós 2013.

La frase de Juanma Opi me hizo pensar sobre los sueños, como esas quimeras que nos planteamos a todas las edades, porque es un derecho más que una obligación. Soñar en proyectos es un derecho individual que nadie nos puede arrebatar ni destruir. Los grandes escritores o poetas se embarcan en escribir un libro sin saber cómo van a acabar, ni cuántas páginas va a tener, o si va a tener lectores, esto no le importa, lo que le importa es el sueño, que puede o no acabar en una publicación, es decir, materializar el sueño en hojas de papel con letra impresa dispuesta con el nacimiento de un personaje de ficción. Por ejemplo, El Quijote es inmortal y su autor, Cervantes, también lo es, como Vicente Blasco Ibáñez con La Barraca, y otras novelas que tuvieron mucho éxito y encima le compraron los derechos autor para llevar al cine, como Los cuatro jinetes del Apocalipsis que le hizo millonario.

Cuando yo era pequeño soñaba a lo grande, que quería ser un torero famoso, y, conseguir que mi madre me hiciera un traje de luces con unas papelinas plateadas del interior de una cajetilla de tabaco, que eran de las que llevaban los paquetes de tabaco rubio extranjero, y yo ya me veía en las grandes plazas toreando, más que ganando dinero, porque yo creía que los toreros lo hacían como hobby, porque les gustaba. Esos sueños de ser alguien famoso nunca los perdí de niño, tenía muchas fantasías. En otra ocasión, con nueve o diez años, escribía cuentos en unas libretitas que yo me hacía, donde podía fantasear todo lo que quería y mi imaginación alcanzaba. Y pensaba que eran los mejores que se habían escrito jamás.

Creo que es conveniente soñar a lo grande, no importa que el sueño no quepa en la cabeza, porque luego este sueño irá mermando como el hombre menguante, pero si no partes de una gran idea, no puedes rebajarla, tallándola hasta que se ponga a la altura de tus posibilidades. Es como optar a tener una novia bonita y que todos te digan «vaya novia que tienes, Ramón», ¿acaso es descabellado? O, por el contrario, una mujer conseguir a un hombre atractivo. Por eso, uno ha de intentarlo cuando eres joven y tienes posibilidades de elegir a alguien que te guste de verdad. Luego, con los años, te vas conformando y rebajando tus pretensiones, y te darás cuenta que lo importante no es la belleza, sino el carácter de esa persona que te hace la vida feliz y agradable, y de verdad te quiere. Pero yo tuve suerte y me casé con una princesa de cuento.

Estos son unos ejemplos de mi experiencia personal. Pero se puede dilatar a otros órdenes de la vida, como terminar una carrera universitaria, tener un empleo de ejecutivo, o ser el aventurero más grande de la historia, dando la vuelta al mundo. Los sueños son los deseos que te propones, por ello, sin deseos no puedes poner en funcionamiento la máquina de los sueños, salvo que seas un apático o un «aexitoso» (sin pretender éxito alguno), entonces te digo que te has equivocado de libro. Mejor que lo arrojes al cubo de la basura o lo dejes en el banco de un parque.

Tus posibilidades de triunfar están en la medida de tus sueños, de tus proyectos de futuro, de tus deseos más increíbles. Los emprendedores no tienen límites, luego, la realidad será tu martillo; pero han de empezar a desear algo. ¡Atrévete a soñar!

Puedes soñar que un día puedes ir a comer a un restaurante caro de Madrid, como el Lardhy, Horcer, Sanceloni, o al Varadero de Santa Pola de Alicante. No importa, soñar no cuesta dinero, los restaurantes de varios tenedores sí cuentan pero no son imposibles.

Como he analizado en otros apartados, sentimos lo que pensamos, podemos modificar los pensamientos y, con ellos, volvernos más optimistas y ser ese tipo de personas que esperamos buenos resultados de los proyectos en que nos embarcamos. Porque de antemano creemos que todo el mundo es bueno, porque hacemos el bien; pero sabemos también que muchas puertas se nos cerrarán, que nos darán portazos, pero es lo normal, que la gente, los otros, no les interese nuestras propuestas, pero no por ello perderemos la ilusión que es lo que nos impulsa a luchar contra las quimeras mentales ajenas. No hay que desanimarse nunca, y si acaso perdemos volverlo a intentar como don Alonso Quijano que le daban palizas y siempre se ventaba porque abrazaba esta filosofía española: «Nunca rendirse».

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