Brexit: la locura británica

Brexit: la locura británica

El Brexit sin acuerdo que se avecina y que sucederá dentro de dos semanas tendrá un fuerte impacto económico, social y geopolítico, no sólo en la Unión Europea (UE); sino, sobre todo, en el Reino Unido. La unión siempre hace la fuerza, y como resultado, las estrategias unificadoras siempre fortalecen a los países, pero viendo lo que está sucediendo más allá del Canal de la Mancha, es muy difícil que se llegue a un acuerdo, salvo un milagro de última hora. Este pesimismo por mi parte viene dado porque es muy difícil que cambie el sentimiento de orgullo en una nación, aunque sea a costa de grandes pérdidas; porque pienso que el problema de fondo, raíz del orgullo británico del Brexit, viene dado porque el Reino Unido todavía no ha sabido digerir la pérdida de su Imperio (y eso que ya hemos iniciado la tercera década del siglo XXI). Pérdida que se produjo, de facto, tras la Declaración de Londres en 1949 y la creación de la Commonwealth.

Siempre que hay un divorcio quien más pierde es la parte más débil (o la que ha sabido negociar peor) y está claro que el Reino Unido es, con mucha diferencia, la parte más débil, a pesar de las promesas de una futura ayuda económica, financiera y comercial de los Estados Unidos que nunca llega. Los Estados Unidos, por tradición, siempre firma Tratados de Libre Comercio para beneficiar única y exclusivamente a sus empresas. Y esto no va a cambiar con el Reino Unido, o lo que quede de él dentro de unos años. Esto es así y, de este aprovechamiento depredador por parte de los Estados Unidos, los países de América Latina y el Caribe, desgraciadamente, tienen mucha experiencia. Y muy negativa, por cierto.

La salida del Reino Unido de la UE sin acuerdo supone para la isla un retraso de 47 años, al volver dentro del comercio a la imposición de aranceles, contingentes, barreras técnicas y fitosanitarias y cláusulas de salvaguarda, entre otras medidas. Como resultado, los productos británicos serán mucho más caros en la UE para quien quiera comprarlos y los británicos tendrán que pagar más por todo lo que consuman que venga importado de la UE. Además, habrá un menor intercambio de tecnología, lo que perjudicará a las empresas británicas y, por ejemplo, las universidades estarán fuera de todos los programas de investigación y de movilidad de estudiantes y profesores de la UE, lo que es una catástrofe para muchas de ellas. Por este motivo, y sabiendo lo que se jugaban, gran parte de las universidades inglesas y escocesas votaron anti-Brexit. Programas de investigación con cientos de miles de millones de euros para invertir para poder convertir a la UE en la primera potencia mundial en I+D+i, pero el Reino Unido se quedará fuera de este maná.

Las repercusiones de esta locura británica son muchas y afecta a todos los sectores. Incluso puede tener un impacto territorial importante, no solamente con las crecientes presiones por parte de la brillante primera ministra escocesa, Nicola Sturgeon, para la celebración de un referéndum de independencia en Escocia (ya que pierde todos los programas de ayuda comunitaria y, además, Escocia sabe que ni siquiera tendría que negociar para seguir en la UE porque todos los condados y municipios (“counties and constituencies”) escoceses votaron a favor de la permanencia), sino también porque los principales yacimientos de petróleo británico en el Mar del Norte se localizan en aguas escocesas. Veremos a ver qué sucede, pero el futuro se vaticina apasionante.

Por otra parte, es muy curioso lo que pasará con Irlanda del Norte, porque es previsible que se beneficie con el Brexit, y eso que la mayoría de su población votó en contra. Un beneficio que es económico (atracción de empresas, siempre que se bajen los impuestos) como territorial (previsible unificación a largo plazo de las dos Irlandas a pesar de las presiones inglesas para evitarlo). El hecho es que el Reino Unido se ha comprometido a mantener a Irlanda del Norte legalmente en el Reino Unido, pero comercialmente en la UE, al mantener las regulaciones para bienes y alimentos, además de pagar el IVA (Impuesto sobre el Valor Añadido) y cobrar la TEC (tarifa exterior común) a los productos que vengan del resto del mundo (excepto la UE). De esta manera, se evitan controles aduaneros en la frontera entre las dos Irlandas y no se construye un muro que llevaría, previsiblemente, a la refundación del IRA (Irish Republican Army) como grupo terrorista. Por todo ello, pienso que la unificación total de Irlanda será únicamente cuestión de tiempo, al igual que, previsiblemente, la posible independencia de Escocia. Veremos a ver qué sucede con Gibraltar, porque la actual colonia británica desea un acuerdo para dar fluidez al tránsito de personas y mercancías sin ceder soberanía, por lo que su dependencia económica con España irá creciendo con el tiempo sin que la verja se cierre. Faltaría la negociación política con España, pero esa sería otra historia.

Democracia vs. Sofocracia

Democracia vs. Sofocracia

Según razona el gran filósofo griego Platón (su verdadero nombre era Aristocles) en La República, todos estamos en un barco que puede estar guiado por el más fuerte, lo que deriva en tiranía; por el más rico, lo que genera plutocracia, o por el más popular, aunque sea un auténtico ignorante, lo que sucede en democracia. Salvo en el caso de África, en donde muchos países tienen dictaduras, el resto del mundo se deja guiar por la democracia, a partir del esquema impuesto por la Revolución francesa de 1789, de inspiración masónica, caracterizada por la ruptura con el Viejo Régimen a partir del famoso y tan repetido: Liberté, Égalité, Fraternité (libertad, igualdad, fraternidad). Desde entonces, el mundo ha cambiado (y mucho). Y ante este hecho podríamos preguntarnos: ¿Y si gobiernan los mejores, los más sabios, no sería mucho mejor para la humanidad?

Precisamente ya fue Platón quién, en el año 370 a.C. (año juliano) dio respuesta a esta pregunta afirmando que la forma ideal de política era mediante el gobierno de sabios (sofocracia), idea que derivó en la tecnocracia del siglo XX. Desde una perspectiva económica, el elevado conocimiento especializado de los responsables de las políticas públicas de cada ministerio obtenido tras una fuerte formación y una gran experiencia profesional (pública y privada), lleva a que, por lo general, la tecnocracia tiende a generar milagros económicos definidos por tasas de crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) superiores al 10 por ciento anual de forma sostenible en el tiempo. Así ha sucedido, por ejemplo, en Alemania y Austria durante la década de 1950; España, en la década de 1960 y los tigres asiáticos en las décadas de 1970 y 1980. Sin embargo, el milagro económico irlandés (Celtic Tiger) de la década de 1990 fue realizado principalmente con la atracción de capital extranjero mediante ventajas fiscales, lo que no ha llevado a una verdadera transformación económica estructural de la isla que vaya a ser sostenible en el tiempo.

Por ello, y ahora que apenas ha empezado una galopante crisis económica iniciada por el SARS-CoV-2 y que se avecina de larga duración, corremos el riesgo de iniciar una futura depresión económica, aún más intensa que la sufrida tras la quiebra y suspensión de pagos del estadounidense Lehman Brothers, el otrora cuarto banco de inversión más grande del mundo. Esta nueva depresión (que no crisis) económica comenzará a producirse cuando la economía tenga más de diez trimestres con crecimiento económico negativo. Sé que nadie hasta ahora está hablando de depresión económica; sino de una mera crisis económica, al ser este segundo concepto mucho más suave (y políticamente correcto) que el primero. Pero la realidad es que, si antes no se remedia (y todo parece indicar que no), esta segunda gran depresión será más profunda que la crisis de 1929, comenzará a mediados de 2022 y tendrá una salida en forma de K (y no en forma de V, U ni W) en el mundo. Al ser en forma de K, esto significa que unos países apenas tendrán crisis (véanse Alemania y Nueva Zelanda, al haber tomado decisiones inteligentes en momentos clave), por lo que no entrarán en depresión económica, aunque sí en crisis económica que será temporal; mientras que otros (España, por ejemplo) lo van a tener mucho más complicado por la inoperancia de sus líderes políticos. Esto es lo que hay cuando unos países se dejan llevar por la democracia y otros por la sofocracia (tecnocracia). Solamente hay que comparar la formación y la experiencia profesional en la vida real de muchos políticos (no todos) que gobiernan los países con democracia y aquellos países que han elegido, de forma inteligente, variar de una democracia de nombre a una sofocracia (tecnocracia) efectiva. Cuando se exige para ocupar el puesto a un político lo mismo (o más) que lo exigido para trabajar en una empresa privada, es cuando se va por buen camino. Porque si es complicado y difícil gestionar una empresa privada con efectividad, es aún más difícil gestionar un sector público que es de todos. Y para hacerlo realmente bien, y aumentar el bienestar económico para toda la sociedad, solamente los mejores han de ocupar esos puestos de alta responsabilidad si se desea tener éxito. Esto es así, aunque a muchos políticos que se hacen llamar señorías no les guste; porque, en el fondo, saben que con su escasa formación y, sobre todo, con su (casi) nula experiencia profesional en muchos casos, no podrían trabajar en otro sitio.

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