Las nubes viajeras son mi morada
y, si me escondo en el bravo oleaje,
en la paloma lato en su plumaje
y en la azucena soy una nueva hada.
Nunca me alejo de la novia alada
y orno su talle con guipur y encaje,
con sueños de paz su nítido traje
y ramitos de azahar ¡qué bien adornada!
Nacarado vivo y sonriente
como este pálido verso paciente
¡oh! Avatares de la sublime vida;
pues soy mármol incrustado en la muerte,
soy sollozo, eco, agonía sentida
de doncellas que sorbieron lo inerte.

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