El Rey del 1177 y del 1212

El Rey del 1177 y del 1212

Tras haberme deleitado leyendo aquí y acullá, las proezas de este gran rey, que ya saben tiempo ha, de quien se trata, por la segunda fecha del título, por ello, me propongo que recordemos las proezas de dicho monarca y van a  leer lo que ya saben, o sea “el mismo perro, pero con distinto collar”.

He bebido, para nutrir mis recuerdos, el libro de historia titulado “Síntesis de Historia de España” de don Antonio Ballesteros Beretta, en su quinta edición, Editorial Salvat, Barcelona, Buenos Aires 1942, amén de una mirada en Google y Wikipedia.

Siempre ha sido una constante en mi docencia, indicar las fechas de los acontecimientos, al principio, a la mitad, o al final  de siglo.

Y me centro más en la prosopografía que en la etopeya de los personajes, ya saben, más en cómo sienten y cómo son, por encima del lugar que han nacido etc., aunque, a veces, como se dice en el cine, si lo requiere el guion se establecerá un equilibrio entre estos dos aspectos, pues todos los actos de la humanidad son más convincentes que su origen y fechas puntuales.

Bien, Alfonso VIII el Noble, nace a mitad del siglo XII y tras el corto reinado de su padre Sancho III, hereda el trono con sólo tres años de edad, siendo éste el origen del enfrentamiento de las dos grandes e influyentes familias: los Castros y los Laras, viéndose agravada esta situación por la intervención del rey leonés Fernando II.

Don Alfonso VIII, el Noble, era un rey de espíritu inquieto, animoso y alegre y llegada su mayoría de edad, la elegida como esposa fue Doña Leonor de Inglaterra, la cual, aportó a la dote la Gascuña.

La aventura de la Reconquista no pudo ser lo eficaz que pudiera haber sido, debido a las luchas internas de los reinados existentes: el de León (que fue el que consolidó el sentir asturiano) y fue continuador del reino, coexistiendo con Navarra, Aragón, Castilla y Portugal.

Todos compartían un sentir común, la Cruz, así esporádicamente se reunían para combatir contra la Media Luna.

En el momento que Don Alfonso percibía que se relajaba el ambiente, con un  tiempo relativamente pacífico, conquista Cuenca, una treintena larga, antes que diera comienzo el siglo XIII.

Hacía incursiones, a menudo, llegando hasta el mismísimo Aljarafe sevillano.

El Califa almohade Almansur, ya colmada su paciencia, decidió con un numeroso ejército, pasar el estrecho y llegado a Alarcos, derrotó a la fuerzas cristianas. Parece ser que fue la impaciencia de Don Alfonso de  entrar en litigio, sin esperar los refuerzos que habían de llegar de León.

Sabemos que las numerosas batallas que sucedían en los reinos cristianos, se pedía ayuda a cualesquiera de los reinos del Al-Andalus.

Finalizado el siglo XII y principios del XIII, ya flotaba en el ambiente, que para vencer a los invasores debían hacer suyo el dicho de que “la unión hace la fuerza” y tomó la iniciativa el ilusionante, decidido, valiente y noble señor, el rey AlfonsoVIII.

Simultáneamente y envalentonados por su última victoria, el Islam en occidente era fuerte y se preparaban para volver a saltar el estrecho y librar otra batalla que creían y deseaban fuese similar a la de Alarcos.

A finales del siglo XII y principios del XIII se realiza por fin la anexión de Gascuña, que, de hecho, era ya de Castilla, por ser la dote de doña Leonor, que se demoró y se tuvo que reclamar luchando por ella.

Volvamos a recordar lo que se respiraba por doquier, Don Alfonso sabía que él sólo no podía retar al enemigo, y hubo que pedir ayuda a Francia y a Alemania, encargo que recayó en manos del Arzobispo de Toledo, más dado a la política que a su menester religioso, don Rodrigo Jiménez de Rada.

Hasta el Papa Inocencio III ordenó predicar una cruzada y traspasaron los Pirineos miles de extranjeros, y así, ayudar reforzando las huestes beligerantes cristianas, mas no fueron más allá de Calatrava, volviéronse muchos, ya que no comprendieron que era una batalla de altos ideales, no de botines y saqueos, quedando sólo los fieles al servicio de la Cruz.

Los almohades a derrotar eran muchos y bien armados, por ello se unieron Pedro II de Aragón, Sancho el Fuerte de Navarra y Alfonso VIII de Castilla.

Don Diego López de Haro, que estuvo al mando de la batalla  de Alarcos y conocía bien la estrategia del bando islamita, advirtió al bando cristiano  que su valor se acrecentaba en retirada, con grandes refuerzos que entraban tardíamente en la lucha, dicho esto los de Don Alfonso formaron valiente retaguardia también para el final y así contrarrestar el empuje fuerte de última hora de los islamitas. 

Él, Don Diego, fue uno de los que estuvieron  al mando en los primeros puestos para entrar en la contienda. 

Ya conocen la leyenda, que también pudiere ser verdad y que nosotros analicemos que pudiera ser una posibilidad y más tarde pudiera ser que pasase como en los romances, que, al acabar una refriega en victoria, se mezclaban hechos reales con imaginarios, como loa al triunfo.

Recordemos que la llanura  donde se libró la batalla se podía acceder a ella por medio de desfiladeros, y todos estaban sellados y vigilados por las huestes enemigas, las filas cristinas avanzaban y acertaron a ver a un pastorcillo, que les reveló que él conocía uno, no muy lejos y que sabía que los almohades no hacían uso de él y apenas había vigilancia nada de defensa importante.

El ejército cristiano, como una escaramuza, entraron por sorpresa en batalla por ahí, bien organizados y sabiendo cada rey dónde y cómo actuar, don Alfonso en el centro y don Pedro y don Sancho uno a cada lado.

El gran ausente de esta batalla fue el rey de León.

Se cuenta que al principio de la refriega el avance cristiano se vio obligado a retroceder y don Alfonso mirando a don Rodrigo Jiménez de Rada le dijo: ”Yo e vos aquí muramos “ el obispo le respondió : “Non quiera Dios que aquí  murades, antes aquí habeda de triunfar de los enemigos” y al instante le respondió el rey: “Pues vayamos a prisa  para acorrer a los nuestros que están en grande afincamiento”.

Con este, digamos, chute de adrenalina, Don Alfonso le dio a la espuela y el valeroso Fernando García detuvo su ímpetu, sujetando la brida de su caballo y así impidió que llegase a primera fila para que su persona no peligrase.

Por fin se produjo el choque, el gran enfrentamiento entre sendos ideales los de la Cruz y los de la Medio Luna, entre Don Alfonso y “Miramamolin” que así llamaban los cristianos a Muhámmad an-Násir, su verdadero nombre.

El primer envite fue avasallador y cruento y conforme avanzaba la batalla  las fuerzas cristianas pudieron resistir el empuje de los adversarios.

Ganó la pericia y serenidad de la unión y concordia de estos tres reyes, más aquellos extranjeros que en Calahorra no marcharon a Francia ni a Alemania, pues creían en la Cruz, no en el botín, por ello, aunque no eran muchos, tenemos el deber de recordarlos y con importancia.

Yo, atendiendo a mis principios, creo que para Dios no existen casualidades sino providencia, pienso o intento creer o creo, no sé, que aquel pastor apareció en aquel preciso instante en el camino de las Navas de Tolosa, la del 1212, sí en aquel preciso instante, y si no es así, a mí nadie me puede privar de soñar.

Otros llamaron a esta victoria la de “Úbeda” o “Santa Elena”, pero prevaleció la de “Las Navas de Tolosa” que dividió la Reconquista en un antes y un después.

Los tres reyes prepararon concienzudamente el avance cristiano hasta la culminación de esta soñada victoria.

Ahora sí se pueden dar tres fechas con años, y todo español no las hemos olvidado nunca.

Son 711 con Don Pelayo, 1212 con Don Alfonso VIII “el Noble” y 1492 con los Reyes Católicos.

Será casualidad o no, pero tengo que compartir con ustedes, que cuando llevé a mis alumnos a Madrid y visitamos el “Museo del Ejército”, que todavía no habían trasladado a Toledo, pudimos contemplar la tienda de campaña de “Miramamolín”.

Digo esto pues casi siempre llevo en mi recuerdo algo afín con lo que relato.

La guerra más sangrienta de la Edad Media fue la de “Las Navas de Tolosa”, que vamos a poner el día y mes acaeció el 16 de julio, ya sabemos del 1212.

Y ahora desvelemos una duda.

Por aquello de la repetición de los dígitos, también se podía llamar a Alfonso VIII el rey del 1177 fue debido a la primera incursión, como dijimos, que hizo al conquistar Cuenca.

Con todo lo reseñado, no acierto a comprender cómo ningún director, ni guionista, se han interesado en dar vida a este valeroso monarca en un filme, bueno nosotros la estamos viviendo personalmente, cada uno a nuestra manera, como diría Fran Sinatra.  

Si la Historia es la maestra de la vida, tenemos, gracias a Dios, diputados-as senadores y as para dirimir conflictos con la palabra, no con la espada ni con insultos, eso sí, para defender objetivamente hechos justos.

No hay que sacar a la palestra algo que “Per se” es injusto, aseverando que es lo mejor, porque la mayoría lo ha votado, y pongo el sabido ejemplo que por muchos votos que se escudriñen a favor, un círculo nunca será un cuadrado.

Me ha venido a la mente otra anécdota alusiva al tema, pero corto aquí con el recuerdo de este gran rey y otros que están en nuestro latir. Hoy llenémosnos de orgullo con nuestro gran monarca Don Felipe VI.

¿Con qué adjetivación lo apodarán, los futuros historiadores inspirados en el pueblo?

¿Estaría bien “El Prudente”?

Nuestro Rey cuenta con una colaboradora eficaz: Doña Letizia, y la promesa de la princesa Leonor y la emblemática doña Sofía.

Ponemos fin a este articulo con un ¡Hurra a Don Alfonso VIII! y un ¡Viva Felipe VI!

Deseo para un poema

Deseo para un poema

Quiero que de mí nazcas muy puro,
quiero no pulirte nada,
quiero que seas un sueño,
un saludo, un porqué.
No te entretengas jugando
con malabares conceptos,
quiero sentirte intacto,
transparente, tierno y fugaz.
Parece que nada dices,
parece que estás desnudo,
pero tus silencios gritan
y tus vestidos te envuelven
con ropajes del saber.
Tú que sales de mi mente
sin apenas advertirlo,
tú que sales de mi mente
sin apenas advertirlo,
tú que llegas a instalarte
en algún que otro amigo...
Déjame verte partir
a lejanos horizontes,
donde nada te mancille,
donde nada te incomode,
donde seas tú la esencia
de la pura sencillez.
Creo que así de pujante,
así has optado por nacer;
yo no tengo más remedio
que rogarte que me arropes
para que siempre me ayudes
a despojarme de lastres
para más alto volar.
Te meceré con silencios,
sin gritos te acunaré
en mis brazos de papel.
Y empápame, poema,
de tu vida cantarina,
de tu pureza tranquila
y tu simple sencillez.
¡Vivamos, vivamos! entre nacer y morir

¡Vivamos, vivamos! entre nacer y morir

No elegimos nacer, nadie nos pidió permiso para existir, y paulatinamente vamos experimentando lo que nos depara los vericuetos de la vida.

Ordenando unos papeles, me topé con unos cuadernos donde plasmé pensamientos, llamémosles, de tipo moralizante, sentenciosos, populares, artísticos, etc.

Y encontré unos alusivos a cómo enfrentarnos a la vida y     profundidad, otros muchos sobre la transcendencia de la muerte.

Todo me motivó a elegir el tema de este nuevo artículo.

Tratar del más allá siempre ha fascinado a la humanidad y gracias a Dios así sigue siendo, por ello he recopilado algunos versos de poetas que han pensado sobre ello, y a la vez otros que canten a la vida, para recordar y revisar nuestra andadura y demos un pasito adelante para disfrutar de paz y alegría 

   Primero contamos con Jorge Manrique, poeta del Medioevo, donde su famoso poema es un exponente de la poesía de aquellos tiempos.

En “Las Coplas a la muerte de su padre”, recordamos que en esta composición abundan hermosas metáforas, alegorías, paralelismos, vislumbrando en él un poeta pre-renacentista.

“Despierte el alma dormida avive…” nos sumerge en relación que se tenía de la muerte en el Medioevo, nada centrado en el hombre, todo relacionado hacia Dios.

Nos vamos un ratico con Quevedo y nos encontramos ya inmersos en “El Renacimiento”, por supuesto el eje central del pensamiento está en el hombre y nos ha legado el mejor soneto de Lengua Castellana compuesto hasta hoy, que posee una particularidad, que sus tercetos son tan perfectos que hacen palidecer a los cuartetos, y da fin aludiendo “que es polvo, pero polvo que ha amado”

Juan Ramón Jiménez, nos regala esta bella hipérbole “La belleza hace eterno el momento fugaz y sin latido”.

Volamos a la vida campesina y sencilla que nos brinda Gabriel y Galán en su poema “El Ama”.

“Yo aprendí en el hogar en que se funda, la dicha más perfecta quise ser como…

Todo esto pertenece a un pasado concreto que debemos valorar para adaptarlo en nuestro entorno y ¡vivamos, vivamos! entre nacer y morir con alegría y dignidad.

Nos animan en este menester, también, cantantes y pongo por ejemplo al dúo ABBA con su alegre “Mamma mía”.

Algunos interrogantes cotidianos de la vida José Luis Perales nos lo sirve en bandeja: “Y quién es él” “En qué lugar…” y hasta las canciones bullangueras del verano nos hacen pensar, pero lo que se dice pensar “Si yo tuviera una escoba, si yo tuviera una escoba, si yo tuviera una escoba cuantas cosas barrería”. Hace alusión a la injusticia y corrupción, en clave de humor, pero nos hace pensar.

El gran Pablo Neruda nos dice que, entre comillas, que se puede morir poco a poco y asevera: “Quién no lee, muere lentamente”. Podemos aplicarlo también así: el que no canta, el que no baila el que no…” está abocado a lo mismo.

No puedo sustraerme entrar en el Romanticismo de la mano de Gustavo Adolfo Bécquer, con una rima alusiva explícitamente a la muerte “Cerraron sus ojos que aún tenía abiertos, cubrieron su rostro con un blanco lienzo” …, nos estremece este hálito de la muerte que no queremos recordar y sabemos va a suceder.

Cuando la vida se acorta como se reduce el acordeón en su melodía, la valoramos más pues el fin, ya no es lejano.

Y es que no hay nada que iguale el don supremo de la vida, el mejor regalo que vamos descubriendo sin cesar.

La muerte será la última lección que nos de la vida y menos mal que el tiempo no se puede ahorrar, si no la convivencia  sería una  hecatombe.

Imitando el oleaje del mar, pasamos a disfrutar de pensamientos sobre la vida, unos tristes, otros alegres.

“Vivir es gracia concreta, su imagen no… Su persona su persona”, nos lo aconseja Jorge Guillén. O sea, no vivir en tercera persona, ni mirando a ver que hacen los demás.

Hemos de zambullirnos en la piscina vital de la vida y nadar y bregar y luchar y avanzar … 

Hay un dicho que dice, que hay que plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro, como si esto fuera lo más importante, que su importancia tiene, nuestro hijo nos dará descendencia, nuestro árbol nos regalará sombra y nuestro libro, se leerá más o menos. Pero eso no quita la realidad de que hemos de perecer, por ello la vida hay que sorberla sin que se derrame una sola gota.

Vivir es imitar los rayos de sol, que caen perpendicularmente sobre la tierra y la calientan más, así nuestras palabras y acciones han de caer de este modo, para alegrarles la vida a quienes nos rodean.

Ayer mismo, hablando con una amiga de los triunfos, fracasos y avatares de la vida, me dijo estas palabras que menciono:

“Para mí la vida es caminar buscando el triunfo y aprender, nunca fracasar”.

Vivir es hacer lo que nos dice Zorrilla en uno de sus versos del poema “La siesta”: “Mis ojos no se sacian de verte y admirarte”.

“¡Ay los requiebros de la mieles de amor!

Y fíjense qué vital la estrofa de Bertolt Brecht:

“Y digo esos señores son incorruptibles

no hay importe que los pueda tentar

cuidar las leyes y dictar sentencia

¿No es suficiente incorruptibilidad?”

Esto si se lleva a cabo es vivir con coraje, es vivir sin poner la “cazuela”, es vivir con dignidad.

Y éste de León Felipe ¿no es un canto a la vida?

“¿Es agradable nacer?

Pues yo digo que es tan agradable morir.

Muero con el moribundo,

y nazco con el niño que recoge los pañales…”

¡Cuánto aprendemos de los poetas!, deberíamos andar por el sendero de sus versos.

Hemos de aprender a dialogar para encontrar puntos y nuestro talante ha de ser flexible para caminar juntos, sí, juntos, pues si somos adversarios habrá un respeto, pero si abrimos la puerta a la enemistad, la tendremos siempre en los talones.

La que viene sin avisar, la mujer de blanco, la puntual, la segadora, la del alba, son los nombres azucarados que ponemos a la muerte, porque el nombrarla, tal cual, nos da algo de escalofrío, que este hecho no ha encajado en ninguna asignatura y no estamos preparados para asumir este misterio. 

Recuerdo lo que me contó una amiga, el diálogo que tuvo con su hijo pequeño, que intuía a la Parca.

– Mamá, cuando venga la muerte tú no le abras la puerta.

– Hijo es que ella, ella, traspasa hasta las paredes y no llama.

 El crío insistía y le dijo:

– Pues tú, mamá, si entra te escondes debajo de la cama.

Son partes de la vida, que muchos niños intuyen durante los duelos y el ambiente de tristeza que lo impregna todo.

En muchos cuentos ha estado presente, en “La bella durmiente”, “Blancanieves”, pero también se ha disfrutado cuando el beso del Príncipe les salva la vida.

Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz tienen unos versos que  terminan igual.

La santa:

“…Y vivir en tí no puedo

qué muero porque no muero”

y San Juan:

“y mi mal es tan certero

que muero porque no muero”.

Conocemos el refrán que dice “No hay mal ni bien que cien años dure”, o sea que el inexorable fluir del tiempo, que no necesita cañerías ni conducciones a todos nos inundará, el tiempo lo sentiremos como agua y cuando ésta nos llegue al cuello, no habrá fontanero que lo remedie.

Nuestro destino trazado lo tenemos, pero nuestro libre albedrio está en nosotros y muchos hechos están en nuestras manos realizar una u otra cosa.

Debemos de luchar por nuestra felicidad y no pasar de largo, seamos como  la avecilla más pequeña, el colibrí que da 55 aleteos  por segundo para libar el polen de las flores, o sea trabaja.

Transcendental la pregunta, ¿A dónde vamos? Cada cual tiene su respuesta, según su libre criterio, yo creo que abrazaré a los míos cuando traspase ese túnel, que dicen que en el final existe mucha luz.

Un día en clase memorizábamos con ayuda de un disco el poema de García Lorca “Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías.

La clase trocábase en un solemne silencio y escuchábamos y repetíamos “a las cinco en punto de la tarde”, y algo de tenebroso flotaba cuando escuchábamos “una niña trajo la blanca sábana” etc.

Mas esto tiene su reverso, dicho torero, antes vivió, es decir, disfrutó, gozó, tuvo su plenitud, muchos deseos colmados, lo que se dice le sacó el jugo a la vida. 

¡Vivimos, vivimos! Tenemos múltiples modos de disfrutar: libertando a un pajarillo, acompañando a un solitario, cantando una nana, el rezar una oración, asistir a un cumpleaños, asistir a un boda, oler el perfume de una flor, sentir la sonrisa de un niño, deshacer un entuerto, leer un poema, una novela, la victoria de nuestro equipo, asistir a un concierto y tantas y tantas… 

Ha habido poetas que han piropeado a la muerte algo insólito, pero cierto así leemos en ´´La muerte da a la vida las gracias de lo acabado”, nos lo comunicó José María Pemán. 

Podemos meternos en la piel de un niño porque antes lo fuimos y asombrarnos de sus juegos, de su mundo y, por ende, recordar alguna que otra aventurilla de antaño que seguro nos hará sonreír.

 Cuando el otoño hacía su aparición, preconizaba la costumbre de la escenificación de Don Juan Tenorio en el teatro y en todas las casas, en cualquier ambiente escuchábamos “Yo a los castillos subí, yo a las mazmorras bajé”, y todo este tufillo de ultratumba las pandillicas lo sentíamos y nos reuníamos en los portalones de casas señoriales, que eran más grandes y contábamos historias de fantasmas, de aparecidos, donde se bebía nuestra dosis de terror, miedo, amor y cementerio.

Acabo en nuestro hoy que hemos de ser valientes y vivir con intensidad la vida, que sigue siendo bella dentro de la tragedia y ahora comprendemos más que nunca que lo importante, como sabemos, es disfrutar las cosas, que ni se compran ni se venden y que lo que se dice vivir, vivir es pensar y ayudar a los demás como gracias a Dios está sucediendo a nuestro alrededor.

Vivimos tiempos difíciles, sí, pero propicios para consolar, aconsejar y abrazar con sonrisas.

¡Vivamos, vivamos! Y a tope entre nacer y morir

Meta

Meta

El solitario caminante
tiene alma de peregrino,
de cómico, de ambulante,
de nómada sin sendas,
sin destinos ni caminos.

Marcha con gozo hacia el sol,
hacia aguas turbulentas,
hacia cumbres solitarias,
hacia crepúsculos suaves,
hacia la lluvia, la tormenta,
hacia rutas de rocío.

Y el solitario caminante
camina y no conoce su ruta,
no conoce su destino,
apenas distingue sendas,
veredas, vericuetos ni caminos.

Y un día, sin pensar,
vislumbró en su vida
lo que era su caminar,
se dio cuenta que tendía
hacia una meta lejana,
misteriosa eternidad.
Capítulo XXX del Quijote

Capítulo XXX del Quijote

¿Por qué éste y no otro?

Es que a veces los acontecimientos son tan evidentes que el título me ha venido como  caído del cielo.

“El Quijote” es un libro que nunca agota su mensaje. 

Cada uno tenemos nuestra experiencia con nuestra historia y convivencia al lado de este enjuto hidalgo, lo que es común, es que siempre nos vuelve a sorprender con ideas, anécdotas y consejos, que no supimos apreciar al principio. 

Me centro en este capítulo porque me propuse volver a leer a la reina de las novelas, sin prisas, donde pudiese evocar todo lo que me hizo disfrutar, pero galopando, y ahora ya voy por el XXX, ese es el motivo.  

Retrocedo en el tiempo y les digo:

Tuve la dicha, en mi infancia, de tener una profesora enamorada de “El Quijote”, doña María Rosa Martínez, que seleccionaba lo más jocoso y pedagógico de la novela y nos narraba aventuras a modo de cuentos, luego nos invitaba a leerlo en el libro de lecturas de la Editorial Luis Vives, para afianzar todo lo referente a lo que la ella nos había narrado.

Más tarde lo leí por mi cuenta, no recuerdo la edad, pero ya estudiando Magisterio mi profesor, Don José Yagüe, nos hizo analizar parte de algunos    capítulos, morfológica y sintácticamente

Así bebí estudiando la belleza de su sintaxis, en cuanto localizábamos la oración principal, todo volvía a ser una aventura y encontrar las subordinadas, apareciendo en el lugar preciso toda clase de yuxtaposiciones, disyunciones, etc.

Ya, cuando ejercí, no obligué a nadie a leerlo, pero sí que los estimulaba a que intentaran asomarse y tener como amigo a algún capítulo suelto y llegamos a confeccionar un álbum monográfico sobre la ruta de “El Quijote”, con recortes de revistas, barajas, y redacciones de las chavalas, este trabajo seguro que fue una semillita para ellas, que por su cuenta seguro leerían más tarde a este hidalgo tan famoso, nunca las forcé, pues en estos casos aparece la rebeldía.

Dejando mucha vida a mis espaldas, ahora lo estoy leyendo, de otro modo, deleitándome y gozándolo de un modo diferente, me paro en el significado de cada palabra, recordando aquellos dichos y con la suerte de hacer un alto en el camino y compartir esta experiencia con todos ustedes. 

Lo que hago es alejar las prisas y centrarme cada día en facetas diferentes.

Todavía tengo en mi magín palabras que apareen en “El Quijote” y hoy no son usuales, como “bacía”.

Para acercarnos más al autor, para impregnarnos de Cervantes, podríamos entrevistarlo, tomando este capítulo como referencia.

– Don Miguel, por favor ¿cómo se le ocurrió a usted, que Dorotea se convirtiera en la princesa Micomicona?

– ¿Y por qué defendió a maleantes y a Sancho le atizó dos lanzadas de aupa?

– ¿Por qué no participa en la alegría de Sancho cuando encontró su asno?

Y así con otras muchas más, que luego tranquilamente respondiendo “in mente” o quedando escrito, vamos, sin casi advertirlo, ahondando en la grandeza de este gran escritor y la mejor novela del mundo, hasta ahora escrita.

Nos topamos con palabras como “morrión”, que es el plumaje o adorno del casco de la armadura antigua, que resguardaba la cabeza y recordamos que en una silla de montar la parte hendida y arqueada es el arzón.

Sancho Panza, al darse cuenta que su reino peligraba, le dice muy enfadado a don Quijote que “va pedir catufas en el golfo…”, “catufas” son lo que decíamos antes, rosas y ahora, palomitas de maíz, y “sentarse en horcajadas” esto es más fácil, es subir al caballo con una pierna a cada lado que se nombra igual cuando descansamos en una silla de esta guisa.

Y el oficio de “palafrenero” viene de palafrén que es un caballo manso que solía montar un criado para acompañar a reyes y princesas.

En ocasiones era montado también por damas y reyes.

Para no perder los dichos, cortamos aquí con el significado de estas palabras de antaño.

Nos encontramos “pelillos a la mar” que sucedió cuando Don Quijote le preguntó que le dijese qué le había respondido Dulcinea a la carta, carta, que bien sabemos no le dio, porque no la portó.

Cuando Dorotea cuenta su fingida historia a don Quijote, dice llamarse Micomicona del reino de Micomicon, su padre Tinacrio el Sabidor, su madre la reina Jaramilla y el gigante que le recomendó su padre para marido, Pandafilando de la Fosca Vista, ya que su mirada era del revés, historia con su pequeño argumento, dentro de un capitulo.

Este pequeño pasaje casa perfectamente con el tema de todo “El Quijote”, está pensado para convencer a nuestro hidalgo de sus males entendidos.

Retomemos los dichos o chascarrillos: “De vobis, vobis”, antecesor de nuestro actual “De vobilis vobilis” “Todo esto doy por hecho” y “Por cosa pasada, cosa juzgada”. El amor idealista a Dulcinea brilla en estas palabras, claro en boca del enamorado. “Ella pelea en mí, y vence en mí y yo vivo y respiro en ella…”, son palabras de punto y aparte, bellísimas, válidas para cualquier amor, lo que se dice amor de verdad, y la frase tan “sui géneris” de Sancho, cuando responde a su amo: “Digo que no la he visto tan despacio”. Tantas veces va el cantarillo a la fuente …”, “Dios que está en el cielo, que ve las trampas y será juez de quien hace más mal”, “A pecado nuevo, penitencia nueva”.

A Sancho Panza que doquiera que veía asnos, se le iban los ojos y el alma, cuando conoció que el gitano era Ginés de Pasamonte “él por el ovillo del gitano, sacó el ovillo de su asno”, inspirado en el de “Por el hilo se saca el ovillo”.

Algo muy importante acaece en este capítulo XXX, es como si Cervantes nos hubiese hecho un guiño sobre el final de su obra.

Es cuando el cura platica con Cardenio y le dice que todas las simplicidades, que este buen hidalgo, Don Quijote, dice sobre el desvarío y la locura de los caballeros andantes, si la conversación discurriera por otros derroteros, Don Quijote respondería con un entendimiento claro y apacible como he reseñado, que no le toquen lo caballeresco, que se enajena más.

“Yo creo que nos hace vislumbrar un poco el final, pues sabemos que Don Quijote se sanchifica y Sancho se quijotiza, no sé, pero cuando lo leí me surgió como esa chispa de que don Miguel de Cervantes se hubiere adelantado unos años, para que supiésemos que nuestro héroe recuperaría la razón.

Cada capítulo tiene su autonomía, y el autor consiguió con los conceptos “encaje de bolillos” al dar magistralmente la ilación con un argumento central bien definido, como bien sabemos.

Es un orgullo para nosotros seguir teniendo la novela mejor escrita del mundo.

Avanzando en otros capítulos, si seguimos leyendo, vemos que “El Quijote” nos hará sonreír, evadirnos, pensar ordenadamente y ser mejores personas, pues sus páginas portan igual utilidad, que muchos libros que mejoran el alma.

Primordial es recordar las costumbres de los finales de la Edad Media y el principio de la Edad Moderna y situarnos en aquello tiempos, para disfrutar mucho más, y sepamos que ningún monogolista actual conseguirá aflorar esa medio risa socarrona por contemplar a don Quijote, nuestro ávido lector, que perdió la razón por leer en demasía.

¡Pobrecito! Lo que tuvo que sufrir cuando le emparedaron su biblioteca, qué confuso, cómo tocaba las paredes, me he salido del capítulo, pero es que cuando lo leímos seguro que sentimos un escalofrío similar, pensando si nos hubiese pasado a nosotros lo mismo.

Este suceso es tan importante que seguro volveré a pensarlo cuando me detenga en otro capítulo. 

Un encanto especial tiene una parte de este “XXX” cuando Sancho Panza le dijo a su amo que la carta que no le dio se la aprendió de memoria y le comentó que se lo dijo a un sacristán y volvió a reconstruirla, poniendo todo lo que don Quijote en su día plasmó en ella.

Así Sancho Panza aplacó a su amo.

Don Quijote quiso escuchar lo que le puso y Sancho aclaró “como vi que no había de ser de más provecho, di en ovidalla; y si algo sí me acuerdo, es aquello del “sobajada” digo del soberano señor y, por último: Vuestro hasta la muerte, El Caballero de la Triste Figura”

 “Y en medio destas dos cosas le puso más de trescientas almas y vidas y los ojos míos”. Desde luego que este final es para seguir disfrutando, dejando que el tiempo te envuelva, y estar preparados a lanzarse a nuevos capítulos.

Tras desmenuzar todos estos sucesos, aumenta nuestra libertad de pensamiento descubriendo, el qué, por qué, dónde y cómo de muchos acontecimientos que sucedieron en ésta, la primera novela realista y moderna del mundo, tomando como muestra este “XXX”. 

Ya ven, hemos vivido un poco, el disfrutar sintiendo el tiempo como dormido y lo hermoso que es reír con serenidad.

He puesto fin a mi artículo, pero con la mente henchida de mil y una anécdotas, que bullen por disfrutar en libertad en un blanco y satinado trozo de papel.

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